Imagínate a un grupo de personas intentado cada una mover su automóvil a base de empujones. Haciendo un esfuerzo terrible con el que apenas consiguen desplazar el vehículo unos metros, y, además en cuanto dejan de empujar, el automóvil se para. Bastará un día entero empujando para que abandonen tan propósito, pues tanto sus fuerzas como su paciencia llegarán al límite: “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”.

Así me imagino que van las personas que intentan llevar su Cruz, la de cada día, “a base de empujar con fuerza, a pulso”, sin rezar, sin sacramentos, sin vida interior… Quieren ser generosos sin rezar, quieren vencer rencores y perdonar sin implorar la ayuda divina, quieren vivir conforme a su conciencia sin leer el evangelio ni formarse… Y claro, así no hay manera:  “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”. Leer el resto de esta entrada »

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