Ya sabéis que una de las temáticas habituales de nuestro blog es la mejora personal. Por ello, vamos a trabajar un libro que me parece interesnte: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen R. Covey. En este post os pongo lo que podríamos denominar los fundamentos o pilares del libro. Existen muchos y muy buenos resúmenes de esta obra, pero aquí iremos desarrollándola poco a poco. Espero que os resulte tan util como a mi. Quiero aclarar que no pondré entero el libro sino solo apartados que me parecen más interesantes. Empezamos con el Prólogo.

Al reflexionar sobre la tarea de escribir este prólogo constaté el reto que representa agregar valor al ya presentado por el doctor Stephen Covey en su obra. Fue así que recordé la experiencia que tuvimos durante un seminario que dictó Walter Santaliz en Colombia sobre el tema de los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, el cual tenía una duración de tres días. Durante el segundo día del seminario surgieron inquietudes y preguntas sobre los principios que dan sustento a los Siete Hábitos. La noche anterior al último día nos planteamos algunos de estos interrogantes y decidimos hacer una síntesis que nos pudiera mostrar una descripción de la esencia de cada hábito y el resultado que podríamos esperar al practicarlo. La tabla siguiente fue el resultado de esa reflexión:

Hábito Descripción Resultados
• Proactividad • Hábito de la responsabilidad • Libertad
• Empezar con un fin en mente • Hábito del liderazgo personal • Sentido a la vida
• Establecer primero lo primero • Hábito de la administración personal • Priorizar lo importante vs. lo urgente
• Pensar en ganar/ganar • Hábito del beneficio mutuo • Bien común Equidad
• Procurar primero comprender, y después ser comprendido • Hábito de la comunicación efectiva • Respeto Convivencia
• Sinergizar • Hábito de interdependencia • Logros Innovación
• Afilar la sierra • Hábito de la mejora continua • Balance Renovación

Para una explicación de estos hábitos: Read the rest of this entry »

El piloto Chuck Yeager inició la era de los vuelos supersónicos el 14 de octubre de 1947, cuando rompió la famosa barrera del sonido, aquel «invisible muro de ladrillos» que tan intrigado mantenía a todo el mundo científico de la época.  Por aquel entonces, algunos investigadores aseguraban disponer de datos científicos seguros por los que aquella barrera debía ser impenetrable. Otros decían que cuando el avión alcanzara la velocidad Mach 1 sufriría un tremendo impacto en su fuselaje y explotaría. Tampoco faltaron en medio de aquel debate quienes aventuraron posibles saltos hacia atrás en el tiempo y otros efectos sorprendentes e impredecibles.

El caso es que aquel histórico día de 1947, Yeager alcanzó con su avión Bell Aviation X-1 la velocidad de 1126 kilómetros por hora (Mach 1.06). Hubo diversas dudas y controversias sobre si verdaderamente había superado esa velocidad, pero tres semanas después alcanzó Mach 1.35, y seis años más tarde llegó hasta Mach 2.44, con lo que el mito de aquella barrera impenetrable se volatilizó definitivamente.

En su autobiografía, Yeager dejó escrito: «Aquel día de 1947, cuanto más rápido iba, más suave se hacía el vuelo. Cuando el indicador señalaba Mach 0.965, la aguja comenzó a vibrar, y poco después saltó en la escala por encima de Mach 1. ¡Creí que estaba viendo visiones! Me encontraba volando a una velocidad supersónica y aquello iba tan suave que mi abuela hubiese podido ir sentada allá atrás tomándose una limonada.»

«Fue entonces cuando comprendí —proseguía Yeager— que la verdadera barrera no estaba en el sonido, ni en el cielo, sino en nuestra cabeza, en nuestros conocimientos.»

En la vida diaria puede sucedernos a veces algo parecido. Tenemos planteadas en la cabeza muchas barreras a nuestra mejora personal, y nos parece que superarlas es algo imposible, o al menos que nos supondría un esfuerzo tremendo, o nos amargaría la existencia: algo parecido a lo que sucedía hace cincuenta años a quienes hablaban de la misteriosa barrera del sonido.

