Copio esta entrada a , un conocido de Pamplona, al que le enviaron este email:
   Os transcribo el email de un amigo:
   Agradezco tus felicitaciones y aprovecho para contaros que el otro día me dijo un médico que el único modo de conseguir la verdadera paz interior es finalizar todos los asuntos que tengas pendientes.
   Así que  he estado repasando cosas que no había terminado y encontré varias que decidí finalizar. Terminé por completo una botella de tinto reserva, una botella de tinto crianza, una bodella de Baileys, una bodeya de grron, un baquettte de batatas britas, una gajjja de vallllliiiiiuuum, el resdo de unas yyogoladinas y de udas badalenas. Do dienes di idea de lo ffffabulodo gue me diendo agora midmo. Fod favod evía ezdo a dodoz loh gue ziendaz gue nededidan bazz inderiozz.
Oz guiero bussshho a dodoz, gomo oz guiedo!!

“¡Estad alegres!”…

Jueves, 10 diciembre, 2009

Tradicionalmente, al próximo domingo de Adviento (ya es el tercero) se le conoce como Domingo “gaudete”. Se debe a la liturgia, que comienza así:

¡Estad alegres en el Señor! Os lo repito: ¡Estad alegres!

Por eso las lecturas de la misa de ese domingo están repletas de ese gozo que se desbordará en durante las fiestas del Nacimiento de Cristo.

Pero ¿de que alegría se nos está hablando? Hay una alegría “fisiológica, que quizás conozcas bien. Se fabricada con alcohol, superficialidad, gustos sensibles, omisiones y farsas consentidas. Es la de los borrachos, la de los tontos, la de los papanoeles de risa floja. No es ésta la alegría de que se nos habla. Hay, también, una alegría causada por el éxito: es la que nos invade cuando todo nos sale bien… Pero, ¡ay! mañana algo te saldrá mal, y perderás tu alegría. Tampoco es esta la alegría del adviento. Existe, además, una alegría fruto de las buenas obras: es la que sentimos cuando hemos sido generosos o nos hemos portado bien… Y aunque ese dulce gusto de la entrega es superior a las anteriores, no es aún “la alegría” de adviento… Pues, fíjate que aún pudiera ocurrir que mañana obrarás mal (no ocurrirá!), y tu que te creíste bueno, saborees el amargor de tu propia miseria. ¿De qué alegría se trata entonces? Se trata de una alegría disinta y su origen no está ni en las cosas, ni en las circunstancias, nos ha sido dada:

Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador“,

Se trata de la alegría que nos enseña María. Se trata de la alegría que sentimos al conocer que Dios es bueno y nos quiere. Por eso, la borrachera se pasará… Pero sé que Dios seguirá siendo bueno y amándome. Vendrá el fracaso… Pero sé que Dios seguirá siendo bueno, y no me retirará su Amor en mi fracaso. Puede ser que yo, en cualquier momento, me rebele… Pero sé que, muy a pesar mío, Tú, mi Dios Bueno, seguirás amándome, y si vuelvo a ti me amarás quizás con más ternura que antes… ¡Dios me quiere! ¡Qué bueno eres, Dos mío!

El año pasado por estas fechas -ya se murió- hice una breve visita a una señora muy mayor. En un momento de la conversación, de manera inesperada, me miró con perplejidad e incorporándose un poco me preguntó: “¿Quién soy yo para que esté aquí conmigo, perdiendo el tiempo, con la de cosas que tendrá que hacer?”… La sonreí y seguí hablando de otra cosa. Pero cuando me fui de allí, no podía olvidar aquella mirada, ni aquella pregunta.

Muchas veces pensamos, más o menos conscientemente, que en realidad no merecemos ser amados. El ser amados siempre nos produce perplejidad. El amor tiene para nosotros algo de ciego, de absurdo, de “química” he oído decir últimamente… Pero, entonces descubrimos que todo un Dios nos Ama. Sí, la Encarnación de Dios nos manifiesta el amor que nos tiene. Y este Amor de Dios por nosotros es medicina que nos cura… Sí, todo un Dios nos quiere, y se ha hecho un Niño para manifestarnos que nos quiere. Se ha hecho como nosotros, ha vivido con nosotros por amor nuestro, ha reído, se ha cansado, ha tenido hambre y sed, ha saboreado la amargura y la alegría de la vida por amor nuestro, porque quiere unirse a nuestra vida en toda su realidad… Cuando yo sufro, El sufre conmigo y yo con Él; cuando yo río, El ríe conmigo y yo con Él… Todo esto lo ha hecho por amor a nosotros: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo a mundo… Para darnos ejemplo: que os queráis como yo os he amado… No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos…

Y, Amor con amor se paga… Santo Tomás dice que los hombres necesitamos ser llevados al amor como de la mano, y que por medio de cosas sensibles, fáciles de reconocer para nosotros, podemos llegar a amar las más espirituales como a Dios: “para que conociendo a Dios visiblemente seamos por El arrebatados al amor de las cosas invisibles” (S. Th. 2-2, q.48, a3 ad 2). Efectivamente, a través de los detalles de amor a un Niño estamos queriendo, manifestando así nuestro amor, a todo un Dios de un modo muy adecuado a nuestra forma de proceder.

¿La droga?

Lunes, 22 septiembre, 2008

ALGUNOS DICEN QUE aunque según Karl Marx, la religión era el «opio del pueblo», en a actualidad más bien habría que decir que el «opio se ha convertido en la religión del pueblo», según lo indican las estadísticas más recientes sobre el consumo de estupefacientes en nues­tras sociedades.

Además, el comercio de la droga es el más floreciente del mundo y, lejos de perjudicar­se por la crisis o la recesión, se nutre de ellas (como de todo lo que puede inquietar o desespe­rar a los hombres). Siendo así que aumenta pro­gresivamente el número de muchachos, cada vez más jóvenes, atrapados por esta plaga -que une sus estragos a los del sida-, y como es imposible detener un tráfico cada vez mejor organizado contra la represión, parece que lo indicado y razonable es autorizar la venta de drogas blan­das y suministrar jeringuillas nuevas a los usua­rios de drogas duras. Además, ¿no es acaso libre el ser humano para vivir como se le antoje? ¿Y con qué derecho puede el Estado, incapaz de procurarle una tierra aceptable, prohibirle el ac­ceso a los paraísos artificiales?

SIN EMBARGO, el mejor medio de combatir un mal no es legalizarlo.

POR ESO OTROS AFIRMAN QUE la tentación permanente de los regímenes oc­cidentales consiste, en efecto, en legalizar lo que renuncian a impedir e imaginarse luego que sus capitulaciones son victorias (p.e: el aborto legal se presenta como un gran triunfo sobre el aborto clandestino, explicando a las mujeres que ese mal se había convertido de repente en un bien, aunque persistan, para las que recurren a ese expediente dramático por razones que a na­die le corresponde juzgar, un sufrimiento y un remordimiento que la ley no puede mitigar).

Sobre la droga se ha dicho y se ha escrito de todo… De todo, menos una cosa: que la edu­cación espiritual temprana es indispensable para la formación del carácter, aunque no se quiera ver así, y que sólo ella, salvo en el caso de que se posea una bondad natural, puede ser eficaz para la resistencia moral.

En nuestras escuelas, la in­teligencia se premia en el honor, en la ética social, en el deber cívico, pero, desde hace cien años, está prohibido ocuparse del espíritu, de esa limpia predis­posición y apertura a lo divino, a lo absoluto y a eterno, que no se debe descuidar sin grave peligro, porque esa misma actitud, cuando está mal orientada, se convierte en algo terriblemente negativo y destructor. De seguir así, no pasará mucho tiempo en que veamos intercambiar bi­lletes de banco y bolas de crack por debajo de los pupitres dé las escuelas de párvulos.

Y no olvidemos la responsabilidad de los adul­tos. Efectivamente, el escepticismo y la tristeza de los padres pueden hacer pensar a los hijos con demasiada frecuencia que les espera un porvenir oscuro y triste, por eso el op­timismo de los adultos que es fácil cuando todo va bien, es un deber moral cuando todo va mal.

Cfr. sentido de la vida

Benedicto XVI desde el lunes pasado, 11 de agosto, por la tarde, ya está en Castelgandolfo, donde permanecerá hasta el final de su tiempo de descanso. Este domingo pasado, 10 de agosto, el Papa mostró su preocupación y tristeza por las noticias que llegan desde Georgia, y ha dirigido al final del Ángelus de este domingo, una palabras de aliento a la población de Osetia del Sur:

“Son motivo de profunda angustia las noticias, cada vez más dramáticas, de los trágicos sucesos que se están verificando en Georgia y que, a partir de la región de Osetia meridional, ya han causado muchas víctimas inocentes y obligado a un gran número de civiles a dejar las propias casas. Es mi deseo que cesen inmediatamente las acciones militares y que se abstengan, en nombre de la herencia común cristiana, de ulteriores enfrentamientos violentos, que puedan degenerar en un conflicto todavía mayor; y que en cambio se retome el camino de la negociación y del diálogo respetuoso y constructivo, evitando de este modo más sufrimiento a esa querida población”. Tras este llamamiento, Benedicto XVI ha invitado a toda la comunidad internacional y a los países más influyentes en la situación actual, “a cumplir todos los esfuerzos necesarios para apoyar y promover iniciativas dirigidas a alcanzar una solución pacífica y duradera, en favor de una convivencia respetuosa. Junto a nuestros hermanos ortodoxos recemos intensamente por estas intenciones, que confiamos con esperanza a la intercesión de la Virgen María, madre de Jesús, y a todos los cristianos”.

Ese mismo domingo, y como despedida, Bressanone otorgó la ciudadanía honoraria al Santo Padre, como muestra de la profunda gratitud hacia el Papa que durante 30 años la ha elegido como ciudad para su reposo estivo. Benedicto XVI, que mantiene una relación especial con esta pequeña ciudad alpina, donde tiene viejos amigos y recuerdos, agradeció el nombramiento y dijo: “Bressanone es para mí un punto de encuentro entre distintas culturas, y también encrucijada entre una sana laicidad y la alegre fe católica. La historia de hecho no impide el dinamismo del futuro, sino que inspira y dinamiza el mismo futuro. Es el encuentro entre raíces cristianas y modernidad, que sólo juntos pueden construir una sociedad verdaderamente humana”.

Una última noticia, Benedicto XVI ha querido recordar también en particular: su estancia en Australia durante la Jornada Mundial de la Juventud, evocando en modo particular la alegría “sana” de los jóvenes que participaron, afirmando que:

“para estar alegres no hace falta recurrir al alcohol o a sustancias estupefacientes”, en aquellos jóvenes “había felicidad por encontrarse y descubrir juntos un nuevo mundo”. Cuál es la diferencia -se ha preguntado el Papa-, entre esos jóvenes y sus coetáneos, que “buscando falsas evasiones, buscan experiencias degradantes que a menudo acaban en tragedia” (…) “Éste es un producto típico de la llamada ‘sociedad de bienestar’ que, para colmar el vacío interior y el aburrimiento que lo acompaña, induce a intentar llevar a cabo experiencias nuevas, más emocionantes, más extremas. Por lo que incluso las vacaciones arriesgan en disiparse en un intento vano de búsqueda de placer”. De este modo el espíritu no se reposa y no encuentra su paz interior, es más, “acaba por estar más cansado y triste que antes”, porque la persona humana se regenera sólo en la relación con Dios, y a Dios lo encuentra aprendiendo a escuchar su voz en la quietud interior y en el silencio”.

Ayer miércoles comenzó de nuevo con las audiencias generales de los miércoles esta vez invocando la paz en el mundo y recordando las vidas de los santos mártires de Auschwitz: Maximiliano Kolbe y Teresa Benedicta de la Cruz.

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