La Navidad es una luz en la noche

Miércoles, 14 diciembre, 2011

La Navidad es una luz en la noche, que ya no se extinguirá jamás. Una luz para que todos los que miren hacia Belén puedan contemplar a Jesús Niño, acompañado de María y de José… Pero solo el que mire con corazón puro encontrará además al Niño Dios, porque Dios sólo se manifiesta a los limpios de corazón: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Por eso la verdadera Navidad es también una llamada a la pureza interior. Muchos hombres quizá no vean nada cuando llegue esta fiesta, porque están ciegos para lo esencial. No se ve bien sino con el corazón: Lo esencial es invisible a los ojos (de ahí la impiedad y la falta de compasión).

Pero ¿que es lo que verdaderamente hace a una persona pura o impura ante Dios? El Señor lo dice muy bien cuando: llamando al pueblo les dijo: – Escuchadme y atended. Lo que entra por la boca no es lo que mancha al hombre, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre (Mt 15,10). Más tarde explicará a sus discípulos: Lo que sale de la boca, sale del corazón, y eso es lo que mancha al hombre; porque del corazón es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias; estas cosas sí que manchan al hombre, pero comer sin lavarse las manos, eso no le mancha (v.18). Los mismos pecados externos que nombra el Señor, antes que en la misma acción externa, se han cometido ya en el interior del hombre. El corazón: ahí es donde se ama o se ofende a Dios. Es el interior del hombre lo que hay que conservar sano y limpio, y todo lo demás será puro y agradable a Dios.

Casi siempre son detalles en apariencia pequeños pero que dejan al alma sumida en la mediocridad. «Mira -dice San Agustín- cómo el agua del mar se filtra por las rendijas del casco y poco a poco llena las bodegas del barco, y, si no se la saca, sumerge la nave… Imitad a los navegantes: sus manos no cesan hasta secar el hondón del barco; no cesen las vuestras de obrar el bien. Sin embargo, a pesar de todo, volverá a llenarse otra vez el fondo de la nave, porque persisten las rendijas de la flaqueza humana; y de nuevo será necesario achicar el agua». Y esos pequeños resquicios y tendencias egoístas no se arreglan de una sola vez, sino que exigen una disposición de lucha alegre y humilde.

«¿Cómo va ese corazón? – No te me inquietes: los santos – que eran seres conformados y normales, como tú y como yo – sentían también esas “naturales” inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido.» Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada” » (Camino 164) .

Ya te has dado cuenta de lo que vamos a pedir a nuestra Madre del Adviento: la limpieza de todos: Míranos con compasión ¡no nos dejes Madre nuestra! Se tú nuestra luz durante este caminar en el tiempo de la esperanza. Luz que nos permita descubrirle tras las  casualidades

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