Contragestación

Sábado, 18 julio, 2009

“El término «contragestación», acuñado por el profesor Beaulieu en la presentación de la «píldora abortiva» RU486 -o mifepristona-, no ha tenido ningún impacto en el lenguaje corriente, porque lo que pretendía designar como si fuera un eufemismo -el aborto químico precoz- no suscita hoy apenas objeciones. De todas maneras, este término conserva su valor descriptivo y explicativo, en especial, para toda persona sensible a la sorprendente banaliza­ción del aborto que los anticonceptivos -entre los que destaca en primer lugar la mifepris­tona asociada a las prostaglandinas- han introducido allí donde ya se usan. Al mismo tiempo, aunque se ha eliminado verosímilmente del procedimiento el que no implique hospi­talización alguna y parezca producirse «con suavidad», persiste la realidad del aborto. Lo peor es que la mujer que toma la mifepristona queda a solas con su receta, sola a la hora de enfrentarse al drama que se produce en ella, sola también para sufrir los efectos secundarios y las complicaciones de un fármaco del que lo menos que se puede decir es que no respeta ni el cuerpo, ni la vida, ni la conciencia, ni el alma. (cfr. Lexicón, ed. Palabra, p. 161)

Con el término «contragestación» se in­dica una serie de productos de acción abortiva que se utilizan en las fases más tempranas del embarazo y que, a dife­rencia de los interceptivos, actúan tam­bién tras completarse el anidamiento del embrión en el endometrio del útero.

¿Por qué, entonces, no se les llama abor­tivos? Porque, al sustituir el término «aborto» por el de «contragestativo» se pretende evitar que el receptor recuerde un hecho dramático -el aborto o, lo que es lo mismo, la supresión de un indivi­duo-, haciéndolo menos brutal e incapaz de provocar ansiedad, malestar y, sobre todo, rechazo. Se destruye la vida con tan solo tomar una píldora: este hecho -se dice- compromete menos, desde el punto de vista psicológico, que el aborto quirúrgico, y la mujer apenas percibe la gravedad del acto que comete.

Y por eso se hace necesario una vez más precisar el significado de los términos, «llamar a las cosas por su nombre, sin ce­der a componendas de conveniencia o a la tentación de autoengaño», para restable­cer la verdad semántica y la verdad cientí­fica, para devolver a la mujer la concien­cia y la responsabilidad de su elección.

Los productos que se utilizan más en la con­tragestación y los que estudiaremos aquí son:

  • la mifepristona o RU486,
  • el misoprostol,
  • las prostaglandinas
  • la vacuna anti-hCG
  • y la vacuna anti-TBA (anti-trofoblástica).

Bajo este epígrafe estudiaremos además:

  • LA “CONTRAGESTACIÓN” EN LOS PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO
  • EL PROBLEMA ÉTICO: “CONTRAGESTACIÓN” Y OBJECIÓN DE CONCIENCIA

Fuente: María Luisa di Pietro, en Lexicón, ed. Palabra pp.161-168

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