Dos chistes para la semana
Sábado, 13 octubre, 2012
Está Adán paseando con Dios por el Paraíso, antes del desgraciado incidente de la manzana, y le va diciendo que está muy contento…. que está todo fenomenal, no hace nada de frío, los animales te saludan… una maravilla. Y la mujer que me has dado.. Sensacional!, estoy muy contento, además: es guapiísima. ¿Por qué la has hecho tan guapa?
-Pues para que te enamores de ella. Le responde Dios.
-Ah, pues muchas gracias. Aunque.., por sacarle alguna pega, yo creo que es un poco tonta. La verdad es que no se porque la has hecho un poco tonta.
-Pues para que se enamore de ti, majo.
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¿Disfrutas con las cosas de Dios?
Jueves, 7 junio, 2012
No sé si has visto este vídeo (vídeo adjunto). No has tenido esa misma experiencia, con alguien que te acompaña con los cascos puestos, o se ponen a enviar en plena conversación un wassup o a jugar con el móvil mientras le hablas. Molesta ¿Verdad? Y no te has preguntado acaso: Dónde está tu cabeza y tu corazón cuando estás en las cosas de Dios; o si te resultan cargantes las prácticas religiosas o si disfrutas con las cosas de Dios.
Te lo pregunto porque nos dice san Marcos que “La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo (a Jesús)”... Aquellos pescadores y gentes sencillas de Galilea sonreían mientras Jesús hablaba. El tiempo se les pasaba “volando”. Disfrutaban tanto escuchando la Palabra de Dios que podían pasar hasta tres días con Él, sin tener ya que comer. Leer el resto de esta entrada »
En Él todo lo puede quien nada puede.
Martes, 5 junio, 2012
Un padre quiere dar una lección a un hijo suyo: le manda remover del camino un obstáculo muy superior a las fuerzas de niño. El pequeño intenta una y otra vez. Imposible.
Su padre insiste: “haz todo lo que puedas”.
El crío, después de varios intentos, acaba exclamando: • Es que ya hago todo lo que puedo.
• No, -replica su padre-. No estás haciendo todo lo que puedes: puedes pedirme que te ayude y no lo haces.
***
En lo que Dios nos pide, nos espera para ayudarnos. No se trata de traerle a donde queremos; sino de descubrirle donde está. La dificultad es providencial: nos obliga a acudir al Señor. Es verdad que “sin Él nada podemos” (Jn. 15, 5). Pero no es menos verdad que “con Él lo podemos todo” (Filps.4, 13). “En Él todo lo puede quien nada puede”.
Hay cosas que valen más
Miércoles, 2 noviembre, 2011
En un colegio dirigido por religiosas, una niña de catorce años, hizo mal un problema de matemáticas. La monja encargada de esa asignatura le castigó a quedarse en clase durante el recreo para volver a hacerlo.
Mientras ella sola en el aula trataba de resolver el problema, entró una compañera, la más inteligente del curso. Se le acercó, vio que lo planteaba mal y le aclaró como tenía que hacerlo. Ella, muy agradecida, le dio las gracias.
A la noche, la monja se puso a revisar los trabajos del día. Le pidió a aquella alumna brillante, interna en el colegio, que le ayudase a corregir. Al llegar al cuaderno de la amiga a la que intentara ayudarle a la mañana, se llevó una gran sorpresa: no había hecho lo que ella le indicara, lo había entregado mal resuelto, como lo tenía cuando trató de ayudarla. Un tanto desconcertada, le comentó a la monja lo que había ocurrido.
Al día siguiente, la monja llamó a la otra niña y le preguntó por qué no se había fiado de su compañera. Y ella le contestó:
- Claro que me fío. Ya sé que el problema se resuelve como ella me dijo. Pero mi padre me enseñó que cuando saco una nota buena por haberme esforzado, le doy una alegría. Pero si la sacase por haber copiado, sería como si llevara a casa mil pesetas robadas. Por eso no quise corregirlo como ella me apuntó.
No es fácil, pero es una gran lección: inculcar a los hijos que hay cosas de más valor que las notas y que el quedar bien. ¡Preciosa tarea!
