Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles ha retomado el hilo de su catequesis en torno a las grandes personalidades de la Iglesia antigua. Esta vez la ha dedicado a presentar la figura de Tertuliano, literato, filósofo, teólogo y apologista, nacido en Cartago, la actual Túnez, a mediados del siglo II. Este resumen del propio Benedicto XVI puede animarte a leer todo el discurso: “Tertuliano inaugura la literatura cristiana en latín. De padres y profesores paganos recibe, en Cartago, una sólida formación retórica, filosófica, jurídica e histórica. Atraído por el ejemplo de los mártires, cuya sangre es «una semilla eficaz», se convirtió al cristianismo, pero una búsqueda demasiado individual de la verdad lo llevó a abandonar la Iglesia, uniéndose a la herejía de los montanistas, aunque más tarde fundó su propia secta, los tertulianistas. Con sus escritos intenta rebatir las acusaciones de los paganos contra la nueva religión y comunicar el Evangelio en diálogo con la cultura del tiempo. Contribuye, además, al desarrollo del dogma trinitario, afrontando el problema de la definición de las tres Personas divinas. Importante es su cristología, así como los textos sobre la Iglesia, la conducta moral de los cristianos, la vida futura y las referencias a María, la Eucaristía, el Matrimonio, la Reconciliación, el primado de Pedro, la oración y la resurrección, objeto principal de la fe de los cristianos”.

Leer el resto de esta entrada »

La silla

Jueves, 31 mayo, 2007

Llegó muy nerviosa a la iglesia para pedir al sacerdote que fuera a atender a su padre que estaba en casa muy enfermo y ya pronto moriría. El sacerdote fue y encontró al enfermo en su cama con la cabeza levantada por un par de almohadones y una silla al lado de la cama, por lo que pensó que le estaría esperando: “Buenos días, ¿cómo se encuentra? supongo que me estaba esperando”, le dijo. “No, no sabía nada, ¿quién le ha llamado?”, dijo el hombre. “Su hija me ha pedido que viniera a atenderle. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que vendría a verlo”. “¡Ah sí, la silla!”, dijo el hombre enfermo. “¿Le importa cerrar la puerta?”.

El sacerdote, sorprendido, la cerró. “Nunca le he dicho esto a nadie antes, pero pienso que a usted se lo puedo contar… ¿Sabe? Siempre me ha costado hacer oración, hasta que hace unos cuatro meses, me di cuenta de que es como tener una conversación con Jesús. Así que mandé poner esta silla vacía enfrente de mi y con fe miro a Jesús que sentado en ella escucha pacientemente lo que le digo, a veces tengo conversaciones de dos horas con Él… ¿Le parece a usted mal esto que hago?”, preguntó al sacerdote. “No, no me parece mal, al revés, me parece muy bien”, -respondió sensiblemente emocionado el sacerdote. Tras confesarle y ungirle con los santos oleos se fue a su parroquia.

Dos días después, la hija fue a la iglesia de nuevo para decirle al sacerdote que su padre había muerto. Ella algo nerviosa y como costándole añadió: “Mire tengo una inquietud, no se lo he dicho a nadie, pero ocurrió algo especial. Cuando le encontré por la mañana ya muerto, estaba en una posición extraña, estaba como abrazado a una silla que quería tener siempre a su lado, como recostado sobre ella ¿no le parece curioso? ¿Qué significará esto?” El sacerdote con los ojos llorosos por la emoción, le dijo: “No, no se preocupe por eso, su padre ha muerto muy bien, ha muerto en muy buenas manos, no se preocupe, ojalá todos nos pudiésemos ir de esa manera”.

Esclavo de todos

Miércoles, 30 mayo, 2007

Con un poco de retraso aquí va la meditación de este miércoles:

Is 53, 10-11; Sal 32; Heb 4, 14-16; Mc 10, 35-45

«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos»

Sorprendente y misterioso resulta el Amor de Dios. Que, tras crear a Adán y Eva, los colme con toda clase de bienes y los eleve hasta llamarles de “tú”, está fuera de toda lógica; el que, tras haber traicionado el hombre esta amistad, Dios recuerde su alianza, y, sin necesitar para nada de nosotros, nos ofrezca sinceramente tendida hacia nosotros su diestra, jamás lo hubiéramos podido esperar; el que, habiendo rechazado mil veces esa diestra tendida de un Dios injuriado, el propio Creador decida hacerse uno de nosotros, se me hace una locura de Amor incomprensible… Pero el que todo un Dios entregado, despreciado y olvidado por una criatura a quien no necesita, tras hacerse Él mismo hombre, se acerque al ser humano y se ponga de rodillas para lavarle los pies, me confieso incapaz de entenderlo. Mi actitud no puede ser otra que la de un abrumador asombro, acompañado de cierto sonrojo, y a Dios le pido –como dice una canción- que me dure mientras viva…

