La única cosa que todos los seres humanos tenemos en común es que cada uno de nosotros quiere ser feliz, dice el Hermano David Steindl-Rast, un monje benedicto y erudito interreligioso. Y la felicidad, sugiere, nace de la gratitud. Una lección inspiradora para detenerse, mirar a dónde se va y, sobre todo, ser agradecidos.

“Unsung Hero”

Domingo, 27 abril, 2014

Otro ejemplo de buena propaganda. Un comercial edificante que muestra cómo ser generoso puede que no sirva para hacerse rico o  famoso, pero puede proporcionar una felicidad y amor  que ni la fama ni el dinero pueden comprar. 

Cuanto más damos, más nos queda

Lunes, 17 marzo, 2014

350He estado unos días fuera, y sin escribir en el blog. Aquí os dejo con estas sugerentes ideas de Fernando:.

Hay gente que da con la mano pequeñita, gente que da con la mano grande, y gente que te da hasta la mano. No depende del tamaño de la extremidad, porque la medida está en el corazón.

Algunos hay que piden mucho y no dan nada. Otros no piden por no tener que dar -no quieren «deber favores»-. Y otros hay que piensan que nunca han dado suficiente; lo dan todo sin pedir nada. Dios es de esos.                     Sin embargo… 

La medida que uséis la usarán con vosotros.

Sería bueno que, en esta Cuaresma, nos examinásemos sobre generosidad. Y, para ello, tendríamos que mirar detenidamente el peso y la medida que anidan en nuestros corazones.

A quienes dan poco, cualquier petición les pesa. Se les hace un mundo despojarse de parte de su tiempo, o de su dinero, o de sus planes personales. Sin embargo, a quienes lo dan todo les pesa lo que tienen. Se despojan de ello como quien suelta lastre o se libera de un fardo.

Piénsalo bien: lo que no entregues generosamente te lo van a robar los hombres o la muerte. Si lo entregas, Dios te recompensará. Si te lo roban, nadie te lo devolverá.

Sobre la oración del cristiano

Martes, 11 marzo, 2014

Ends of the Earth - Warps the Lofoten Island Ridge, North Norway by Daniel KorzhonovNo hay vida cristiana sin oración, pero tampoco hay oración si el trato con Dios no transforma la vida. Cada vez que, en el Padrenuestro, pedimos hágase tu voluntad, cuerpo y alma deberían estremecerse, como se estremeció Jesús al pedirlo en Getsemaní.

La oración cristiana no es una terapia contra estrés; ni un deber penoso que debe cumplirse para llegar al Cielo; ni una herramienta omnipotente para que nuestros deseos se hagan realidad; ni un intento de poner a Dios de nuestra parte para que sea nuestra voluntad la que se cumpla; ni un remanso de paz donde los hombres no nos molesten.

Más bien, la oración cristiana es:
una entrega filial de la vida en manos de nuestro Padre Dios;
un silenciosa intimidad de Amor con quien sabemos nos ama;
un robo consentido, en el que damos permiso a Dios para que haga suyo todo cuanto somos y tenemos;
un fuego que quema el «yo» en el horno del Corazón de Cristo;
un beso que enloquece al amado y le mueve a sonreír incluso mientras llora.

No es verdadera oración todo aquello a lo que llamamos «rezar». Pero, cuando rezamos de verdad, tiembla la tierra y cambia el mundo.

Campaña vocacional 2014

Lunes, 10 marzo, 2014

Aquí os dejo con este magnifico vídeo realizado por mis amigos del seminario metropolitano de Oviedo:

 

La locura de ser padres

Jueves, 20 febrero, 2014

Un nuevo ejemplo de publicidad positiva:

Las “circunstancias externas”… y yo

Miércoles, 12 febrero, 2014

sus ojos están con sus pensamientos 1897¡Cuántas veces, culpamos a las circunstancias externas de nuestras faltas y tristezas! «En mi casa no se puede vivir, en el trabajo me persiguen, los políticos me hacen perder los nervios, con este frío no hay quien pueda»… Es como si añorásemos una época dorada en la que todo esté a favor… Pero esa época dorada nunca llega. Entre tanto, seguimos pecando y continuamos tristes. ¡Qué culpa tenemos nosotros, pobrecitos!

Sin embargo, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

Imagina lo imposible: que llegase a tu vida esa “época dorada”. Y descubrirías que, aún entonces, sigues pecando y sigues triste. Ojalá que así te dieras cuenta de que tus enemigos no estaban fuera, sino dentro, y de que has perdido mucho tiempo culpando a las circunstancias.

La gran batalla de la vida debe librarse en el corazón. A un corazón limpio y amante de Dios se le puede hacer sufrir, pero hasta en el sufrimiento encuentra gozo y mantiene la paz. Sin embargo, el egoísta no estará satisfecho ni en el mismo Cielo… ¡Ánimo, deja de quejarte, y conviértete de una vez!

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