Al astrofísico Dr. Neil DeGrasse Tyson se le preguntó: ‘¿Cuál es el hecho más asombroso que pueda compartir con nosotros sobre el Universo? Y esto fue lo que respondió. Aunque la respuesta es insuficiente, me parece que no está mal como punto de partida:

De hecho, es sorprendente que los átomos que componen el cuerpo humano se remonten hasta las estrellas. El otro hecho sorprendente es que nosotros, como seres espirituales somos capaces de desentrañar los misterios del universo.

Musica: “Para construir una casa” por The Cinematic Orchestra. Video compilado y editado por Max Schlickenmeyer.

índiceSi yo me acerco a la parada del autobús, me sitúo frente a un hombre que está leyendo el “Marca” y le digo: Está cerca de vosotros el Reino de Dios, lo más probable será que él levante el periódico para esconderse y siga leyendo, mientras piensa que quiero captarlo para una secta. ¿Por qué? Porque la expresión Reino de Dios no le dice nada.

Eso sucede porque no soy santo. Si fuera santo… ¡Ah, si fuera santo! Entonces, al ver a ese hombre, pensaría en su alma y rezaría un Padrenuestro. Después me bastaría con preguntarle la hora y agradecerle la información. Él volvería a la lectura, pero quedaría pensando: «¡Qué paz me ha dejado este señor! Me ha sonreído de tal modo que parece que me conociera de siempre. ¡Y qué serenidad en su rostro! Ese hombre tiene “algo”». Él lo llamaría «algo», pero habría sentido cerca el Reino de Dios. Cuando me volviera a ver, nos saludaríamos. Poco después nos sentaríamos cerca en el autobús, y en seis viajes me habría contado su vida, sorprendido de que yo escuchara. En diez estaba confesado y en gracia de Dios

Pero, claro, para eso yo tendría que ser santo…

Fente: José-Fernado Rey Ballesteros

Acerca del pasado día de la Hispanidad

Miércoles, 23 octubre, 2013

El sábado,12 de octubre, fue el día de la Hispanidad. Encontré aquel día este relato precioso, pero preferí diferirlo un tiempo antes de ponerlo en el blog. Espero que os guste tanto como a mi. De algún modo me emocionó, quizás por estar en estas tierras venezolanas, intentando trasmitir lo mejor que puedo la maravillosa vivencia de la fe.

Anciana y cieguecita, llevaba semanas sin salir de su choza. El poblado era pequeño, a cuatro mil metros de altura, escondido en la parte peruana de la cordillera andina. Ella estaba muy cansada y decía que solo aguardaba morir. Recibía con afecto a sus nietos, que pasaban tardes enteras escuchando sus historias y empapándose de sus palabras. No le faltaban las visitas a la abuela María.

Dieguito, de seis años, entró ufano en la estancia de su abuela, para comunicarle que un sacerdote celebraría con ellos la fiesta de la Virgen del Pilar. Hacía más de seis meses que no recibían la llegada de un padrecito. El pueblo se preparó con dedicación, y María advirtió a sus familiares: «cuando llegue el padre, me acompañáis a la puerta para que pueda saludarlo».

«Fueron los mejores años de mi vida», comentaba don Juan muchos años después. Había vuelto a su pueblo, en el interior de Castilla, para estar con los suyos. Leer el resto de esta entrada »

¡¡Gracias Dori!!

Sábado, 12 octubre, 2013

el color del cieloJoaquín, espero no te parezca mal, pero este comentario lo transformo en entrada del blog, y te incluyo como un colaborador, que de hecho ya lo eres:

Vender un billete de autobús o hacer una barra de pan con amor, entrar en una clase con ilusión, atender con cortesía, diseñar pensando en los demás, defender al que le han usurpado los derechos, distribuir becas justamente, gestionar los fondos de los demás con lealtad y honestidad, hacer la comida de la familia, cultivar la tierra para satisfacer el hambre de la gente,…, ¿Es que hay algún trabajo en que no podamos colaborar para que el mundo sea un poco, tan sólo un poco, mejor? Miremos en nuestro corazón para conseguir que nuestros trabajos sean un bálsamo en la vida de los que nos rodean. Qué fácil es hacer las cosas de malas maneras, pero qué grande es si con nuestra labor regalamos una sonrisa a los demás, un minuto de alegría o un instante de paz?
Alrededor de mi casa hay 7 panaderías, de las cuales 6 están muy cerca, pero desde hace catorce años voy a la panadería de la Señora Dori, la que se encuentra más alejada, la más pequeña, incluso la más humilde, diría yo.. Y voy allí porque la Señora Dori no sólo me vende el pan, sino porque cada día, desde hace catorce años, hay una cosa en el día que siempre me resulta agradable y es ir allí a por el pan.
No importa cómo me encuentre, bien, mal, cansado eufórico, triste,…, no importa que tenga que caminar más. Cada día la Señora Dori me entrega una barra que envuelve en un pequeño papel y en una franca sonrisa. La Señora Dori no sabe cuántos días, en que me he sentido triste o desamparado, esa sonrisa ha sido lo mejor del día, el apoyo para creer y saber que entre todos podemos hacer un mundo mejor. ¡¡Gracias Dori!! Que Dios te bendiga.

la Roca del predicador, NoruegaAunque vivencialmente es fácil entender en  qué consiste santificar el trabajo, sin embargo resulta difícil explicarlo bien. El resumen del estudio que os presento tiene esta intención. Espero que os ayude como a mí:

«Dios Padre, llegada la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo Unigénito, para que restableciera la paz; para que, redimiendo al hombre del pecado, adoptionem filiorum reciperemus (Gal 4,5), fuéramos constituidos hijos de Dios, liberados del yugo del pecado, hechos capaces de participar en la intimidad divina de la Trinidad. Y así se ha hecho posible a este hombre nuevo, a este nuevo injerto de los hijos de Dios (cfr. Rom 6,4-5), liberar a la creación entera del desorden, restaurando todas las cosas en Cristo (cfr. Ephes 1,5-10), que los ha reconciliado con Dios (cfr. Col 1,20)»(1). Esta restauración (o, más literalmente, recapitulación) de todas las cosas en Cristo, será plena y definitiva sólo al final de la historia, cuando el mismo Señor «entregue a Dios Padre el reino…, para que Dios lo sea todo en todas las cosas» (1 Cor 15,24.28). Pero, a la vez, es misión de la Iglesia -de los «hombres nuevos», reconciliados con Dios por Jesucristo-, ir liberando, ya en la historia, a la creación entera del desorden (2). (…) Leer el resto de esta entrada »

Para que lo disfrutes:

El timelapse de la semana

Sábado, 20 abril, 2013

Hacía mucho que no poníamos un timelapse. Y hoy me he encontrado con este buen trabajo. Así que, para no perder las buenas costumbres, aquí os lo dejo. Espero os guste:

Ayer miércoles, 6 febrero 2013, Benedicto XVI continuando la catequesis sobre el símbolo de la fe cristiana, durante la audiencia general, se centró en la frase “Creador del cielo y de la tierra”, explicándola a la luz del primer capítulo del Génesis. El Santo Padre se pregunta en su discurso si tiene sentido en la era de la ciencia y la tecnología, hablar todavía de creación? A lo que responde:

“la Biblia no pretende ser un manual de las ciencias naturales; su intención es la de hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas. La verdad fundamental que los relatos del Génesis revelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas contrastantes, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, la razón eterna de Dios, que sigue sosteniendo el universo. Hay un proyecto del mundo que surge de esta razón, del Espíritu Creador”.

Efectivamente, la Biblia no es un manual de ciencia, da la clave para interpretar. Pero “En la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para entender el mundo”. Creer en el designio de Dios ilumina la existencia y da valor para afrontar con esperanza la vida. En este sentido afirma:

“Vivir de fe –concluyó Benedicto XVI- significa reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas, dejando que Dios la colme con su amor. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento es un misterio que ilumina la luz de la fe que nos da la certeza de ser liberados de él”.

Ver texto completo de la catequesis en: http://www.zenit.org/article-44397?l=spanish.

En cierta ocasión, muy temprano, al alborear el día, se encontraba Napoleón Bonaparte paseando por una amplia avenida, tranquilamente, con su amigo el senador  y conde de Volney. Al parecer el tema de conversación era la religión. Bonaparte decía:

“Sí, dígase lo que se diga, el pueblo necesita una religión y sobre todo una creencia. Y cuando digo el pueblo no digo bastante, porque quiero decir que también yo mismo la necesito”. En ese momento, Bonaparte, ante el maravilloso juego de luces del amanecer que se presentaba ante él, lleno de entusiasmo exclamo: “Sí, yo mismo, a la vista de este espectáculo, me sorprendo y me siento emocionado, arrastrado, convencido…”

“El Cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos” (salmo 18). En nuestras, cada vez más pobladas ciudades, resulta cada vez más difícil levantar la mirada hasta el cielo y ver la noche estrellada, o el alborear del día o el ponerse del sol al atardecer… Las luces de la ciudad nos impiden ver más lejos. Me parece que serían muchos más los creyentes si mirasen, si advirtieran al menos, el espectáculo que se nos regala cada día desde el cielo.

Fuente: orar con una sonrisa de Agustín Filgueiras, ed. Desclée de Brouwer

¿Por qué el trabajo?

Lunes, 15 noviembre, 2010

Leo en “Los buscadores de Dios”, que como al trabajo dedicamos la mayor parte de nuestra existencia, si perdemos el sentido del trabajo, perdemos gran parte del sentido mismo de nuestra vida.
Además, en el mundo laboral están aflorando problemas nuevos, vinculados a la globalización, a la deslocalización, a la competencia, a las dificultades de las empresas, a las recurrentes crisis económicas. Y aunque en términos generales parece haber crecido el nivel medio de riqueza, al mismo tiempo se han ampliado los sectores de la pobreza y de la marginación. A esto hay que añadir, como la enorme innovación tecnológica provoca al trabajador medio inseguridad sobre su puesto de trabajo e incertidumbre acerca del destino de su profesionalidad.Todo esto está generando una sed de justicia y de dignidad, cada vez más difundida y exigente.

¿En qué condiciones hay que trabajar, para no volverse esclavos del trabajo y para que en él se manifieste nuestra dignidad de personas?

Lo primero: no vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir. No trabajamos solo para obtener un sueldo, sino que trabajamos para vivir dignamente. El trabajo debe servir para hacer realidad nuestra dignidad de personas. Ha esto hay que añadir que tampoco trabajamos solo para vivir nosotros, sino también para dar vida a quienes todavía no están en condiciones de trabajar, los niños, y a quienes ya no pueden trabajar, los ancianos. Por eso el trabajo, no es una mercancía que se compra y se vende, sino una actividad humana libre y responsable.
En segundo lugar: como hemos crecido en conciencia social, hemos descubierto que también trabajamos para el bienestar de la colectividad y de la humanidad en general. Nos sentimos herederos del trabajo de las generaciones que nos han precedido y constructores solidarios del futuro de los que vivirán después de nosotros.
En tercer  lugar, para quienes tenemos fe mediante el trabajo, el hombre colabora con Dios en llevar a término la creación. Cuando Dios creó el mundo, no lo creó completo: la creación no está acabada. El hombre va tomando lentamente posesión de la tierra y desarrollando las potencialidades de lo creado en bien suyo y para la gloria de Dios. Con todo, no somos dueños de lo creado sino colaboradores  de Dios en llevarlo a cumplimiento, respetando la naturaleza y las leyes inscritas en ella: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivase y lo custodiase (Génesis 2, 15).

(seguiremos)

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