Ocurrió en Manchester

Martes, 2 octubre, 2012

Lizzie (Elizabeth) había hablado largo y tendido sobre temas religiosos con su buena amiga Helen, a la que poco a poco intentaba acercar a la vida cristiana. Con una pizca de escepticismo, Helen escuchaba lo que su amiga le decía sobre Dios, la providencia divina y la acción de los Ángeles en nuestra existencia. Este último punto -la presencia y actuación de los Custodios- le había resultado especialmente novedoso: algo nunca oído; pero, qué habría de verdad en todo ello, se cuestionaba.

Aquel mismo día, Helen, ya anochecido, sale de pasar un rato en una sala de fiestas. Le gustaría tomar un taxi para regresar a su casa, pero no tiene dinero suficiente, así que no tiene más remedio que ir a pie. Caminando por John Dalton Street advierte la presencia de un individuo muy mal encarado. Está sola en la penumbra a muy pocos pasos de él y tiene el presentimiento de que aquel hombre va a atacarla. Siente un inmenso terror, y en ese instante le viene a la memoria la conversación con su amiga Lizzie: “Esta es tu oportunidad -dice en su interior al Angel Custodio-; si existes, sácame de este peligro“. Curiosamente el individuo, que ya está a su altura, la mira a la cara, no hace nada y sigue su camino.

Al día siguiente Helen lee en los periódicos de Manchester la noticia del asesinato de una joven en la calle John Dalton, ocurrido poco después de haber pasado ella por aquel lugar. Acude a la comisaría de policía donde ya ha sido detenido algún sospechoso. Invitada a participar en un careo, reconoce inmediatamente al hombre con el que se cruzó poco antes del crimen, que acabará por sentarse en el banquillo de los acusados como presunto asesino. Leer el resto de esta entrada »

Aquí te pongo un extracto de la homilía que Benedicto XVI, predicó en Basílica de San Pedro un día como hoy, 29 de septiembre de 2007

Celebramos… la fiesta de los tres Arcángeles que la sagrada Escritura menciona por su propio nombre: Miguel, Gabriel y Rafael… Pero, ¿qué es un ángel? La sagrada Escritura y la tradición de la Iglesia nos hacen descubrir dos aspectos.

  • Por una parte, el ángel es una criatura que está en la presencia de Dios, orientada con todo su ser hacia Dios. Los tres nombres de los Arcángeles acaban con la palabra “El”, que significa “Dios”. Dios está inscrito en sus nombres, en su naturaleza. Su verdadera naturaleza es estar en él y para él.
  • Precisamente así se explica también el segundo aspecto que caracteriza a los ángeles: son mensajeros de Dios. Llevan a Dios a los hombres, abren el cielo y así abren la tierra. Precisamente porque están en la presencia de Dios, pueden estar también muy cerca del hombre. En efecto, Dios es más íntimo a cada uno de nosotros de lo que somos nosotros mismos.

Los ángeles hablan al hombre de lo que constituye su verdadero ser, de lo que en su vida con mucha frecuencia está encubierto y sepultado. Lo invitan a volver a entrar en sí mismo, tocándolo de parte de Dios. En este sentido, también nosotros, los seres humanos, deberíamos convertirnos continuamente en ángeles los unos para los otros, ángeles que nos apartan de los caminos equivocados y nos orientan siempre de nuevo hacia Dios.
San Miguel. Leer el resto de esta entrada »

Nobleza obliga

Miércoles, 11 enero, 2012

Pero no basta con saber que somos hijos de Dios, es necesario tener lo que podríamos llamar “sentido de filiación“. Tener un sentido vivo de esta altísima dignidad es algo lógico y natural: Los hijos… ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres!     Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza!     Y tú… ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre-Dios? (Camino 265)
Este sentido de filiación divina es un don, un regalo que el Señor hace a quien quiere: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quisiera revelar (Mt 11, 27). A modo de ejemplo de don, copio este relato de la experiencia de un santo: “Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico… y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa (…) Sentí la acción del Señor que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba! Pater! (…) Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo puedo decir el tiempo se pasó sin sentirlo. Me debieron tomar por loco. Estuve contemplando con luces que no eran mías esa asombrosa verdad, que quedó encendida como una brasa en mi alma, para no apagarse nunca. Años más tarde dirá: Aprendí a llamar a Dios Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía  -una hora, hora y media, no lo sé-; Abba, Pater!, tenía que gritar. (Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, p. 389-391)
Fue una gracia que Dios le otorgó para que se desbordase en otras almas, como la de aquel buen estudiante de la Central—, pensaba en lo que usted me dijo… ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, ‘engallado’ el cuerpo y soberbio por dentro… ¡hijo de Dios!» Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la «soberbia». (Camino 274).
Escribe santo Tomás de Aquino que “el premio de la virtud es el honor”. Por eso, el cultivo del sentido de la filiación divina nos dará también un “sentido del honor”. Cuantos olvidan o no conocen su dignidad de hijos de Dios, y viven como el hijo pródigo de la parábola, en la degradación de sí mismo por el pecado. Hasta que un día el recuerdo de la dignidad perdida le hace volver arrepentido hasta los brazos de su padre, que le pone un vestido nuevo, unas sandalias y un anillo, señales de su honor. Leer el resto de esta entrada »