Aunque me cuesta trabajo, comprendo muy bien que debo hacerme, como la Virgen, esclavo de Dios; lo comprendo bien porque a Dios le debo todo, y esa deuda se presenta deliciosamente ante mis ojos cada día. Si, Él sabe que quiero hacer de mi vida una respuesta de Amor. Me es fácil desear entregarle mi vida, y aunque me cuesta trabajo, comprendo muy bien que debo hacerlo aunque sólo fuera para reparar lo mucho que le he ofendido y le ofendo… Pero pensar que ese Dios, a quien todo debo y a quien he ultrajado, quiera hacerse siervo mío, profanarse con mi pecado, y, pagando en una Cruz mi deuda morir por mí… Esto, esto, se me escapa… Por eso, cuando miro al Crucifijo, no sé que decir nada; me quedo mirando, y dejo que un abrazo de pasmo y contento me estreche contra Él.

Y en ese abrazo su mirada se dirige hacia a los demás y comprendo que me pide que les acerque a Su Amor… ¿Cómo lo haré? ¿Qué haré? Debería hacer lo que Tú has hecho conmigo ¿Verdad Señor?: me acercaré siempre por debajo, como el último, me postraré ante los demás y lavaré sus pies, me ofreceré por los demás, y así les mostraré que son amados sin reservas como yo. Y, si lo hago bien, Dios mío, mientras lavo sus pies les hablaré de Ti, y sabrán que lo hago en Tu Nombre, y Tú te manifestarás a ellos como te has manifestado a mí, como un abrazo de pasmo y de contento. Hay otro abrazo en el que cabe todo Tu cariño, Señor, hecho ternura: el abrazo de la Santísima Virgen. También a ella se lo pido.

Cultura y pasión

Martes, 29 mayo, 2007

Tomando el título de este ensayo (Cultura y Pasión, EUNSA. Pamplona 2007), podemos decir que la trayectoria de Alejandro Llano se ha definido por una pasión por la cultura y por el hombre, lo que le ha llevado a ser uno de los pensadores españoles más lúcidos y penetrantes de la actualidad.

En este ensayo entre otras cosas Llano lamenta que la idea de verdad se haya perdido en el debate filosófico contemporáneo y que se haya impuesto un relativismo que, a la postre, deja una honda insatisfacción.

En sintonía con sus libros anteriores, la pretensión de Llano es recuperar el humanismo en una era tecnológica; es decir, esbozar una antropología que no se pierda en los vericuetos de la identidad, sino que se sustente en el hombre como ser perfeccionable. Por ello, sus reflexiones apuntan siempre a la libertad, al afán de superación, al inconformismo y a la virtud.

Si el hombre no quiere ser víctima de la situación, lo que tiene que hacer, observa Llano, es abrirse decididamente a la sociedad, intervenir en los foros políticos, actuar participativamente. Desde este punto de vista, frente a la política burocrática, la concepción de Llano es espontáneamente social. Cree que sería un error prescindir de las posibilidades que ofrece la sociedad de la información. ¿Cómo mejorar la sociedad? A través de la mejora personal y de la influencia pública; he ahí la solución de Llano.

Cfr. ACEPRENSA

La lámpara de tu cuerpo es tu ojo

Martes, 29 mayo, 2007

Tu, como toda persona eres un ser social, abierto a los demás. Como ya vimos, en “los demás”, los otros son una parte importante de tu vida. Tu realización plena como persona está, lo quieras o no, ligada a otros, pues sabes muy bien hasta que punto tu felicidad depende en gran medida de la calidad de tu relación con quienes componen sobre todo tu ámbito familiar, y en otro plano, pero también, el laboral, social, etc.

Sin embargo, y a esto dedicaremos algunos post, no sólo te relacionas con los demás, sino también contigo mismo: mantienes a veces sin darte ni cuenta una conversación en tu interior, un diálogo que se produce de forma espontánea con ocasión de las diversas vivencias o reflexiones personales que te haces de continuo.

Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Son palabras difíciles de comprender bien pero nos hablan de nuestro mundo interior. Y es que ese diálogo interior puede ser estéril o fecundo, destructivo o constructivo, obsesivo o sereno. Dependerá de cómo lo plantees, de la clase de persona que seas. Y de algún modo conformará tu manera de ser. Si tienes un mundo interior sano y bien cultivado, ese diálogo será alumbrador, porque proporcionará luz para interpretar la realidad y será ocasión de consideraciones muy valiosas. Si, por el contrario, posees un mundo interior oscuro y empobrecido, el diálogo que establecerás contigo mismo se convertirá, con frecuencia, en una obsesiva repetición de problemas, referidos a pequeñas incidencias perturbadoras de la vida cotidiana, en estos casos, tu mundo interior deja de ser un laboratorio donde integras los datos que te llegan, y se convierte en una especie de disco rayado que repite obsesivamente lo que últimamente ha arañado más tu afectividad.

En los próximos post vamos a ver algunos modos de proceder del mundo interior que pueden dañar tu vocación al amor (ya explicaremos esto en el tag “Camino”), es decir tu verdadera “realización” personal.

“Cartas del diablo a su sobrino” de C. S. Lewis

Carta V

Esta carta trata acerca del dolor humano, que pareciendo malo pudiera no ser serlo tanto. Acerca de la muerte le advierte al diablo novato que “cuán desastroso es para nosotros el continuo acordarse de la muerte a que obliga la guerra. Una de nuestras mejores armas, la mundanidad satisfecha, queda inutilizada. En tiempo de guerra, ni siquiera un humano puede creer que va a vivir para siempre.”

Mi querido Orugario:

Es un poquito decepcionante esperar un informe detallado de tu trabajo y recibir, en cambio, una tan vaga rapsodia como tu última carta. Dices que estás “delirante de alegría” porque los humanos europeos han empezado otra de sus guerras. Veo muy bien lo que te ha sucedido. No estás delirante, estás sólo borracho. Leyendo entre las líneas de tu desequilibrado relato de la noche de insomnio de tu paciente, puedo reconstruir tu estado de ánimo con bastante exactitud. Por primera vez en tu carrera has probado ese vino que es la recompensa de todos nuestros esfuerzos –la angustia y el desconcierto de un alma humana–, y se te ha subido a la cabeza. Apenas puedo reprochártelo. No espero encontrar cabezas viejas sobre hombros jóvenes. ¿Respondió el paciente a alguna de tus terroríficas visiones del futuro? ¿Le hiciste echar unas cuantas miradas autocompasivas al feliz pasado? ¿Tuvo algunos buenos escalofríos en la boca del estómago? Tocaste bien el violín, ¿no? Bien, bien, todo eso es muy natural. Pero recuerda, Orugario, que el deber debe anteponerse al placer. Si cualquier indulgencia presente para contigo mismo conduce a la pérdida final de la presa, te quedarás eternamente sediento de esa bebida de la que tanto estás disfrutando ahora tu primer sorbo. Si, por el contrario, mediante una aplicación constante y serena, aquí y ahora, logras finalmente hacerte con su alma, entonces será tuyo para siempre: un cáliz viviente y llenó hasta el borde de desesperación, horror y asombro, al que puedes llevar los labios tan a menudo como te plazca. Así que no permitas que ninguna excitación temporal te distraiga del verdadero asunto de minar la fe e impedir la formación de virtudes. Dame, sin falta, en tu próxima carta, una relación completa de las reacciones de tu paciente ante la guerra, para que podamos estudiar si es más probable que hagas un mayor bien haciendo de él un patriota extremado o un ardiente pacifista. Hay todo tipo de posibilidades. Mientras tanto, debo advertirte que no esperes demasiado de una guerra.