Sin embargo, superar la barrera de nuestros defectos es algo que, sin ser fácil —como no lo fue superar aquella barrera del sonido—, no es tampoco tan difícil; y sobre todo, que cuando lo logramos, nos encontramos —como experimentó Yeager aquel histórico día— con una nueva dimensión de la vida, quizá desconocida hasta entonces para nosotros, y que resulta mucho más satisfactoria y gratificante de lo que podíamos imaginar.

El camino de la virtud y de los valores es un camino que permanece oculto para muchas personas, que lo ven como algo frío, aburrido o triste, cuando en realidad se trata de un camino alegre, interesante, incluso seductor.

Pongamos un ejemplo. Trabajar de mala gana, hacer siempre lo mínimo posible, mostrarse egoísta e insolidario con los compañeros…, es el modo de plantear la profesión que rige la vida de bastantes personas. Algunas de ellas quizá piensan que trabajar con empeño e ilusión, o pensando en los demás, es un planteamiento utópico, un sueño inaccesible, un ideal para ingenuos. Otros quizá dicen que es un deseo muy bonito, pero lo ven como algo lejano y agotador; o que les supondría tal esfuerzo que no compensa ni intentarlo; o que lo han intentado pero les falta fuerza de voluntad. Otros dirán que también lo intentaron, pero por culpa de… (póngase aquí lo que proceda), ahora… ya pasan de todo. Y en casi todos los casos, parecen ignorar que ellos mismos son los principales perjudicados con esa actitud.

Aquel famoso debate de hace cincuenta años se repite con frecuencia en la vida diaria de muchas personas. Quizá lo mejor en este caso sea atravesar esa barrera y ver qué sucede.

Fuente: www.interrogantes.net

Cómo aliviar los sentimientos negativos

Lunes, 23 Noviembre, 2009

Seguimos con el libro “los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”. Esta vez Jonh Gray nos introduce en el campo de nuestro subconsciente. Para él, el trato y la apertura que tenemos con los demás, está directamente relacionado con el trato y apertura que tenemos con nosotros mismos. Según el autor, cuanta más resistencia ponga uno a sentir su dolor interior, más resistencia opondrá al hecho de escuchar los sentimientos de los otros. Si nos sentimos impacientes, intolerantes, etc., cuando los demás expresan sus sentimientos, es porque así mismo nos tratamos a nosotros. Además nos introduce en el interesante tema de las adicciones.

Para reeducarnos tenemos que comportarnos como padres de nosotros mismos. Debemos reconocer que hay una persona emocional dentro de nosotros que se perturba aun cuando nuestra mente racional de adulto dice que no hay razón para perturbarse. Tenemos que aislar nuestra parte emocional y convertirnos para ella en un padre afectuoso. Tenemos que preguntarnos: “¿Qué ocurre? ¿Te sientes herido? ¿Qué sucedió para que te sientas perturbado? ¿Por qué estas enojado? ¿Qué te entristece? ¿De que tienes miedo? ¿Qué quieres?”

Cuando escuchamos nuestros sentimientos con conmiseración, nuestros sentimientos negativos quedan milagrosamente aliviados y estamos en condiciones de responder a distintas situaciones en forma mucho más afectuosa y respetuosa. Al comprender nuestros sentimientos infantiles abrimos automáticamente una puerta para que los sentimientos afectuosos impregnen lo que decimos.

Si de niños nuestras emociones internas fueron escuchadas y aprobadas en forma afectuosa, siendo adultos no nos aferraremos entonces a nuestros sentimientos negativos. Pero la mayoría de nosotros no recibimos ese tipo de apoyo cuando éramos niños, de manera que tenemos que lograrlo por nuestros propios medios.

LAS ADICCIONES Read the rest of this entry »

Hay mucha gente que se aburre mucho

Martes, 17 Noviembre, 2009

Copio este post de www. interrogantes.net. Supongo que en en algún momento todos nos hemos podido sentir así. Este análisis del aburrimiento puede ayudarnos a interiorizarlo y puede servir de herramienta para combatirlo.

Hay mucha gente que se aburre mucho. A veces tanto que, por ejemplo, incluso en su refugio televisivo tienen que esforzarse para no ser engullidos por el zapping: van pasando continuamente de un canal a otro y en vez de poder elegir entre cinco programas distintos, al final resulta que todos les aburren y ellos mismos acaban arrastrados por esa posibilidad de pasar de un programa a otro y no se enteran de lo que sucede en ninguno.

Están tan perezosos y aburridos que no tienen fuerza ni para divertirse. Dejan simplemente pasar las horas sin encontrar nada que les ilusione. Las tardes se les hacen interminables, dicen que todos los días son iguales, que todo les cansa. Les cansa lo malo, y se cansan también de lo bueno. Y se aburren los que tienen poco, y se aburren, incluso más, los que tienen mucho.

El problema no son los aburrimientos transitorios, sino el que toma posesión del estado habitual de ánimo, el de esa gente que con veinte años dice que ya lo ha visto todo y que todo le aburre.

El aburrimiento es una enfermedad difícil de curar. Hace poco leí que hay tres remedios contra esta enfermedad del aburrimiento: el trabajo, el amor y el interés por los detalles pequeños. Y que esos tres remedios, además, sólo se venden en forma de semilla: que hay que tener un poco de paciencia, porque al principio son algo pequeño, pero luego crecen y acaban floreciendo e iluminando la vida.

El aburrimiento general no se combate divirtiéndose. Las diversiones pueden arrancar las hojas de la tristeza pero no arrancan su raíz. Las diversiones resuelven sólo pequeños instantes de aburrimiento.

La forma de resolver el problema global del aburrimiento es enamorándose de la tarea que nos ocupa la mayor parte del tiempo que en esta vida pasamos levantados de la cama: trabajar. Quien se entrega con generosidad al trabajo es difícil que conozca el aburrimiento. El trabajo es uno de los mejores educadores del carácter. El trabajo enseña a dominarse a uno mismo, a perseverar, a templar el espíritu, a olvidar tonterías y a muchas cosas más.

Interesa descubrir el valor grande de cosas que pueden parecer insignificantes. Nada es inútil. Todo es valioso. El encanto de una labor se esconde detrás de ese disfrutar terminando bien las cosas, cuidando esos detalles que hacen que nuestro trabajo sea un verdadero servicio a los demás.

Que no nos suceda como en aquella oficina vacía en la que un visitante hizo al ordenanza la siguiente pregunta: —¿Es que no trabajan por la tarde? Y la respuesta fue: —Cuando no trabajan es por la mañana. Por la tarde no vienen.

Cfr. www.interrogantes.net

Test de humildad

Martes, 3 Noviembre, 2009

Lo leía ayer, despacio, muy despacio…  Y me ayudó… Así que aquí te dejo con esto:

“Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:

–pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;

–querer salirte siempre con la tuya;

–disputar sin razón o –cuando la tienes– insistir con tozudez y de mala manera;

—dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;

—despreciar el punto de vista de los demás;

—no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;

—no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees; —citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;

—hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;

—excusarte cuando se te reprende;

—encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;

—oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;

—dolerte de que otros sean más estimados que tú;

—negarte a desempeñar oficios inferiores;

—buscar o desear singularizarte;

—insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional…;

—avergonzarte porque careces de ciertos bienes…”

de san Josemaría, en Surco 263

Si te interesa el tema, aquí sigue otro test sobre la humildad: Read the rest of this entry »

Testimonio de Carlota Ruiz de Dulanto

Viernes, 30 Octubre, 2009

Sigue habiendo gente buena. Gente muy buena!!

No olvides que el Dolor es la piedra de toque del Amor. (Camino 439)

La ilusión (una manera de vivir)

Martes, 27 Octubre, 2009

La cita es larga, pero merece la pena. Es de Miguel Angel Martí, que en su brillante ensayo sobre la ilusión (La ilusión, Editorial EUNSA, 1993), nos alienta a esforzarnos por vivir ilusionados, liberados de planteamientos ramplones, de cansancios vitales y de monótonos desencantos.

«La ilusión constituye una manera de vivir de unas personas determinadas: son esos hombres y mujeres que, de una forma habitual, encuentran diariamente motivos para ilusionarse, para hacer de cada jornada laboral un día festivo. Se les suele llamar personas de temperamento alegre, y parte de esa alegría les viene por su capacidad de ilusionarse, ya sea por un paseo o por el color de unas flores, da igual, porque cada una de estas manifestaciones de júbilo responden a una de actitud básica de vivir su propia vida, de esa personas de chispeante, de refrescante juventud, que les lleva a encontrar, en lo que otro tal vez ve la monótona repetición de un acto, una ocasión para disfrutar de la vida. Todo el mundo quisiéramos hacer de nuestra vida una existencia ilusionada. La meta es difícil, pero al estar rodeada de un cierto hábito de magia y utopía se hace sumamente apetecible.»

