Que no tiemble vuestro corazón

Viernes, 16 mayo, 2014

ImagenHay tres clases de personas: los que tiemblan por fuera y por dentro, los que sólo tiemblan por dentro, y los que no tiemblan ni por fuera ni por dentro. Estos últimos están muertos. Entre los vivos, no hay quien no tiemble. El miedo es el peaje de una vida poblada de inseguridades.

Que no tiemble vuestro corazón.

Afortunadamente, no es una orden. Si supiéramos dónde está el botón para acallar los miedos, ya lo habríamos pulsado. Además, el propio Jesús, que pronunció estas palabras en la Última Cena, minutos después temblaba por dentro y por fuera, anegado en pavor y angustia. Sus palabras apuntan más allá.

«Más allá» del «dentro» está lo que santa Teresa llamaba «el hondón». Ese lugar, que la mayoría de las personas no conoce, es el santuario donde el cristiano se encuentra con Dios. Allí amanece la luz de la fe, y el alma se abre al Cielo. Allí encuentra reposo el corazón de quien tiembla por dentro y por fuera. Los temblores no se acallan, pero el cristiano se recoge allí en silencio mientras dura la tormenta, y está a salvo: Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla (Sal 26, 3).

Algunas frases del Papa Francisco

Lunes, 31 marzo, 2014

Comenzamos la semana con esta frase del Papa Francisco:

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“No tengáis miedo al compromiso, al sacrificio, y no miréis con miedo al futuro. Mantened viva la esperanza: siempre hay una luz en el horizonte”

La frase fue pronunciada en la audiencia general del 1 de mayo del 2013.

El texto completo aquí: Leer el resto de esta entrada »

Lo que no es, y lo que sí es tibieza

Domingo, 1 septiembre, 2013

tube miedo y lo escondíRecordamos hoy la parábola en la que Jesús cuenta que confió cinco talentos de plata a un empleado, a otro dos y, finalmente, al último uno. Los dos primeros hicieron rendir lo que habían recibido. El acreedor de un solo talento, conviene anotarlo, no pierde su capital, sencillamente lo esconde y después encima se justifica: tuve miedo de ti. No lo malgastó y por eso pensó que lo había hecho bien (el niño expulsado de clase por no hacer nada). Pero fue perezoso, por eso es ejemplo de hombre tibio. El diablo no lo tentó con un pecado grave, pero poco a poco le llevará a él haciéndote abandonar una cosa tras otra, todas pequeñas. Así enterrarás tu talento y, poco tiempo después, serás presa de faltas aún mayores. Es cuestión de táctica… y de tiempo.

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Anibal, el peor enemigo de Roma (2006)

Sábado, 8 diciembre, 2012

Ayer viernes decidimos poner en casa un documental y esta vez le toco a Anibal. El peor enemigo de Roma [2006]. Es una producción de la BBC, sobre el mundo de Aníbal y de Escipión el Africano, de los enfrentamiento entre cartagineses y romanos, que vuelve a la vida en este documental-ficción, realizado por Edward Bazalgette director de la aplaudida “Genghis Khan”, dramatización de la vida del jefe mongol, y por Ailsa Orr, productora de “Pompeya, el último día”, docudrama nominado a los premios BAFTA y ganador de un Emmy. Aquí os lo dejo:

 

Hoy, 4 de agosto, es san Juan María Vianney, más conocido como el santo cura de Ars. De hecho hemos terminado en junio el Año sacerdotal en honor al 150 aniversario de su muerte. Y aunque este post está dedicado al próximo domingo XIX, vamos a pedir hoy también por los sacerdotes,  para que no le clavemos de nuevo en la Cruz, para que clavándonos nosotros, El no reciba esas heridas. Vamos a ayudarnos también con la oración. Hace poco leí de un santo que veía al mundo como una boca sedienta de santidad, de gracia de Dios. El Señor se sirve de los sacerdotes para llevar a muchos a la fuente de las aguas. Por eso tu y yo lucharemos por ser un poco mejores estos días.

Mi confianza son tus promesas Señor; y tu has dicho: no os dejaré huérfanos (Jn 14,18), no os dejaré solos. Y el próximo domingo repetirá la escritura:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”… “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.”

