El golpe de pecho

Lunes, 19 noviembre, 2012

Seguimos con los comentarios a la obra de Romano Guardini: los Signos sagrados:

Ha comenzado la Santa Misa. El celebrante está en las gradas del Altar. Los fieles o, haciendo sus veces, el monaguillo, rezan: «Yo, pecador, me confieso a Dios Padre todopoderoso…, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa» Y al pronunciar la palabra «culpa» dan con la mano en el pecho.

¿Qué querrá decir eso de golpearse el pecho el hombre? Tratemos de escudriñarlo.

Para ello, comencemos haciendo bien ese acto. No un toquecito leve en la ropa con las yemas de los dedos; a puño cerrado hay que batir el pecho. ¿No has visto por ventura en alguno de esos cuadros antiguos a San Jerónimo en el desierto, hincado de rodillas, golpearse el pecho con una piedra? Pues así ha de ser: no mera ceremonia, sino verdadero golpe, que, asestado en las puertas de nuestro mundo interior, le ponga en sobresalto. Entonces entenderemos qué significa el golpe de pecho. Leer el resto de esta entrada »

El andar

Lunes, 22 octubre, 2012

Seguimos con R. Guardini, en su onra obra “Los signos sagradaos”. Se trata de una breve e interesante descripción de las distintas actitudes y gestos litúrgicos.

¿Son muchos los que saben andar? No consiste en ir de prisa o en correr, sino en moverse con sosiego. Ni en marchar a paso lento y furtivo, sino en avanzar resueltamente. El bien andante se mueve con ágil pie, sin arrastrarse. Airosamente erguido, no encorvado Sin vacilar, antes bien con equilibrio estable.
¡Cuánta nobleza no encierra el buen andar! Soltura, pero de buena crianza. Ligereza y gravedad, derechura y solidez, sosiego y fuerza de avance. Y según sea andar de hombre o de mujer, en esa fuerza se trasluce un rasgo de valor o de gracia; lleva algún peso externo, o bien un mundo interior de quietud radiante. Leer el resto de esta entrada »

De pie

Lunes, 15 octubre, 2012

Aunque lo teníamos un poco abandonado, volvemos con estos deliciosos textos de Romano Guardini, sobre las actitudes litúrgicas, esta vez se trata de la postura de estar de pie en el templo:
Hemos dicho que el respeto ante el Dios infinito requiere actitud comedida. Es Dios tan grande, y ante Él nosotros tan poca cosa, que el solo reparar en ello trasciende al exterior: nos empequeñece, nos fuerza a doblar la rodilla.
Mas puede también la reverencia mostrarse de otra suerte. Imagina que estás sentado, ora descansando. ora en conversación; llega de pronto una persona, para ti respetable, y te dirige la palabra. Puesto al punto de pie, le escuchas, y respondes a sus preguntas cortésmente erguido.
¿Qué viene a significar esa actitud? Ponerse de pie supone ante todo concentración de facultades y energías; de la postura de comodidad y abandono, pasamos a la de disciplina y rigidez. Entraña además atención; porque el estar de pie es actitud expectante y despierta. Implica, en fin, ánimo dispuesto; porque, de pie, ya está uno listo para marchar, como también para cumplir en el acto una orden o comenzar el trabajo que se le asigna.
Tal es la otra manera de actitud respetuosa ante Dios. Aquélla, de rodillas, propia de la adoración y perseverancia en la quietud; ésta, de pie, atenta y activa, propia del siervo solícito y del soldado en armas.
De pie escuchan los fieles la Buena Nueva, es decir, el Evangelio, leído o cantado, en la Santa Misa. De pie asisten los padrinos en la pila bautismal, prometiendo por su ahijado la guarda constante de la fe. De pie los novios, cuando ante el altar por palabra mutua de fidelidad contraen matrimonio. Y en tantas otras ocasiones.
También para el individuo puede ser a las veces expresión viva de los sentimientos del alma el orar de pie. Los primeros cristianos gustaban de hacerlo así. Conoces, sin duda, la imagen del Orante de las Catacumbas: cuerpo erguido, túnica descendente en nobles pliegues, brazos abiertos. Se le ve libre, pero disciplinado; apaciblemente atento a la palabra y presto a obrar con alegría.
No siempre podrás arrodillarte bien; estarías cohibido. En tales casos, bueno será te pongas de pie; es postura de libertad. Pero que sea un verdadero estar de pie. En ambos pies, y sin apoyarse. Las rodillas tensas, no encorvada una con dejadez. Recto y compuesto.
En esta actitud la oración es austera y libre a la vez, reverente y pronta a obrar.

De rodillas

Lunes, 11 junio, 2012

Aquí os dejo con este fragmento de Romano Guardini sobre el gesto de rodillas en adoración. Impresionante, como siempre:

Cual es la actitud del engreído? Se atiesa, yergue la cabeza, los hombros y el cuerpo entero. Su continente está diciendo: “Soy mayor que tú; soy más que tú” Pero cuando uno siente bajamente de si mismo y se tiene en poco, inclina la cabeza y agacha el cuerpo: “se achica”. Y tanto más, a la verdad, cuanto mayor sea la persona que tiene a la vista, cuanto menos valga él mismo en su propia estimación.
¿Y cuándo más clara que en la presencia de Dios la sensación de pequeñez? ¡El Dios excelso, que era ayer lo que es hoy y será dentro de cien mil años! ¡El Dios que llena este aposento, y la ciudad, y el universo, y la inmensidad del cielo estelar! ¡El Dios ante quien todo es como un grano de arena! ¡El Dios santo, puro, justo y altísimo!… ¡El, tan grande! … ¡Y yo, tan pequeño!… Tan pequeño, que ni remotamente puedo competir con Él; que ante Él yo soy nada.
Sin más, cae en la cuenta de que ante Él no es posible presentarse altivo. “Se empequeñece”; desearía reducir su talla, por no presentarla allí altanera; y ¡mira!, ya ha entregado la mitad, postrándose de rodillas Y si el corazón no está aún satisfecho, cabe doblar la frente. Y aquel cuerpo inclinado parece decir: “Tú eres el Dios excelso; yo, la nada.”
Al arrodillarte, no seas presuroso ni inconsiderado. Es preciso dar a ese acto un alma, que consista en inclinar a la vez por dentro el corazón ante Dios can suma reverencia. Ya entres en la iglesia o salgas de ella, ya pases ante el Altar, dobla hasta el suelo la rodilla, pausadamente; y dobla a la vez el corazón. diciendo: “¡Soberano Señor y Dios mío!…” Si así lo hicieres, tu actitud será humilde y sincera; y redundará en bien y provecho de tu alma.

Fuente: R. Guardini, en su libro, “Signos sagrados”, del original: VON HEILIGEN ZEICHEN, publicado por la Editorial MATTHIAS-GRÜNEWALD, MAGUNCIA, (c) E.L.E., S. A., 1957, Talleres Gráficos Agustin Núñez – Paris, 208 – BARCELONA

La Mano

Lunes, 4 junio, 2012

He encontrado este hermoso texto  de R. Guardini acerca de la mano:

El cuerpo entero es instrumento y espejo del alma. No reside ésta simplemente en aquél a la manera de una persona en su aposento, sino que vive y obra en cada uno de los miembros y en cada fibra; y habla por cada línea, forma y movimiento corporal. Rostro y mano son, empero, de especial modo instrumentos y espejos del alma. Leer el resto de esta entrada »

La Señal de la Cruz

Martes, 24 abril, 2012

He encontrado este hermoso texto acerca de la señal de la Cruz. Se trata de un fragmento de R. Guardini:

 Cuando hagas la señal de la Cruz, procura que esté bien hecha. No tan de prisa y contraída, que nadie la sepa interpretar. Una verdadera cruz, pausada, amplia, de la frente al pecho, del hombro izquierdo al derecho. ¿No sientes cómo te abraza por entero? Haz por recogerte; concentra en ella tus pensamientos y tu corazón, según la vas trazando de la frente al pecho y a los hombros, y verás que te envuelve en cuerpo y alma, de ti se apodera, te consagra y santifica.
¿Y por qué? Pues porque es signo de totalidad y signo de redención. En la Cruz nos redimió el Señor a todos, y por la Cruz santifica hasta la última fibra del ser humano. De ahí el hacerla al comenzar la oración, para que ordene y componga nuestro interior, reduciendo a Dios pensamientos, afectos y deseos; y al terminarla, para que en nosotros perdure el don recibido de Dios; y en las tentaciones, para que El nos fortalezca; y en los peligros, para que Él nos defienda; y en la bendición, para que, penetrando la plenitud de la vida divina en nuestra alma, fecunde cuanto hay en ella.
Considera estas cosas siempre que hicieres la señal de la Cruz. Signo más sagrado que éste no le hay. Hazlo bien: pausado, amplio, con esmero. Entonces abrazará él plenamente tu ser, cuerpo y alma, pensamiento y voluntad, sentido y sentimientos, actos y ocupaciones; y todo quedará en él fortalecido, signado y consagrado por virtud de Cristo y en nombre de Dios uno y trino.

Fuente: R. Guardini, en su libro, “Signos sagrados”, del original: VON HEILIGEN ZEICHEN
publicado por la Editorial MATTHIAS-GRÜNEWALD, MAGUNCIA, (c) E.L.E., S. A., 1957, Talleres Gráficos Agustin Núñez – Paris, 208 – BARCELONA

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