La piedra de toque

Jueves, 23 febrero, 2012

A Federico de Prusia se le ocurrió una idea extravagante. Estando en el campo se fijó en unos gorriones que picoteaban por las eras granos de trigo. Empezó a hacer sus cálculos y llegó a la conclusión de que aquella clase de pajarillos se comían anualmente, en su reino, dos millones de celemines de trigo.
Exterminarlos era, pues, de interés nacional. Prometió un premio por cada cabeza de gorrión que se presentase. Todos los prusianos se convirtieron en cazadores. Al poco tiempo no quedaban gorriones en el país. Todo un éxito.
El rey estaba satisfecho. Pero, al año siguiente, le anunciaron de todas las partes de Prusia que las orugas y las langostas se habían comido las cosechas.
Cuando hubo que traer gorriones de los países vecinos, dicen que el rey exclamó: “¡Cómo me he equivocado!¡Lo que Dios hace, bien hecho está!”.
Muchas veces Jesús nos dice como a Pedro: “Tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt. 16,20). Y un aspecto de la vida en el que se acentúa más esa diferencia de visión, entre Dios y los hombres, es precisamente en la cruz, el dolor, el sacrificio.
Algo debe tener el sufrimiento humano, que no acabamos de entender, cuando Dios ni a su propia Madre le ha librado de él. La Virgen al pie de la cruz es toda una tesis doctoral sobre el dolor. Conviene contemplarla, estudiarla, porque en ella late toda la teología del Amor y del Dolor. Leer el resto de esta entrada »

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