El peculiar crecimiento del bambú

Martes, 30 julio, 2013

El hecho es conocido y existe en la red abundantes referencias. Es una alegoría magnífica para la oración de petición, y también para este el año de la fe

Efectivamente, sucede algo muy curioso con algunas variedades del bambú (Bambusoideae), que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras las semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un agricultor inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.

Sin embargo, en el séptimo año en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros! ¿tardó solo seis semanas crecer?. No. La verdad es que le tomó siete años y seis semanas desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitían sostener el crecimiento que iba a tener después.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin comprender que lo importante pasa siempre por un proceso de maduración profundo y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente del valor de la oración perseverante y de saber esperar el momento adecuado. Es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nuestra oración no sirve para nada. En esos momentos (que todos tenemos), debemos recordar el ciclo de maduración del bambú, y aceptar que –si perseveramos- aunque no veamos nada, por la fe sabemos que nuestra petición no dejará de ser escuchada.

Además esa perseverancia va gradual y progresivamente creando los hábitos y el temple que nos permitirá sostener el fruto y rendir la mayor gloria a Dios que seamos capaces cuando llegue el momento adecuado.

Ya siento tener estos días de verano un poco desatendido el blog. Pero es evidente que los que os acercáis por este blog, entre vuestras virtudes está la paciencia.

Hoy miércoles, Benedicto XVI, desde su residencia de verano en Castel Gandolfo, ha presidido la audiencia general del miércoles, en la que ha reflexionado sobre la fiesta de Santa María Reina, que se celebra hoy. Recordó la historia de esta celebración instituida en 1954 por Pío XII.

“Fue colocada ocho días después de la solemnidad de la Asunción para evidenciar la estrecha relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma junto a su Hijo”.

Benedicto XVI explicó que María es reina por Jesús, y que se trata de un reinado construido sobre la humildad.

“Existe la idea de que un rey o una reina son personas con poderes o riqueza, pero éste no es el tipo de realeza de Jesús y de María. El reino de Cristo se construye sobre la humildad, el servicio y el amor”.

El Papa invitó a los presentes a confiar en María y a presentarle cualquier necesidad que tengan, seguros de que Ella les ayudará.

En nuestra oración, dirijámonos con confianza a Ella. María intercederá siempre por nosotros ante su Hijo”.
Antes de finalizar, un grupo de religiosas cantó una original canción a Benedicto XVI.

Siempre que un corazón percibe de algún modo el calor de Cristo, y decide abrirse a esa fuente de alegría para conocerla mejor, entonces, y aunque sea a escondidas, se produce el milagro más sorprendente al que podemos asistir: la acción de la gracia en un alma. Con cierta frecuencia, he tenido la suerte de ser testigo de excepción de ese encuentro de la libertad personal con la gracia de Dios… Quienes hayan tenido esta experiencia saben cuánta alegría genera. Sí, todos podemos -y debemos- facilitar a parientes, amigos, colegas, el encuentro con Dios… Todos podemos aprender a mirarles como los mira Él, a participar de algún modo de la paternidad divina que cuida de cada uno de sus hijos. (Cfr.Basta una cebolla) Leer el resto de esta entrada »

Así rezan las mujeres (humor)

Sábado, 18 febrero, 2012

Me envía un familiar (mujer por cierto), esta graciosa oración. A ver qué os parece a vosotros:

Señor:
Te pido SABIDURÍA para entender a este hombre.
Te pido PACIENCIA para soportarlo,
BONDAD para tratarlo.
Te pido AMOR para perdonarlo;
y no te pido FUERZAS, Señor…
No te pido FUERZAS, porque si me las das, ¡es que LO MATO, Señor!

Os transcribo este tesoro literario que guardaba traspapelado de hace años. Había visto la película “La fuerza de uno”, basada en la novela “La potencia de uno” de Brice Courtenay, y me había gustado. Es una auténtica historia de superación personal. En un momento dado, el protagonista de la película recuerda como el profesor Von Vollensteen, Doc, le explicó a su madre su teoría sobre los cactus:

Si Dios eligiese una planta para representarle, yo creo que elegiría entre todas ellas el cactus. El cactus posee casi todas las bendiciones que Él intentó otorgar al hombre, casi siempre en vano. El cactus es humilde pero no sumiso. Crece donde no es capaz de crecer ninguna otra planta. No se queja si el sol le quema en la espalda, ni si el viento lo arranca del acantilado o lo sepulta en la arena seca del desierto, ni sí está sediento. Cuando llega la lluvia almacena agua para futuros tiempos difíciles. Florece lo mismo en el buen tiempo que en el malo. Se defiende del peligro pero no hace daño a ninguna otra planta. Se adapta perfectamente casi a cualquier medio. En Méjico hay un cactus que sólo florece una vez cada cien años y de noche. Eso es santidad en grado sumo, ¿no está usted de acuerdo? El cactus tiene propiedades que le permiten curar las heridas de los hombres, y se extraen de él pociones que pueden hacer que un hombre toque el rostro de Dios o se asome a la boca del infierno. Es la planta de la paciencia y de la soledad, del amor y de la locura, de la belleza y de la fealdad, de la dureza y de la suavidad. ¿No cree usted que de todas las plantas fue al cactus la que Dios hizo a su propia imagen?”. (Cfr. Peekay, protagonista de “La potencia de uno”, de Courtenay)

Veamos lo que trae el tiempo

Lunes, 25 octubre, 2010

Acabo de leer este relato chino en la red. A ver que os parece.

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que  trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:

-Padre, ¡que desgracia! Se nos ha escapado el caballo.

-¿Por qué le llamas desgracia? -respondió el padre-, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo.
-Padre, ¡que suerte! – exclamó esta vez el muchacho -Nuestro caballo ha traído otro caballo.

-¿Por qué le llamas suerte? -repuso el padre-. Veamos que nos trae el tiempo…

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se rompió una pierna.

-Padre, ¡que desgracia! -exclamó ahora el muchacho- ¡Me he roto un hueso de la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:

-¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo…

El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la  desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que a veces lo que parece malo termina siendo bueno, y lo bueno malo. Lo mejor es confiar en las buenas manos de nuestro Padre Dios, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas.

He aquí un gran reto. Para establecer una relación positiva con los demás, y poder así decirse las cosas de forma fluida y sin acritud, es preciso cultivar toda una serie de capacidades destinadas a combatir la negatividad y a establecer una relación no defensiva con los demás.

El principal obstáculo es que probablemente en nuestro interior tenemos grabadas unas respuestas emocionales negativas que no es fácil cambiar de la noche a la mañana. Por eso hemos de poner esfuerzo en familiarizarnos con respuestas emocionales más positivas, de modo que, con el tiempo, las vayamos evocando de forma más natural y espontánea, en la medida que las incorporemos más a nuestro repertorio emocional.

Veamos algunos ejemplos de estas capacidades o habilidades que permiten respuestas emocionales positivas: Leer el resto de esta entrada »

La paciencia y los golpes de la vida

Martes, 30 junio, 2009

William Shakespeare dejó escrito que no hay otro camino para la madurez que aprender a soportar los golpes de la vida. Efectivamente, la vida de cualquier hombre, lo quiera o no, trae siempre golpes. Porque vemos que hay egoísmo, maldad, mentiras, desagradecimiento. Observamos con asombro el misterio del dolor y de la muerte. Constatamos defectos y limitaciones en los demás, y lo constatamos igualmente cada día en nosotros mismos. Toda esa dolorosa experiencia es algo que, si lo sabemos asumir, puede ir haciendo crecer nuestra madurez interior. La clave es saber aprovechar esos golpes, saber sacar todo el oculto valor que encierra aquello que nos contraría, lograr que nos mejore aquello que a otros les desalienta y les hunde.

¿Y por qué lo que a unos les hunde a otros les madura y les hace crecerse?

Depende de cómo se reciban esos reveses. Si no se medita sobre ellos, o se medita pero sin acierto, sin saber abordarlo bien, se pierden excelentes ocasiones para madurar, o incluso se produce el efecto contrario. La falta de conocimiento propio, la irreflexión, el victimismo, la rebeldía inútil, hacen que esos golpes duelan más, que nos llenen de malas experiencias y de muy pocas enseñanzas. La experiencia de la vida sirve de bien poco si no se sabe aprovechar. El simple transcurso de los años no siempre aporta, por sí solo, madurez a una persona. Es cierto que la madurez se va formando de modo casi imperceptible en una persona, pero la madurez es algo que se alcanza siempre gracias a un proceso de educación —y de autoeducación—, que debe saber abordarse.

Tres ejemplos para abordar este proceso de educación en la madurez:

1) La educación que se recibe en la familia, por ejemplo, es sin duda decisiva para madurar. Los padres no pueden estar siempre detrás de lo que hacen sus hijos, protegiéndoles o aconsejándoles a cada minuto. Han de estar cercanos, es cierto, pero el hijo ha de aprender a enfrentarse a solas con la realidad, ha de aprender a darse cuenta de que hay cosas como la frustración de un deseo intenso, la deslealtad de un amigo, la tristeza ante las limitaciones o defectos propios o ajenos…, son realidades que cada uno ha de aprender poco a poco a superar por sí mismo. Por mucho que alguien te ayude, al final siempre es uno mismo quien ha de asumir el dolor que siente, y poner el esfuerzo necesario para superar esa frustración.

2) Por ejemplo, una manifestación de inmadurez es el ansia descompensada de ser querido. La persona que ansía intensamente recibir demostraciones de afecto, y que hace de ese afán vehemente de sentirse querido una permanente y angustiosa inquietud en su vida, establece unas dependencias psicológicas que le alejan del verdadero sentido del afecto y de la amistad. Una persona así está tan subordinada a quienes le dan el afecto que necesita, que acaba por vaciar y hasta perder el sentido de su libertad.

3) Por último, saber encajar los golpes de la vida no significa ser insensible. Tiene que ver más con aprender a no pedir a la vida más de lo que puede dar, aunque sin caer en un conformismo mediocre y gris; con aprender a respetar y estimar lo que a otros les diferencia de nosotros, pero manteniendo unas convicciones y unos principios claros; con ser pacientes y saber ceder, pero sin hacer dejación de derechos ni abdicar de la propia personalidad.

Conclusión:

Hemos de aprender a tener paciencia. A vivir sabiendo que todo lo grande es fruto de un esfuerzo continuado, que siempre cuesta y necesita tiempo. A tener paciencia con nosotros mismos, que es decisivo para la propia maduración, y a tener paciencia con todos (sobre todo con los que tenemos más cerca). Y podría hablarse también de otro tipo de paciencia, no poco importante: la paciencia con la terquedad de la realidad que nos rodea. Porque si queremos mejorar nuestro entorno necesitamos armarnos de paciencia, prepararnos para soportar contratiempos sin caer en la amargura. Por la paciencia el hombre se hace dueño de sí mismo, aprende a robustecerse en medio de las adversidades. La paciencia otorga paz y serenidad interior. Hace al hombre capaz de ver la realidad con visión de futuro, sin quedarse enredado en lo inmediato. Le hace mirar por sobre-elevación los acontecimientos, que toman así una nueva perspectiva. Son valores que quizá cobran fuerza en nuestro horizonte personal a medida que la vida avanza: cada vez valoramos más la paciencia, ese saber encajar los golpes de la vida, mantener la esperanza y la alegría en medio de las dificultades.

Cfr. www.interrogantes.net

La losa de la desesperanza

Martes, 19 agosto, 2008

Como estamos viendo en los relatos de “Cuando el mundo gira enamorado” de Rafael de los Ríos, Victor Frankl, y todos los que tuvieron aquella experiencia en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial, recuerdan perfectamente a aquellos hombres que iban de barracón en barracón dando consuelo a los demás, brindándoles su ayuda y, muchas veces, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Aquellos hombres, no muchos ciertamente, ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa que es como la última de sus posesiones: la elección de la actitud personal para decidir el propio camino.

El mensaje del Dr. Frankl es claro y esperanzador: por muchas que sean las desgracias que se abatan sobre una persona, por muy cerrado que se presente el horizonte en un momento dado, siempre queda al hombre la libertad inviolable de actuar conforme a sus principios, siempre queda la esperanza.

Y como algunos papas me habéis pedido que haga referencia a la familia, aquí va una pregunta y posibles respuestas: ¿Cómo infundir esperanza en uno mismo y en la familia? Hay muchos detalles que pueden contribuir mucho a lograrlo. Por ejemplo: Leer el resto de esta entrada »

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