La ilusión es lo último que se pierde

Martes, 16 diciembre, 2014

Un magnífico villancico del Colegio Tajamar. Mas que un villancico parece un cortometraje. Bravo!!

A winter view of the American Falls and Goat Island at Sunset - Niagara Falls, New YorkSe acerca la Navidad y seguimos meditando sobre la Humanidad de Cristo, esta vez desde la perspectiva de la entrega y la vida ordinaria.

Para acercarnos a Dios hemos de emprender el camino justo, que es la Humanidad Santísima de Cristo” (san Josemaría, AD, 299). … El verdadero conocimiento de Dios es el que se encuentra en Cristo. “Todo el poder, toda la majestad, toda la hermosura, toda la armonía infinita de Dios, sus grandes e inconmensurables riquezas, ;todo un Dios!, quedó escondido en la Humanidad de Cristo para servirnos. El Omnipotente se presenta decidido a oscurecer por un tiempo su gloria, para facilitar el encuentro redentor con sus criaturas” (AD, 111). San Josemaría se apoya en el misterio de la encarnación, en una perspectiva descendente que no deja ninguna duda de que Cristo hombre es el Hijo amado, la imagen perfecta del Padre. Al mismo tiempo, la Humanidad de Cristo se convierte en punto de partida para el verdadero acceso a Dios, de forma que el círculo se completa en el movimiento ascendente que va desde la Humanidad al misterio insondable y cercano de la Trinidad. Leer el resto de esta entrada »

Entraña universal de la fe cristiana

Jueves, 27 noviembre, 2014

14 - 1He vuelto a tocar con la mano la urgente necesidad de que el espíritu de la Obra se difunda más y más por el mundo entero. ¡Qué gran labor nos espera en todas partes, y cuántas personas aguardan que les enseñemos el modo de convertir en divinos los caminos de la tierra! (Del Padre, Carta X-2001). Estas palabras, o muy parecidas a estas, fueron las que me ayudaron y finalmente me trajeron a Venezuela…

Pienso que está latente en cada cristiano una entraña misionera universal. Nada de lo que sucede a nuestros hermanos los hombres nos debe resulta ajeno. Los primeros cristianos tuvieron un gran sentido de la universalidad de su vocación y de su mensaje. El mandato del Señor: Id y anunciad a todas las gentes… resonaba con fuerza en su corazón.

Tener el corazón grande, sentir como propia la necesidad de que este mensaje de luz y de paz llegue a todos los rincones del mundo. Pero, claro, sin descuidar el cumplimiento del deber ordinario, con sentido sobrenatural, sacando adelante la labor apostólica allí donde estemos… Cada uno desde su sítio puede realizar esta universalidad evangelizadora de la fe:

El camino es por lo ordinario: el trabajo, unido a la Santa Misa, es apostolado; el empeño por santificar los deberes familiares es apostolado; la dedicación a los encargos de formación y de gobierno en la Obra es labor de almas; la tarea profesional de una madre de familia en su hogar, ofrecida a Dios, es una gran labor apostólica y proselitista; y el trabajo de la Administración de nuestros Centros es el apostolado de los apostolados (Beato Alvaro del Portillo).

Si cuidamos la profundidad de nuestra formación doctrinal y cultural, podremos ayudar eficazmente –con don de lenguas– a muchas personas, sabiendo mostrar a cada uno la belleza de la Verdad.

¿Qué tal va ese espíritu de servicio?

Miércoles, 26 noviembre, 2014

levi_sim_mua-1-6Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo (Gal 6, 2); el Señor nos ha enseñado con su vida a vencer cualquier obstáculo para atender a quien se encuentra necesitado, aún en cosas sencillas. Jesucristo vino no a ser servido sino a servir (Mt 20, 28) y nosotros, con nuestras miserias y limitaciones personales, somos otros Cristos, el mismo Cristo, llamados también a servir a todos los hombres (Es Cristo que pasa, 106).

Tenemos que estar en las cosas de la casa y en las cosas de los demás: arreglos, acompañar a alguien al médico, preocuparnos de la salud y del descanso de todos, etc. Si estás metido en las cosas de Dios.., estarás necesariamente en las cosas de los demás. 

Darse sinceramente a los demás es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría (Forja, 591). La familia es una realidad en donde no cabe bien la actitud egoísta y donde se hace necesario combatir al propio yo, cuando se resiste a servir en las cosas propias de la vida en familia: si no sabemos servir con alegría es porque somos soberbios. Tu humildad te ha de llevar a colocarte debajo de los pies –al servicio– de todos (Forja, 473).

Dice san Pablo que ahora vemos confusamente, como en un espejo (1Co 13, 12). Se refiere a Cristo. Su rostro ha quedado oculto desde su Ascensión, y lo vemos reflejado en las criaturas. En cada hermano buscamos el rostro del Señor. En la Naturaleza lo atisbamos. En nuestra historia, en todo cuanto nos sucede, vislumbramos su faz… Pero este espejo de las criaturas, a causa el pecado, está sucio y roto. El semblante de nuestro Salvador aparece desfigurado y envuelto en tinieblas. Estamos como cautivos en la noche, tratando de adivinar la luz por sus reflejos…  Cuando, finalmente, el Señor vuelva, el espejo se romperá: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes. Ese día será para quienes buscaban en las criaturas el reflejo de la faz del Salvador, y sufrían tratando de adivinar sus rasgos entre las tinieblas del espejo, será un día de gozó y saltarán de júbilo al contemplar cómo el espejo se quiebra, reverente, ante la venida del Señor que él anunciaba porque cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

La belleza del matrimonio

Miércoles, 19 noviembre, 2014

Aquí os dejo con este vídeo en el que el santo Padre Francisco habla del misterio del matrimonio

descargaPara los hijos de Dios, la muerte es vida” (AD, 79). Esta frase de san Josemaría resume bien su concepción del destino final del hombre. En su enseñanza destaca su modo positivo, amoroso y filial de comprender la muerte y el juicio divino.

“¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú” (C, 736). San Josemaría meditaba frecuentemente sobre la muerte, en cuanto realidad humana tan inexorable como el pasar del tiempo. La perspectiva de la muerte -tanto la suya como la de otras personas- le movía a la oración y a la acción. “Me hizo meditar aquella noticia: cincuenta y un millones de personas fallecen al año; noventa y siete al minuto (…): díselo también a otros” (S, 897). En parte, la consideración del tema fue provocada por su experiencia -tres de sus hermanas fallecieron siendo él muy pequeño- y por su intensa labor pastoral: entre sus escritos hay muchos relatos de sucesos ocurridos en torno al lecho de muerte: del gitano moribundo en un hospital en Madrid, que hace un bello acto de contrición (cfr. VC, III Estación); de una mujer que veía en su larga y penosa enfermedad la bendición de Dios (cfr. F, 1034); o de un doctor en Derecho y Filosofía, cuya brillante carrera quedaba truncada con la muerte en una sencilla pensión (cfr. S, 877). Leer el resto de esta entrada »

Un anuncio de Navidad

Martes, 18 noviembre, 2014

Bueno, ya empezamos a felicitarnos la Navidad. Aquí va este bonito anunció, inspirado en un hecho histórico acontecido en la Navidad de 1914, hace 100 años, durante la primera guerra mundial:

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