Este domingo se celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo -también conocida como Corpus Christi.

Nuestra fe, por supuesto, es interna.El reino de Dios en vosotros está“, como Jesús mismo enseñó. La esencia de nuestra fe es una aceptación interior, sincera, de Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y de todas las verdades que Él y Su Iglesia han revelado. El alma es el territorio de la fe.

Sin embargo, nuestra fe es también externa, porque nuestra aceptación interna de Cristo tiene profundos efectos exteriores. Una adhesión interior a Cristo en la conversión del corazón, tiene importantes efectos en la familia, en el trabajo, en los amigos, en la sociedad, etc.

Por lo tanto, a medida que internamente profesamos nuestra fe en la Eucaristía, se nos anima a manifestarla también externamente. Por eso, se me ocurría que  podemos cuidar especialmente algunos aspectos externos relacionados con nuestra fe en la Eucaristía: Leer el resto de esta entrada »

Lo políticamente correcto hubiera sido evitar, en lo posible, todo ese desagradable capítulo de la Muerte en la Cruz. Al fin y al cabo ¡Cristo está vivo, ha resucitado! No está en el sepulcro… De hecho cuando alguien vence, se le representa con el símbolo de su victoria: levantando un trofeo, portando orgulloso una medalla, o subido sobre un podio que le levanta sobre aquellos a los que ha superado, bien alto, para que todos puedan verlo e imitarle… Nadie, que yo sepa, celebra una victoria con algo que recuerde el momento más humillante del evento con el que se logró.

Entonces ¿por qué erigir la Cruz como el símbolo del cristiano? ¿Por qué conservar e incidir tanto en las llagas del Cuerpo del Resucitado? ¿Por qué significar al Vencedor Eterno por medio de la Cruz humillante? ¿Por qué, entonces, ese afán de llenarlo todo de cruces? ¿Por qué insistir con una Cruz, que puede resultar desafiante y provocativa; y con la imagen de un Hombre Horadado por clavos que le cosieron a un Madero? Leer el resto de esta entrada »

Oración de cuaresma

Jueves, 23 febrero, 2012

Señor, ya sé que mi salvación depende de que reconozca lo injusto y malo que hay en mí. Pero sabes que solo no puedo hacerlo. El pecado ha calado tan hondo en mi ser que se ha metido hasta en la mirada, y cuando me miro, no me veo como soy. Cómo anhelo Señor volver a ti. Estar en comunión íntima contigo. Sentirme de nuevo vuelto hacia ti por tu gracia.

Pero el pecado ha roto nuestra unión y con la caída empezamos a olvidar lo que habíamos sido. Hasta  tu cercanía nos daba miedo. Sólo cuando descubrimos lo que has hecho para salvarnos comprendemos lo que significa el pecado para ti… En el destino que tu Hijo estuvo dispuesto a sufrir por nosotros, descubrimos un poco de qué se trataba, tanto para Tí como para nosotros.

Señor, enséñame a reconocer tu Amor, pues solo así se hará visible a mis ojos la culpa y el destrozo que hay en mi vida. Haz que siente tu Amor para que este reconocimiento se vuelva también confianza. Haz que me empape de la santa decisión con que quieres salvarme y ayuda a mi voluntad a identificarse con la tuya para que pueda surgir esa nueva creación que los dos anhelamos.


Fascinante misterio el del cuerpo

Jueves, 15 diciembre, 2011

Hace unos días la liturgia del Adviento nos recordaba que: Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).

Fascinante misterio el del cuerpo humano. Afirmar que el cuerpo es una de las fuerzas más poderosas que posee el ser humano me parece que no es exagerar. Evidentemente no me refiero a su fuerza física, sino a la fascinante y gigantesca fuerza que difunde con solo ser mostrado. Hay en él un brillo poderosísimo que evoca su origen modelado por el mismo Dios…  

Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).  

Fascinante misterio el del cuerpo. Y es que desde la caída original la hermosura de esta obra de Dios resulta con frecuencia deslumbradora y violenta para los demás. Por eso el pudor, que está mucho más inscrito en nuestra naturaleza de lo que pensamos, resulta la forma más eficaz de proteger a los demás del brillo de nuestro cuerpo. Porque del mismo modo que un automóvil me deslumbraría e impediría conducir si me enfocase con la luz larga de sus poderosos faros, así cuando una persona hermosa exhibe su cuerpo con la intención de deslumbrarme, violenta mi libertad de tal modo que no me deja otra opción que cubrirme o ser devorado por una luz que yo no he elegido; porque ya no puedo seguir adelante como si tal cosa.

Toda carne es hierba y su belleza como flor campestreLeer el resto de esta entrada »

jugando con el sol

jugando con el sol

Se cuenta que en cierta ocasión el demonio se encaró con Dios acusándole de injusto:

-“No hay derecho -le dijo. Yo te ofendí una vez y me has condenado para siempre. Los hombres te ofenden miles y miles de veces, y siempre les perdonas”.

A lo que Dios le respondió:

-“Y tú, ¿me pediste perdón alguna vez?”

Un erro, mucho más frecuente de lo que pensamos, es decidir cosas suplantando a los demás. Por ejemplo, podemos decidir lo que le gusta a una persona o no: “venga, no digas que no te gusta, yo sé que sí”. O lo que tiene que hacer: “tú no sabes ni lo que quieres, hazme caso y haz esto”. O lo que le ofende: “no disimules porque estoy seguro de que te duele, pero quieres hacerte la superwoman”. Todos estos ejemplos sabéis que no se alejan mucho de la realidad. Son cosas que pasan cada día. ¿Verdad que no te gustaría que nadie decidiera lo que tienes que hacer, lo que te gusta o lo que te ofende? Otra cosa es que nos aconsejen o nos sugieran algo. Leer el resto de esta entrada »

“No te olvides del Señor, tu Dios, (…) que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres” Estas palabras parecen estar escritas para los hombres-niños. No negaremos la importancia de los poderosos y grandes medios humanos, pero en lo referente a la salvación nada pueden hacer. No existe poder en toda la tierra capaz de vencer a la muerte y asaltar el Cielo. Efectivamente, en lo referente a la salvación, somos como niños pequeños que han de ser alimentados y limpiados, solo cuando aprendemos a abandonarnos indefensos puede alimentarnos el mismo Dios y cambiarnos los pañales en el sacramento del Perdón.

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. Solo el hombre-niño entiende estas palabras que la Iglesia hace suyas cuando afirma que faltar a misa un domingo constituye un pecado mortal, es decir se nos priva del alimento necesario para la Vida Eterna. El hombre-autónomo no las puede entender porque en el fondo piensa que puede salvarse a sí mismo… Cualquier bebé sabe instintivamente que si no se abraza a los pechos de su madre morirá. Y cualquier cristiano sabe que Dios alimenta a sus pequeños, porque Salvación y Eucaristía son, exactamente, lo mismo.

¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua! (Lc 22,15) El hombre-niño también sabe que Jesús desea llegar a su corazón, que ansía la celebración de la eucaristía… Al parecer una de las principales necesidades del hombre es la necesidad de sentirse amado y aceptado. Pues bien, Juan Pablo II nos recuerda que el acto de comulgar, no es tanto que tú lo recibas a él, sino que él te recibe a ti. Te das cuenta: “Él te recibe”… ¿Existe mejor modo de expresar que Él nos acepta y nos ama?… Celso, un filósofo pagano del año 178 para burlarse de los cristianos, a los que consideraba unos locos, decía: “Creen que Dios se transformó en uno de ellos y que pueden fundirse con él en el banquete eucarístico”. Pero no somos los cristianos los que estamos locos, es en realidad Dios mismo quien parece haberse vuelto loco. ¿Acaso no es la eucaristía una manifestación de la locura de Cristo, del loco amor que nos tiene…, del amor que te tiene? Por eso, es muy importante que creas en este Amor, que creas que Él ansía llegar a ti en la eucaristía. Y que al igual que una madre buena sufre “el tormento de la espera” del hijo que no llega, así pero infinitamente más, todo un Dios, sufre por ti cuando no te llegas bien preparado algún domingo. Cuando descubrimos esto, entonces ya no podemos vivir sin la eucaristía.