La ilusión está presente en los más variados ámbitos de nuestra vida, iluminándola y llenándola de alegría. Todos deseamos aprender de esas personas de vida ilusionada, de esas personas —continúa Martí—

«que han encontrado, a lo mejor sin saberlo ellas, el arte de vivir, y que lo manifiestan en el lenguaje vivo de sus ojos, en la frescura de su sonrisa, en esos olvidos de lo que para muchas personas constituye el tema central de sus conversaciones: enfermedades, accidentes, carestía de la vida, la ingratitud de los jóvenes… y una larga letanía de tonos oscuros y de tristes musicalidades, en esos olvidos —decíamos— que tanto se agradecen y que nos ayudan a abrir los ojos a espacios abiertos, refrescantes como la luz que los ilumina.

»Hace falta energía, grandeza de ánimo y finura de espíritu para hacer de la vida algo más que un producto a granel envuelto en papel de periódico (y a veces por la página de las esquelas). No siempre quizá lo consigamos, pero que debemos apostar por este tipo de vida me parece una exigencia de nuestra condición de hombres; eso sí, se sobreentiende, después de haber superado los falsos idealismos y los planteamientos inmaduros.»

Cfr. www.interogantes.net

Se trata de retrasar el reloj una hora: es decir a las 3.00 de la madrugada se pondrán los relojes a las 2.00. Ayer en mi casa hubo cierta discusión sobre el cambio horario. Así que decidí informar un poco sobre el asunto. De todas formas encontrarás información detallada en: Hora España, en Hora Europa , y en C. hora Países

ALGO SOBRE LOS ORÍGENES DE ESTA COSTUMBRE

El cambio horario tuvo su origen en el siglo XVIII año 1784, cuando el científico y diplomático estadounidense Benjamín Franklin en base a la idea del aprovechamiento diurno de luz natural planteó por primera vez adelantar los relojes una hora durante el verano, a fin de aprovechar mejor la iluminación natural y así consumir un menor número de velas para alumbrarse durante la noche. No obstante no llegó a ponerse en práctica.

En 1905 el constructor inglés William Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo previo al desayuno, cuando se sorprendió pensando cuántos londinenses dormían durante la mejor parte de un día de verano. Muy aficionado al golf, le disgustaba acortar su recorrido en el crepúsculo. Dos años más tarde, en Julio de 1907 publica su propuesta, aunque después de varios años de debates, William Willet fallece en 1915 sin ver aplicada su idea.

A raíz de la 1ª guerra mundial y con el propósito de ahorrar combustible, el kaiser Guillermo II de Alemania decretó el inicio del cambio de hora el 30 de abril de 1916, que también se aplicó a sus aliados y las zonas ocupadas, siendo los primeros países europeos en emplear el horario de verano. Varios países beligerantes y neutrales de Europa les siguieron, Rusia y otros países esperaron al año siguiente. Estados Unidos al igual que España no lo hicieron hasta 1918. Desde entonces, se han producido muchas propuestas, ajustes y revocaciones.

Adelantar una hora los relojes durante los meses de mayor insolación demostró ser una medida tan eficiente que algunos países decidieron conservarla permanentemente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cada vez más países se han adherido al Horario de Verano, y las reglas para su aplicación se han ido desarrollando para ser lo más claras y universales posible.

En 1973 los países miembros de la OPEP impusieron un embargo petrolero de importantes consecuencias económicas, por lo que las naciones industrializadas comprendieron la urgencia de impulsar medidas del cuidado de la energía, que al mismo tiempo permitieran reducir la fuerte dependencia que actualmente se tiene de los combustibles fósiles, tales como el petróleo y el gas. En 1974 comenzó a generalizarse el cambio horario de verano, aunque de manera desigual. (Fuente: Orígenes)

Hemos de entender que cuando vemos escrito: TU+2 h = Tiempo Universal + 1 hora de adelanto normalmente + 1 hora de adelanto en verano; que en invierno se quita por lo que quedaría TU +1 h. Para el horario europeo ver en: CEST

cambio horario

Cambio Hora España 2009
Cambio Hora España 2009


Imaginemos una persona convencida de que no sirve para algo determinado. Por ejemplo, se ha convencido de que es un mal estudiante. Con esa expectativa de fracaso, ¿qué proporción de sus recursos personales será capaz de movilizar? Parece obvio que la mayor parte de su potencial quedará inactivo. Esa persona ya se ha dicho así mismo que no sabe, que no se le da bien eso de estudiar, que nunca podrá ser un estudiante brillante. Lo malo es que el problema se agrava con su primera consecuencia: si comienza las clases o las horas de estudio con esas perspectivas, ¿qué actitudes tomará? ¿Serán actitudes seguras, positivas, firmes, enérgicas? ¿Reflejarán sus verdaderas posibilidades? Lo más probable es que no. Cuando una persona está convencida de que va a fracasar, ¿qué motivos tiene para poner un esfuerzo intenso y constante? Empieza con unas convicciones que subrayan lo que no puede hacer, y esas convicciones refuerzan actitudes de pasividad, de titubeo, de falta de firmeza. Movilizará una parte muy pequeña del potencial de sus recursos personales. ¿Qué resultados se derivarán de todo esto? Con toda seguridad serán unos resultados mediocres, en el mejor de los casos. Y esos resultados mediocres muy posiblemente reforzarán su convencimiento negativo inicial, la mala valoración que esa persona hace de sí misma, que estuvo en el origen del problema: no sirvo para estudiar, y esto no cambiará.

Es éste un ejemplo clásico de espiral descendente, de círculo vicioso de equivocada valoración de uno mismo. Cuando se cae en esa dinámica, el fracaso llama al fracaso. Además, con el paso de los años, al ser mayor el tiempo que han estado privadas de la experiencia de obtener buenos resultados, aumenta cada vez más su convencimiento de que son incapaces de alcanzarlos. Esto les lleva a hacer poco o nada por descubrir y potenciar sus propios recursos. Más bien, suelen tender a buscar la manera de quedarse tal como están haciendo el mínimo esfuerzo posible.

Imaginemos ahora a otra persona (o a esa misma pero con una actitud diferente). Tiene ilusión y esperanza. Tiene la convicción de que puede hacer rendir mucho más sus talentos. No digo que se crea ser lo que no es, sino que cree que puede sacar más partido a lo que en realidad es. ¿Qué proporción de sus recursos utilizará esa persona? Es indudable que mucho mayor. ¿Qué clase de actitudes tomará? Lo más probable es que sean más animosas, más seguras, con mayor energía. Estará convencida de que llegará más lejos, y pondrá más empeño para lograrlo. Con ese esfuerzo, producirá, con toda seguridad, resultados mejores.

Es una dinámica opuesta al círculo vicioso del que hablábamos antes. En este caso, el avance llama al avance (igual que antes el fracaso llamaba al fracaso). Cuando hay fe y hay esperanza, cada paso adelante genera más fe y más esperanza, y nos anima a avanzar a un paso aún más decidido.

Pero…, podríamos preguntarnos, ¿es que acaso esas personas no van a fracasar nunca? ¿Es que basta con estar convencido de poder alcanzar algo para alcanzarlo? ¿No es confundir la ilusión con la realidad? Es evidente que esas personas también fracasarán muchas veces, como todo el mundo. En el camino de la mejora personal, que es el camino hacia la felicidad, si alguien habla de un avance lineal y sin ningún traspié, sabe muy poco de la realidad humana. Pero no todo traspiés tiene por qué ser negativo: cabría citar aquí eso de que quien tropieza y no cae, avanza dos pasos.

La vida nuestra, nuestra historia personal, o la historia de la humanidad, nos muestra numerosos ejemplos de cómo mantener unas convicciones claras y firmes proporciona siempre a una persona una inagotable fuente de energía. Cuando, en cada pequeña o gran batalla diaria, sale victoriosa, se alegra y sigue adelante; y cuando fracasa, saca experiencia y sigue también adelante poniendo toda su ilusión.

Está claro que hay otros casos, bien distintos, de personas que en su ingenuidad piensan que pueden llegar a donde jamás podrán llegar. Son hombres o mujeres ingenuos, más o menos voluntaristas, mejor o peor intencionados, pero en todo caso muy poco cercanos a su realidad personal y a la realidad que les rodea. No me estoy refiriendo a esos casos, que además suelen ser pocos y bien patentes. Me refiero a las personas normales y corrientes, que comprenden que la clave de su vida no está lo que hayan recibido o les haya ocurrido, sino más bien en la interpretación que dan a eso cada día y lo que hacen en consecuencia.

Existe una leyenda entre los indios norteamericanos que cuenta cómo un bravo guerrero, en cierta ocasión, encontró un huevo de águila y lo puso en un nido de chochas, esas pequeñas aves zancudas tan frecuentes en aquellos lugares. El aguilucho nació y creció con las chochas y terminó por ser una más entre ellas. Para comer no cazaba como las águilas, sino que escarbaba la tierra buscando semillas e insectos. Cacareaba y cloqueaba. Correteaba y volaba a saltos cortos, como las chochas. Un día vio un magnífico pájaro, a gran altura, cuya silueta se recortaba en un cielo azul intenso. Su aspecto era majestuoso, aristocrático, real, imponente. —¡Qué pájaro tan hermoso! ¿Qué es?, preguntó la que era un águila cambiada, mientras sentía rebullir su sangre de un modo muy íntimo. —¡Ignorante! ¿No lo sabes?, cloqueó el vecino. Es un águila: la reina de las aves. Pero no sueñes, nunca podrás ser como ella. El águila cambiada lanzó un profundo suspiro nostálgico…, bajó la cabeza…, picoteó el suelo…, y se olvidó del águila majestuosa. Pasado el tiempo, murió creyendo que era una chocha.

A algunas personas les sucede como a esta pobre águila, inconsciente de su noble origen y de sus posibilidades. Han venido al mundo y hacen lo que ven que se hace a su alrededor, no se sienten llamados a nada grande. Cuando observan en otros algo digno de imitación (y suelen fijarse poco en eso), casi siempre lo ven como algo lejano e inasequible para ellos. No trascienden, no aspiran a más, se contentan con el aburrido transcurrir de la rutina de su entorno. No entienden de cosas grandes, de magnanimidad. Sus pensamientos y sus respuestas son siempre mezquinas y calculadoras. Pueden ser agudos, pero su lucidez (quizá su falta de lucidez) siempre está teñida de escepticismo. Son incapaces de pensamientos elevados o generosos, y piensan que quienes los tienen son unos ingenuos o unos falsos. Todo lo que hacen tiene el regusto de la mediocridad, incluso en la diversión.

Por eso, y para prevenir y prevenirse en la educación contra esa desgraciada mentalidad, es preciso esforzarse por crear un clima estimulante, un sensato y equilibrado ambiente de sentimientos audaces, magnánimos e ilusionantes.

Enfrentarse con lo difícil, alejarse de la posición de mínimo esfuerzo, es algo propio de la virtud de la magnanimidad. Una virtud que los filósofos medievales definían como un razonable empeño en alcanzar cosas altas. Y una virtud que parece muy necesaria en la educación del carácter, porque el hombre empequeñecido difícilmente acierta a comprender las ventajas que supone la liberación de esa mediocridad que le atenaza. Todos hemos de esforzarnos para que la mediocridad no se vaya adueñando de nosotros con el paso del tiempo. El apocamiento de ánimo es una sombra que, con el desgaste del transcurrir de la vida, puede acabar por manejarnos con sutileza, y lograr nuestra sumisión, sedando poco a poco nuestras esperanzas e ilusiones hasta hacernos casi subhumanos. Además, no debemos olvidar que difícilmente alcanzaremos una meta más elevada que la que nos hayamos propuesto. Hemos de ser capaces de observar en nuestra vida esos brillos que nos arrancan de la mediocridad, de la rutina, de la monotonía. Descubrir luces en lo que a primera vista se manifiesta opaco.

La grandeza de ánimo también requiere un poco de estilo. Hemos de evitar lo mediocre y lo mezquino, más que condenarlo altivamente. Porque —como decía Jean Guitton— cuando la grandeza de ánimo se alía a la altivez suele quedarse sólo en altivez, que es un horrible defecto. Cuando la grandeza se expresa sin rebajar a nadie, sin sobreelevarse a sí misma, entonces es una magnanimidad noble y con clase.

