Contradicción

Sábado, 11 enero, 2014

en ti confio padreMi Cristo, yo quisiera amarte como me amas, quisiera amarte una infinitud de lo que tú me amas, quisiera amarte más que a mis debilidades, ser más tuyo que del mundo, desearte a ti más …, estar contigo 24 horas, empaparme de ti a cada momento, mantenerme en oración continua, y estar a la altura de mi llamado y de quien me llama.

Pero no puedo, trato y trato para solo sentir la dulce angustia del que anhela la santidad, la amarga pero gratificante lucha del que quiere seguirte, la gran miseria que despliega el derroche de tu misericordia.

¿Qué merito tengo? ¿Qué merito podré tener? Solo tu gracia me sostiene, y lo poco que tengo te lo entrego, te lo entrego como está. Un corazón herido, humillado, dividido, una voluntad anémica, un amor incompleto, una carne débil…, un espíritu  quebrantado y un alma necesitada de tu perdón, amor y misericordia y unos ojos que no pueden ver tu gracia por encima de mis debilidades. Leer el resto de esta entrada »

Mi inquietud, mi Niño y mi descanso

Jueves, 26 diciembre, 2013

reflejosCuando, en el rezo de la Liturgia de las Horas, llego al salmo 55, pronuncio más despacio, como quien paladea, el versículo 2: Abandona en el Señor todas tus preocupaciones, que Él te sustentará. Mientras saboreo estas palabras, me digo a mí mismo que, para cumplirlas, necesito tener cerca a Dios. Sólo así será posible que descanse en Él mi carga.

Desde antes que el mundo existiera, Dios conocía mi inquietud. Por mí envió a su Hijo a la Tierra. Hoy, ante el pesebre, sé que Dios está cerca. Se ha hecho hombre para pueda yo reposar mi carga sobre sus hombros de niño. Lo haré confiadamente: esos hombros de niño sostienen el globo terráqueo.

No os preocupéis… Estas palabras del evangelio de hoy son la respuesta a mi oración. «Estoy aquí. Yo, tu Dios, te amo y me acerco a ti para que puedas reposar en Mí. No temas. He venido a ti; ven ahora tú a Mí, y descansa en Mí tus preocupaciones»… Y así va Esteban al martirio, descansado y alegre, abandonado en Él. Y así viviré mi vida desde hoy, sin temor a la vida ni a la muerte, porque tú estás conmigo (Sal 22, 4).

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

El Adviento, que ahora comienza,  es una muy buena oportunidad para confesarse de cara a la navidad. En una de sus últimas audiencias generales el Papa Francisco se centró en el perdón y la confesión. Aseguró que Dios no se cansa de perdonar y por eso invitó a los católicos a no cansarse de pedir perdón. Francisco reconoció que él también pasa por el confesionario cada quince días.

El Herodes de nuestro tiempo

Viernes, 28 diciembre, 2012

Me dejo perplejo aquel anuncio en el que un niño aparecía unido por una cadena a una mujer impidiéndola así continuar su camino. La figura del niño, del hijo, como algo que limita mi libertad, como un impedimento para sí mismos…  Incluso ya antes está el hecho de cerrar por completo al niño la puerta de entrada al mundo, un mudo que parece no tener lugar para él.

En Navidad un Niño llama a la puerta. En el pensamiento moderno un nuevo Herodes se erige y mira al Niño como un competidor de su libertar, como un competidor de su futuro, como alguien que le quita el lugar. Llenamos el espacio de nuestra vida con objetos, con productos, no nos hartamos de ellos, porque podemos programarlos y abandonarlos cuando nos apetezca. Si acaso aparece la presencia de un animal, siempre y cuando se someta por completo a nuestro capricho.

En Navidad un Niño está llamado a la puerta. Tendríamos que aprender a ver en este niño, no la destrucción de nuestra libertad, sino su oportunidad… No al competidor que nos quita el futuro y el espacio para vivir, sino la fuerza creadora que hace posible el futuro y plasma los nuevos espacios de la historia… Se trata en definitiva de ver desde dónde concebimos nuestra existencia: desde un gran egoísmo que se ve amenazado por todo…; o desde una libertad confiada y abierta a otras libertades, porque se sabe –aunque le cueste- llamado a la comunión del amor, a la convivencia, a permanecer abierto confiadamente a Dios y a los demás.

