La fuente… y también el recipiente

Jueves, 6 febrero, 2014

Early+morning+in+Norway+by+Wim+LasscheCuando uno se acerca a una fuente para tomar agua, debe ir provisto de un buen cántaro. Si todo lo que lleva es un dedal, tendrá que conformarse con unas gotas, aunque la fuente mane agua abundante y limpia.

No pudo hacer allí ningún milagro… Y se extrañó de su falta de fe.

El poder de Dios es infinito, como lo es su Amor. Pero, cuando el hombre se acerca a Dios, recibe siempre según su fe. No es lo mismo comulgar atropelladamente en una misa a la que uno llega tarde, y salir corriendo cuando la misa termina, que comulgar cuando uno ha esperado de rodillas el comienzo de la misa, ha asistido fervorosamente a la celebración, y ha permanecido en acción de gracias hasta -al menos- diez minutos después de finalizada la Eucaristía. Es la misma comunión, la misma fuente, pero el cántaro es distinto, y el fruto también.

Procura evitar siempre la rutina. Acércate a Dios cada día con ansias nuevas, con fe renovada y amor ardiente. De este modo, cada minuto de oración surtirá fruto en tu vida y renovará tu alma. Aprende en esto de la Virgen, cuya fe, más que cántaro, fue un océano.

Seguimos poniendo algunas noticias acerca de la beatificación del D. Alvaro del Portillo, el próximo 27 de septiembre en Madrid. Este documental de 30 min. narra la vida de Mons. Álvaro del Portillo. Su infancia en Madrid, su encuentro con san Josemaría y su vida perseverante en la fe. Diversos testimonios trazan con sus recuerdos la personalidad de quien fue llamado por su fidelidad “Saxum”, Piedra.

Tranquilo, que no es molestia

Martes, 4 febrero, 2014

tranquilidad-21[1]Aunque se habla de la «falsa humildad» para referirse a la cobardía o apocamiento, no es la única forma falsa de virtud que encubre un pecado. Existe también una «falsa caridad» que, bajo forma de delicadeza, disimula la desidia y la reviste de consideración: «El sacerdote está muy ocupado, el pobre. No le voy a dar la lata confesándome ahora»… Me lo ha recordado el evangelio de hoy:

Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Y, por no molestar, Jairo se hubiese quedado sin hija. Menos mal que le importó poco dar trabajo al Hijo de Dios.

    Lo mismo puede decirse de los sacerdotes: estamos para que nos molesten. Un sacerdote a quien nadie molesta, a quien nadie da trabajo, a quien nadie le cuenta sus penas… es un sacerdote frustrado. Los fieles tenéis la santa obligación de molestarnos, cansarnos, y a ayudarnos a entregar la vida. Y, si no lo hacéis, no os servirá de excusa el no haber querido molestar. Dios mismo quiere que nos molestéis todo lo que podáis, siempre y cuando sea para que ejerzamos nuestro ministerio. Si es para que os ayudemos a hacer la quiniela… Mejor no molestéis. Estamos confesando.

Más, para el que más ama

Jueves, 30 enero, 2014

SwitzerlandHoy nos sorprende el Señor con otra de esas frases difíciles del Evangelio. Se trata de la famosa afirmación: 

Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

¿No es injusto? ¿No debería Dios quitar un poco al que tiene, para darle al que no tiene? ¿Qué significa esto?

Significa que no sucede con los bienes espirituales lo mismo que con los materiales. Los bienes materiales son escasos, y es justo distribuir. Pero los bienes espirituales son infinitos, y se encuentran al alcance de quien desee obtenerlos. Todos podemos crecer en Amor de Dios.

En los bienes materiales, quien tiene poco desea más, y quien tiene mucho se acaba aburriendo. Sin embargo, en lo tocante al Amor de Dios, quien poco lo ama pronto lo abandona (al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene) y quien lo ama mucho pide que se le dilate el corazón para amarlo más. Dios siempre lo concede: Al que tiene se le dará.

Así era don Álvaro del Portillo

Jueves, 30 enero, 2014

Un maestro, un padre, un hombre de Dios, un hombre fiel… Estos son los recuerdos que conservan de Mons. del Portillo diversas personas (cardenales, madres de familia, religiosos y profesionales) que pudieron conocerle.

El respeto de Dios por la libertad

Miércoles, 29 enero, 2014

la luz que no deslumbraCon frecuencia me han preguntado por el significado de las palabras que hoy, citando a Isaías, pronuncia el Señor:

a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que, por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen.

¿Es que no quiere Dios perdonarlos? ¿Acaso no quiere que se conviertan? 

Te contaré algo que, aparentemente, no tiene nada que ver con esto: cuando Rebeca vio por vez primera a Isaac, se cubrió el rostro con un velo (Cf. Gn 24, 65). Era una forma simpática de decir: «soy demasiado guapa para ti. Si me ves, te deslumbraré y no podrás decirme que no. Por eso, dime primero libremente que te casarás conmigo, y luego te mostraré mi rostro».

