La corrección “fraterna”

padre-e-hijo.jpgNos recuerda hoy Jesús, por medio del Evangelio de San Mateo, su doctrina acerca de la corrección fraterna. Es tan importante la denominación de origen (“fraterna”) en esta obra de caridad, que marca por sí misma la diferencia entre pecado y virtud. Hace años, debió de ser por el 2000, leí o escuché a J. F. Rey Ballesteros una charla sobre este tema, y me impresionó tanto que decidí copiar las ideas principales. Más o menos decía así:

Muchas veces corregimos, pero lo hacemos cuando no está ante nosotros la persona a quien se dirige la corrección. Aún cuando nuestras palabras estén cargadas de razón (y no siempre lo están) este tipo de corrección no es “fraterna”: su nombre es “murmuración”, y, puestos a llamar a las cosas por su nombre, es un pecado.

Otras veces corregimos delante de la persona interesada, y de otros cinco o seis más: a este tipo de corrección, que dista mucho de ser “fraterna” se le llama “poner en evidencia”, y, se mire por donde se mire, es también un pecado.

Afinemos un poco más: en muchas ocasiones corregimos en privado a quien yerra; pero la corrección no nace del cariño, sino del despecho y la ira, y por eso corregimos con malos modos y humillamos a quien debiéramos ayudar. Esta corrección tampoco es “fraterna”; más bien se llama “bronca” y tiene como finalidad arrojar sobre el prójimo el peso de un sufrimiento cuya causa le atribuimos. Es un pecado.

La verdadera corrección fraterna nace de la caridad, y del deseo de ayudar a nuestro prójimo a alcanzar la santidad. Nunca se realiza en un momento de ira. Se corrige entonces de tal modo, que el hermano siente, a la vez que la punzada de la verdad, el bálsamo del cariño. Va siempre acompañada de oración y sacrificios en favor de la persona corregida, y, en la mayor parte de las ocasiones, surge a la luz de una sonrisa.

Es buena esta charla ¿verdad? Por eso tu y yo cuando hagamos o recibamos una corrección “fraterna” no olvidaremos nunca que también está allí presente Nuestra Madre, y le pediremos a ella que sepamos aprovechar esos momentos para dar gloria de Dios, o lo que es lo mismo, estaremos muy atentos de la “denominación de origen”

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