Consentimiento informado

Sábado, 27 septiembre, 2008

Es frecuente que, dentro de la planificación familiar, de la procreación «asistida» o de la ginecología, o en el caso de pacientes en fase terminal, no se informe suficientemente al sujeto. Efectivamente, vemos a veces, como el término «consentimiento informado» se emplea con cierta ambigüedad. A veces ocurre, hoy día, que los pacientes están mal informados, que se les ocultan informaciones que les atañen, que no se les consulta sobre las cuestiones de las que depende su salud, su fecundidad y su propia vida. En determinadas situaciones se somete incluso a los pacientes, sin ellos saberlo, a intervenciones mutilantes, por ejemplo, la esterilización quirúrgica- que en realidad les son impuestas y que muchas veces son irreversibles. Por el contrario, en otras situaciones, el «consentimiento informado» sirve al médico como método para librarse de su propia responsabilidad, comunicando al enfermo, con más o menos tacto, una «verdad científica» que el enfermo tal vez no pueda entender o soportar. Por eso vamos a intentar explicarlo, hacer una valoración y una nueva propuesta del mismo, puesto que advertimos con claridad que las relaciones entre los médicos y sus pacientes están llamadas, más que nunca, a ser una relación interpersonal basada en la mutua confianza.

El problema esencial es que nos encontramos hoy con un nuevo y diverso modelo de relación médico y paciente. El modelo hasta ahora ha sido el paternalista de inspiración hipocrática. Su principio raíz es el de beneficencia, es decir, el médico debe actuar siempre en bien de paciente y, según aquel modelo, solo él atendiendo a razones objetivas, es quien puede establecer qué es científicamente bueno y cuál el camino más razonable. El paciente debe dejarse guiar y obedecer las prescripciones del médico. La situación actual es la de situar frente al modelo paternalista un modelo autónomo, su principio raíz es la libertad del paciente de hoy, el cual está más informado y sabe lo que quiere, aunque pueda no coincidir con lo que científicamente es más apropiado para él. En este modelo prevalece la libertad del afectado, incluso cuando se rechaza un tratamiento favorable para él. En este sentido, resulta extremadamente negativa la supervaloración de lo subjetivo abandonando los criterios objetivos.

¿Cuál es la opción correcta? En mi opinión el error está en plantear la elección rígida y exclusiva de uno de los dos modelos, con rechazo total del otro. La propuesta -que apunta D. ÁNnel Galindo García- es la de reexaminar la entera relación entre médico y paciente con el intento de restablecer una ética médica sensible tanto a la autonomía como a la beneficencia, sin absolutizar ni el paternalismo ni la autonomía.

Si pudiéramos admitir que el modelo paternalista es anticuado, deberíamos repudiar todo lo positivo que se ha estado realizando a lo largo de la tradición médica de la beneficencia a lo largo de casi 2.500 años. Refutamos, por tanto, la contraposición entre los dos modelos y proponemos su integración sobre la base de una atenta redefinición de los dos.

En otras palabras: se nos presenta una especie de tercera vía, que se propone para salvar los elementos válidos de la medicina hipocrática y de la moderna; evitando al mismo tiempo el caer en acentos unilaterales. En resumen, es la propuesta de una beneficencia que incluya los valores de la relación médico-paciente tradicional: la beneficencia en un marco de confianza, una beneficencia que no anula la autonomía del paciente, que la prevé, la respeta y se propone hacerla crecer como raíz y fruto de una auténtica decisión humana.

Es lógico que los médicos hagan una propuesta de declaración que reconozca explícitamente, y documente, que las propuestas que se pueden ofrecer son posibles, porque responden a hechos reales y constatables. Su nota característica es la de derivar directamente de la teoría de la beneficencia en la confianza. Por eso, para lograr la integración entre beneficencia y autonomía serían precisas las siguientes tareas: Leer el resto de esta entrada »

Comités de bioética (CdB)

Sábado, 23 agosto, 2008

Se ha definido la bioetica como una reflexión sistemática sobre los problemas de la biomedicina, de carácter interdisciplinar y pluralista, a la luz de los principios y normas morales.

Aunque ya desde 1971 en Medico-Moral Guide, los obispos canadienses proponían instituir en cada hospital católico comisiones médico-morales (cfr. también ese mismo año, los obispos de los EE.UU en Etihical and Religious Directives for Catholic Health Care Facilites), es comunmente aceptado que los Comités de bioética (CdB) se instituyeron formalmente con la sentencia de la Corte Su­prema de New Jersey del 31 de marzo de 1976 (caso de Karen Ann Quinlan), como órganos de emergencia con la función de sostén y de punto de referencia constante.

Digamos desde ya que los CdB tienen carácter consultivo, y dejan intacta la responsabilidad del profesional (investigador o médico) que es el que ha de decidir; incluso la presencia de dictámenes diversos puede ayudar a la toma de decisiones que siempre es responsabilidad de quien tiene la autoridad. Esto no hace vanos ni el peso ni el mérito de los CdB, cuyos dictámenes se solicitan con frecuencia de modo obligado, auqnue no sean obligates.

Son cuatro las razones por las que se justifica el re­curso a dichos Comités:

  • 1) Metodológica: para recomponer la “unidad antropológica” dentro de las ciencias médicas, hacer que converjan el conjunto de las disciplinas -cada vez más es­pecializadas (riesgos de fragmentación y reducción de los casos)-, y de este modo salvaguardar el bien de toda la persona en las diversas fases de investigación y de asis­tencia;
  • 2) Filosofico-Cultural: para encontrar un terreno común para el diálogo entre diversos modelos y visiones del hombre y de los problemas éticos en medicina, permitiendo una confrontación con las diversas éticas, incluidas las denominadas laicas;
  • 3) Deotológico-Político: para mantener la autonomía del médico en sus decisiones deontológicas frente a los condicionamientos de orden burocrático, políticos o económicos;
  • 4) Bioética Clínica: para poder tutelar mejor los derechos del paciente en el momento de la enfermedad y resolver los casos dificiles caso por caso, in situ.

La UNESCO se va configurando como el punto de referencia de la bioética institucional: en su estructura existe un Comité intermi­nisterial compuesto por ministros o delegados de los países que se han adherido a él. Dentro de la Unión Europea y en otras diversas naciones, existen además, tanto a nivel nacional como local, distintos tipos de CdB.

Lo dificil para las CdB es conciliar dos características importantes para dar soluciones adecuadas: la interdisciplina­riedad y el pluralismo. Por la interdisciplinariedad, trata de respetar la autonomía re­lativa de las diversas disciplinas implicadas, que por su parte también aceptan integrar sus aportaciones en orden a formar un juicio que responda a la exigencia ética de lo que es lícito o no, y bajo qué condiciones.. En la segunda instancia, la pluralista, el desafío es más complejo, porque entran en juego modelos éticos diferentes entre sí, incluso opuestos, y en relación también con religiones diversas.

Un desafío mayor para respetar la legítima autonomía de las di­versas disciplinas estriba en integrar sus juicios especialmente al valorar éticamente los datos, comparándolos con los valores antropológicos y las normas deontológicas y jurídicas. En este sentido, no siempre son satisfactorios ni el mínimo ético (porque se suele tratar en realidad no de mínimos sino de acoger el máximo de los valores), ni la mera salvaguarda de procedimientos (con­sentimiento informado del paciente, ética de la mayoría, etc. porque no tiene en cuenta a quien no puede expresar su consentimiento ni el bien objetivo de cada caso), ni las referencias internaciona­les, como la Declaración de Helsinki (que con frecuencia por si solas no consiguen superar las divergencias de opinión en casos concretos).

Partiendo de los fundamentos del personalismo ontológico, ha de favorecerse la confrontación y el diálogo en la búsqueda del bien global de la persona y además buscar el bien común a través de la consecución del bien de los individuos. Con todo, siempre quedarán algunos puntos de controversia que exigirán dictñamenes razonados e incluso con la firma de uno solo de los miembros.

Cfr. Lexicón. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas. Pontificio Consejo para la Familia (por Elio Sgreccia)

Calidad de vida

Sábado, 9 agosto, 2008

La OMS en 1946 al definir la salud comoun estado de completo bienestar psicológico, social y mental, y no solamente la ausencia de enfermedad”, dio indirectamente un impulso al término “calidad de vida” que surge en el vocabulario médico y sanitario alrededor de los años 50 y fue cobrando cada vez más auge en paralelo a los avances en la reanimación médica (y su relación con el ensañamiento terapéutico) y en el diagnóstico prenatal.

Actualmente la expresión “calidad de vida” está muy difundida y es de uso común, entendiéndose fundamentalmente como “eficiencia económica, consumismo desordenado, belleza y goce de la vida física, olvidando las dimensiones más profundas –relacionales, espirituales y religiosas- de la existencia” (Juan Pablo II, EV, 23)

La expresión “calidad de vida”, en sí misma es válida y eficaz cuando, por ejemplo, pone freno al ensañamiento terapéutico sin motivo o cuando considera todos los aspectos de la vida humana. Pero, hay que advertir que, al agregar la palabra “calidad” al valor “vida”, da a entender implícitamente que existen vidas de una mayor o menor calidad, estableciendo así un nuevo criterio de discriminación.

El problema radica en la ambigüedad de la expresión que tiende a juzgar el “valor” de la vida humana en criterios de “bienestar”, por lo demás bastante subjetivos (así lo confirma la diversidad de escalas numéricas propuestas para intentar objetivar este concepto sin conseguirlo). La consecuencia más grave es cuando se aplica esta forma de juzgar a los juicios médicos sobre la “calidad de vida” de determinados pacientes. De hecho se ha creado una nueva expresión: una vida que no merece la pena ser vivida, la cual desde un punto de vista eugenésico (negativo) está favoreciendo la eliminación (antes de nacer) de niños cuyo diagnóstico prenatal demuestre una minusvalía o tara genética. Un dato: en España, abortan 9 de cada 10 niños con Síndrome de Down, (video de 1 minuto).

¿En qué se equivoca este planteamiento? En ignorar que la enfermabilidad es un elemento constitutivo del hombre, es una manifestación de su realidad, de su fragilidad y mortalidad. Por eso una ideología (utilitarista) que olvide el sentido del sufrimiento (físico y moral) es lógico persiga la utopía de erradicarlo de la vida del hombre. Y en este sentido va contra el hombre mismo, al desconocer que el sufrimiento es esencial a la naturaleza humana, y que el hombre también puede llegar a través del sufrimiento a alcanzar su trascendencia y su misterio.

Pese a las ambigüedades que ofrece el término “calidad de vida” no debe ser eliminado. Es necesario que el término se fundamente en una antropología que sea fiel a la verdad sobre el hombre, de modo que no sean solo satisfechos las necesidades y deseos biológicos y psicológicos sino también las morales y espirituales. No podemos olvidar nunca que: “El primer derecho de una persona humana es su vida. Ella tiene otros bienes y algunos de ellos son más preciosos; pero aquel es el fundamental, condición para todos los demás”(Declaración sobre el aborto procurado, 11)

Biotecnología y Bioderecho

Sábado, 2 agosto, 2008

La Biotecnología es una especialidad relativamente nueva. Otros términos con los que tiene relación son la Bioingeniería y la Bioinformática. En este post vamos a ver su relación con el derecho o lo que también se empieza a conocer como Bioderecho.

Cada día se tiene la sensación de que es más urgente un nuevo diálogo entre las confesiones religiosas y los Estados democráticos, y muy especialmente en todo lo que se refiere al campo de la genética y de la procreación. Me parece que de este modo se evitarían tanto los fundamentalismos religiosos como las actitudes laicistas de las democracias liberales.

Se reclama con urgencia una instancia de diálogo entre fe religiosa y razón laica. Efectivamente, frente a la actitud prepotente de una democracia que prescinde sistemáticamente de todo aporte religioso (aunque se define laica, es agnóstica), se alza amenazante el fundamentalismo “religioso” que rechaza la libertad y el pluralismo.

Tanto el rechazo de cualquier forma de integrismo o fundamentalismo (especialmente presentes en el área del Islam) como el empobrecimiento cultural del secularismo moderno y la crisis de muchos de los conceptos de la postmodernidad, reclaman también este diálogo con urgencia.

El diálogo es necesario porque una visión de la vida fundada en la dignidad de la persona humana requiere también una normativa-jurídica acerca de la genética y de la procreación artificial. Se requiere, unas leyes capaces de proteger a la persona humana, es decir:

  • que tutelen el derecho a la vida de todo ser humano inocente, incluso cuando padezca defectos genéticos;
  • en el derecho a la vida radica el derecho a la igualdad y a la no discriminación; el principio de no discriminación debe valer también a los derechos sociales de las personas con limitaciones genéticas
  • la prohibición de cualquier intervención genética alteradora no terapéutica dirigida a crear individuos con cualidades superiores o interespecíficas, incluyendo en este sentido también la prohibición a la clonación (ya sea reproductiva como la mal llamada “terapéutica”);
  • la prohibición de patentar el genoma humano y los descubrimientos relativos con los procedimientos diagnósticos y terapéuticos.
  • Se debe alentar y promover la investigación en el área de la terapéutica genética, para sustituir los genes defectuosos responsables de enfermedades por genes sanos;
  • Se ha de velar por la protección de las personas que trabajan e investigan sobre el ADN en los laboratorios de biotecnología y la vigilancia sobre los efectos en el medio ambiente de la liberación de los organismos genéticamente modificados, así como sobre los efectos en los alimentos genéticamente modificados.

Esta nueva reflexión se denomina actualmente con el término “bioderecho“, por acompañar con la elaboración de leyes todas las aplicaciones de la genética. La UNESCO ya ofreció en 1996 una Declaración universal sobre la protección del genóma humano.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 563 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: