El Adviento, que ahora comienza,  es una muy buena oportunidad para confesarse de cara a la navidad. En una de sus últimas audiencias generales el Papa Francisco se centró en el perdón y la confesión. Aseguró que Dios no se cansa de perdonar y por eso invitó a los católicos a no cansarse de pedir perdón. Francisco reconoció que él también pasa por el confesionario cada quince días.

Mantener encendida su Luz en la noche

Sábado, 15 diciembre, 2012

Queridos amigos, ya estamos apunto de empezar la tercera semana del Adviento, solo diez días nos separan de la Navidad. Hemos de ir ya situándonos interiormente ante el misterio gozoso de la venida del Hijo de Dios, del gran «designio de benevolencia», de misericordia, de amor. Un misterio que nos atrapa, que nos acerca a Él, y que nos ofrece la posibilidad de vivir en plena comunión de alegría y de paz con Él. Vamos a renovar la certeza luminosa de que Dio está con nosotros, que se ha hecho presente entrando en el mundo, haciéndose hombre como nosotros.

Tú y yo vamos a procurar en este tiempo de Adviento ser portadores de esta paz y alegría para así ser testimonio y signo de su acción en el mundo. El quiere, hoy, entrar de nuevo en el mundo, por medio de nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad, para de este modo mantener siempre encendida su Luz en la noche del mundo: “El amor es una luz –en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar” (Benedicto XVI, Carta encíclica “Deus caritas est”)

Nuestro corazón está hecho para la alegría

Miércoles, 5 diciembre, 2012

“Lleno de la alegría del Espíritu Santo exclamó Jesús”, lo leíamos en la misa del martes pasado. “La alegría del Espíritu Santo”… Pero ¿es que hay diversos tipos de alegrías? Benedicto XVI no tiene dudas al respecto, así lo escribía en el mensaje de la JMJ 2012:

Cada día el Señor nos ofrece tantas alegrías sencillas: la alegría de vivir, la alegría ante la belleza de la naturaleza, la alegría de un trabajo bien hecho, la alegría del servicio, la alegría del amor sincero y puro. Y si miramos con atención, existen tantos motivos para la alegría: los hermosos momentos de la vida familiar, la amistad compartida, el descubrimiento de las propias capacidades personales y la consecución de buenos resultados, el aprecio que otros nos tienen, la posibilidad de expresarse y sentirse comprendidos, la sensación de ser útiles para el prójimo. Y, además, la adquisición de nuevos conocimientos mediante los estudios, el descubrimiento de nuevas dimensiones a través de viajes y encuentros, la posibilidad de hacer proyectos para el futuro. También pueden producir en nosotros una verdadera alegría la experiencia de leer una obra literaria, de admirar una obra maestra del arte, de escuchar e interpretar la música o ver una película.

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O Emmanuel (23 diciembre)

Viernes, 23 diciembre, 2011

Antífona de las Visperas del 23 de diciembre

Oh Emanuel, nuestro Rey y Legislador,
esperanza de las naciones y su Salvador:
Ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

O Emmanuel, Rex et legifer noster, expectatio gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.

Hemos ido viendo como algunas de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento tienen su cumplimiento en Jesús. Así cuando el ángel anuncia en sueños a José la concepción virginal del Niño, dice Mateo, haciendo referencia a Is 7,14, que Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta:«La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros») (Mt 1,22). Y es que realmente el Niño de Belén es Dios-con-nosotros, el Emanuel, Dios encarnado en medio del pueblo. De igual modo, cuando el Señor reveló a Moisés el nombre de YHVH, (Yo soy el que estoy), es como di le dijera, Yo soy el que está siempre con vosotros, el que os acompaña en vuestra historia y se compromete con vuestro destino. Por eso, el Niño de Belén, aunque es una nueva presencia de Dios, se corresponde perfectamente con el nombre de Dios-con-nosotros.

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O Rex Gentium (22 diciembre)

Jueves, 22 diciembre, 2011

 Antífonas de las Vísperas del 23 de diciembre

Oh Rey de las naciones y deseado de las mismas,
piedra angular,
que de dos pueblos haces uno sólo;
Ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

O Rex Gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti. 

Las profecías mesiánicas de Isaías, anunciaban el nacimiento de un niño, hijo del rey Acaz, que continuaría la dinastía davídica con el nombre de Emanuel: Mirad, la doncella está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel (Is 7,14) Parece como si el profeta Isaías al mirar hacia el futuro, viera instaurado el reino mesiánico y lo saludara en el futuro rey, en el niño que iba ha nacer, de algún modo Ezequías, hijo de Acaz, prefiguraba al Mesías: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder y es su nombre: “Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la Paz”. Dilatará su soberanía en medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre (Is 9,5-6). También los Salmos cantan con frecuencia la realeza de Yahvé. (Cfr. Sal 24; 47; 96; 97; 98; 99). Leer el resto de esta entrada »

O Oriens (21 diciembre)

Miércoles, 21 diciembre, 2011

Antífonas de Vísperas del 21 de diciembre

Oh Aurora, 
resplandor de la luz eterna,
sol de justicia;
ven e ilumina
a los que están sentados en las tinieblas
y en la sombra de la muerte.

 “O Oriens, splendor lucis aeternae, et sol iustitiae: veni et illumina sedentes in tenebris et umbra mortis”.

¡Levántate, brilla, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece  sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y acudirán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora (Is 60,1-2). Es como si el profeta se dirigiera a nosotros en este Adviento. En medio de las tinieblas de nuestro tiempo se vislumbra una resplandor, brilla una esperanza: No será para ti ya nunca más el sol tu luz en el día, ni te alumbrará la claridad de la luna; será el Señor tu luz perpetua, y tu Dios no será tu esplendor; tu sol ya no se pondrá ni menguará tu luna, porque el Señor será tu luz perpetua (Is 60,19-20). Leer el resto de esta entrada »

O Clavis David (20 diciembre)

Martes, 20 diciembre, 2011

Antífona de las Vísperas del día 20

Oh llave de David,
cetro de la casa de Israel;
que abres y nadie cierra,
cierras y nadie abre.
Ven y saca de la cárcel
al prisionero sentado en las tinieblas
y en la sombra de la muerte.

La llave sirve para abrir y cerrar, es signo del que tiene la propiedad, del dueño y representa también el que tiene el poder en un oficio. Por eso cuando el profeta Isaías anuncia la investidura de Eliaquín dice que: le pondré en el hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá (Is 22, 22). Profecía de las llaves del Reino de Dios que solo corresponden a Cristo. Así vemos en el Apocalipsis Jesús es el Cordero que es digno de abrir los sellos del libro de la historia (Ap 5,1-9), y se le presenta como el que posee todo el poder mesiánico: “Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, el que cierra y nadie puede abrir” (Ap 3,7). El mismo lo confirmó cuando afirma que ha recibido del Padre todo el poder en el Cielo y en la tierra (Mt  28,19).  Leer el resto de esta entrada »

Fascinante misterio el del cuerpo

Jueves, 15 diciembre, 2011

Hace unos días la liturgia del Adviento nos recordaba que: Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).

Fascinante misterio el del cuerpo humano. Afirmar que el cuerpo es una de las fuerzas más poderosas que posee el ser humano me parece que no es exagerar. Evidentemente no me refiero a su fuerza física, sino a la fascinante y gigantesca fuerza que difunde con solo ser mostrado. Hay en él un brillo poderosísimo que evoca su origen modelado por el mismo Dios…  

Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).  

Fascinante misterio el del cuerpo. Y es que desde la caída original la hermosura de esta obra de Dios resulta con frecuencia deslumbradora y violenta para los demás. Por eso el pudor, que está mucho más inscrito en nuestra naturaleza de lo que pensamos, resulta la forma más eficaz de proteger a los demás del brillo de nuestro cuerpo. Porque del mismo modo que un automóvil me deslumbraría e impediría conducir si me enfocase con la luz larga de sus poderosos faros, así cuando una persona hermosa exhibe su cuerpo con la intención de deslumbrarme, violenta mi libertad de tal modo que no me deja otra opción que cubrirme o ser devorado por una luz que yo no he elegido; porque ya no puedo seguir adelante como si tal cosa.

Toda carne es hierba y su belleza como flor campestreLeer el resto de esta entrada »

 

En el centro del drama humano se encuentra una mujer embarazada. La historia de la humanidad está fechada en el nacimiento de su bebé.  De algún modo ella es el Adviento personificado. Te has dado cuenta que nadie es más paciente que una mujer embarazada. El bebé no puede ser adelantado. Esperar es lo único que puede hacerse. 

La voluntad de Dios, los caminos de Dios, el plan de Dios no puede ser adelantado. Su tiempo no es como nuestro tiempo. Dios no usa un reloj ni usa una agenda diaria. Dios tiene visión a largo plazo. En el Jardín del Edén, cuando su proyecto de vida y amor se vio frustrado, ya empezó a soñar con una “nueva Eva”, una mujer que heriría a la serpiente en la cabeza. 

Nada transforma una vida más que el nacimiento de un bebé. Una mujer se transforma en una madre, un hombre en padre, un niño o una niña se convierten en un hermano o una hermana. Sus vidas ya no son lo mismo. Nadie ha transformado la historia más que aquel Niño concebido por el Espíritu Santo en el vientre de aquella mujer, nuestra Madre, la Santísima Virgen María. ¡A Él le adoramos! ¡Ella nos encanta!

¡Una buena noticia! ¡Está embarazada! Su nacimiento está muy cercano. ¡El cuarto del bebé -el corazón- debe estar ya listo! La vida nunca será la misma. ¡Dios te salve María, llena eres de gracia! ¡Venid, adoremos!

¡La Vida pudo más que la muerte!

Aunque propiamente no es un elemento navideño, la Corona de Adviento nos prepara para la venida del Señor. Se trata de una corona hecha a base de ramas de ciprés o pino y atada con un listón o una cinta rojo y en la cual se colocan cuatro velas que recuerdan los cuatro domingos de adviento anteriores al día de Navidad.
Las familias se reúnen a su alrededor cada domingo, se enciende una vela y si se quiere se pueden recitar oraciones y villancicos como preparación al Nacimiento de Jesús.
Al parecer la simbología original es bastante universal y primitiva, y está relacionada con la muerte y renacimiento del sol en invierno. El círculo como símbolo del tiempo reflejado en el ciclo de las estaciones; las ramas, significando la persistencia de la vida a través del elemento vegetal y las velas como la luz del Sol, origen y fuente de la vida.
Cuatro velas decoran la corona de ramas verdes; en algunas coronas de adviento se pone una quinta vela, más grande y de color blanco, que se enciende el día de Navidad. El blanco en liturgia simboliza pureza y tiempo de júbilo, y es usado en los momentos principales del calendario litúrgico: Navidad y Pascua.
En las iglesias y en los hogares cristianos (iglesias domésticas) el encendido de las velas es una preparación para la Natividad, se comparte la luz en las largas noches de invierno, recordando a los creyentes la venida gloriosa de Jesús, Luz del Mundo, al final de los tiempos. La luz como símbolo de la revelación y salvación a través de Jesús es una constante en el Evangelio de Juan.

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