Por el mismo motivo, Jesús muestra las realidades celestes tras el fino velo de las parábolas. Para que sólo las entiendan quienes realmente lo deseen, y nadie se convierta sin realizar un acto de libertad. No vaya a ser que alguien pudiera decir que Dios lo deslumbró y le arrancó el consentimiento. 

Por tanto, ¿quiere Dios perdonarlos? ¿quiere que se conviertan? Sí, pero sólo si ellos quieren convertirse.

Historia de un letrero

Miércoles, 29 enero, 2014

Juan el-lechero y san josemariaEn el colegio Los Arcos, estoy insistiendo a los muchachos que hagan con frecuencia visitas al Santísimo, que está en el oratorio del colegio. Hace unos días les conté la historia de Olivia y la Misa, y hoy les contaré la de Juan el lechero:

San Josemaría, en La Iglesia de Santa Isabel se metía a primera hora en el confesonario, temprano. Y todas las mañanas, en medio de una confesión o de la lectura del breviario, oía abrirse violentamente la puerta de la iglesia y, a continuación, un estrépito de ruidos metálicos, seguido de un portazo. Curioso por saber de qué se trataba, porque no veía la puerta desde el confesonario, se apostó un día a la entrada de la iglesia. Al abrirse ruidosamente la puerta se dio de cara con un lechero, cargado con sus cántaras de reparto. Le preguntó qué hacía.
- Yo, Padre, vengo cada mañana, abro […] y le saludo: “Jesús, aquí está Juan el lechero”.
El capellán se quedó cortado, y se pasó aquel día repitiendo su jaculatoria: - Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero. (Fuente: Vázquez de Prada, el Fundador del Opus Dei)

Se había conmovido mucho. La actitud de aquel hombre del pueblo era una manera preciosa de hacer oración. Y aprendía de él, y empleaba la historia de Juan el lechero, para que las personas que trataba aprendieran, también, a acercarse a la oración con esa naturalidad y confianza.

¿Por qué yo?

Sábado, 25 enero, 2014

por qué yo?Nunca le has preguntado al Señor: «¿por qué yo?» Seguro que sí. Yo, que soy sacerdote, se lo he preguntado muchas veces. Me siento a veces tan mimado, tan favorecido y agraciado por mi Dios, que no puedo por menos que extrañarme. Y, en esos momentos, nace desde lo más profundo la pregunta: « ¿Por qué yo? ¿Por qué no otro? ¿Por qué te fijaste en mí?».

Fue llamando a los que él quiso…

 La respuesta es fulminante: «Porque quiero. Porque soy Dios, y me ha dado la gana fijarme en ti. Si te amo de esta manera, no es porque seas tú mejor que los demás, sino, simplemente, porque Yo he querido».

Y lo realmente maravilloso es que cada uno de nosotros puede  y debe mantener este diálogo con el Señor. A ninguno de nosotros nos quiere Dios igual que a quien tenemos al lado. El amor que Dios te tiene es único, irrepetible, como tu mismo. Dios te amó a ti, y después rompió el molde. A nadie ha amado ni volverá a amar de la manera única en que te ama a ti. Y, si tú no descubres y gozas ese Amor, nadie más lo hará hasta el fin del mundo.

Pero, si lo descubres, enloquecerás de alegría. Descubrirás una de las realidades más hermosas que tenemos en esta vida. Y, entonces, una vez más, no podrás evitar preguntarle al Señor: « ¿Por qué yo?».

La prisa y la indisposición interior

Viernes, 24 enero, 2014

tunel y metroDurante años había preparado las piezas que hicieron vibrar los muros del más famoso auditorio de la gran ciudad de Nueva York. Los aplausos se prolongaron durante larguísimos minutos. El intérprete reconocía agradecido el clamor del público mediante reverencias llenas de ceremonia. Aún se vio obligado a hacer sonar dos piezas todavía más bellas. Por cortesía. Porque podía.
No sé a qué mente estrambótica se le pudo ocurrir la siguiente triquiñuela. Sin duda que fue una idea genial de imprevisibles consecuencias.
Decidieron vestir con andrajos al afamado virtuoso y ponerlo a la salida de una populosa estación de metro. Como si de un vagabundo se tratase. Debía tocar exactamente los mismos temas del memorable concierto, con idéntica pasión e intensidad. Como en el mismo cielo.
La audición gratuita duró cerca de una hora. ¿Adivinas cuál fue el resultado? Tan solo tres personas se pararon a escucharle, y ninguna más de un minuto. No llegó a sacar ni siquiera 10 dólares. El mismo que había quebrado los muros del teatro, conmovidos por la hermosura de su sonido, no fue capaz de captar la atención de casi ninguno de los viandantes.

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