La lámpara encendida indica a quien se prepara para pasar la noche velando en espera de alguien. El padre Cantalamessa recoge en un Himno de la perla que se remonta a la literatura de Oriente Medio del siglo I o II d.C. y que se nos ha transmitido por el apócrifo Hechos de Tomás, la historia de un joven príncipe enviado por su padre de Oriente (Mesopotamia) a Egipto para recuperar una determinada perla que ha caído en manos de un cruel dragón que la custodia en su cueva. Llegado al lugar, el joven se deja descaminar; se sacia de un alimento se le habían preparado con engaño los habitantes del sitio y que le hace caer en un profundo e inacabable sueño. El padre, alarmado por el prolongamiento de la espera y por el silencio, envía, como mensajera, un águila que lleva una carta escrita de su puño y letra. Cuando el águila sobrevuela al joven, la carta del padre se transforma en un grito que dice: «¡Despiértate, acuérdate de quién eres, recuerda qué has ido a hacer a Egipto y adónde debes regresar!». El príncipe se despierta, recupera el conocimiento, lucha y vence al dragón y, con la perla reconquistada, vuelve al reino donde se ha preparado para él un gran banquete.

Y explica el significado religioso de la parábola. El joven príncipe es el hombre enviado de Oriente a Egipto, esto es, por Dios al mundo; la perla preciosa es su alma inmortal prisionera del pecado y de satanás. Él se deja engañar por los placeres del mundo y se hunde en un tipo de letargo, o sea, en el olvido de sí, de Dios, de su destino eterno, de todo. Le despierta, en este caos, no el beso de un príncipe o de una princesa, sino el grito de un mensajero celestial. Para los cristianos este mensajero enviado por el Padre es Cristo, que grita al hombre, como hace en el Evangelio de hoy, que se despierte, que esté alerta, que recuerde para qué está en el mundo. El grito del Himno de la perla se encuentra casi tal cual en la carta a los Efesios: «Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo» (Ef 5, 14).

La exhortación: «¡Estad preparados!» recuerda más bien esa actitud de estar alerta, listos, preparados… Significa «estar en orden». Para el propietario de un restaurante o para un comerciante estar preparado no quiere decir vivir y trabajar en permanente estado de ansiedad, como si de un momento a otro pudiera haber una inspección. Significa no tener necesidad de preocuparse del tema porque normalmente se tienen los registros en regla y no se practican por principio fraudes alimentarios. Lo mismo en el plano espiritual. Estar preparados significa vivir de manera que no hay que preocuparse por la muerte. Se cuenta que a la pregunta: «¿Qué harías si supieras que dentro de poco vas a morir?», dirigida a quemarropa a San Luis Gonzaga mientras jugaba con sus compañeros, el santo respondió: «¡Seguiría jugando!». La receta para disfrutar de la misma tranquilidad es vivir en gracia de Dios, sin pendencias graves con Dios o con los hermanos.

¿Quieres ser santo? haz lo que debes y está en lo que haces… Repetía san Josemaría con gran sentido común. Vamos tu y yo a pedirle hoy a santa María: ¡Madre: ayúdanos a vivir como tu Hijo quiere!

Arriésgate

Martes, 16 febrero, 2010

Me he encontrado con este gif animado y me he acordado de esta alegoría. Por otro lado, tan actual en las nuevas generaciones.

Dos semillas estaban juntas en el suelo primaveral y fértil.

La primera semilla dijo:

—¡Yo quiero crecer! Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me cubre… Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la llegada de la primavera… ¡Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos!

Y así creció.

La segunda semilla dijo:

—Tengo miedo. Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sé con qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo puedo dañar mis delicados brotes… Si dejo que mis capullos se abran, quizá un caracol intente comérselos… Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me arrancara del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.

Y así esperó.

Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.

Moraleja: A los que se niegan a arriesgarse y a crecer los devora la vida.

Fuente: Patty Hansen, en sopa de pollo para el alma

“¡Estad alegres!”…

Jueves, 10 diciembre, 2009

Tradicionalmente, al próximo domingo de Adviento (ya es el tercero) se le conoce como Domingo “gaudete”. Se debe a la liturgia, que comienza así:

¡Estad alegres en el Señor! Os lo repito: ¡Estad alegres!

Por eso las lecturas de la misa de ese domingo están repletas de ese gozo que se desbordará en durante las fiestas del Nacimiento de Cristo.

Pero ¿de que alegría se nos está hablando? Hay una alegría “fisiológica, que quizás conozcas bien. Se fabricada con alcohol, superficialidad, gustos sensibles, omisiones y farsas consentidas. Es la de los borrachos, la de los tontos, la de los papanoeles de risa floja. No es ésta la alegría de que se nos habla. Hay, también, una alegría causada por el éxito: es la que nos invade cuando todo nos sale bien… Pero, ¡ay! mañana algo te saldrá mal, y perderás tu alegría. Tampoco es esta la alegría del adviento. Existe, además, una alegría fruto de las buenas obras: es la que sentimos cuando hemos sido generosos o nos hemos portado bien… Y aunque ese dulce gusto de la entrega es superior a las anteriores, no es aún “la alegría” de adviento… Pues, fíjate que aún pudiera ocurrir que mañana obrarás mal (no ocurrirá!), y tu que te creíste bueno, saborees el amargor de tu propia miseria. ¿De qué alegría se trata entonces? Se trata de una alegría disinta y su origen no está ni en las cosas, ni en las circunstancias, nos ha sido dada:

Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador“,

Se trata de la alegría que nos enseña María. Se trata de la alegría que sentimos al conocer que Dios es bueno y nos quiere. Por eso, la borrachera se pasará… Pero sé que Dios seguirá siendo bueno y amándome. Vendrá el fracaso… Pero sé que Dios seguirá siendo bueno, y no me retirará su Amor en mi fracaso. Puede ser que yo, en cualquier momento, me rebele… Pero sé que, muy a pesar mío, Tú, mi Dios Bueno, seguirás amándome, y si vuelvo a ti me amarás quizás con más ternura que antes… ¡Dios me quiere! ¡Qué bueno eres, Dos mío!

El año pasado por estas fechas -ya se murió- hice una breve visita a una señora muy mayor. En un momento de la conversación, de manera inesperada, me miró con perplejidad e incorporándose un poco me preguntó: “¿Quién soy yo para que esté aquí conmigo, perdiendo el tiempo, con la de cosas que tendrá que hacer?”… La sonreí y seguí hablando de otra cosa. Pero cuando me fui de allí, no podía olvidar aquella mirada, ni aquella pregunta.

Muchas veces pensamos, más o menos conscientemente, que en realidad no merecemos ser amados. El ser amados siempre nos produce perplejidad. El amor tiene para nosotros algo de ciego, de absurdo, de “química” he oído decir últimamente… Pero, entonces descubrimos que todo un Dios nos Ama. Sí, la Encarnación de Dios nos manifiesta el amor que nos tiene. Y este Amor de Dios por nosotros es medicina que nos cura… Sí, todo un Dios nos quiere, y se ha hecho un Niño para manifestarnos que nos quiere. Se ha hecho como nosotros, ha vivido con nosotros por amor nuestro, ha reído, se ha cansado, ha tenido hambre y sed, ha saboreado la amargura y la alegría de la vida por amor nuestro, porque quiere unirse a nuestra vida en toda su realidad… Cuando yo sufro, El sufre conmigo y yo con Él; cuando yo río, El ríe conmigo y yo con Él… Todo esto lo ha hecho por amor a nosotros: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo a mundo… Para darnos ejemplo: que os queráis como yo os he amado… No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos…

Y, Amor con amor se paga… Santo Tomás dice que los hombres necesitamos ser llevados al amor como de la mano, y que por medio de cosas sensibles, fáciles de reconocer para nosotros, podemos llegar a amar las más espirituales como a Dios: “para que conociendo a Dios visiblemente seamos por El arrebatados al amor de las cosas invisibles” (S. Th. 2-2, q.48, a3 ad 2). Efectivamente, a través de los detalles de amor a un Niño estamos queriendo, manifestando así nuestro amor, a todo un Dios de un modo muy adecuado a nuestra forma de proceder.

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