10000994_4165176585643_348970557_o Aquí os dejo con esta preciosa selección de textos sobre la oración, realizada por nuestro colaborador Carlixto:

“Ora et labora” S. Benito (480 – 547)
La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Èl – San Agustin
La humildad es la base de la oracion-2559
Para mì, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría” Santa Teresa del Nino Jesús Leer el resto de esta entrada »

Mis recuerdos del beato Álvaro del Portillo

Sábado, 27 septiembre, 2014

descargaCon ocasión de la beatificación de Álvaro del Portillo pongo aquí, solo a modo de listado, algunos de mis recuerdos del queridisimo don Álvaro, en el tiempo que pasé en Roma:

  1. Al poco de llegar a Cavabianca, mi primer saludo con el mono de encargado de jardín…
  2. Cómo se reía en el “cronicón” de Navidad al escuchar mis ocurrencias (lo del perro en vestuarios: a ti te pasa lo que ami, que no aclaras)… “Rafita” al entrar y saludar desde el coche
  3. Al morir mi padre, la llamada telefónica de don Javier y del Padre: parada cardíaca (ah!), cuida a tu madre… yo aguante bien unos días hasta que me tras una tertulia, me llamó…  el rato que estuvimos hablando en la salita… ya me he enterado, tu madre … flojera y color de los ojos … pero tienes Padre… A partir de ahí se disiparon dificultades internas

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349Estoy pasando unos días en Altoclaro. Aquí, donde yo estoy, no hay internet y tengo cierta dificultad para enviar los post al blog. Así que no os extrañe algunas irregularidades. Aquí os dejo con este comentario al Evangelio de la misa de mañana: Martirio de san Juan Bautista:

“Si tuviera que elegir entre pasar mis días con un malo o con tonto, me quedaría tan perplejo que caería de rodillas y le pediría a Dios que eligiese por mí en qué cruz debo morir. Pero si te tocan los dos, como al Bautista, es que Dios tiene prevista para ti una gran santidad.

    A un lado tenía al tonto: Herodes. Éste era de los que iban a misa, aplaudían el sermón, y luego salían derechitos hacia el burdel. Respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Lo escuchaba con gusto. A saber: lo escuchaba con gusto, pero al terminar subía al catre de Herodías. Lo defendía, pero le cortó la cabeza. ¡Dios nos libre de feligreses tan devotos!

Al otro lado tenía a la mala: Herodías. Juan hizo lo peor que puede hacerse con estas personas: le “tosió”. Le dijo públicamente que eso de “rehacer la vida” se llama “concubinato”, y desde entonces Herodías juró devolverle el favor curándole el dolor de cabeza. Supo aprovechar la lujuria del tonto, esperar el momento adecuado, y encontrar el cebo perfecto: Su hija Salomé.

Salomé no era ni tonta ni mala. Era una… Hasta mañana”. (Fernando Rey Ballesteros) Leer el resto de esta entrada »

Ticio, el mosquito y el camello

Martes, 26 agosto, 2014

Ignoro si la expresión “filtráis el mosquito y os tragáis el camello” pertenece al refranero judío de los tiempos de Cristo o brota del agudísimo sentido del humor del Señor; pero, en todo caso, me parece divertidísima. Uno se imagina a un tal Ticio ante la leche del desayuno. Por algún motivo, en la taza se ha colado un camello (no me preguntéis cómo; tampoco sé en qué postura puede acomodarse semejante bicho dentro de un tazón, así que lo imaginaré como pueda, con jorobas y todo, nadando entre los cornflakes). El tal Ticio llama a gritos al camarero de la cafetería, y éste, al acercarse, se percata de que el animal que el beduino de la mesa de al lado había dejado atado al semáforo de la entrada se ha soltado de sus ligaduras y, ávido de cornflakes, se ha sumergido en la taza del pobre Ticio. Espera una potente regañina y una denuncia en el centro de salud, o en la protectora de animales.

Pero, ante su asombro, el Ticio señala con el dedo un punto entre dos copos de cereal, y le muestra al camarero un mosquito que, envidioso del camello, quería su ración de cornflakes. Vuelve el pobre camarero con unas pinzas, recoge suavemente el insecto, lo agita para que suelte la leche robada que llevara en el buche, y se marcha sin ocuparse del camello. El ticio levanta el tazón -animal incluido- y de un solo trago devora leche, cornflakes, camello y jorobas sin inmutarse. Luego se relame, se limpia el bigotillo con la servilleta, y se marcha con un eructillo mientras deja el precio sobre la mesa. Esta vez, a causa del mosquito -¡Qué vergüenza!- no habrá propina…

¿Quién es ese Ticio? Leer el resto de esta entrada »

Melbourne beach pier sunset 9.26.49 PMHemos hablado estos días de dos aspectos de la fe que son necesarios para la caridad. Nos queda el tercero, porque la caridad, además de presuponer la fe en lo que Dios ha revelado y creerlo porque es Él quien lo ha revelado, exige también tomar esa verdad como guía para dirigir toda la conducta hacia Dios («credere in Deum»). Es la dimensión de la fe a la que se refiere Camino:

Fe. –Da pena ver de qué abundante manera la tienen en su boca muchos cristianos, y con qué poca abundancia la ponen en sus obras. –No parece sino que es virtud para predicarla, y no para practicarla.

Se trata de entender la“vida de fe” como una fe que guía la vida. No podemos contentarnos con una perspectiva simplemente humana, que sería una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. Hemos captar la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen. La fe pide que adoptemos la perspectiva propia de la visión de los hijos que consideran todo con la lógica de Dios, la lógica de la fe. 

El contraste entre la “visión sobrenatural” y la “visión humana” se hace patente sobre todo en la actitud ante «el mensaje de la Cruz, necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan (…) fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1 Co1,18.24). La fe viva muestra que el camino del amor pasa por el sacrificio.

unnamedOtro elemento integrante de la fe es creer lo que Dios revela porque Él lo revela («credere Deo»). Antes incluso que creer algo, la fe es creer a alguien: “creer a Dios que se ha revelado”, “fiarse de Él”, “confiar en Él”. Y puesto que Él ha revelado que es amor, creer a Dios es “creer a Dios que nos ama” y por tanto y ante todo “creer que Dios nos ama”, “confiar en su amor por nosotros”.

Este aspecto de la fe es presupuesto primordial del amor a Dios. Quien no creyera que Dios le ama, quien no confiara en su amor, no podría amarle. Se comprende que san Juan, después de escribir: «Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene» (1 Jn 4,16), añada: «nosotros amamos, porque Él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Un punto de Forja manifiesta vivamente esta relación entre creer a Dios que nos ama y amarle con todo el corazón:

Dios me ama… Y el Apóstol Juan escribe: “amemos, pues, a Dios, ya que Dios nos amó primero”. –Por si fuera poco, Jesús se dirige a cada uno de nosotros, a pesar de nuestras innegables miserias, para preguntarnos como a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”… –Es la hora de responder: “¡Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo!”, añadiendo con humildad: ¡ayúdame a amarte más, auméntame el amor!

Creer en el amor que Dios nos tiene es también presupuesto de la caridad con los demás y, sobre todo, de su manifestación más propia y adecuada: el apostolado. Sólo puede realizar su misión apostólica con los demás hombres quien cree que Dios los ama y que puede y debe ser instrumento para unirlos con Él. Leer el resto de esta entrada »

Sunrise over the mountains - Karachay, Cherkess, RussiaSan Agustín sintetiza en estas tres dimensiones la vida de fe: credere Deo, credere Deum, credere in Deum»: “creer por Dios” o fiarnos de Dios (confiar en Él), “creer lo que Dios ha revelado” (tener por verdadera la doctrina que revela), y “creer hacia Dios” (dirigirnos hacia Él viviendo según lo que ha revelado). Veremos estos aspectos en estos días.

Empecemos por el aspecto de la fe como conocimiento de la verdad revelada (credere Deum: creer lo que Dios ha revelado): Dios es amor: el amor a Dios (y el amor a los demás por Dios) presupone el primer aspecto de la fe. Por eso dira san Josemaría: “Para la santidad, doctrina; para el apostolado, doctrina”: una doctrina que esté plenamente de acuerdo con el sentir de la Iglesia y que siga con toda fidelidad el Magisterio de Pedro. Leer el resto de esta entrada »

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