Filiación divina

Miércoles, 11 enero, 2012

Filiación divina… Somos hechos hijos de Dios por el Bautismo. En la pila bautismal, cual seno materno de la Iglesia, se nos da a luz como hijos suyos. Y como nacidos de una misma Madre, la Iglesia, somos también todos hermanos. Y al igual que decimos de los que tienen un mismo lugar de origen, que son del mismo pueblo o ciudad, así todos los que tuvimos el mismo origen, la pila bautismal, somos del único Pueblo de Dios.
El domingo pasado, tras el bautismo de Jesús, escuchamos: Este es mi Hijo, en quien tengo mi complacencia. De algún modo, esto mismo se verifica en cada uno de nosotros. Todo un Dios desde el Cielo nos dice a ti y a mí: tú eres mi hijo amado.
Hace años vi en uno de esos folletos de formación para jóvenes una simpática viñeta. Sobre una nube aparecía Dios, sentado en su trono. Frente a Él, un coro angélico entonaba melodías cuya belleza se expresaba en el papel por medio de notas perfectamente dibujadas y ordenadas. Dios, sin embargo, no parecía prestar atención, distraído como estaba mirando hacia abajo, más allá de la nube, con una gran sonrisa que revelaba una inmensa simpatía. Abajo, en la tierra, un joven con las manos en los bolsillos, caminaba distraídamente tarareando algo. De sus labios salían unas notas arrugadas y “escuchimizadas” pero que deleitaban a Dios más que los cantos celestiales. Cuando el director del coro se acercó a ver qué distraía tanto a Dios, al ver a aquel joven, Dios le dijo: “Es que ¿sabes? ¡Es un hijo mío!”. No era la melodía de aquel susurro lo que gano el corazón de Dios, era el timbre cálido del Espíritu de su Hijo; el timbre cariñoso del amor a Dios. Ya ves, un ignorante, un patoso, tu y yo, podemos infundir a todo un Dios la más dulce de las ternuras, si, viviendo en gracia, procuramos agradarle en todo lo que hacemos.
¿Y por qué es esto así? Hace tiempo descubrí la respuesta. Estaba frente a mí, una madre joven cogía a su pequeñín y lo apretaba contra su pecho mientras no paraba de decir: ¡Ay mi pequeñín! Cuchi, cuchi, cuchi. Y le besaba: ¡Es que te comería a besos! ¡Ay madre, cuanto te quiero! ¡Mi niño!… ¿Por qué quiere tanto esa mujer a esa criatura que tiene en brazos? Sencillamente porque es su hijo. No hay otra razón.
Por eso, pase lo que pase en nuestra vida, recuerda: tú eres hijo de Dios… Y si alguna vez cayeras hasta lo más bajo, desde allí abajo, aunque aún estuvieras lleno de barro,  grita desde el hondón de tu miseria: ¡¡Padre!! Y Tu Padre, que es bueno, te escuchará y atenderá tu súplica.
Además tenemos a la Virgen Madre que nos abraza con su inmenso cariño, un cariño tan difícil de expresar con palabras. ¡Gracias Madre!

Una historia de Navidad contada por niños

Martes, 20 diciembre, 2011

Una bonita historia de Navidad contada a través de los niños. Aunque está en inglés el lenguaje de las imágenes suple muy bien.

Los ángeles de la tierra

Martes, 28 septiembre, 2010

Mañana es la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Y me he acordado de esta bonita historia que nos habla de esos otros ángeles de la tierra (o al menos que deberían serlo):

Un niño próximo a nacer, le dijo a Dios: Me vas a enviar mañana a la Tierra pero, ¿Cómo viviré allá siendo tan pequeño y tan débil? -Entre los muchos ángeles escogí a dos que te esperan, contestó Dios.
Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad ¿Podré hacerlo allá? -Esos ángeles te cantarán y sonreirán todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones y sonrisas.
¿Y cómo entenderé cuándo me hablen si no conozco el extraño idioma de los hombres? -Esos ángeles te hablarán y te enseñarán las palabras más dulces y tiernas que escuchan los humanos.
¿Qué haré cuando quiera hablar contigo? -Esos ángeles juntarán tus pequeñas manos y te enseñarán a orar.
He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá? -Esos ángeles te defenderán, aunque les cueste la vida.
Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor, sin verte me sentiré muy solo. -Esos ángeles te hablarán de mí y te mostrarán el camino para volver a mi presencia,
le dijo Dios.
En ese instante una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres el niño decía suavemente:

Dime sus nombres Señor, y Dios le contestó: “Esos ángeles se llaman mamá y papá”


Autor desconocido

“LOS ANGELES “
Que un niño próximo a nacer, le dijo a Dios:
Me vas a enviar mañana a la Tierra pero, ¿Cómo viviré allá siendo tan pequeño y tan
débil? -Entre los muchos ángeles escogí a dos que te esperan, contestó Dios.
Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad
¿Podré hacerlo allá? -Esos ángeles te cantarán y sonreirán todos los días y te sentirás
muy feliz con sus canciones y sonrisas.
¿Y cómo entenderé cuándo me hablen si no conozco el extraño idioma de los hombres?
-Esos ángeles te hablarán y te enseñarán las palabras más dulces y tiernas que
escuchan los humanos.
¿Qué haré cuando quiera hablar contigo? -Esos ángeles juntarán tus pequeñas manos
y te enseñarán a orar.
He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá? -Esos ángeles te
defenderán, aunque les cueste la vida.
Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor, sin verte me sentiré muy solo.
-Esos ángeles te hablarán de mí y te mostrarán el camino para volver a mi presencia,
le dijo Dios.
En ese instante una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres el
niño decía suavemente:
Dime sus nombres Señor, y Dios le contestó:
“Esos ángeles se llaman mamá y papá”
Autor desconocido
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 543 seguidores

%d personas les gusta esto: