El timelapse de la semana

Sábado, 20 abril, 2013

Hacía mucho que no poníamos un timelapse. Y hoy me he encontrado con este buen trabajo. Así que, para no perder las buenas costumbres, aquí os lo dejo. Espero os guste:

Ayer miércoles, 6 febrero 2013, Benedicto XVI continuando la catequesis sobre el símbolo de la fe cristiana, durante la audiencia general, se centró en la frase “Creador del cielo y de la tierra”, explicándola a la luz del primer capítulo del Génesis. El Santo Padre se pregunta en su discurso si tiene sentido en la era de la ciencia y la tecnología, hablar todavía de creación? A lo que responde:

“la Biblia no pretende ser un manual de las ciencias naturales; su intención es la de hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas. La verdad fundamental que los relatos del Génesis revelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas contrastantes, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, la razón eterna de Dios, que sigue sosteniendo el universo. Hay un proyecto del mundo que surge de esta razón, del Espíritu Creador”.

Efectivamente, la Biblia no es un manual de ciencia, da la clave para interpretar. Pero “En la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para entender el mundo”. Creer en el designio de Dios ilumina la existencia y da valor para afrontar con esperanza la vida. En este sentido afirma:

“Vivir de fe –concluyó Benedicto XVI- significa reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas, dejando que Dios la colme con su amor. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento es un misterio que ilumina la luz de la fe que nos da la certeza de ser liberados de él”.

Ver texto completo de la catequesis en: 
http://www.zenit.org/article-44397?l=spanish
.

En cierta ocasión, muy temprano, al alborear el día, se encontraba Napoleón Bonaparte paseando por una amplia avenida, tranquilamente, con su amigo el senador  y conde de Volney. Al parecer el tema de conversación era la religión. Bonaparte decía:

“Sí, dígase lo que se diga, el pueblo necesita una religión y sobre todo una creencia. Y cuando digo el pueblo no digo bastante, porque quiero decir que también yo mismo la necesito”. En ese momento, Bonaparte, ante el maravilloso juego de luces del amanecer que se presentaba ante él, lleno de entusiasmo exclamo: “Sí, yo mismo, a la vista de este espectáculo, me sorprendo y me siento emocionado, arrastrado, convencido…”

“El Cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos” (salmo 18). En nuestras, cada vez más pobladas ciudades, resulta cada vez más difícil levantar la mirada hasta el cielo y ver la noche estrellada, o el alborear del día o el ponerse del sol al atardecer… Las luces de la ciudad nos impiden ver más lejos. Me parece que serían muchos más los creyentes si mirasen, si advirtieran al menos, el espectáculo que se nos regala cada día desde el cielo.

Fuente: orar con una sonrisa de Agustín Filgueiras, ed. Desclée de Brouwer

¿Por qué el trabajo?

Lunes, 15 noviembre, 2010

Leo en “Los buscadores de Dios”, que como al trabajo dedicamos la mayor parte de nuestra existencia, si perdemos el sentido del trabajo, perdemos gran parte del sentido mismo de nuestra vida.
Además, en el mundo laboral están aflorando problemas nuevos, vinculados a la globalización, a la deslocalización, a la competencia, a las dificultades de las empresas, a las recurrentes crisis económicas. Y aunque en términos generales parece haber crecido el nivel medio de riqueza, al mismo tiempo se han ampliado los sectores de la pobreza y de la marginación. A esto hay que añadir, como la enorme innovación tecnológica provoca al trabajador medio inseguridad sobre su puesto de trabajo e incertidumbre acerca del destino de su profesionalidad.Todo esto está generando una sed de justicia y de dignidad, cada vez más difundida y exigente.

¿En qué condiciones hay que trabajar, para no volverse esclavos del trabajo y para que en él se manifieste nuestra dignidad de personas?

Lo primero: no vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir. No trabajamos solo para obtener un sueldo, sino que trabajamos para vivir dignamente. El trabajo debe servir para hacer realidad nuestra dignidad de personas. Ha esto hay que añadir que tampoco trabajamos solo para vivir nosotros, sino también para dar vida a quienes todavía no están en condiciones de trabajar, los niños, y a quienes ya no pueden trabajar, los ancianos. Por eso el trabajo, no es una mercancía que se compra y se vende, sino una actividad humana libre y responsable.
En segundo lugar: como hemos crecido en conciencia social, hemos descubierto que también trabajamos para el bienestar de la colectividad y de la humanidad en general. Nos sentimos herederos del trabajo de las generaciones que nos han precedido y constructores solidarios del futuro de los que vivirán después de nosotros.
En tercer  lugar, para quienes tenemos fe mediante el trabajo, el hombre colabora con Dios en llevar a término la creación. Cuando Dios creó el mundo, no lo creó completo: la creación no está acabada. El hombre va tomando lentamente posesión de la tierra y desarrollando las potencialidades de lo creado en bien suyo y para la gloria de Dios. Con todo, no somos dueños de lo creado sino colaboradores  de Dios en llevarlo a cumplimiento, respetando la naturaleza y las leyes inscritas en ella: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivase y lo custodiase (Génesis 2, 15).

(seguiremos)

Hace tiempo tuvo lugar en el Vaticano una sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias, con el tema “Miradas científicas en torno a la evolución del universo y de la vida”, con la participación de los más importantes científicos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, muchos de ellos premio Nobel. En un programa de RaiUno, se entrevistó a uno de los científicos presentes, el profesor Francis Collins, jefe del grupo de investigación que ha llevado al descubrimiento del genoma humano. A la regunta: “Si la evolución es cierta, ¿queda aún espacio para Dios?”. Respondió:

“Darwin tenía razón en formular su teoría según la cual descendemos de un antepasado común y ha habido cambios graduales en el trascurso de largos periodos de tiempo, pero este es el aspecto mecánico de cómo la vida ha llegado al punto de formar este fantástico panorama de diversidad. No responde a la pregunta sobre el por qué existe la vida. Hay aspectos de la humanidad que no son fácilmente explicables, como nuestro sentido moral, el conocimiento del bien y del mal que a veces nos induce a realizar sacrificios que no están dictados por las leyes de la evolución, que nos sugieren preservarnos a nosotros mismos a toda costa. ¿Esta no es quizás una prueba que nos indica que Dios existe?”.

Le pregunté también al profesor Collins si antes había creído en Dios o en Jesucristo. Me respondió: Leer el resto de esta entrada »

Ayer, miércoles 27, Benedicto XVI, dedicó la audiencia general a san Francisco de Asís, al cual se refirió como el “icono vivo” de Jesús. A continuación te pongo un fragmento y te animo a leerlo entero.

También quiero hacer referencia puesto que ayer 24 de enero fue el “día de la memoria” del holocausto judío a este reportaje de la sección de opinión de EL PAIS, que me parece muy interesante: En defensa de Benedicto XVI. (Desde el momento de su elección, el Papa, que ha retomado de forma irrevocable el diálogo judeocatólico, ha sido víctima de un juicio mediático y ha sufrido la continua manipulación de sus textos).

En Francisco el amor por Cristo se expresó de modo especial en la adoración del Santísimo Sacramento de la Eucaristía. En las Fuentes franciscanas se leen expresiones conmovedoras, como esta: “Tema toda la humanidad, tiemble el universo entero y exulte el cielo, cuando sobre el altar, en la mano del sacerdote, está Cristo, el Hijo de Dios vivo. ¡Oh favor estupendo! Oh sublimidad humilde, que el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, se humille tanto para esconderse para nuestra salvación, bajo una modesta forma de pan” (Francisco de Asís, Escritos, Ediciones Franciscanas, Padua 2002, 401).

En este año sacerdotal, quiero también recordar la recomendación dirigida por Francisco a los sacerdotes: “Cuando quieran celebrar la Misa, puros de forma pura, hagan con reverencia el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre del Señor nuestro Jesucristo” (Francisco de Asís, Escritos, 399). Francisco mostraba siempre una gran deferencia hacia los sacerdotes, y recomendaba respetarlos siempre, incluso en el caso de que personalmente fueran poco dignos. La motivación de su profundo respeto era el hecho de que éstos han recibido el don de consagrar la Eucaristía. Queridos hermanos en el sacerdocio, no olvidemos nunca esta enseñanza: la santidad de la Eucaristía nos pide ser puros, vivir de modo coherente con el Misterio que celebramos.

Del amor de Cristo nace el amor hacia las personas y también hacia todas las criaturas de Dios. Este es otro rasgo característico de la espiritualidad de Francisco: el sentido de fraternidad universal y de amor por la creación, que le inspiró el célebre Cántico de las criaturas. Es un mensaje muy actual. Como recordé en mi reciente encíclica Caritas in veritate, es sostenible solo un desarrollo que respete a la creación y que no dañe el medio ambiente (cfr nn. 48-52), y en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año he subrayado que también la constitución de una paz sólida está unida al respeto de la creación. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador. La naturaleza es entendida por él precisamente como un lenguaje en el que Dios habla con nosotros, en el que la realidad divina se hace transparente y podemos nosotros hablar de Dios y con Dios.

Cfr. Texto completo de la audiencia general: Leer el resto de esta entrada »

En su viña

Miércoles, 20 agosto, 2008

Imagina por un momento que te preguntasen qué preferirías: ¿tener un trabajo desde la primera hora de tu vida o estar desocupado y ser contratado solo al final y recibir el mismo pago que si hubieras trabajado toda tu vida? Esta es la cuestión que nos plantea el Evangelio de hoy.

Ya sabes como es: aquel padre de familia que salió de madrugada a contratar unos braceros, unos fueron llamados al comenzar la aurora y otros ya muy cercana la noche fueron contratados para trabajar en su viña. Esto es lo precioso: Su Viña.

Aquellos hombres hubieran preferido haber trabajado solo al final, así parece indicarlo la envidia con la que murmuran del Amo: ellos han recibido la misma paga a pesar de haber soportado el peso del día y el calor… El Amo se sorprende de la reacción, porque el contrato era bien claro: el que quiera venirse conmigo: niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame… Porque Él quiera ser bueno, es decir, porque Él quiera que todos los hombres se salven, porque Él llame misericordiosamente a cada uno a la hora en que sus circunstancias personales lo aconsejen… A ellos qué les importaba: anda, toma lo tuyo y vete.

Por eso, tu y yo, que hemos nacido cristianos, que desde la cuna aprendimos a rezar, sí, tu y yo, que hemos sido llamados desde la primera hora de nuestra vida, vamos a disfrutar de este honor. Cada día salimos a trabajar a su viña, al mundo, y con nuestro trabajo podemos “instaurar todas las cosas en Cristo (Ef 1,10), dice san Pablo a los de Éfeso, renovad el mundo en el espíritu de Jesucristo, colocad a Cristo en lo alto y en la entraña de todas las cosas” (san Josemaría). Esta es la gozada de poder trabajar en su viña, así la fatiga, el sudor y el cansancio del peso del día, es algo santificable y santificador, es un servicio a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas. Cuando nos sabemos trabajadores en su viña, con una razón de amor y de servicio, con “alma sacerdotal”, ese trabajo honesto, el que sea, nos mantiene unidos a Dios, nos permite participar en la creación, es dignidad humana, es instrumento para conseguir la perfección humana –terrena- y la perfección sobrenatural, es vínculo de unión entre los hombres para contribuir al progresos de todos los pueblos, es fuente de recursos para sostener a la familia… Es camino de santidad.

Bueno, ya se que muchos estáis de vacaciones, pero también ahí puedes descansar en el lagar de su viña, sin perder esa presencia del Padre, así nos lo recordaba hace unos días Benedicto XVI: “La persona humana se regenera sólo en la relación con Dios, y a Dios lo encuentra aprendiendo a escuchar su voz en la quietud interior y en el silencio”.

Madre mía, que no pierda este gozoso sentido sobrenatural del trabajo en el ajetreo de mi día, que aprenda a abandonarme en tu regazo, que sepa decirte cuando me venga la inquietud: tú harás las cosas antes, más y mejor, y así alcanzaré la paz y la serenidad que necesito. Y esa alegría, esa paz, será nueva fuente de eficacia.

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