Un magnífico vídeo, que nos anima hacer un mayor esfuerzo por comprender a los demás:

Un Dios enamorado

Martes, 25 marzo, 2014

316 ¡Qué extraña manía, la que tiene Dios de arrodillarse! Él, ante quien toda criatura debería postrarse y toda rodilla debería doblarse, va y se enamora del hombre, se le derrite el corazón como cera en las entrañas, y cae de hinojos sobre una tierra que, endurecida por el pecado, ni siquiera tembló.

    La redención del género humano toma inicio en un romance, en el romance más hermoso que jamás vieron los siglos. En el seno de Ana se forma una criatura inmaculada, la más perfecta de entre las que salieron de las manos de Dios. Y el propio Dios, embelesado ante tamaña belleza, se rinde a su hermosura y enloquece enamorado. Para no quebrar su recato al deslumbrarla, y como preso de divina vergüenza, le pide a un arcángel que se postre a sus pies y le transmita la embajada: Has hallado gracia a los ojos de Dios. Es decir, Dios se ha enamorado de ti, María, bendita entre las mujeres. ¿Quieres ser la madre de su Hijo?

    Y María, que era virgen por enamorada, enrojece pudorosa al ver a un Dios perdidito por ella. Entiende el protocolo, y cae también arrodillada: Aquí está la esclava del Señor.

Autor: J-Fernando Rey Ballesteros

San José, el santo del silencio

Miércoles, 19 marzo, 2014

san-joseEs, desde luego, el santo del silencio. No dice nada en todo el Evangelio. Y esta discreción tan suya nos recuerda el valor insustituible que, para la oración, tiene el recogimiento. Las muchas palabras fatigan el cuerpo y dejan árida el alma. Sin embargo, el silencio, cuando se llena de Dios, abre puertas y ventanas al diálogo fecundo con el Señor. El verdadero silencio, el silencio de José, equivale a escucha atenta y receptiva: no hay otra forma de conocer la Voluntad de Dios sobre la propia existencia.

Y es también -cómo no iba a serlo- el santo de la devoción a la Virgen. Fue el primero en enamorarse de Ella, el primero en rendirse a sus pies, el primero en venerarla como Madre de Dios… Fue su custodio, su protector y su esposo. Es de los pocos hombres que conocen un secreto que a mí me abrasa el alma: él sabe cómo son los ojos de la Virgen. Si María nos lleva a Jesús, José nos lleva a María. Yo creo que se pasa la eternidad señalándola y diciéndonos: “¿verdad que es hermosa? ¿verdad que es buena? ¿verdad que es limpia? ¿verdad que es dulce? ¿verdad que es fuerte?”… Luego se pone en pie, y dice: “¡Es mi Esposa!”

Fuente: archivo personal

Campaña vocacional 2014

Lunes, 10 marzo, 2014

Aquí os dejo con este magnifico vídeo realizado por mis amigos del seminario metropolitano de Oviedo:

 

amorokEn la vida cotidiana es frecuente encontrarse con personas que dicen sentir atracción por alguien pero no saben si están enamoradas o no, si eso es amor o no. Es una cuestión con implicaciones éticas, y por eso lo tratamos aquí.

Conviene empezar por aclarar que para llegar al amor es preciso pasar por diferentes etapas. La primera etapa es la atracción. Realmente no se conoce a la otra persona y lo que manda es lo que se ve por fuera es decir, la apariencia física. Se trata de un impulso, que no es necesariamente voluntario. Con frecuencia distrae nuestro nivel de atención a otras cosas o provoca que nos comportemos con nerviosismo si esa persona nos dirige la palabra. Leer el resto de esta entrada »

Recuerdos de don Álvaro del Portillo

Miércoles, 12 febrero, 2014

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Tranquilo, que no es molestia

Martes, 4 febrero, 2014

tranquilidad-21[1]Aunque se habla de la «falsa humildad» para referirse a la cobardía o apocamiento, no es la única forma falsa de virtud que encubre un pecado. Existe también una «falsa caridad» que, bajo forma de delicadeza, disimula la desidia y la reviste de consideración: «El sacerdote está muy ocupado, el pobre. No le voy a dar la lata confesándome ahora»… Me lo ha recordado el evangelio de hoy:

Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Y, por no molestar, Jairo se hubiese quedado sin hija. Menos mal que le importó poco dar trabajo al Hijo de Dios.

    Lo mismo puede decirse de los sacerdotes: estamos para que nos molesten. Un sacerdote a quien nadie molesta, a quien nadie da trabajo, a quien nadie le cuenta sus penas… es un sacerdote frustrado. Los fieles tenéis la santa obligación de molestarnos, cansarnos, y a ayudarnos a entregar la vida. Y, si no lo hacéis, no os servirá de excusa el no haber querido molestar. Dios mismo quiere que nos molestéis todo lo que podáis, siempre y cuando sea para que ejerzamos nuestro ministerio. Si es para que os ayudemos a hacer la quiniela… Mejor no molestéis. Estamos confesando.

Historia de un letrero

Miércoles, 29 enero, 2014

Juan el-lechero y san josemariaEn el colegio Los Arcos, estoy insistiendo a los muchachos que hagan con frecuencia visitas al Santísimo, que está en el oratorio del colegio. Hace unos días les conté la historia de Olivia y la Misa, y hoy les contaré la de Juan el lechero:

San Josemaría, en La Iglesia de Santa Isabel se metía a primera hora en el confesonario, temprano. Y todas las mañanas, en medio de una confesión o de la lectura del breviario, oía abrirse violentamente la puerta de la iglesia y, a continuación, un estrépito de ruidos metálicos, seguido de un portazo. Curioso por saber de qué se trataba, porque no veía la puerta desde el confesonario, se apostó un día a la entrada de la iglesia. Al abrirse ruidosamente la puerta se dio de cara con un lechero, cargado con sus cántaras de reparto. Le preguntó qué hacía.
- Yo, Padre, vengo cada mañana, abro […] y le saludo: “Jesús, aquí está Juan el lechero”.
El capellán se quedó cortado, y se pasó aquel día repitiendo su jaculatoria: - Señor, aquí está este desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero. (Fuente: Vázquez de Prada, el Fundador del Opus Dei)

Se había conmovido mucho. La actitud de aquel hombre del pueblo era una manera preciosa de hacer oración. Y aprendía de él, y empleaba la historia de Juan el lechero, para que las personas que trataba aprendieran, también, a acercarse a la oración con esa naturalidad y confianza.

La prisa y la indisposición interior

Viernes, 24 enero, 2014

tunel y metroDurante años había preparado las piezas que hicieron vibrar los muros del más famoso auditorio de la gran ciudad de Nueva York. Los aplausos se prolongaron durante larguísimos minutos. El intérprete reconocía agradecido el clamor del público mediante reverencias llenas de ceremonia. Aún se vio obligado a hacer sonar dos piezas todavía más bellas. Por cortesía. Porque podía.
No sé a qué mente estrambótica se le pudo ocurrir la siguiente triquiñuela. Sin duda que fue una idea genial de imprevisibles consecuencias.
Decidieron vestir con andrajos al afamado virtuoso y ponerlo a la salida de una populosa estación de metro. Como si de un vagabundo se tratase. Debía tocar exactamente los mismos temas del memorable concierto, con idéntica pasión e intensidad. Como en el mismo cielo.
La audición gratuita duró cerca de una hora. ¿Adivinas cuál fue el resultado? Tan solo tres personas se pararon a escucharle, y ninguna más de un minuto. No llegó a sacar ni siquiera 10 dólares. El mismo que había quebrado los muros del teatro, conmovidos por la hermosura de su sonido, no fue capaz de captar la atención de casi ninguno de los viandantes.

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