Por supuesto, una guerra es entretenida. El temor y los sufrimientos inmediatos de los humanos son un legítimo y agradable refresco para nuestras miríadas de afanosos trabajadores. Pero ¿qué beneficio permanente nos reporta, si no hacemos uso de ello para traerle almas a Nuestro Padre de las Profundidades? Cuando veo el sufrimiento temporal de humanos que al final se nos escapan, me siento como si se me hubiese permitido probar el primer plato de un espléndido banquete y luego se me hubiese denegado el resto. Es peor que no haberlo probado. El Enemigo, fiel a Sus bárbaros métodos de combate, nos permite contemplar la breve desdicha de Sus favoritos sólo para tantalizarnos y atormentarnos…, para mofarse del hambre insaciable que, durante la fase actual del gran conflicto, su bloqueo nos está imponiendo. Pensemos, pues, más bien, cómo usar que cómo disfrutar esta guerra europea. Porque tiene ciertas tendencias inherentes que, por sí mismas, no nos son nada favorables. Podemos esperar una buena cantidad de crueldad y falta de castidad. Pero, si no tenemos cuidado, veremos a millares volviéndose, en su tribulación, hacia el Enemigo, mientras decenas de miles que no llegan a tanto ven su atención, sin embargo, desviada de sí mismos hacia valores y causas que creen más elevadas que su “ego”. Sé que el Enemigo desaprueba muchas de esas causas. Pero ahí es donde es tan injusto. A veces premia a humanos que han dado su vida por causas que Él encuentra malas, con la excusa monstruosamente sofista de que los humanos creían que eran buenas y estaban haciendo lo que creían mejor. Piensa también qué muertes tan indeseables se producen en tiempos de guerra. Matan a hombres en lugares en los que sabían que podían matarles y a los que van, si son del bando del Enemigo, preparados. ¡Cuánto mejor para nosotros si todos los humanos muriesen en costosos sanatorios, entre doctores que mienten, enfermeras que mienten, amigos que mienten, tal y como les hemos enseñado, prometiendo vida a los agonizantes, estimulando la creencia de que la enfermedad excusa toda indulgencia e incluso, si los trabajadores saben hacer su tarea, omitiendo toda alusión a un sacerdote, no sea que revelase al enfermo su verdadero estado! Y cuán desastroso es para nosotros el continuo acordarse de la muerte a que obliga la guerra. Una de nuestras mejores armas, la mundanidad satisfecha, queda inutilizada. En tiempo de guerra, ni siquiera un humano puede creer que va a vivir para siempre.

Sé que Escarárbol y otros han visto en las guerras una gran ocasión para atacar la fe, pero creo que ese punto de vista es exagerado. A los partidarios humanos del Enemigo, Él mismo les ha dicho claramente que el sufrimiento es una parte esencial de lo que Él llama Redención; así que una fe que es destruida por una guerra o una peste no puede haber sido realmente merecedora del esfuerzo de destruirla. Estoy hablando ahora del sufrimiento difuso a lo largo de un período prolongado como el que la guerra producirá. Por supuesto, en el preciso momento dé terror, aflicción a dolor físico, puedes coger a tu hombre cuando su razón está temporalmente suspendida. Pero incluso entonces, si pide ayuda al cuartel general del Enemigo, he descubierto que el puesto está casi siempre defendido.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

Las alas de Dios

Domingo, 27 mayo, 2007

Un artículo en National Geographic varios años atrás mostraban una foto impactante de las Alas de Dios. Después de un incendio forestal en el Parque Nacional de Yellowstone, los guardabosques iniciaron una larga jornada montaña arriba para valorar los daños del incendio.

Un guardabosque encontró un pájaro literalmente petrificado en cenizas, posado cual estatua en la base de un árbol. Un poco asombrado por el espeluznante espectáculo, dio unos golpecitos al pajarillo con una vara. Cuando lo hizo tres diminutos polluelos se escabulleron bajo las alas de su madre ya muerta.

La amorosa madre, en su afán de impedir el desastre, había llevado a sus hijos a la base del árbol y los había acurrucado bajo sus alas, instintivamente conociendo que el humo tóxico ascendería.

Ella podía haber volado para encontrar su seguridad, pero había se había negado a abandonar a sus crías. Cuando las llamas llegaron y quemaron su pequeño cuerpo ella permaneció firme: había decidido morir para que aquellos que estaban bajo sus alas pudiesen vivir.

Lo leí hace tiempo en algún sitio y no he podido comprobar la veracidad de la historia, pero cada vez que la leo no puedo evitar cierta emoción. Antes de terminar este mes de Mayo, dedicado a María vaya este post pensando en ella, bajo tu protección nos acogemos, a Ti, a la blanca paloma, a la Madre del Cielo acudimos.

Tony Meléndez

Sábado, 26 mayo, 2007

No se que te parecerá a ti, pero a mi me ha impresionado. Aquí va este video que nos habla de la fuerza que tiene el amor, de su capacidad de superación y de generosidad. Es un nicaragüense que vive en EEUU. Por culpa de la talydomida nació sin brazos. Es músico y tocó la guitarra y cantó ante el Papa en el año 1987 en Los Angeles. Si quieres saber más de su vida pincha aquí.

La tentación del escapismo

Viernes, 25 mayo, 2007

El hombre, al ser batido por la adversidad, se siente como por instinto tentado a huir con frecuencia. Sin embargo, cualquier vida es difícilmente gobernable si no hay un constante esfuerzo por estar conectado a la realidad, si no se permanece en guardia frente a la mentira, o frente la seducción de la fantasía cuando se presenta como un narcótico para eludir la realidad que nos cuesta aceptar.

La tentación de lo irreal es constante, y constante ha de ser la lucha contra ella. De lo contrario, a la hora de decidir qué hay que hacer, no nos enfrentaremos con valentía a la realidad de las cosas para calibrar su verdadera conveniencia, sino que caeremos en algún género de escapismo, de huida de la realidad o de nosotros mismos. El escapista busca vías de escape frente a los problemas. No los resuelve, se evade. En el fondo, teme a la realidad. Y si el problema no desaparece, será él quien desaparezca.

La realidad aunque sea dura o desagradable es eso: la realidad; es la verdad, y la verdad y muy especialmente la verdad moral, no es algo malo o una limitación arbitraria a mi obrar libre, sino que, por el contrario, la verdad se parece más a una luz liberadora que permite dar una buena orientación a las propias decisiones. Acoger la verdad lleva al hombre a su desarrollo más pleno. En cambio, eludir la verdad o negarse a aceptarla, hace que uno se inflija un daño a sí mismo, y casi siempre también a los demás. La verdad es nuestro mejor y más sabio amigo, siempre dispuesto y deseoso de acudir en nuestra ayuda. Es cierto que a veces la verdad no se manifiesta de forma clara, pero hemos de esforzarnos para que al menos no resulte que esa falta de claridad se deba a no haber impulsado lo necesario a nuestro pensamiento en la búsqueda de la verdad.

Leer el resto de esta entrada »

El puesto de frutas

Jueves, 24 mayo, 2007

Aquellos hombres importantes iban con mucha prisa a coger sus aviones. De repente, y por accidente, alguien debió de tropezar con la mesa de aquel establecimiento, pues todas las frutas del mostrador salieron volando por todas partes. Nadie se detuvo, ni se excuso, todos seguían corriendo para poder llegar a sus respetivos aviones. Todos menos uno.

Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la joven dueña de aquel puesto, él no había sido pero decidió implicarse… Si, iría en el siguiente vuelo unas horas más tarde. Cuando se acercó para ayudar a recoger las frutas tiradas por el suelo, su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que aquella joven era ciega. La encontró llorando, tanteando el suelo, tratando de recoger todas aquellas frutas. El hombre se arrodilló junto a ella, y le dijo que la ayudaría. Reunió en diversas cestas las frutas. Separó las que estaban magulladas por los golpes y no podrían ya venderse. Ayudó a poner de nuevo el puesto. Finalmente, sacó su cartera y le dijo a la joven: “Toma, por favor, este dinero, espero que subsane en algo el daño causado ¿te pace bien?” Ella, en silencio y agradecida, asintió con la cabeza.

Se despidió y apenas se dió la vuelta cuando la joven dijo: “Señor…”. Él se detuvo y miró por primera vez aquellos hermosos ojos ciegos. Ella continuó: “Señor… ¿Es usted Jesús…?”. Él se sorprendió tanto que casi le da la risa, sonrió y con cierta emoción, le explicó que no, que él era un corriente hombre de negocios que pasaba por allí, y volvió a despedirse.

Unas horas después, ya de regreso en el avión, no podía dejar de pensar en aquella pregunta: ¿Es usted Jesús? Y se preguntaba qué había hecho él para que en aquella mente pudiera surgir esta pregunta y no conseguía apartar de su memoria aquellos perfectos ojos ciegos.

 

Parecernos tanto a Jesús, que la gente pueda llegar a plantearse esta pregunta. Parecernos tanto a Jesús, de modo que este mundo ciego a su Amor, su Vida y su Gracia se plantee esta pregunta al ver nuestra forma de actuar.

“Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo” (San Josemaría)

Para ello podemos empezar por sentir Su mirada amable, como aquella fruta objeto de su atención y amor, aún cuando haya sido golpeada por las caídas. Él dejó todo y nos recogió a ti y a mí en el Calvario; y pagó por nuestra fruta dañada.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 522 seguidores

%d personas les gusta esto: