Beethoven en una plaza de Sabadell

Domingo, 22 julio, 2012

Vaya, ya lo siento, pero hace mucho que no ponía un flashmob. Este es genial. Fijáos en los rostros de los que aparecen. En su mirada, su ilusión, su asombro, su gozo al encontrar algo tan hermoso y que no esperaban.

Hace unos días hablábamos de cómo Demóstenes fue capaz de superar con constancia y tenacidad todos los condicionantes llegando a ser uno de los grandes de la Oratoria. No quiero ponerme pesado, pero esta misma historia se repite con frecuencia en muchos de los que han hecho algo importante en su vida. Beethoven, por ejemplo, estaba casi completamente sordo cuando compuso su obra más excelsa. Dante escribió La Divina Comedia en el destierro, luchando contra la miseria, y empleó para ello treinta años. Mozart compuso su Requiem en el lecho de muerte, afligido de terribles dolores. Cristóbal Colón no habría descubierto América si se hubiera desalentado después de sus primeras tentativas; todo el mundo se reía de él cuando iba de un sitio a otro pidiendo ayuda económica para su viaje; le tenían por aventurero, por visionario, pero él se afirmó resueltamente en su propósito. La lista de personajes en este sentido sería interminable…

Es cierto que no todo el mundo es como estos genios que han pasado a la Historia. Tampoco se trata de vivir obsesionados por alcanzar grandes metas. Efectivamente, sin obsesiones, pero también sin abandonarse, que bastante “rebaja” trae ya consigo la vida. Me parece que era Liszt, aquel gran compositor, el que decía: “Si no hago mis ejercicios un día, lo noto yo; pero si los omito durante tres días, entonces ya lo nota el público“.

Lo normal es que las cosas no salgan a la primera, y que sea necesario insistir, dos, tres y más veces hasta que salgan las cosas. Esto es lo normal. No le iría bien al río -dice el refrán- si de todos los huevos saliesen peces grandes. Ni al jardín, si cada flor diese fruto. Tampoco al hombre, si todas sus empresas fueran coronadas por el éxito. La vida es así y hay que aceptarla como es.

Una vez más me dirijo a los papás: es preciso transmitir este estilo o talante en la educación. No dejéis que vuestros hijos se engañen diciendo que “la suerte es el patrimonio de los tontos“, porque es una excusa de fracasados. No les hagáis creer que son muy listos pero que la vida no les hace justicia, cuando quizá lo que debieran hacer es buscar la verdadera razón de su desgracia. Que se acuerden de ese otro refrán: el que quiera lograr algo en la vida, no haga reproches a la suerte, agarre la ocasión por los pelos y no la suelte.

Horacio afirmaba que quien ha emprendido el trabajo, tiene ya hecho la mitad. Y se podría completar con aquello otro de Sócrates: comenzar bien no es poco, pero tampoco es mucho. Lanzarse y perseverar. Audacia y constancia: dos aspectos inseparables que se complementan.

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