Este es el último lunes que dedicamos al libro La abolición del hombre, de Clive Staples Lewis. La entrada es continuación de Los Manipuladores de C.S. Lewis. Esta vez C.S. Lewis intentará definir lo que él entiende por naturaleza:

Naturaleza es una palabra de significados diversos, lo que se comprende mejor si se consideran los varios antónimos. Lo Natural es lo opuesto a lo Artificial, a lo Civil, a lo Humano, a lo Espiritual y a lo Sobrenatural. Lo Artificial no nos interesa en este momento. Sin embargo, si consideramos el resto de la relación de antónimos, creo que nos podemos hacer una primera idea de lo que los hombres han entendido por Naturaleza y por lo opuesto a ella. La Naturaleza parece ser lo espacial y lo temporal en contraposición a lo que es espacial y temporal en menor medida o no lo es en absoluto. Parece ser el mundo de lo cuantitativo, en contraposición al mundo de lo cualitativo; de los objetos frente a lo que tiene conciencia de sí; de lo predeterminado frente a lo que es total o parcialmente autónomo; de lo que no conoce el valor frente a lo que tiene y percibe el valor; de las causas efectivas (o, en algunos sistemas modernos, sin causalidad alguna) frente a las causas finales.

Ahora vuelve a insistir en la idea del riesgo que implica el desmesurado afán de conquistar la naturaleza:

Arrebatar potencia a la Naturaleza es también hacer capitular las cosas ante la Naturaleza. En la medida en que este proceso se detiene cerca de la escena final, bien se puede sostener que los beneficios superan a los inconvenientes. Pero tan pronto como afrontamos el peldaño final de reducir nuestra propia especie al nivel de mera Naturaleza, todo el proceso se viene abajo, pues esta vez el sujeto que pretende obtener beneficios y el que resulta ser sacrificado coinciden.

Terminamos con esta aguda observación :

Es como aquel irlandés que se dio cuenta de que un determinado tipo de estufa reducía a la mitad la factura de combustible y llegó a la conclusión de que usando dos de esas estufas podría calentar su casa sin utilizar combustible. Es la ganga que nos ofrece el mago: entrega tu alma, recibe poder a cambio. Pero una vez que hayamos entregado nuestras almas, es decir, que entregamos nuestras personas, el poder que se nos otorga no nos pertenecerá. Seremos, de hecho, esclavos y marionetas de aquello a lo que hayamos entregado nuestras almas: del poder del hombre para considerarse a sí mismo como mero “objeto natural” y para considerar sus juicios de valor como materia prima sujeta a libre manipulación científica. La objeción para proceder de tal modo no reside en el hecho de que este punto de vista sea desagradable o repulsivo (como la primera vez que se está en un quirófano) mientras nos acostumbramos a él: el desagrado y la impresión son como mucho una advertencia y un síntoma.

Pienso que ha sido una elección interesante, aunque la densidad del tema dificultó desde el principio la exposición por medio de pequeñas entradas. Espero que os haya resultado interesante. A continuación te copio el resto del capítulo 3:

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Los Manipuladores de C.S. Lewis

Lunes, 16 agosto, 2010

Los últimos lunes los hemos dedicado a La abolición del hombre, de Clive Staples Lewis. Esta entrada es continuación de “El Hombre ha derrotado a la Naturaleza” decía, mientras se estaba muriendo de tuberculosis. Se trata del comienzo del capítulo 3, el que da título al libro. Nos habíamos quedado en estas preguntas del autor: “¿En qué sentido es el Hombre el poseedor de un poder creciente sobre la naturaleza? Consideremos tres ejemplos típicos: el avión, la radio y los anticonceptivos”. Y aquí os dejo con esta magistral demostración cuya conclusión podemos adelantar en estos párrafos:

La conquista de la Naturaleza, si se cumple el sueño de ciertos científicos planificadores, resultará ser el proyecto de algunos cientos de hombres sobre miles de millones de ellos. Ni hay ni puede haber incremento alguno del poder por parte del Hombre. Todo poder conquistado por el hombre es también un poder ejercido sobre el hombre. Todo avance debilita al tiempo que fortalece. En toda victoria, el general, además de triunfar, es también el esclavo que sigue al coche triunfal. (…)

La naturaleza humana será el último eslabón de la Naturaleza que capitulará ante el Hombre. En ese momento se habrá ganado la batalla. Habremos “arrancado el hilo de la vida de las manos de Cloto” y, en adelante, seremos libres para hacer de nuestra especie aquello que deseemos. La batalla estará, ciertamente, ganada. ¿Pero quién, en concreto, la habrá ganado? El poder del Hombre para hacer de sí mismo lo que le plazca significa, como hemos visto, el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les place.

Aquí sigue el capítulo 3: Leer el resto de esta entrada »

Siguiendo con el texto La abolición del hombre, de Clive Staples Lewis. Esta vez nos centramos en el capítulo 3, que da título al libro: la abolición del hombre. El autor explica así su propósito:

“La conquista de la Naturaleza por parte del hombre” es una expresión utilizada habitualmente para describir el progreso de las ciencias aplicadas.

“El Hombre ha derrotado a la Naturaleza”, le dijo alguien a un amigo mío hace poco tiempo. En su contexto, estas palabras tenían una cierta trágica belleza, pues quien las pronunciaba se estaba muriendo de turberculosis. “No importa”, siguió diciendo; “Sé que soy una de las bajas. Está claro que hay bajas tanto en la parte ganadora como en la perdedora. Pero eso no altera el hecho de que sea ganadora”.

He elegido esta historia como punto de partida con el fin de poner en claro que no deseo menospreciar todo lo que de verdaderamente beneficioso existe en el proceso descrito como “La conquista humana”, y mucho menos toda la verdadera pasión y el sacrificio personal que lo han hecho posible. Pero una vez dicho esto, debo proceder a analizar esta concepción un poco más de cerca. ¿En qué sentido es el Hombre el poseedor de un poder creciente sobre la naturaleza? Consideremos tres ejemplos típicos: el avión, la radio y los anticonceptivos.

Releyendo el capítulo 3 me ha parecido tan importante que lo vamos a dividir en dos entradas que subtitularemos así:

  1. Los Manipuladores de C.S. Lewis
  2. “Ver a través” de todas las cosas es lo mismo que no ver nada (C.S. Lewis)

El capítulo 2 (El Camino) del libro que estamos analizando: La abolición del hombre, de Clive Staples Lewis, se trata de un capítulo extenso y rico en ideas. En síntesis Lewis dedica este capitulo 2 a evidenciar la contradicción interna del planteamiento de los autores de El libro verde, que ya vimos al tratar de los hombres sin pecho:

La mayoría de los que menoscaban los valores tradicionales o (como suelen llamarlos) “sentimentales”, tienen sus propios valores que parece ser inmunes a tal proceso de descrédito. Proclaman estar cortando con el desarrollo “parasitario” del sentimiento, de la aquiescencia religiosa y de los tabúes heredados con el fin de que los valores “reales” o “fundamentales” puedan salir a flote. Intentaré a continuación descubrir qué sucede si se afronta este problema seriamente.” …

Lewis tras entregarse en una lógica rigurosa a desvelar el trasfondo contradictorio que encierra el planteamiento de Gayo y Tito en El libro Verde, aclara al final del capítulo la otra postura más fuerte y rigurosa de quienes en realidad pretenden un pragmatismo total carente de valores éticos:

Con el fin de evitar malos entendidos, tengo que añadir que, a pesar de ser yo mismo teísta, e incluso cristiano, no estoy aquí esbozando ningún argumento indirecto a favor del teísmo. Tan sólo estoy argumentando que si debemos tener “de algún modo” valores, debemos aceptar los principios últimos de la Razón Práctica como algo con validez absoluta; así, cualquier tentativa, siendo escépticos en este punto, de volver a introducir el valor más bajo, sobre una base supuestamente más “realista”, está condenada al fracaso. Que esta posición implique un origen sobrenatural del Tao o no, no es una cuestión que me interese precisar aquí.

Entonces, ¿cómo se puede esperar que la mente moderna acepte la conclusión a la que hemos llegado? Este Tao al que parece que debemos atender como algo absoluto es, simplemente, un fenómeno como cualquier otro: el reflejo en las mentes de nuestros antepasados del ritmo que la agricultura imponía a sus vidas o, incluso, de su fisiología. Hasta ahora sabemos cómo se producen, en teoría, tales fenómenos: pronto lo sabremos con detalles; y, eventualmente seremos capaces de producirlos a voluntad. Por supuesto, cuando no sabíamos de qué modo se creó la mente, aceptamos este accesorio mental como un dato, incluso como un amo. Aun así, muchos objetos en la naturaleza que fueron nuestros amos se han convertido en nuestros esclavos.

¿Por qué no también éste? ¿Por qué se debe quedar corta nuestra conquista de la naturaleza, en estúpida reverencia, ante este elemento último y resistente de la “naturaleza” que hasta ahora se ha llamado conciencia del hombre? Nos amenazan con oscuros desastres si nos apartamos de ella: pero nos han amenazado en ese sentido los oscurantistas a cada paso de nuestro caminar, y todas las veces se ha mostrado falsa tal amenaza. Dicen que nos quedaremos sin valores si nos apartamos del Tao. Muy bien: probablemente, descubriremos que podemos desenvolvernos con comodidad sin ellos. Consideremos todas las ideas sobre lo que tenemos que hacer únicamente como una interesante rémora psicológica: apartémonos de todo eso y empecemos a hacer lo que nos plazca. Decidamos por nosotros mismos lo que debe ser el hombre y hagamos que lo sea: pero no sobre la base de un valor imaginado, sino porque queremos que sea eso y no otra cosa. Una vez dominado nuestro entorno, dominémonos a nosotros mismos y elijamos nuestro propio destino.

Esta es una posición muy plausible: y a los que la sostienen no se les puede acusar de contradictorios como a los escépticos sin corazón que aún esperan encontrar valores “reales” cuando han desechado los tradicionales.

Esto último supone el rechazo total del concepto de valor. Necesitaré otra lección para considerarlo.”

Seguiremos la próxima semana.

Cfr. Texto del capítulo 2 El Camino: Leer el resto de esta entrada »

El autor parte de la lectura casual de un pequeño libro de Lengua destinado a niños y niñas del ciclo escolar básico. Se trata de una obra cualquiera, con el único valor de ser representativa de toda una moda, que empezó hace treinta años, y cuya tesis principal es que el lenguaje no se refiere a nada objetivo: parece que nos estamos refiriendo a algo muy importante y, en realidad, sólo estamos haciendo referencia a nuestros propios pensamientos.

Lewis, en este primer capítulo, se propone desmontar esta idea, y más en concreto, el relativismo moral, mostrando la permanencia e inmutabilidad de la naturaleza humana y de los principios éticos fundamentales. Su crítica, breve y certera, resulta de gran interés.

Por cierto, la variedad de citas de diversas religiones que emplea en el capítulo, no significa que coloque a todas en el mismo nivel de validez, sino que le sirven únicamente para mostrar su tesis básica.

sentenció a muerte a la palabra
y así condenó al niño

Carol

En este enlace encontrarás en la red algo del Capítulo 1: Los hombres sin pecho. A continuación pongo algunos fragmentos que me han parecido más interesantes del capítulo 1:

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Llevaba tiempo buscando un libro para analizar en el blog. Ya sabéis que es una de nuestras secciones. Y al final, me he decidido por este: La abolición del hombre, de Clive Staples Lewis.

La elección ha sido motivada por la situación presente de crisis en sus diversos aspectos. Con el mismo Lewis podemos decir que:

“No se puede abrir un periódico sin encontrar la afirmación de que lo que nuestra civilización necesita es más “impulso” o dinamismo o autosacrificio, o “creatividad”. Con una especie de atroz simplismo, extirpamos el órgano y exigimos la función. Formamos hombres sin pecho, y esperamos de ellos virtud y arrojo. Nos burlamos del honor, y después nos sorprende descubrir traidores entre nosotros. Castramos, y esperamos fertilidad.”

Empezamos:

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