“Quiero creer”

Miércoles, 4 julio, 2012

Quiero creer” son dos palabras animantes. Expresan la inquietud de quienes tienen la fe algo apagada y desean que resurja.

Las explicaciones humanas son eso, explicaciones humanas. El científico quiere comprobar por si mismo casi todo. Pero por regla general no buscamos seguridades fruto de certezas científicas. Para que nuestro corazón se aquiete le bastan las seguridades humanas. 

Por ejemplo, aceptamos con seguridad que una lata de melocotón contiene melocotón porque así lo dice la etiqueta. Un científico tendría que abrirla para aceptarlo. Pero por abrir la lata no es más sabio ni más inteligente, en todo caso, es más desconfiado y lento de aprender. Además de que se queda sin melocotones, porque no le permitirán abrir la lata sin comprarla antes. Por regla general una persona se fía de que lo que otros afirman, por ejemplo, de New York, y luego va a comprar los billetes, y por último viaja a New York para disfrutar de todo lo que le han dicho.

La fe siempre exige una aceptación confiada, ya sea de los hombres (fe humana) o de Dios (fe sobrenatural). Es razonable creer en lo que los hombres nos dicen -sobre todo si son sinceros y entendidos en ese asunto. De echo es la manera habitual de conocer las cosas. Igualmente es razonable aceptar como verdadero lo que Dios nos dice, cuando está abalado por milagros. No es necesario ver los milagros para creer, basta con fiarse de las personas sensatas y buenas que nos dicen los han visto. El Señor habla a unos hombres con milagros evidentes y esos hombres nos transmiten las palabras y los hechos divinos. Nosotros nos fiamos de ellos y aceptamos esas palabras como venidas de Él, y es entonces cuando nos fiamos de Él.

Elegir carrera

Sábado, 17 septiembre, 2011

 

Fuente: Miguel Aranguren | www.miguelaranguren.com

A pesar de que atisbamos su volumen entre las sombras, hay dramas sociales que preferimos ignorar hasta que, de pronto, se yerguen como monstruos en los que bombea la sangre de nuestra indiferencia. Es el caso de la situación cultural española, de la que hoy nos lamentamos porque ha desdibujado la fisonomía moral de nuestro país, que siente desapego por la belleza y desprecio hacia la verdad, únicas razones que justifican cualquier manifestación intelectual y artística.

El catálogo de las editoriales y los podios de los premios literarios están saturados de novelistas descreídos, descorazonados, que sin embargo reciben nuestros laureles porque así lo ha decidido el beneplácito de los muñidores culturales. Lo mismo ocurre con el cine, la pintura, la música y cuantas manifestaciones pretendidamente sublimes saquemos a la palestra. Otro gallo nos cantaría si, en los años de formación de la generación que hoy tiene de cuarenta a sesenta años se hubiese considerado la plástica como fundamento para la formación humana y profesional. A quienes mandaban en aquel momento (en el ámbito familiar, universitario y administrativo) les asustaba que sus hijos, alumnos y ciudadanos ejemplares pudiesen ser abducidos por quimeras bohemias que conducen al desencanto y el hambre. Leer el resto de esta entrada »

Karl Giberson

En un interesante artículo de Nuestro Tiempo,  Isabel Solana destaca la figura de Karl Giberson que por su doble faceta de físico y teólogo constituye el ejemplo vivo de que la amistad entre fe y ciencia resulta posible. No en vano,  ha dedicado a este campo más de veinte años de investigación en el Eastern Nazarene College (Estados Unidos). Entre sus publicaciones se encuentran algunos libros considerados de referencia, como The Oracles of the Science, que escribió junto con el fallecido profesor de la Facultad Eclesiástica de Filosofía Mariano Artigas. Es además director del Foro sobre Fe y Ciencia del Gordon College, vicepresidente de la Fundación BioLogos –creada junto con Francis Collins, responsable del Proyecto Genoma Humano–, y editor jefe de la revista Science&Religion Today. En un momento de la entrevista Karl Giberson dice:

Es un error pretender que la fe se convierta en ciencia. Precisamente, una de las cosas que más frustra a los creyentes es intentar que su fe tenga el mismo tipo de apoyo racional que la ciencia. Los compromisos más importantes de la vida suelen requerir la superación de los datos que se poseen. Los hechos nos ponen en una dirección, pero se trata de dar un paso más. No es adoptar creencias sin motivo o completamente irracionales, pero tampoco se puede justificar todo mediante una argumentación racional. Afirmar que Dios existe, que es bueno, que se reveló en Jesús y que la Iglesia porta la verdad de esa revelación a lo largo de los siglos implica asumir unos argumentos que sobrepasan lo que se podría conseguir de forma científica. Si nos limitásemos a las conclusiones de la ciencia, nunca podríamos asegurar que nuestra esposa nos quiere o que nuestros hijos se preocupan de nosotros, pues todo lo que podríamos afirmar serían ciertos modelos empíricos de comportamiento.

¿Cree que algunos científicos desdeñan la fe porque la consideran mera especulación?

La Teología y la fe religiosa se mueven en el campo de las generalizaciones metafísicas sobre el carácter último de toda realidad; en ese sentido, hay más especulación que en la ciencia. Pero también hay una dimensión de fe en esta última; debe creer en la predecibilidad de la naturaleza, en la consistencia de las leyes y en el poder de la razón humana. Darwin mostró su perplejidad ante el hecho de que nuestra capacidad de razonar evolucionase a través de la selección natural. No podía dilucidar por qué nuestra razón debería ser fiable en ese caso. Se preguntaba por qué, si el cerebro de los humanos se desarrollaba en las tierras de África hace un millón de años para alimentarse, encontrar pareja y tener descendencia, por qué puede hacer ahora mecánica cuántica. No hay ninguna razón en absoluto, pero el hecho es que somos capaces. Contestar este tipo de cuestiones supone un asunto de fe para el poder de nuestra racionalidad humana.

Colibríes: Magia en el Aire

Sábado, 16 octubre, 2010

Los colibríes son las  criaturas de sangre caliente más pequeñas del planeta. Sus alas capaces de batir hasta 200 veces cada segundo, sitúan a esta pequeña ave entre los más atletas de la naturaleza; además son las únicas aves capaces de flotar, volar hacia atrás, e incluso al revés.

Debido a que los colibríes viven sus vidas en alta velocidad, gran parte de su fascinante mundo suele pasar inadvertido normalmente. Pero gracias a  cámaras capaces de capturar más de 500 imágenes por segundo,  el mágico mundo de los colibrís está siendo cada vez mejor conocido y apreciado. Aquí les vemos en movimientos de 10 G de fuerza, algo nada común.

 

Aún recuerdo con cierta emoción, la lectura de aquel libro de Santiago Ramón y Cajal. Estaba en la casa de mis tíos y al año siguiente tenía pensado empezar medicina. Reglas y consejos sobre investigación científica, era el título de una monografía, que se publicó  después con el subtítulo Los tónicos de la voluntad, y que a su vez fue el texto del discurso de entrada de Ramón y Cajal, en la Academia de las Ciencias en 1897. El libro incluye un epílogo redactado con posterioridad a la sesión académica. (cfr. Ramón y Cajal, Santiago: Los tónicos de la voluntad, C.S.I.C., Madrid 1986, 186 pp.)

La finalidad de la obra era infundir en los estudiantes de biología (o de ciencia bio-medicas en general) una sana desconfianza ante las hipótesis prematuras y transitorias, y animarles a la investigación personal de hechos objetivos capaces de resistir el paso del tiempo y de la crítica.

El libro comienza planteando en el capítulo I el problema del método científico, con bases histórico-críticas, y examina las dificultades y los desánimos del principiante en el capítulo II. Dedica el capítulo III a las cualidades necesarias del investigador (independencia de juicio, tenacidad, ambición, amor a la patria y aspiración a la autonomía científica); y es en el capítulo IV donde expone los principios de la investigación: consultar la literatura específica, la forma de estudiar los manuales, la necesidad de buscar la inspiración en la misma naturaleza, el dominio del método, etc.

Expone después, en el capítulo V, las enfermedades de la voluntad y considera —en el capítulo VI— los efectos, positivos y negativos, que el ambiente social, familiar y económico producen en el investigador.

Los capítulos VII y VIII se detienen, en particular, sobre la investigación y las normas científicas, la metodología y el estilo que debe tener el investigador en la elaboración de sus trabajos. Por último, considera los deberes del investigador en cuanto a la orientación de sus discípulos.

El estilo es claro. Sus exposiciones metodológicas y de psicología del investigador son útiles e interesantes en cuanto responden a unos principios generales aun hoy vigentes. El tono es el de quien habla de algo bien conocido, a lo que ha consagrado la vida y ejerce con apasionamiento; al mismo tiempo, expresa un realismo que no quiere ser triunfalista y que no desconoce los obstáculos que encierra esta tarea.

Traigo aquí este comentario porque las consideraciones de aquel gran maestro, Ramón y Cajal, y muchos de sus argumentos de orden moral en general estaban basados en principios cristianos. Por ejemplo, estas palabras frente a los límites de la ciencia, en oposición al agnosticismo materialista:

Otra verdad, vulgarísima de puro repetida, es que la ciencia humana debe descartar, como inabordable empresa, el esclarecimiento de las causas primeras y el conocimiento del fondo sustancial oculto bajo las apariencias fenomenales del Universo (…). Para la resolución de estos formidables problemas (comienzo de la vida, naturaleza de la sustancia, origen del movimiento, aparición de la conciencia…) parece indudable la insuficiencia radical del espíritu humano.

Un viaje de ida y vuelta al Himalaya, pasando por los confinas conocido hasta ahora. Ya puse este vídeo en otra ocasión, pero ahora está subtitulado y es de mejor calidad. Este vídeo ha sido realizado por el American Museum of Natural History y el Rubin Museum of Art . Todos y cada uno de los satélites artificiales, lunas, planetas, estrellas y galaxias están representados a escala y en las localizaciones exactas, según los datos obtenidos en los más completos y rigurosos estudios realizados hasta la fecha.

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