Carta Pastoral del Card. Jorge Mario Bergoglio para la Semana Santa 2013
Domingo, 17 marzo, 2013
Me pasa Rosa García esta Carta pastoral del Card. Bergoglio de fecha 25 de febrero de 2013, antes de su elección como Papa Francisco. Pero pero me parece puede resultar interesantes u lectura (el subrayado es nuestro):
Semana Santa 2013
Pascua es Cristo Vivo
A los párrocos y responsables de comunidades educativas:
Hace años que todos trabajamos por lograr que la iglesia esté en la calle tratando que se manifieste más la presencia de Jesús vivo. Es el esfuerzo de vivir aquello que rezamos tantas veces en la Misa “que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación”1 En mayor o menor medida muchas comunidades aceptaron ese desafío. Aparecida confirmó el camino y nos mostró que, para que no sea un chispazo, necesitábamos una conversión pastoral. La necesitamos continuamente porque muchas veces tenemos la tentación de volver a las cebollitas de Egipto. Todos sabemos que la realidad de nuestras parroquias resulta acotada en relación a la cantidad de personas que hay y a las que no llegamos. La Iglesia que nos llama constantemente a una nueva evangelización nos pide poner gestos concretos que manifiesten la unción que hemos recibido. La permanencia en la unción se define en el caminar y en el hacer. Un hacer que no sólo son hechos sino un estilo que busca y desea poder participar del estilo de Jesús. El “hacerse todo a todos para ganar a algunos para Cristo” va por este lado.2
Leer el resto de esta entrada »
Oración de cuaresma
Jueves, 23 febrero, 2012
Señor, ya sé que mi salvación depende de que reconozca lo injusto y malo que hay en mí. Pero sabes que solo no puedo hacerlo. El pecado ha calado tan hondo en mi ser que se ha metido hasta en la mirada, y cuando me miro, no me veo como soy. Cómo anhelo Señor volver a ti. Estar en comunión íntima contigo. Sentirme de nuevo vuelto hacia ti por tu gracia.
Pero el pecado ha roto nuestra unión y con la caída empezamos a olvidar lo que habíamos sido. Hasta tu cercanía nos daba miedo. Sólo cuando descubrimos lo que has hecho para salvarnos comprendemos lo que significa el pecado para ti… En el destino que tu Hijo estuvo dispuesto a sufrir por nosotros, descubrimos un poco de qué se trataba, tanto para Tí como para nosotros.
Señor, enséñame a reconocer tu Amor, pues solo así se hará visible a mis ojos la culpa y el destrozo que hay en mi vida. Haz que siente tu Amor para que este reconocimiento se vuelva también confianza. Haz que me empape de la santa decisión con que quieres salvarme y ayuda a mi voluntad a identificarse con la tuya para que pueda surgir esa nueva creación que los dos anhelamos.
Miércoles de ceniza
Miércoles, 22 febrero, 2012
“Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones, no las vestiduras, convertíos al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso”, leemos en la Primera lectura de la Misa de hoy. Y cuando nos imponen la ceniza se nos recuerda: “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir”. Acuérdate… Cuantas veces olvidamos que “de la grandeza del hombre no queda, sin Dios, más que este montoncito de polvo, en un plato, a un extremo del altar, en este Miércoles de Ceniza, con el que la Iglesia nos marca en la frente como con nuestra propia substancia (Leclerq, Siguiendo el año litúrgico).
Comienza la Cuaresma, tiempo de conversión interior y de penitencia para preparar la Pascua del Señor. Pero la verdadera conversión ha de notarse en la conducta, en nuestro trabajo o estudio, en el comportamiento con la familia, en las pequeñas mortificaciones al Señor, que hacen más llevadores los roces de la convivencia diaria. Hoy además, por ser miércoles de ceniza, ofreceremos al Señor una mortificación un poco más especial: el ayuno y la abstinencia.
