Los amigos se van

Lunes, 24 marzo, 2008

Estaré unos días haciendo un curso de retiro, aprovechando este tiempo vacacional de Pascua. Así que dejaré a un amigo encargado de ir poniendo cada día alguno de los post que tenía escritos de hace tiempo. Y esta mañana, mientras recogía y ordenaba un poco viejos papeles, me he encontrado con unas anotaciones que me han dejado un poco nostálgico; entre ellas esta observación de Enrique Monasterio, con la que me identifico plenamente:

“Los curas (perdonad el impudor) queremos mucho, mucho, a cientos de personas: a chicos y chicas, a hombres y a mujeres. A lo largo de los años vamos “repartiéndonos” sin calcular demasiado las consecuencias.

La primera consecuencia es que uno llega a pensar que tiene centenares, quizá miles de amigos. No es verdad. Los que se acercan al sacerdote agradecen ese cariño y corresponden con un afecto sincero y profundo, pero no buscan en nosotros a un amiguete convencional. Necesitan al Amigo, con mayúscula.

El cura debe comprender entonces que esas personas siempre se van, y que es bueno que se vayan, aunque duela. De tanto en tanto te llaman para un bautizo, para una boda, para un funeral. Y aseguran que eres lo más de lo más, que formas parte de la familia. Luego vuelven a escaparse entre promesas de amor eterno.

Es grande esta vocación. Nadie recibe en la tierra tanto afecto. Y como el corazón tiene siempre más capacidad que la memoria, uno llega a olvidar hasta los rostros de las personas a las que más quiere.”

Si, así es, efectivamente. Muchas gracias, Enrique.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 522 seguidores

%d personas les gusta esto: