Ticio, el mosquito y el camello

Martes, 26 agosto, 2014

Ignoro si la expresión “filtráis el mosquito y os tragáis el camello” pertenece al refranero judío de los tiempos de Cristo o brota del agudísimo sentido del humor del Señor; pero, en todo caso, me parece divertidísima. Uno se imagina a un tal Ticio ante la leche del desayuno. Por algún motivo, en la taza se ha colado un camello (no me preguntéis cómo; tampoco sé en qué postura puede acomodarse semejante bicho dentro de un tazón, así que lo imaginaré como pueda, con jorobas y todo, nadando entre los cornflakes). El tal Ticio llama a gritos al camarero de la cafetería, y éste, al acercarse, se percata de que el animal que el beduino de la mesa de al lado había dejado atado al semáforo de la entrada se ha soltado de sus ligaduras y, ávido de cornflakes, se ha sumergido en la taza del pobre Ticio. Espera una potente regañina y una denuncia en el centro de salud, o en la protectora de animales.

Pero, ante su asombro, el Ticio señala con el dedo un punto entre dos copos de cereal, y le muestra al camarero un mosquito que, envidioso del camello, quería su ración de cornflakes. Vuelve el pobre camarero con unas pinzas, recoge suavemente el insecto, lo agita para que suelte la leche robada que llevara en el buche, y se marcha sin ocuparse del camello. El ticio levanta el tazón -animal incluido- y de un solo trago devora leche, cornflakes, camello y jorobas sin inmutarse. Luego se relame, se limpia el bigotillo con la servilleta, y se marcha con un eructillo mientras deja el precio sobre la mesa. Esta vez, a causa del mosquito -¡Qué vergüenza!- no habrá propina…

¿Quién es ese Ticio? Leer el resto de esta entrada »

La lámpara de tu ser es tu ojo

Domingo, 22 junio, 2014

382La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras.

La mirada lo ilumina o lo oscurece todo. San Josemaría solía hacer notar de una manera gráfica y bromeando, la distinta impresión que se tiene de un mismo fenómeno, según se observe con cariño o sin él. Y decía -y perdonadme, porque es muy gráfico- que, del niño que anda con el dedo en la nariz, comentan las visitas: ¡qué sucio!; mientras su madre dice: ¡va a ser investigador!

Efectivamente, según miramos a los demás, así los vemos. Si les miramos con cariño, veremos lo que hay de bueno. Si les miramos con antipatía, nos fijaremos sólo en lo malo… y eso sí, siempre corregido y aumentado. En último término, encontramos en los demás lo que queremos ver en ellos.

No desconfiar de entrada. Estar alerta y prevenidos sí, pero no desconfiar:

A veces se hará necesario un poco de audacia para vencer prejuicios y desconfianzas

Se cuenta de un coreano buen cristiano y con preocupación apostólica que, en Pamplona, se subió a un autobús y vio a un japonés. El Japón y Corea han sido siempre enemigos acérrimos. Pensando en cómo podría entablar conversación con él, se sentó a su lado y le dijo: “Mira, aunque seamos de países tan distintos, para todos estos que están mirándonos, tú y yo, chinos”. 

Quizás aquí, frente a esos prejuicios que parecen inamovibles y determinantes, podríamos añadir aquello que poéticamente expresaba D. Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira. Todo lo hace el color del cristal con que se mira”.

¿Recuerdas lo del pato?

Miércoles, 9 abril, 2014

Colorful Dawn by Boris FrkovicHabía un niño visitando a sus abuelos en su granja. Tenía un arco (catapulta, flecha) con el que jugaba todo el día. Practicaba con él en el bosque pero nunca daba en el blanco. Estando un poco desilusionado, regresó a casa para la cena.
Al acercarse a casa, divisó al pato mascota de la abuela. Sin poder contenerse el usó su arco y le pegó al pato en la cabeza con tan mala suerte que lo mató. Estaba tan triste y asustado, que lleno de pánico enterró el cadáver del pato en el bosque. Pero se dió cuenta que su hermana lo estaba observando. Ella lo había visto todo pero no dijo nada.

Después de comer la abuela dijo, “Sally, acompáñame a lavar los platos.” Pero Sally dijo, “Abuela, Johnny me dijo que hoy quería ayudarte en la cocina, ¿no cierto Johnny? Y ella le susurró al oído a él, “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces, sin decir nada, Johnny lavó los platos.
En otra ocasión el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca, y la abuela dijo, “Lo siento pero Sally debe ayudarme a preparar la comida.” Pero Sally con una sonrisa dijo, “Yo sí puedo ir, porque Johnny me dijo que a él le gustaría ayudar.”Nuevamente le susurró al oído “¿Recuerdas lo del pato?”. Entonces Sally fue a pescar y Johnny se quedó.
Transcurridos muchos días en que estaba haciendo sus propias tareas y las de Sally, finalmente él no pudo más. Fue donde la abuela y confesó que él había matado al pato. Ella se arrodilló, le dio un gran abrazo y le dijo, “Amor mío, yo ya lo sabía. Estuve parada en la ventana y lo vi todo. Ya te perdoné. Lo que si me preguntaba era hasta cuando tú permitirías que Sally te tuviera como esclavo.”

Que importante es la sinceridad. La verdad nos hace siempre libres, aunque nos ocasiones sufrimiento. Por el contrario, la mentira nos promete un camino más fácil, pero a la larga nos causa formas sutiles de esclavitud y ocasiona con frecuencia sufrimientos injustos. Leer el resto de esta entrada »

El deseo de sanación

Martes, 1 abril, 2014

unnamedDifícilmente entenderá el cristianismo quien no asuma esa radical enfermedad del hombre que lo convierte en un ser necesitado de redención. Quien no se reconozca pecador, quien no sea consciente de merecer el Infierno, está incapacitado para acoger la redención traída por Cristo.

    ¿Quieres quedar sano? 

El conocimiento de la propia condición pecadora no es suficiente. Es necesario, además, el deseo de sanación, con todo lo que ello conlleva: romper con el propio pecado y comenzar una vida nueva. Y, en este punto, es donde mucha gente -por desgracia- se nos queda en el camino.

    Y es que son muchos quienes quisieran, a la vez, ser personas religiosas y continuar desposados con sus vicios, mediante el sencillo procedimiento de encontrar un dios que les dé la razón y consagre sus enfermedades. Quieren rezar, pero no renuncian a su soberbia; quieren confesarse, pero se niegan a acusarse de sus pecados más secretos; quieren comulgar el Cuerpo de Cristo, pero no están dispuestos a entregar el suyo.

    Hay paralíticos que no quieren quedar sanos. Les gusta rezar, pero lo de moverse y abandonar sus posiciones es asunto distinto. No vaya a ser que, si caminan, Alguien los invite a subir al Gólgota.

Un poco de humor

Domingo, 9 febrero, 2014

Laughing-Smiley-FaceAcude uno a la consulta del psiquiatra.
– Mire doctor, yo creo que no tengo ningún problema, pero mi mujer se ha empeñado en que venga a verle.
– Cuénteme, ¿qué es lo que le ocurre?
– Pues que me gusta mucho la tortilla de patatas.
– Hombreeee, pero eso no es ningún problema, a mi también me gusta mucho la tortilla. No se preocupe, usted está perfectamente.

Cuando ya se van a despedir, le dice al doctor:
– Doctor, ha sido usted muy amable. Me gustaría invitarle un día a mi casa para cenar juntos. Lo pasaríamos muy bien, tengo armarios y armarios llenos de tortillas de patatas.

Acerca de los chismes…

Miércoles, 5 febrero, 2014

Para la reflexión personal. Extracto de la pelicula DOUBT del director John Patrick Shanley, estelarizada por Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, y Amy Adams en el papel de Sister James. (2008)

de dentro a fueraNo hay nada más triste que la piedad sin espíritu. Ese hacer las cosas «porque hay que hacerlas», como marionetas movidas por los hilos de la costumbre o del precepto, es el prototipo de religión que, en lugar de iluminar la vida, la vuelve aún más difícil.

Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar… Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.

De dentro a fuera… ¡Es tan sencillo! Como y bebo porque estoy contento, y ayuno porque estoy triste. Todo nace en la alegría o tristeza del alma. A la hora de rezar, comer o ayunar, no soy movido desde fuera por un precepto, sino que manifiesto externamente lo que acontece dentro, muy dentro de mí, en lo más profundo de mi alma.

No lo olvidéis: lo primero, en la vida espiritual, no son las obras, sino el Amor. El corazón de la religiosidad verdadera es la relación íntima con Cristo, que tiene lugar en la morada (el alma) que está dentro de la morada (la Iglesia). Si esa historia de amor escondido no sucede, la fe es lo mas triste de la vida. Pero, cuando sucede, la vida proclama la alegría de la fe.

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