jugando con el sol

jugando con el sol

Se cuenta que en cierta ocasión el demonio se encaró con Dios acusándole de injusto:

-“No hay derecho -le dijo. Yo te ofendí una vez y me has condenado para siempre. Los hombres te ofenden miles y miles de veces, y siempre les perdonas”.

A lo que Dios le respondió:

-“Y tú, ¿me pediste perdón alguna vez?”

Un erro, mucho más frecuente de lo que pensamos, es decidir cosas suplantando a los demás. Por ejemplo, podemos decidir lo que le gusta a una persona o no: “venga, no digas que no te gusta, yo sé que sí”. O lo que tiene que hacer: “tú no sabes ni lo que quieres, hazme caso y haz esto”. O lo que le ofende: “no disimules porque estoy seguro de que te duele, pero quieres hacerte la superwoman”. Todos estos ejemplos sabéis que no se alejan mucho de la realidad. Son cosas que pasan cada día. ¿Verdad que no te gustaría que nadie decidiera lo que tienes que hacer, lo que te gusta o lo que te ofende? Otra cosa es que nos aconsejen o nos sugieran algo. Leer el resto de esta entrada »

¿Qué es la “voluntad propia”?

Sábado, 17 abril, 2010

En Oriente se apreciaba mucho la vida eremítica, en soledad. Pero el derecho canónico no permitía a los monjes seguirla al principio sino tras diez años de vida en la comunidad del monasterio. Como motivación se daba que el monje primero tenía que liberarse de la voluntad propia. Y por eso se inventaban diversos ejercicios para los principiantes con el fin de «romper su voluntad», para liberarlos del propio querer o no querer, de los propios deseos.

Se comprende que hoy nos escandalice ese método educativo… Pero la experiencia nos enseña que muchos equívocos proceden de los diferentes significados que se dan a la misma palabra. Y de los equívocos nacen también los errores. Por eso, conviene fijar bien, antes de nada, el contenido de las palabras. ¿Qué quiere decir, en ascética, «voluntad propia»? Leer el resto de esta entrada »

No deja de sorprenderme cuando leo a los Padres antiguos, su atinada percepción de la realidad y de la psicología humana. Por eso, en estos tiempos bañados por la modernidad puede ser de gran ayuda la lectura atenta de sus escritos.

Por ejemplo, según los Padres cada uno de nosotros posee un paraíso, que sería el corazón creado por Dios, y cada uno de nosotros vive la experiencia de la serpiente, que se cuela para seducirnos. Esa serpiente tiene la forma de un mal pensamiento. «La fuente y el principio del pecado es el pensamiento» (en griego logismós), escribe Orígenes, junto con otros autores. Éstos comparan también el corazón humano a una «tierra prometida», en la que los filisteos lanzan las flechas, o sea, las sugestiones al mal. Estos pensamientos «carnales», «diabólicos», «impuros», no pueden tener su origen en nuestro corazón porque ha sido creado por Dios. Vienen «de fuera». Ni tan siquiera son verdaderos pensamientos sino más bien imágenes de la fantasía a las que en seguida se añade la sugestión de realizar alguna cosa mala.

San Máximo el Confesor ilustra esta situación con ejemplos sacados de la vida cotidiana. No es un mal la facultad de pensar ni el pensar mismo. No es un mal la mujer. No es un mal pensar en una mujer. Pero la imagen de una mujer en la mente de un hombre raramente permanece pura. Se mezcla cierto impulso carnal. Igualmente no es un mal el dinero ni el vino, y sin embargo pueden convertirse en piedra de ofensa. Como los pensamientos malvados vienen «de fuera» y no pertenecen a nuestro modo natural de pensar, van penetrando en el corazón sólo lentamente.

Los autores bizantinos indican, poco más o menos, cinco «grados».

El primer grado se llama «sugestión», «contacto». Es la primera imagen de la fantasía, la primera idea, el primer impulso. Un avaro ve el dinero y le viene una idea: «Voy a esconderlo». Del mismo modo vienen imágenes carnales, la idea de ser superior, el deseo de dejar de trabajar, etc. No decidimos nada; simplemente constatamos que se nos ofrece la posibilidad de hacer el mal, y el mal se presenta de una forma agradable. Los neófitos en la vida espiritual se asustan, se confiesan de haber tenido «malos pensamientos», incluso en la iglesia y durante la oración. San Antonio abad llevó al tejado a un discípulo suyo, que se lamentaba amargamente de sus malos pensamientos, y le ordenó agarrar el viento con la mano: «Si no puedes agarrar el viento, menos podrás coger los malos pensamientos». Quería así demostrar que en estas primeras sugestiones no hay ninguna culpa y que no podremos librarnos de ellas mientras vivamos. Se parecen a las moscas que molestan todavía más cuando, impacientes, las espantamos.

El segundo grado se llama «coloquio». Recordemos el relato del Génesis (capítulo 3) sobre Eva y su coloquio con la serpiente. Leer el resto de esta entrada »

El desafío

Miércoles, 2 julio, 2008

En el evangelio de hoy vemos como el Señor llega a la región de los gerasenos donde su presencia va a generar una auténtica crisis ¿La causa de la crisis? Entrar en un cementerio donde estaban dos endemoniados y enviar a los demonios a una piara que retozaba cerca provocando que los cerdos cayeran por un acantilado y muriesen ahogados en el mar. ¿En qué consistió la crisis? En el desastre económico que provocó en aquellas familias de porqueros y en la nueva situación de incomodo que generaba la presencia de aquellos dos endemoniados curados: todos sabrían lo sucedido: que satanás existe, que existen los cementerios y la muerte, que necesitan un Salvador que los libere… Estaban obligados a afrontar la realidad y ¡claro! Eso era demasiado. La presencia del Señor era incómoda y estaba provocando toda una crisis, y aquellos hombres preferían no afrontarla… Mejor expulsar al Señor: “el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país”.

Vemos como este deseo de quitar a Dios de en medio se viene agudizando en los últimos años. Recientemente, por ejemplo, se están publicando libros que arremeten contra la creencia en Dios. Sin embargo los hechos son tozudos y la religión sigue siendo la realidad más viva sobre la que se han firmado más actas de defunción… falsas (cfr. Las actas de defunción de Dios). Efectivamente, la sed de Dios permanece, y aunque se dice que vivimos en un mundo materialista, vemos también como el supermercado de productos espirituales está más saturado que nunca. Todo hay que decirlo, no se trata tanto de religión, como de “espiritualidad” (cfr. El esoterismo en los quioscos; aquí tampoco incluyo el Proyecto Gran Simio que una comisión del Parlamento español ha aprobado a favor de extender nuestra “comunidad de iguales” a chimpancés, orangutanes y gorilas).

Carlos, un médico amigo de cuidados paliativos, me comentaba como los familiares suelen evitar hablar con estos enfermos terminales sobre la realidad de su muerte inminente. Sin embargo –seguía diciéndome Carlos- todos lo saben; no es un problema de información, sino de comunicación. El médico muchas veces debe hacer de canal para que “eso” que está omnipresente en el ambiente pueda hablarse con tranquilidad, y se afronte la realidad con calma. La virgen, Auxilio de los enfermos, nos de fuerzas para afrontar esta realidad “ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Bueno a lo que vamos, hoy muchos cristianos tienen miedo a hablar de Dios, porque piensan que si lo hacen pueden provocar algún tipo de crisis, que puede ser una actitud provocadora, desafiante: “si le digo a esta persona que eso es pecado, la voy a deprimir…”; “si hablo del infierno, van a tener miedo…” ¿Para qué complicarme la vida y complicarles la vida, si son felices así?… La cortesía y el arte del buen hacer no están reñidas con la verdad, y como he visto ya como terminan muchas de esas no-crisis, le pido a Santa María Virgen que, a imitación del Señor con los gerasenos, nos haga perder el miedo a la verdad que se esconde en las conciencias.

¡Ah! Una última cosa curiosa, ¿te has fijado que la petición de los demonios es dirigirse a los cerdos que están hozando, moviendo y levantar la arena con el hocico? Las vacaciones son un momento para hacer aquello que no hemos podido hacer. Rezar más, leer buenos libros, algo de deporte, visitar a los amigos o a aquel enfermo que siempre nos pilla a deshora, cultivar nuestras aficiones o empezar unas nuevas. Ya sabes no es bueno dejarse llevar por el “no hacer nada.”

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