Elie Wiesel escribió una historia rabínica en la que Jeshiel, un muchacho aún pequeño, entró precipitadamente y llorando a la habitación de su abuelo, el célebre rabí Baruj. Unos lagrimones le corrían por las mejillas al pequeño mientras se desahogaba: “Mi amigo me ha abandonado. Ha siso muy injusto y se ha portado muy feo conmigo”. “A ver, ¿no puedes explicármelo un poco más?”, le preguntó el maestro. “Sí”, respondió el pequeño. “Estábamos jugando al escondite, y yo me escondí tan bien que no pudo encontrarme. Pero entonces, simplemente dejó de buscarme y se marchó. ¿No es feo eso?”. Entonces, el maestro acarició las mejillas del pequeño, y a él mismo se le llenaron los ojos de lágrimas. Y dijo: “Sí, no hay duda de que es muy feo. ¿Ves?, con Dios es exactamente lo mismo. Él se ha escondido, y nosotros no lo buscamos. Piensa: Dios se esconde, y los hombres ni siquiera lo buscamos”

Esta historia explica en gran parte el misterio que esconde la Navidad. El nos dice: ¡Buscadme!. Dios se esconde a la espera de que le busquemos. La búsqueda es siempre algo libre y que nace del amor. Dios quiere que vayamos a Él libre y amorosamente, y por eso se esconde.

Adán también se escondió de Dios tras el pecado en el paraíso. Y Dios se puso a buscarle: “¿Dónde estas?”. Dios vino a buscarnos libre y amorosamente. Y nos rehace a su imagen y semejanza, cuando vamos a buscarle a Él también libre y amorosamente. El nos dice: ¡Buscadme!. El nos busca, para que podamos buscarlo. Leer el resto de esta entrada »

Día 25, Navidad: Dios es Amor… día 26, el martirio de san Esteban: Dios es Amor. Pero también se puede odiar el amor cuando éste exige salir de uno mismo para ir más allá. El amor no es una romántica sensación de bienestar. Redención no es wellness, un baño en la autocomplacencia, sino una liberación del estar oprimidos en el propio yo. Esta liberación tiene el precio del sufrimiento de la cruz. La profecía de la luz y la palabra acerca de la cruz van juntas.

Simeón afirmará de Jesús que es «luz para alumbrar a las naciones», y existe para la «gloria de tu pueblo, Israel» (Lc 2,32)… Y a continuación dirá que Jesús «está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción». Al final le dirige a la Madre una predicción muy personal: «Y a ti, una espada te traspasará el alma», la teología de la gloria está indisolublemente unida a la teología de la cruz. Al siervo de Dios le corresponde la gran misión de ser el portador de la luz de Dios para el mundo. Pero esta misión se cumple precisamente en la oscuridad de la cruz. (Benedicto XVI)

Ver la Navidad “desde dentro”

Martes, 25 diciembre, 2012

«Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor”. Y fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre»(Lc 2.15-16)

Al igual que María, después de que el ángel le hablara del embarazo de su pariente Isabel, fue «de prisa» a la ciudad de Judá en la que vivían Zacarías e Isabel (cf. Lc 1,39), los pastores un poco curiosos se apresuraron por comprobar lo que se les había dicho, se dieron prisa por llegar y ver aquello tan grande que se les había anunciado. Y ¿tú y yo nos damos prisa? Nos sugiere Benedicto XVI:

¿Qué cristianos se apresuran hoy cuando se trata de las cosas de Dios? Si algo merece prisa –tal vez esto quiere decirnos también tácitamente el evangelista– son precisamente las cosas de Dios.

El ángel había anunciado también una señal a los pastores: encontrarían a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Se trata de un signo de reconocimiento, una descripción de lo que se podía constatar a simple vista: el signo es la pobreza de Dios. Pero para los pastores que habían visto el resplandor de Dios sobre sus campos, esta señal es suficiente. Ellos ven lo que acontece “desde dentro” gracias a lo que les ha dicho el ángel. Y ¿Qué ven? Ven que lo que el ángel ha dicho es verdad. Por eso, los pastores se vuelven con alegría. Dando gloria y alabando a Dios por lo que han visto y oído (cf. Lc 2,20).

Y tú y yo, le pediremos a María que cuando miremos al Niño estos días veamos las cosas como los pastores: “desde dentro”, sabiendo que lo que se nos ha dicho es verdad.

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