El Camino
Viernes, 7 octubre, 2011
Martin Sheen es uno de los mejores actores estadounidenses conocidos, y ha presentado su nueva película, El Camino , que se estrena este fin de semana en Nueva York y luego en todo EE.UU. El Camino es una historia conmovedora y hermosa de un hombre que se compromete a recorrer a pie el Camino de Santiago, en España. En la entrevista de presentación conmovió especialmente lo que Martin describe como el trabajo con su hijo, Emilio Estévez , que no sólo aparece en la película, sino que la dirigió también.
“El Camino” es una historia poderosa e inspiradora sobre la familia, amigos, y los desafíos que enfrentamos durante la navegación de este mundo siempre cambiante y complicado. Martin Sheen interpreta a Tom, un médico estadounidense que llega a St. Jean Pied de Port, Francia para recoger los restos de su hijo adulto (interpretado por Emilio Estévez), que murió en los Pirineos, en una tormenta mientras caminaba por el Camino de Santiago, en España. Pero en vez de regresar a casa, Tom decide embarcarse en la histórica peregrinación para honrar el deseo de su hijo y terminar el viaje. Lo que Tom no piensa es el profundo impacto que el viaje tendrá sobre él y su “Vida de burbujas de California.” Fuente
“Señor, enséñanos a orar”
Miércoles, 5 octubre, 2011
“Señor, enséñanos a orar“. Siempre me pareció que a los apóstoles les daba un poco de envidieja ver rezar al Señor. Me contaba un sacerdote amigo que estando un día rezando en la parroquia frente al Santísimo, se le acercó una mujer y le dijo: “oiga, ver rezar a un cura debería ser un sacramental; le entran a uno ganas de ponerse de rodillas”. Sí, ver rezar puede inducir a otros a la oración, lo mismo que el pecado mueve a otros a pecar. Por eso, me gusta esta santa envidia de los apóstoles y les pido que me enseñen a mirar al Señor en oración.
La primera palabra que pronunció el Señor para enseñarles a rezar fue un término familiar: Abba, Papá, Padre. Jesús nos sitúa así en el clima de confianza y de filiación en el que nos debemos dirigir siempre a Dios. ¿Qué cosa hay más agradable que el nombre de padre, que indica ternura y amor? Cuando rezamos el Padrenuestro, y muchas veces a lo largo del día, hemos de saborear esta palabra llena de misterio y de dulzura, Abba, Padre, Padre mío…
Mientras muchos buscan a Dios como en medio de la niebla, a tientas, los cristianos sabemos, de modo muy particular, que Él es nuestro Padre y que vela por nosotros. Cada vez que acudimos a Él, nos dice: Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo . «Todo cuanto nos viene de parte de Dios y que al pronto nos parece próspero o adverso, nos es enviado por un Padre lleno de ternura y por el más sabio de los médicos, con miras a nuestro propio bien» (Casiano). La vida, iluminada por la filiación divina, adquiere un sentido nuevo; ya no es un oscuro enigma que descifrar, sino una tarea que llevamos a cabo en la casa del Padre, que es el mundo: Hijo mío, nos dice a cada uno, ve a trabajar a mi viña.
El Señor insiste con una parábola en la misma idea:“¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? (…) ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?”… Leer el resto de esta entrada »
Las señas de identidad
Viernes, 24 junio, 2011
Un padre entra en una iglesia con su hijo, de unos 5 años. Al cabo de un rato el pequeño le pregunta:
– Papá ¿Quién es aquel santo? - Pues no los sé, hijo. Pero, mira, allí parece que está el cura. Pregúntale a él
Ni corto ni perezoso se acerca el pequeño al sacerdote y comenzó su curioso interrogatorio:
– Hola, ¿tú rezas mucho a Jesús y a la Virgen?
– Hombre… lo intento. Sí.
– ¿Y tú, quieres a todos?
– Bueno… Sí.
– ¿Y tú haces la Misa?
– Sí, también.
– ¿Y tu le das a la gente el Cuerpo de Jesús para que lo coma?
– Sí, se lo doy.
– ¡Ah, bien! Entonces, sí. Tú eres el cura.
Después, ya seguro, preguntó por el santo.
Que claro está para los pequeños y sencillos, lo que para otros resulta tan complicado descubrir.
La Trinidad, relación de amor
Martes, 31 mayo, 2011
El Dios, que Jesús nos ha revelado, no es solitario ni cerrado en sí mismo: es el Dios que es don en sí mismo y se nos da a nosotros, el Dios que es amor. Como asevera la primera carta de Juan, «en esto se manifestó el amor de Dios por nosotros, en que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito, para que tengamos vida por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados… Y nosotros hemos conocido y creemos el amor que Dios nos tiene. Dios es amor; quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios, en él» (1 Juan 4, 9-10. 16).
El amor es el conducto que nos lleva a conocer al Dios de Jesús: «Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor» (1 Juan 4, 8). Desde siempre, Dios es amor: es aquel que ama; aquel que es amado e intercambia el amor; es, en persona, el vínculo que une a quien ama y a quien es amado. Escribe san Agustín: «Las personas divinas son tres: la primera, que ama a la que de ella nace; la segunda, que ama a aquella de la que nace; y la tercera, que es el mismo amor» (De Trinitate 6, 5, 7). Estos tres son uno: no tres amores, sino un único, eterno e infinito amor, el único Dios que es amor. Y san Agustín afirma todavía: «Ves a la Trinidad, si ves el amor» (ibíd., 8, 8, 12). Y añade de este único Dios, que es amor: «Así que son tres: el Amante, el Amado y el Amor» (ibíd., 8, 10, 14), el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La beata Isabel de la Trinidad testimonia en esta bellísima oración de qué modo puede la criatura ser partícipe del diálogo de amor de los tres que son uno: Leer el resto de esta entrada »
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
Martes, 24 mayo, 2011
En la tradición evangélica se nos transmite el modo de orar de Jesús, que se dirige a Dios llamándolo con el apelativo familiar arameo Abbá, Padre. Al estilo de los Salmos, alaba y bendice al Padre, creador del mundo y Señor de la historia, porque escoge como destinatarios de su revelación a los «pequeños», esos que no pueden reivindicar derechos y privilegios. A estos, Jesús se les presenta como el «Hijo», el único que hace posible el encuentro y la plena comunión con el Padre. Ante la perspectiva de su muerte inminente, Jesús halla la raíz de su libertad de Hijo en el abandono confiado en el Padre. Leer el resto de esta entrada »
La Peza es ya de los franceses.
Jueves, 19 mayo, 2011
Se trata de un relato que forma parte de El carbonero-alcalde de Pedro Antonio de Alarcón.
El general Godinot recibe la fausta nueva de boca del jefe expedicionario.
-¿Cuántos prisioneros traéis? -le pregunta-. ¡Necesitamos ahorcarlos para que escarmienten los demás pueblos del partido!
-¡Sólo traigo dos: un viejo y un muchacho! ¡En toda la villa no encontré más enemigos! -responde el jefe bajando los ojos.
Entonces Godinot no puede menos de admirar la actitud verdaderamente antigua, clásica, espartana de aquellos montañeses. Pero con todo, insiste en que sean ahorcados los dos débiles prisioneros…
Nuestros padres nos han referido muchas veces los pormenores de aquella ejecución… Pero nosotros la contaremos rápidamente… Son de índole demasiado feroz para que la pluma se detenga en su relato.
Ataron una soga al cuello del niño, y lo arrojaron desde un mirador de la casa del Ayuntamiento a la Plaza Mayor de Guadix.
Rompióse la soga, que sin duda era vieja, y el niño cayó contra el empedrado.
Anudaron la parte rota, tornaron a subir a la pobre criatura, colgáronlo de nuevo, y la soga se volvió a romper.
El niño quedó en el suelo sin poder moverse. No había muerto pero todos sus remos se habían roto.
Entonces un oficial de dragones, conmovido al mirar que se pensaba en colgarlo por tercera vez, llegóse al infeliz… y le deshizo la cabeza de un pistoletazo.
Saciada de este modo, al menos por aquel día, la ferocidad de los vencedores, dignáronse perdonar al anciano enfermo, el cual había presenciado toda la anterior escena acurrucado al pie de una columna, esperando a que le llegase su vez de ser ahorcado…
Diéronle, pues, libertad, y el pobre viejo salió de la plaza corriendo y tambaleándose, y tomó el camino de su pueblo, donde murió de tristeza aquella misma noche.
¡El niño asesinado en Guadix… era su hijo!
Guadix, 1859.
Madre mía, que no me acostumbre a la Misa como si no ocurriera nada en ella, que no me acostumbre a mirar un crucifijo… Ayúdame a ir a la Eucaristía con la mayor frecuencia que sea capaz y enséñame a poner el corazón allí.







