El modo en que vemos el problema es el problema
Jueves, 26 agosto, 2010
Stephen R. Covey suele decir que a menudo el problema está en el modo en que vemos el problema. El propone en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” cambiar el modo de ver el problema “desde fuera” por un enfoque del problema “desde dentro”. Se trata de ir a la raíz. Queremos algo más que aspirinas y parches. Hemos de ir a la sustancia, queremos desarrollo verdadero. Un tratamiento serio ha de ser etiológico (de las causas) y no solo sintomático (de los síntomas). Queremos resolver los problemas crónicos subyacentes y centrarnos en los principios que producen resultados verdaderos y a largo plazo.
Se trata pues, de ponernos en un nuevo nivel vital más profundo. Albert Einstein observó que «los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo nivel de pensamiento en el que estábamos cuando los creamos». Cuando miramos a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, reconocemos que los problemas creados mientras vivimos e interactuamos “desde fuera” son en realidad problemas más profundos, fundamentales, y que no pueden resolverse en el nivel superficial en el que fueron creados. El paso de un enfoque «De adentro hacia afuera» significa empezar por la persona; más fundamentalmente, empezar por la parte más interior de la persona: los paradigmas, el carácter y los motivos.
Significa por ejemplo, que si uno quiere tener un matrimonio feliz, tiene que ser el tipo de persona que genera energía positiva y elude la energía negativa en lugar de fortalecerla. Si uno quiere tener un hijo adolescente más agradable y cooperativo, debe ser un padre más comprensivo, empático, coherente, cariñoso. Si uno quiere tener más libertad, más margen en el trabajo, debe ser un empleado más responsable, más útil, más colaborador. Si uno quiere despertar confianza, debe ser digno de confianza. Si uno aspira a la grandeza secundaria del talento reconocido, debe centrarse primero en la grandeza primaria del carácter. Leer el resto de esta entrada »
La preocupación y la ansiedad
Viernes, 7 mayo, 2010
Ahora que estamos en tiempos de exámenes, puede venir bien leer estas recomendaciones acerca de la preocupación y la ansiedad. Bastantes estudiantes, por ejemplo, son muy proclives a preocuparse y caer en estados de ansiedad, y esto afecta negativamente a sus resultados académicos.Por lo general, la espiral de la preocupación, y con ella, la de la ansiedad, entorpece de tal modo el funcionamiento intelectual que pueden llegar a disminuir seriamente su rendimiento personal. Mientras, a otros, el estado de preocupación, por ejemplo ante un examen, estimula su intensidad en el estudio, y gracias a eso logran un rendimiento mucho mayor.
Ésa es la cuestión que conviene analizar: por qué a unos les estimula y a otros les paraliza. Según unos amplios estudios realizados por Richard Alpert, la diferencia entre unos y otros está en la forma de abordar esa sensación de inquietud que les invade ante la inminencia de un examen.
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“La cosa más difícil del mundo es conocernos a nosotros mismos, y la más fácil hablar mal de los demás” (Tales de Mileto)
Martes, 20 abril, 2010
Tales de Mileto, aquel pensador de la antigua Grecia que es considerado como el primer filósofo conocido de todos los tiempos, escribió hace 2.600 años que la cosa más difícil del mundo es conocernos a nosotros mismos, y la más fácil hablar mal de los demás. Y en el templo de Delfos podía leerse aquella famosa inscripción socrática —gnosei seauton: conócete a ti mismo—, que recuerda una idea parecida.
Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para el hombre a lo largo de los siglos.
Conviene preguntarse con cierta frecuencia (y buscando la objetividad): ¿cómo es mi carácter? Porque es sorprendente lo beneficiados que resultamos en los juicios que hacen nuestros propios ojos. Casi siempre somos absueltos en el tribunal de nuestro propio corazón, aplicando la ley de nuestros puntos de vista, dejando la exigencia para los demás. Incluso en los errores más evidentes encontramos fácilmente multitud de atenuantes, de eximentes, de disculpas, de justificaciones.
Si somos así, y parecemos ciegos para nuestros propios defectos, ¿cómo se puede mejorar? Mejoraremos procurando conocernos. Mejoraremos escuchando de buen grado la crítica constructiva que nos vayan haciendo con cualquier ocasión. Pero a eso se aprende sólo cuando uno es capaz de decirse a sí mismo las cosas, cuando es capaz de cantarle las verdades a uno mismo. Procura conocer cuáles son tus defectos dominantes. Procura sujetar esa pasión desordenada que sobresale de entre las demás, pues así es más fácil después vencer las restantes. Leer el resto de esta entrada »