Madre Mía que nunca deje de prepararme para poder comulgar bien el Pan Nuestro de cada día.

Mirarse en su mirada

Miércoles, 23 marzo, 2011

 

Yo me confieso con una frecuencia prácticamente semanal (al menos lo intento), y he de admitir que a veces me cuesta un poco encontrar pecados. Así se lo dije hace muchos años a mi confesor. Para mi asombro, me dijo que eso se debía a que no conocía bien a Jesucristo. Yo esperaba que me dijera que se debía a que no me conocía bien a mí mismo.

Lo entendí cuando recordé, que cuando era joven y quería ponerme elegante, me miraba bien en el espejo para que no quedara caspa en las solapas y la corbata estuviera en su sitio, etc. Pero con frecuencia ocurría que al despedirme de mi madre, ella siempre encontraba algo que mejorar: un hilillo aquí, una mancha acá… ¿Por qué era tan fijona? Porque me quería mucho.

Compredí que la mirada cariñosa de Jesús, al igual que la de mi madre, me descubría muchas cosas en las que podría mejorar: Señor, ¿te parece bien cómo voy? ¿Es de tu agrado esta actitud que tengo?…

Jesucristo nos quiere mucho —también con corazón humano— y se siente dolido si nos metemos en la cama sin decirle algo, o nos levantamos como un perrito, sin hacer siquiera la señal de la cruz. Me enseñaron a hacerme  tres preguntas antes de meterme en la cama: ¿Qué he hecho bien hoy? ¿Qué he hecho mal hoy? ¿Qué puedo hacer mejor mañana? Quien se enfrente consigo mismo de esta manera, seguro que encuentra aspectos en los que mejorar y pedir perdón.

Quinto día de la novena de la Inmaculada

Sábado, 4 diciembre, 2010

Si ayer las lecturas del Adviento eran solo para los ciegos, hoy es solo para los heridos y llagados. Vaya panorama que nos pone la Iglesia en el Adviento ¿verdad?

Cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.

¿Qué herida es esta que va a ser vendada y curada por el Dios Médico? La herida que el pecado original abrió en la Naturaleza Humana era tan profunda, tan sangrante y tan dolorosa, que solo la medicina del Médico divino podía sanarla.

Hace ya muchos años que me confieso con frecuencia y siempre veo esta llaga, la toco, la huelo, me salpica su pus y la lloro. Pienso que casi todos vivimos, cómo decirlo ¿cómo crucificados? No, mejor como leprosos. Cuántas veces, Señor, aparentamos estar sanos y felices, y hasta con un semblante de satisfacción que quizás muchos envidien, y llegamos ante el confesor, nos arrodillamos, y empezamos a llorar como un niño al descubrir las secretas heridas… Sí, todos somos hijos de Eva.

Por eso me llena de una profunda alegría escuchar el anuncio de que el Dios del Adviento viene a curar nuestras heridas. Todo un Dios quiere venir a nuestra alma para aplicar el aceite divino en nuestras llagas, aún cuando los problemas persistan, para ser bálsamo y sentir el consuelo de su cercanía, de su presencia y de su abrazo:

ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro.

Y es que, ¿sabes?, hay dos tipos de ojos: los ojos del cuerpo y los del alma, que se llaman fe. Cuando Jesús Rey vuelva definitivamente en su gloria, serán los ojos del cuerpo los que gozosos se llenen de lágrimas a verlo. Pero hoy la liturgia nos anuncia, por los ojos de la fe, que el Médico divino viene a nosotros para transformar nuestras heridas en besos y nuestros dolores en palabras de tierno consuelo…  Por eso en este adviento diremos: “Domine!” -¡Señor!- “si vis, potes me mundare” -si quieres, puedes curarme. -¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! -No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: “volo, mundare!” -quiero, ¡sé limpio! (san Josemaría en Camino 142).

Ahí, con el Médico divino, está también Ella: Si yo fuera leproso, mi madre me abrazaría. Sin miedo ni reparo alguno, me besaría las llagas. -Pues, ¿y la Virgen Santísima? Al sentir que tenemos lepra, que estamos llagados, hemos de gritar: ¡Madre! Y la protección de nuestra Madre es como un beso en las heridas, que nos alcanza la curación. (san Josemaría en Forja 190). María, con tu sonrisa que lo ilumina todo, hasta nuestras llagas saltan de gozo!

César es médico cirujano y es un hombre de costumbres. El domingo por la mañana Leer el resto de esta entrada »

¿Qué es la “voluntad propia”?

Sábado, 17 abril, 2010

En Oriente se apreciaba mucho la vida eremítica, en soledad. Pero el derecho canónico no permitía a los monjes seguirla al principio sino tras diez años de vida en la comunidad del monasterio. Como motivación se daba que el monje primero tenía que liberarse de la voluntad propia. Y por eso se inventaban diversos ejercicios para los principiantes con el fin de «romper su voluntad», para liberarlos del propio querer o no querer, de los propios deseos.

Se comprende que hoy nos escandalice ese método educativo… Pero la experiencia nos enseña que muchos equívocos proceden de los diferentes significados que se dan a la misma palabra. Y de los equívocos nacen también los errores. Por eso, conviene fijar bien, antes de nada, el contenido de las palabras. ¿Qué quiere decir, en ascética, «voluntad propia»? Leer el resto de esta entrada »

No deja de sorprenderme cuando leo a los Padres antiguos, su atinada percepción de la realidad y de la psicología humana. Por eso, en estos tiempos bañados por la modernidad puede ser de gran ayuda la lectura atenta de sus escritos.

Por ejemplo, según los Padres cada uno de nosotros posee un paraíso, que sería el corazón creado por Dios, y cada uno de nosotros vive la experiencia de la serpiente, que se cuela para seducirnos. Esa serpiente tiene la forma de un mal pensamiento. «La fuente y el principio del pecado es el pensamiento» (en griego logismós), escribe Orígenes, junto con otros autores. Éstos comparan también el corazón humano a una «tierra prometida», en la que los filisteos lanzan las flechas, o sea, las sugestiones al mal. Estos pensamientos «carnales», «diabólicos», «impuros», no pueden tener su origen en nuestro corazón porque ha sido creado por Dios. Vienen «de fuera». Ni tan siquiera son verdaderos pensamientos sino más bien imágenes de la fantasía a las que en seguida se añade la sugestión de realizar alguna cosa mala.

San Máximo el Confesor ilustra esta situación con ejemplos sacados de la vida cotidiana. No es un mal la facultad de pensar ni el pensar mismo. No es un mal la mujer. No es un mal pensar en una mujer. Pero la imagen de una mujer en la mente de un hombre raramente permanece pura. Se mezcla cierto impulso carnal. Igualmente no es un mal el dinero ni el vino, y sin embargo pueden convertirse en piedra de ofensa. Como los pensamientos malvados vienen «de fuera» y no pertenecen a nuestro modo natural de pensar, van penetrando en el corazón sólo lentamente.

Los autores bizantinos indican, poco más o menos, cinco «grados».

El primer grado se llama «sugestión», «contacto». Es la primera imagen de la fantasía, la primera idea, el primer impulso. Un avaro ve el dinero y le viene una idea: «Voy a esconderlo». Del mismo modo vienen imágenes carnales, la idea de ser superior, el deseo de dejar de trabajar, etc. No decidimos nada; simplemente constatamos que se nos ofrece la posibilidad de hacer el mal, y el mal se presenta de una forma agradable. Los neófitos en la vida espiritual se asustan, se confiesan de haber tenido «malos pensamientos», incluso en la iglesia y durante la oración. San Antonio abad llevó al tejado a un discípulo suyo, que se lamentaba amargamente de sus malos pensamientos, y le ordenó agarrar el viento con la mano: «Si no puedes agarrar el viento, menos podrás coger los malos pensamientos». Quería así demostrar que en estas primeras sugestiones no hay ninguna culpa y que no podremos librarnos de ellas mientras vivamos. Se parecen a las moscas que molestan todavía más cuando, impacientes, las espantamos.

El segundo grado se llama «coloquio». Recordemos el relato del Génesis (capítulo 3) sobre Eva y su coloquio con la serpiente. Leer el resto de esta entrada »

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