El maestro y el pájaro enjaulado

Jueves, 17 julio, 2014

Ave-descendiendo-en-la-puesta-del-sol-hermoso

Paseaban el maestro y su discípulo por la ciudad y se detuvieron ante una tienda cuyo escaparate estaba repleto de jaulas con pájaros multicolores.
 Tras contemplar unos instantes las aves el maestro preguntó:
¿Quién ama más a los pájaros: el que los tiene en una jaula, los cuida, les da de comer, impide que le ocurra ningún mal, o el que los deja en libertad?
El discípulo respondió sin titubear:
El que los deja en libertad…
Sonrió el maestro y dijo:
Pero en libertad se han de buscar el alimento y están expuestos a mil y un peligros…
 -apuntó el discípulo- Pero así son ellos mismos. Existen para ser libres…
Guardó silencio el maestro y luego añadió:
Lo mismo a hecho Dios con nosotros. Podía tenernos controlados. Procurar que no nos falte nada. Librarnos de todos los peligros. Impedir que sufriéramos… Pero nos ha hecho libres. Hemos de espabilarnos para vivir. Estamos expuestos al sufrimientos y somos capaces de hacer el mal. Y no aceptamos que eso lo ha hecho precisamente porque nos ama… Somos raros los hombres…
Y siguieron paseando por la ciudad…

Hoy en día es la libertad uno de los valores más defendidos y mejor considerados. Parece como si aquellos otros valores clásicos del honor, la honestidad, el heroismo, el servicio o la generosidad, hubieran quedado olvidados  en nuestros días… La libertad sigue estando en primera línea. La historia de arriba intenta dar una explicación acerca del fin de la libertad del hombre: es una participación, un chispazo del Amor de Dios que reverbera  en nuestra alma.

La lámpara de tu ser es tu ojo

Domingo, 22 junio, 2014

382La lámpara de tu cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras.

La mirada lo ilumina o lo oscurece todo. San Josemaría solía hacer notar de una manera gráfica y bromeando, la distinta impresión que se tiene de un mismo fenómeno, según se observe con cariño o sin él. Y decía -y perdonadme, porque es muy gráfico- que, del niño que anda con el dedo en la nariz, comentan las visitas: ¡qué sucio!; mientras su madre dice: ¡va a ser investigador!

Efectivamente, según miramos a los demás, así los vemos. Si les miramos con cariño, veremos lo que hay de bueno. Si les miramos con antipatía, nos fijaremos sólo en lo malo… y eso sí, siempre corregido y aumentado. En último término, encontramos en los demás lo que queremos ver en ellos.

No desconfiar de entrada. Estar alerta y prevenidos sí, pero no desconfiar:

A veces se hará necesario un poco de audacia para vencer prejuicios y desconfianzas

Se cuenta de un coreano buen cristiano y con preocupación apostólica que, en Pamplona, se subió a un autobús y vio a un japonés. El Japón y Corea han sido siempre enemigos acérrimos. Pensando en cómo podría entablar conversación con él, se sentó a su lado y le dijo: “Mira, aunque seamos de países tan distintos, para todos estos que están mirándonos, tú y yo, chinos”. 

Quizás aquí, frente a esos prejuicios que parecen inamovibles y determinantes, podríamos añadir aquello que poéticamente expresaba D. Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira. Todo lo hace el color del cristal con que se mira”.

1901733_712192045498729_1486487445_nEntre Alejandro Magno y su médico Felipo había una gran amistad, que arrancaba ya desde la niñez. En unas jornadas victoriosas, en las cuales pensaba derrotar completamente a su enemigo Darío, Alejandro cayó enfermo, al pare­cer, por haberse bañado durante una marcha agotadora en una laguna helada.
    Vino a perturbar más el ánimo del rey, ape­nado ya por no poder luchar, una carta de uno de sus más fieles generales. Le decía que no se fiase de su médico Felipo, que se había vendido al ene­migo y proyectaba envenenarle. El rey juzgó que su médico, amigo desde la infancia, no podía trai­cionarle. Con una mano tomó la bebida que le traía, al tiempo que, con la otra mano, le alarga­ba la nota de la denuncia.
    Mientras Felipo, aterrado, leía aquella acusa­ción, Alejandro degustaba el brebaje que su amigo médico le había preparado. Cuando lo acabó, le dijo:
    ‑Prefiero morir a desconfiar de mis amigos.
(Plutarco: Vidas paralelas)

La amistad es cosa sería. La desconfianza mata la amistad, Por eso el que no sabe o no quiere confiar en los demás está incapacitado para la amistad: para ser amigo y para tener amigos.