En la Misa leemos “Os exhortamos, dice, a no echar en saco roto la gracia de Dios (…). Mirad: ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación”. Podemos escuchar como el Señor nos dice en la intimidad del corazón: Convierte. Vuélvete a Mí de todo corazón. “Cuando uno de nosotros reconoce que está triste, debe pensar: es que no estoy suficientemente cerca de Cristo. Cuando uno de nosotros reconoce en su vida, por ejemplo, la inclinación al mal humor, al mal genio, tiene que pensar eso; no echar la culpa a las cosas de alrededor, que es una manera de equivocarnos, es una manera de desorientar la búsqueda” … “Cuando alguien diga: “Yo tengo una pereza irremediable, yo no soy tenaz, yo no puedo terminar las cosas que emprendo”, debería pensar (hoy): “Yo no estoy lo suficientemente cerca de Cristo”. Por eso, aquello que cada uno de nosotros reconozca en su vida como defecto, como dolencia, debería ser inmediatamente referido a este examen íntimo y directo: “No tengo yo perseverancia, no estoy cerca de Cristo; no tengo alegría, no estoy cerca de Cristo”. Voy a dejar ya de pensar que la culpa es del trabajo, que la culpa es de la familia, de los padres o de los hijos… No. La culpa íntima es de que yo no estoy cerca de Cristo. Y Cristo me está diciendo: ¡Vuélvete! “Volveos a Mí de todo corazón!”. (A.M. Gª Dorronsoro, Tiempo para creer).
Una jarra de cerveza
Viernes, 24 junio, 2011
Se cuenta de un irlandés que se trasladó a vivir a un pueblo y en su primera visita a la taberna pidió 3 cervezas de cerveza juntas y luego se las bebía una tras otra, hasta terminar las tres. En los días sucesivos repitió la misma operación.
El asunto se convirtió en tema de conversación entre los vecinos, hasta que un día uno se atrevió a preguntarle porque hacía eso de tomarse las cervezas de tres en tres. A lo que él respondió:
– “Sí, es un poco raro. Me explicaré: tengo dos hermanos: uno en Australia y otro en América. Y nos hemos prometido, al separarnos, que cada uno, cuando quisiera una cerveza, tomaría otras dos, una por cada uno de los hermanos ausentes. De este modo mantenemos vivo el recuerdo mutuo y fomentamos nuestra unión.
El pueblo quedó conmovido de la amistad y fraternidad de aquellos hermanos y admiraban a su recién llegado vecino irlandés.
Unas semanas más tarde, el irlandés comenzó a pedir dos cervezas en vez de tres. Al cabo de varios días de hacer lo mismo, en el pueblo se corrió la voz de que había muerto uno de los hermanos y la gente piadosa empezó a rezar por el difunto hermano. Y el tabernero del pueblo en nombre de todos le dijo:
– “Me han encargado los vecinos que le trasmita las condolencias de todos por la muerte de uno de sus hermanos”
El irlandés se le quedó mirando y replico: “¡Oh! No es eso. Mis dos hermanos se encuentran perfectamente, gracias. Lo que ocurre, es que yo he decidido dejar la bebida, durante esta Cuaresma”.
Dejando al margen su cuquería o cara dura, podríamos aprender de este hombre que cuando queramos ofrecer a Dios alguna cosa, no fastidiemos a los demás. Efectivamente, la penitencia más grata a Dios es la que alegra la vida de los que están con nosotros: sonreír, callar algo molesto, servir en algo pequeño, etc. En fin, olvidarse un poco de uno mismo para pensar más en los demás.
Cuaresma, un tiempo de especial alegría
Miércoles, 30 marzo, 2011

Seguimos en Cuaresma, un tiempo de especial alegría. Porque convertirnos no solo es dar la espalda al amor propio desordenado -ese afán de imponernos, de querer tener siempre la razón o creernos mejores que los demás, etc-, y así dar la espalda al pecado. San Maximiliano Kolbe cuando jugaba al ajedrez solía alegrarse mucho de las derrotas. Si le preguntaban por qué se alegraba tanto, daba a entender que al perder podía ejercer su agere contra, es decir, su rechazo del amor propio, para poder volverse plenamente hacia el Señor. A Santa Teresa del Nino Jesús le gustaba contarle a Jesús sus propios defectos con mucho detalle: «¿Es importante, Señor Jesús —pregunta santa Teresa del Niño Jesús— que constantemente tropiece? Gracias a ello veo mi debilidad y eso me reporta muchos provechos. Gracias a ello tú ves, Jesús, cuán mínimas son mis posibilidades y por eso me tomas con mayor deseo en tus manos». Convertirnos es, sobre todo, ponernos en camino a la fuente de la alegría. Es darnos cuenta de que todo un Dios nos ofrece un maravilloso plan de amor redentor y misericordioso. Es advertir que Dios no permitiría el mal en nuestras vidas, si no fuera porque sabe que puede sacar realidades mejores que antes de él. El canto litúrgico del pregón pascual se hace eco de este sentir tan cristiano, cuando grita ¡Oh Feliz culpa! Leer el resto de esta entrada »
Benedicto XVI: “Hoy, marcados por el austero símbolo de las Cenizas, entramos en el Tiempo de Cuaresma”
Jueves, 10 marzo, 2011

Como cada jueves, aquí te pongo una breve reseña sobre la audiencia general de ayer miércoles de ceniza en la que Benedicto XVI, dirigió estas palabras a los peregrinos de lengua española, saludando y resumiendo su catequesis:
Queridos hermanos y hermanas:
Con la imposición de la ceniza, damos inicio al tiempo de Cuaresma, un autentico itinerario espiritual que nos prepara para celebrar el misterio pascual de Cristo. La ceniza nos recuerda nuestra condición de criaturas, al mismo tiempo que se nos invita a la penitencia y la conversión, para que, tomando la cruz de cada día, sigamos al Señor, y lleguemos así con Él a la victoria de la vida y del amor. En la acción litúrgica, Cristo se hace presente por medio del Espíritu Santo, nos introduce en su escuela, nos permite recorrer los eventos que han traído la salvación y nos hace participar en su muerte y resurrección. Los domingos de Cuaresma guían al creyente a reavivar el don del Bautismo con unas catequesis particularmente sugestivas, en las que se anuncian las exigencias y los esfuerzos que están en la base de la vida cristiana, para renovar la opción definitiva por Dios. Este itinerario cuaresmal está también caracterizado en la tradición de la Iglesia por el ayuno, la limosna y la oración, como prácticas externas que, con la ayuda de Dios, deben dar vida a una realidad interior: nuestro compromiso sincero por vivir el Evangelio.(…) Queridos amigos, en este camino cuaresmal, os invito a acoger la invitación de Cristo a seguirlo de un modo más decidido y coherente, renovando la gracia y los compromisos bautismales, para que revistiéndoos de Cristo, podáis llegar renovados a la Pascua y decir con san Pablo “vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20). Deseo a todos un santa Cuaresma.
Cfr. texto completo de la audiencia general
Otra noticia: Publicación de la segunda parte de ‘Jesús de Nazaret’, donde el Papa exculpa al pueblo judío de la muerte de Jesús y recuerda que para los cristianos su sangre es reconciliación, sin venganza ni castigo
En síntesis, el itinerario cuaresmal es «hacerme semejante a Él en su muerte»
Miércoles, 9 marzo, 2011
Esta semana, si me lo permites, haremos la meditación del miércoles de ceniza siguiendo el mensaje para la Cuaresma que Benedicto XVI nos ofrece este año.
“Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor… ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia…, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana (…)
El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo (…) Leer el resto de esta entrada »
La Cuaresma y el “combate espiritual”
Sábado, 27 febrero, 2010
No es una novedad presentar la vida espiritual como un combate. Y el tiempo de cuaresma nos recuerda con su ascesis esa gran batalla que se desarrolla más allá de las apariencias del mundo visible y que pretende por medio de la seducción de este mundo el olvido y rechazo de Dios. De la literatura rusa se pueden sacar tres ejemplos que representan muy bien los diversos tipos de seducción y olvido de Dios. Os recomiendo estos enlaces:
- 1) En la novela Retrato de N. V. Gogol, se describe un Anticristo carnal o aturdimiento, esa especie de embriaguez que proviene de los sentidos.
- 2) En la novela El Idiota de Dostoievski aparece lo que podemos denominar el Anticristo ideológico o la seducción de las ideologías
- 3) En la novela La leyenda sobre el Anticristo de V. Soloviev vemos al Anticristo humanitario o el engaño del falso ideal seudo-humanístico.
V. Soloviev: “La leyenda sobre el Anticristo” y la seducción del falso ideal seudo-humanístico.
Sábado, 27 febrero, 2010
Vladimir Sergeyevich Solovyov
Soloviev escribió La leyenda sobre el Anticristo hacia el final de su vida, y esta obra contiene muchos elementos proféticos. Según el autor, la preparación inmediata a la venida del Anticristo sería el siglo XX, con sus terribles guerras nacionalistas. Tras el panhelenismo, pangermanismo y paneslavismo, aparece el panmongolismo. La raza amarilla ocupará Europa, primero con los obreros y después militarmente. Las guerras serán todas mundiales y producirán el caos universal.
