10 cosas que hay que hacer (o evitar) en la evangelización online
Jueves, 19 julio, 2012
Copio de libertad digital este artículo de Matthew Warner ingeniero, padre de familia, creador de la red Flocknote (www.flocknote.com), de www.tweetcatholic.com y uno de los autores que escriben en el libro “The Church and New Media”. También es responsable del blog “Fallible Blogma” (www.fallibleblogma.com). Aquí se recogen sus ideas muy brevemente:
1. EVITA: Fingir, representar un papel, posar. LO QUE HAY QUE HACER: Sé tú mismo.
”No pasa nada porque no seamos perfectos, de hecho es una ventaja. La gente puede entenderlo. La forma más segura de ser original es ser tú mismo. No finjas”.
2. EVITA: Juzgar y condenar a las personas. LO QUE HAY QUE HACER: Decir la verdad sobre sus actos
”San Efrén decía: sé amable con todos los que encuentres, porque cada persona lucha una gran batalla. No sabes lo que está viviendo ni por lo que pasa otra persona. Dale el beneficio de la duda y empieza amándola. Pero, si la amas de verdad, asegúrate de compartir la verdad con ella acerca de sus acciones, por su bien, no por el tuyo”. Leer el resto de esta entrada »
Presentación de los nuevos vídeos / New videos presentation. Arguments JMJ Young Answers
Jueves, 24 mayo, 2012
En la “hora” de la nueva evangelización
Miércoles, 1 junio, 2011
Los Hechos de los Apóstoles traen estos días la historia de Apolo: un cristiano generoso, de buen corazón, que había recibido una mínima formación doctrinal de: “no conocía más que el bautismo de Juan”. Pero aquellos rudimentos bastaron para hacer de él un animoso apóstol: “era muy entusiasta” y “exponía la vida de Jesús con mucha exactitud”. Hoy día, me parece que entre nuestros apóstoles (catequistas, padres y madres fieles) es lo que más abunda, recibieron de pequeños una buena formación, y como aman de verdad a Jesucristo, quieren que sus hijos sean formados en la fe, y les enseñan a orar. Acuden a misa, y procuran recibir los sacramentos… Pero a pesar de su entusiasmo, como le ocurría a Apolo, no están preparados para rebatir los ataques que continuamente se hacen a la fe y a la Iglesia. Por eso, lo que necesita hoy la Iglesia más que nunca son muchos Priscila y Aquila: “Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios”. Y es que ya no basta la “buena intención” ni la formación de la “primera comunión”. Nos hallamos en un “mundo de universitarios”, y donde la gente necesita fundamentos doctrinales sólidos para librarse de las abundantes y sofisticadas trampas de la manipulación del lenguaje de los medios de comunicación. Este siglo XXI, al menos en el Occidente que conocemos, no se puede ser cristiano sin ser un poco teólogo… Necesitamos cientos, miles de Priscilas y Aquilas para formar muy bien a nuestros apóstoles modernos
Una segunda consideración. Necesitamos también muchos Priscilas y Aquilas, porque estamos en la “hora” de la nueva evangelización. Hoy se encuentra la Iglesia como “La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre”. Quienes han pasado nueve meses soñando con esa “hora“, saben muy bien de su importancia. La esperan con recelo y regocijo, con inseguridad y entusiasmo, con aprensión y esperanza… Y, al final, cuando han superado el trago del dolor, y se oye esa voz que alegra el rostro de los padres: “Mira a tu hijo”… Entonces, no hay duda, toda esa “hora” de dolor valió la pena: “Tu hijo…”
Sabemos por el evangelio de san Juan que Jesús había hablado muchas veces de su “hora“. Gracias a estas palabras suyas sabemos que el sufrimiento del Calvario no fue estéril, sino el dolor gozoso de nuestro propio alumbramiento. Cuando rompió aguas el Corazón traspasado del Jesús, y los ojos de María rompieron aguas como lágrimas: allí nacimos todos a la Vida. Y, al final, superado el trago del dolor, también entonces se oyó aquella voz que llena de alegría: “Ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26)… Entonces, no hay duda, toda esa “hora” de dolor valió la pena: “Tu hijo…” Y si se me permite, podemos decir que desde entonces, Dios está de parto en la tierra, y no deja, como un Dios fecundo, de engendrar hijos de Dios para su Reino. Desde entonces: “La Creación entera sufre dolores de parto” (Rom 8, 22). Y también desde entonces todas nuestras amarguras, y cada uno de nuestros sollozos son ya padecimientos esperanzados, contracciones de un alumbramiento imperecedero, inmersos en la “hora“, estamos naciendo a la eternidad, a la Luz. Y allí nos espera, María, con un abrazo.