No se puede ir por la vida desconfiando de todo el mundo.“Ante todo debéis guardaros de las sospechas, porque ése es el veneno de la amistad” (San Agustín).

Amar de lejos es fácil

Viernes, 20 junio, 2014

80En la obra del escritor ruso Dostoyevski: “Los hermanos Karamazof”, el autor presenta una discusión entre el escéptico Iván y el bueno de Aliosha sobre temas religiosos. En un momento de la discusión Iván mantiene que es imposible el amor verdadero: al prójimo -piensa- no se le puede amar. Y cuando dice “prójimo”, se refiere al prójimo cercano, al que vemos y tocamos casi a diario, o sin casi. “Se puede amar de lejos -concluye-, pero de cerca, no”.

Para fundamentar sus convicciones recurre al ejemplo del hombre santo, que se entrega al prójimo, pero cuando surge lo desagradable -prosigue Iván- no tiene más remedio que hacer un esfuerzo ficticio, como imponiéndose a sí mismo un sacrificio: “¡Se puede amar al hombre invisible, repito; mas apenas aparece éste, desaparece el amor!”

La dificultad que se plantea el pobre Iván es común en aquellos que no distinguen el amor del sentimiento. No son lo mismo. Es precisamente en el sacrificio, en el vencimiento, donde se pone a prueba el auténtico amor; precisamente ahí es donde se distingue el amor del sentimentalismo.

El amor, al igual que la santidad, está tejido de luchas secretas, que sólo Dios y nosotros conocemos, y que tienen lugar en el interior del corazón. Amar es una maravillosa mezcla de sacrificios silenciosos, de gozos inefables, de momentos oscuros y de luces íntimas indescriptibles… Así es la vida de los santos y la de esos miles de hombres y mujeres que cada día se esfuerzan por mantener encendido el fuego de su amor. Se trata de un modo de vida que la percibe, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Francisco-Roma-Tierra-Santa-AP_CLAIMA20140527_0103_27Una persona, ciertamente alarmada, me comentaba ayer: “He oído que el Papa va a suprimir el celibato de los curas o que, al menos, ha abierto la puerta a esa posibilidad. Por lo visto ha dicho que no es dogma de fe…” Me puse a buscar en internet, y, en efecto, los titulares de noticias parecen haberse puesto de acuerdo para hablar de la famosa “puerta” que el Papa pareciera querer abrir…

Esto es lo que dijo exactamente el Santo Padre dijo en el avión de regreso de su viaje a Tierra Santa, a propósito de su encuentro con el Patriarca ortodoxo, Bartolomé:

―La Iglesia católica tiene sacerdotes casados, ¿no? Los católicos griegos, los católicos coptos, ¿no? Hay sacerdotes casados en el rito oriental. Porque el celibato no es un dogma de fe: es una regla de vida que yo aprecio tanto y creo que es un don para la Iglesia. No siendo un dogma de fe, está siempre la puerta abierta: en este momento no hemos hablado de esto, como programa, al menos en este tiempo. Tenemos cosas más fuertes que emprender. Con Bartolomé este tema no es tocado, porque, de verdad, es secundario en las relaciones con los ortodoxos, en este sentido.

Mas bien se trata de un elogio al celibato sacerdotal y ademas expresa el carácter muy secundario que tiene esta cuestión en su programa de trabajo. Francisco ha repetido, casi literalmente, lo que ya dijo, Juan Pablo II, Pablo VI, Pio XII, el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.

Bueno, quizá si haya una novedad: hasta ahora ningún Papa había hablado del celibato sacerdotal mientras volaba en un avión, es decir: el lugar menos adecuado para abrir la puerta.

¡Te quiero así…!

Miércoles, 30 abril, 2014

Happy boy  in the middle of wheat fields«¡Te quiero así…!» Y abría el niño los brazos ante su madre, como deseando estirarse hasta unir los horizontes en sus manos, mientras mamá sonreía emocionada, y, aprovechando los brazos abiertos del pequeño, lo tomaba entre los suyos, lo alzaba, y estampaba un beso en sus mejillas.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él.

«¡Te quiero así…!»… Y abrió Jesús sus brazos en la Cruz, uniendo en su cuerpo llagado Cielo y Tierra, y ofreciéndose a Sí mismo para la redención de cada alma. Esos brazos no se han cerrado; siguen abiertos, mostrando al mundo el Amor más grande, y queriendo abrazar al pecador que, contrito, acude a Él en busca de misericordia.

Ahora te toca a ti. Díselo a Jesús: «¡Te quiero así…!» Y abre tus brazos sin miedo. Deja de sufrir cerrado sobre ti mismo, como los egoístas, y muéstrale tus llagas para que las una a las suyas. Dale a Jesús tus dolores, viértelos en su Cruz como la gota de agua que se vierte en el vino en cada misa, y ya no vuelvas a quejarte, que estás siendo muy amado.

Un magnífico vídeo, que nos anima hacer un mayor esfuerzo por comprender a los demás:

Un Dios enamorado

Martes, 25 marzo, 2014

316 ¡Qué extraña manía, la que tiene Dios de arrodillarse! Él, ante quien toda criatura debería postrarse y toda rodilla debería doblarse, va y se enamora del hombre, se le derrite el corazón como cera en las entrañas, y cae de hinojos sobre una tierra que, endurecida por el pecado, ni siquiera tembló.

    La redención del género humano toma inicio en un romance, en el romance más hermoso que jamás vieron los siglos. En el seno de Ana se forma una criatura inmaculada, la más perfecta de entre las que salieron de las manos de Dios. Y el propio Dios, embelesado ante tamaña belleza, se rinde a su hermosura y enloquece enamorado. Para no quebrar su recato al deslumbrarla, y como preso de divina vergüenza, le pide a un arcángel que se postre a sus pies y le transmita la embajada: Has hallado gracia a los ojos de Dios. Es decir, Dios se ha enamorado de ti, María, bendita entre las mujeres. ¿Quieres ser la madre de su Hijo?

    Y María, que era virgen por enamorada, enrojece pudorosa al ver a un Dios perdidito por ella. Entiende el protocolo, y cae también arrodillada: Aquí está la esclava del Señor.

Autor: J-Fernando Rey Ballesteros

San José, el santo del silencio

Miércoles, 19 marzo, 2014

san-joseEs, desde luego, el santo del silencio. No dice nada en todo el Evangelio. Y esta discreción tan suya nos recuerda el valor insustituible que, para la oración, tiene el recogimiento. Las muchas palabras fatigan el cuerpo y dejan árida el alma. Sin embargo, el silencio, cuando se llena de Dios, abre puertas y ventanas al diálogo fecundo con el Señor. El verdadero silencio, el silencio de José, equivale a escucha atenta y receptiva: no hay otra forma de conocer la Voluntad de Dios sobre la propia existencia.

Y es también -cómo no iba a serlo- el santo de la devoción a la Virgen. Fue el primero en enamorarse de Ella, el primero en rendirse a sus pies, el primero en venerarla como Madre de Dios… Fue su custodio, su protector y su esposo. Es de los pocos hombres que conocen un secreto que a mí me abrasa el alma: él sabe cómo son los ojos de la Virgen. Si María nos lleva a Jesús, José nos lleva a María. Yo creo que se pasa la eternidad señalándola y diciéndonos: “¿verdad que es hermosa? ¿verdad que es buena? ¿verdad que es limpia? ¿verdad que es dulce? ¿verdad que es fuerte?”… Luego se pone en pie, y dice: “¡Es mi Esposa!”

Fuente: archivo personal

Campaña vocacional 2014

Lunes, 10 marzo, 2014

Aquí os dejo con este magnifico vídeo realizado por mis amigos del seminario metropolitano de Oviedo:

 

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