Pero estos desastres tienen un efecto bueno: la caída de las ideologías, por las que la gente se mataba. Los hombres ya no creerán en nada. Pensarán que el único valor es vivir y dejar vivir a los demás; si no, será la muerte para todos. Pero no saben cómo poner en práctica esta actitud humanitaria.
Justo en ese momento nace un hombre genial, de aspecto bello, elocuente, filántropo. Al principio no está contra Cristo. Pero luego lo considera un iluso idealista, que quería unir a los hombres, y creo nuevas divisiones entre buenos y malos, entre creyentes y ateos; que predicaba la paz y trajo al mundo la espada.
En ese momento, al personaje genial le viene una idea que acepta inmediatamente: el verdadero Hijo de Dios seré yo, haré lo que no ha conseguido hacer Cristo. Al mismo tiempo, se siente ayudado por una gran fuerza. Una figura oscura y fosforescente le dice: «Yo soy tu dios y padre, tú eres mi hijo amado».
Entonces, el hombre se pone a la obra. Publica el escrito El camino abierto hacia la paz y el bienestar universal. Tiene un éxito enorme. Hasta los cristianos lo consideran un cristiano anónimo. Vienen luego los éxitos políticos. Es elegido presidente del parlamento europeo, después emperador de Roma y, al final, rey del mundo. «Mi paz os doy» dice.
Pero todavía hay algunos problemas que resolver. Los cristianos decían que eran inconciliables la fe y la razón, junto al emperador aparece un prelado de corte, obispo católico ex partibus infidelium, que ha estudiado las prácticas mágicas y sabe que los llamados milagros y las visiones místicas se pueden explicar y reproducir científicamente.
En seguida son resueltos todos los problemas sociales. La tierra tiene riquezas para todos. Basta dividirlas sensatamente.
El último problema son los cristianos. Han quedado pocos, sólo 45 millones, pero son fervorosos e intransigentes, desesperadamente divididos en católicos, ortodoxos y protestantes. El papa de los católicos vive en San Petersburgo, con la condición de que no haga ninguna propaganda; los protestantes están diezmados por el racionalismo, pero hay todavía un grupo que se inspira en el ejemplo de la Iglesia de los primeros apóstoles. Los ortodoxos han perdido millones de fieles, pero atraen todavía a la gente con los iconos, los cantos y las tradiciones.
El emperador del mundo traslada su sede a Jerusalén. Allí es donde se entera de que los cristianos constituyen su única oposición, aunque se callan y obedecen a las leyes del imperio. Al emperador le viene la idea de convocar un concilio ecuménico en Jerusalén, en la planicie del antiguo templo, ahora destinado a todos los cultos. Es invitado el papa, que muere durante el viaje, y el cónclave elige papa en Damasco al cardenal napolitano Simón Barionini, que acepta con el nombre de Pedro II. Por los ortodoxos llega la legendaria figura del starec Juan y, por los protestantes, se presenta el docto profesor Ernesto Pauli. Les acompañan sus delegaciones respectivas.
El concilio se abre el 14, de septiembre (fiesta de santa Sofía). Tras la liturgia en lugares separados, llega el emperador, mientras suena la marcha de la unidad. El discurso del emperador es en estos términos: «Cristianos de todas las religiones, mis queridos súbditos y hermanos… ». Y sigue el ofrecimiento: «Decid lo que queréis, que yo os lo daré». Pero los cristianos no logran expresar un deseo. Entonces sigue un nuevo ofrecimiento: a los católicos el primado universal del papa romano; a los ortodoxos un gran museo de la antigüedadcristiana en Constantinopla; a los protestantes los estudios bíblicos en la Universidad de Tubinga.
El entusiasmo de una gran parte de los cristianos es enorme. Pero hay también resistencias, y los tres representantes principales no aceptan el ofrecimiento. El emperador está disgustado. Se levanta el starec Juan: «Gran emperador, nos das grandes cosas, pero a nosotros lo que nos importa es la persona de Cristo. De ti no podemos tomar nada si no vemos en ti la mano de Cristo».
El emperador cambia de cara, el mago Apolonio hace surgir el fuego y el starec Juan exclama: «Hijos míos, ¡es el Anticristo!», cayendo fulminado. Pedro II recita el exorcismo, y cae muerto también él. El profesor Pauli escribe entonces las actas del último concilio: «Para gloria del único Salvador Jesucristo. Nuestro hermano Juan ha reconocido al Anticristo y nuestro padre Pedro, siguiendo las reglas canónicas, lo ha expulsado de la Iglesia. Los dos han muerto mártires de esta confesión. Nosotros, que hemos permanecido fieles, iremos al desierto a esperar la venida de Jesucristo». El profesor Pauli, con un grupito de fieles, lleva los muertos a un lugar vecino a la tumba del Señor, donde también ellos tienen que ser vigilados por los soldados.
Después el Anticristo convoca el cónclave: es elegido papa el mago Apolonio. Se proclama la unión de todos y se celebran grandes fiestas.
Llega la noche, los soldados que cuidan la tumba duermen. El starec Juan y Pedro II resurgen y se abrazan diciendo: «Hijos míos, por fin somos uno». El profesor Pauli da la mano al papa, diciendo: Tu es Petrus. En el cielo aparece un gran signo, la Señora vestida de sol. Pedro dice: «¡Ésta es nuestra guía!». Pero el último gran movimiento viene de los hebreos. También ellos comprenden que todos los bienes que han recibido en la historia no son más que el símbolo de la venida de Cristo. Por eso, ellos también van a encontrarlo en el desierto.
El significado del relato es claro. En la historia, la humanidad recibe muchos valores Profanos y religiosos. La tentación es preferir los dones y olvidarse del Dador, o sea, de Cristo y su venida.
Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik
Dostoievski: la novela “El idiota” y el Anticristo ideológico
Sábado, 27 febrero, 2010
Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasili Perov, 1872
La novela El idiota de Dostoievski a primera vista parece muy enigmática. Algunos han pensado que se estaba describiendo a un cristiano auténtico. Se dice que hasta Nietzsche, después de haberla leído, mejoró su disposición respecto al ideal cristiano. Pero si nos situamos en la problemática de la época en que está escrita la novela, resulta más difícil admitir esa benévola interpretación.
Hacia finales del siglo pasado, muchos intelectuales rusos y extranjeros se sentían encantados por el profeta de la no resistencia al mal, L. N. Tolstói. Sus relatos y sus teorías parecían que propagaban el cristianismo en su forma más pura. Tolstói era para sus seguidores un nuevo san Francisco de Asís, pero moderno, liberado de los elementos mitológicos. Hay que tomar al pie de la letra la doctrina moral del evangelio y observarla con todas sus consecuencias, decía el escritor, pero los milagros de Jesús y su misteriosa persona pertenecen a la mitología y, por tanto, carecen de interés. La actitud de Dostoievski es diametralmente opuesta. Responde a Tolstói con su novela El idiota, cuyo argumento es el siguiente.
El príncipe Myspkin es dado de alta de una casa de reposo de enfermos mentales en Suiza y vuelve a San Petersburgo, su ciudad natal, con poco dinero. Allí se entera de que es dueño de una rica herencia y se manifiesta no apegado al dinero. En los salones de la ciudad imperial se muestra como un verdadero cristiano: perdona las ofensas, piensa bien de todos, no cede al mal. Al principio le miran con escepticismo y sonrisas enigmáticas, pero termina haciéndose simpático a todos. Llega un momento en que la historia toma un giro de infortunio. El príncipe es objeto de disputa entre mujeres y se ve arrastrado a asistir a un crimen. Es incapaz de impedirlo. Lo llevan a la cabecera de un enfermo de tuberculosis moribundo. La única reacción que le sale es decir: «Muérete y envídianos a nosotros la suerte que tenemos de vivir».
Debía ser Cristo, pero demuestra que es un impostor. Dostoievski se pregunta: ¿Qué sería la enseñanza moral del evangelio sin la persona de Cristo y sin su fuerza divina? Sería una ideología de locos. De hecho, el protagonista de su novela termina en el mismo manicomio del que había salido.
Podemos trasladar esa idea al contexto bíblico. Los profetas combaten la idolatría pagana; san Juan Bautista y Jesús tendrán que oponerse a la idolatría de la ley del fariseísmo. La ley es divina, pero separada de Dios sirvió para condenar a muerte al Hombre-Dios. Desde siempre la idolatría de ideales y normas es un espíritu que produce herejías y fanatismos. Por medio de esos ídolos el Anticristo domina el mundo, disfrazándose de ángel de la luz.
Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik







