El “santo” piñón de reloj

Miércoles, 16 noviembre, 2011

Cierto día en que un relojero había desmontado un reloj y con sus pinzas finísimas iba a coger el piñón minúsculo que recibe el movimiento de la cuerda, observó que el piñón estaba en perfecto estado y brillantísimo. Lo miraba con cuidado, cuando el piñón le dijo:

- “Yo soy un santo piñón de reloj, y no soy como los demás piñones, mis hermanos, que se les adhiere todo el polvo que penetra en la caja. Me conservo limpio, sé cuidarme, sé preservarme; no preocupo a nadie. Yo soy un piñón ciertamente tal como debe ser. Yo te pido que no me hagas tocar ninguno de estos engranajes. Ya tengo bastante con cuidarme tan bien de mí mismo. Que cada cual se ocupe de sí mismo”.

- “Pero si cada cual se cuida solamente de sí mismo, ¿cómo andará el reloj?“, ­dijo indignado el relojero.

Sacudió delicadamente sus pinzas y la pequeña joya cayó entre los trastos inútiles. Y tomó un piñón menos brillante, pero que aceptase vivir en compañía y lo montó en el engranaje del reloj.

Efectivamente, Dios nos ha puesto juntos, entre otras cosas, para que nos queramos y nos ayudemos. Por nuestra naturaleza social, una parte importante de nuestra santificación consiste en estar pendientes y ayudar a los demás a ser más felices, mejores… “No puedes vivir de espaldas a la muchedumbre: es menester que tengas ansias de hacerla feliz”. (San Josemaría, Camino 32).

Leí hace poco que un sabio rabino judío solía hacerse estas tres preguntas: Si no me preocupo de mi mismo ¿Quién lo hará?. Y continuaba preguntándose: Si solo me preocupo de mi mismo ¿Quién soy?. Y terminaba preparándose para la acción así: Si ahora no es buen momento ¿Cuándo lo será?. Me parecen tres preguntas llenas de sentido común y muy prácticas.  ¡Animo!

Bibliografía: H. Godin: Levadura en la masa.

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