Cfr. www.interrogantes.net

Los Derrames Cerebrales

Domingo, 30 Agosto, 2009

Los Derrames Cerebrales - Existe un cuarto indicador muy práctico: La Lengua

Me ha enviado esta noticia Rafa, y aunque se sale algo del tema habitual de los domingos, me parece interesante ponerlo. No hace poco fue la lengua precisamente lo que indicó a unos conocidos que su madre acababa de tener un derrame cerebral.
Es dentro de las primeras tres horas, cuando el tratamiento de un derrame cerebral es más eficaz. Por eso, saber como identificarlo puede ser muy útil. Un regla es la conocida STR:

  • S* (Smile) Pidale  que SONRIA.
  • T* (Talk) Pídale a la  persona que HABLE o DIGA UNA SIMPLE FRASE (Coherentemente; p.e.: el día de hoy es soleado)
  • R* (Rise your arms) Pidale a él ó a ella que levante AMBOS BRAZOS.

Si él ó ella tienen problema en realizar CUALQUIERA de estas tres tareas, hemos de intentar ponernos en contacto con algún servicio médico. Además, existe otra señal bastante útil: advertir cómo saca la lengua. si le pedimos a la persona que saque su lengua.. y vemos que la lengua está torcida y se le sale por un lado o por el otro, es también una señal de derrame.

Bueno espero que nadie se inquiete al leer esto. Pero se trata de información que puede resultar útil en algún momento.

Los vientos dominantes

Martes, 18 Agosto, 2009

Alfonso Aguiló

Alfonso Aguiló

Me han enviado este artículo de Alfonso Aguiló, en www.interrogantes.net, y como me ha impactado os lo trascribo:

Hablando del qué dirán es muy clásico el ejemplo de la torre y la veleta. De esas torres medievales que desafían al paso de los siglos, y que a sus pies todo cambia, se mueve, se vende y se compra, pero ellas siguen ahí.

La solidez de la torre viene a ser el símbolo del carácter firme, de la persona que sabe cumplir su deber. La veleta, en cambio, está en la cúspide, resulta muy vistosa, se mueve a un lado y otro sin dirección fija. Tiene su utilidad, sí: saber hacia dónde va el viento dominante. Igual que las personas sin carácter: sirven para saber cuál es la moda del ambiente en que se mueven, pero para poco más.

Las personas cuyo carácter es como las veletas son menores de edad en cuanto a las razones. Quizá en su interior escuchan muchas voces, pero casi siempre sale ganando alguna de estas:

“es allí adonde va todo el mundo”;

“eso es lo que todos hacen”;

“nadie piensa así, ¿por qué voy a ser precisamente yo la excepción?”.

— Es cierto que el qué dirán supone una esclavitud de la opinión ajena, pero también los propios principios y la conciencia suponen una atadura…

Es un modo de verlo un poco negativo, pero sin duda hay que elegir entre ambas guías –o ataduras, como dices tú– del obrar y del pensar. Pero una es mucho más noble que la otra. Decir de alguien que es dueño de su voluntad y respetuoso con su conciencia es uno de los mejores elogios que pueden hacerse de una persona. Read the rest of this entry »

Albert Einstein

Albert Einstein

Cuanto Alfonso Aguiló, como todos habremos visto a un albañil subido a un andamio cantando alegremente mientras ponía ladrillos y, junto a él, a otro amargado y con mala cara, realizando ambos la misma tarea. O un conductor de autobús que hace su trabajo con satisfacción y procurando agradar a los viajeros, y, en su misma ocupación y condiciones, a otro que trabajando de mala gana y despotricando de todo. Y lo mismo al acercarse a una ventanilla, a la barra de un bar, al mostrador de una tienda, o al ir a la peluquería. Y lo mismo en las aulas. Y lo mismo en la familia. Hay padres y madres que se recrean en las tareas del hogar y en la educación de sus hijos, y padres y madres que parece que sólo saben quejarse del trabajo y los quebraderos de cabeza que les dan sus hijos, que dicen que no pueden más, que les agota, que se les hace pesado, que no hay quien lo aguante.

Muchas veces, la raíz de su tristeza y su desgana está en la pereza. En que son personas que se pasan la vida en una lucha —agotadora lucha, por otra parte— para rehuir el esfuerzo, para encontrar el modo de hacer menos y que sea otro quien haga las cosas.

El trabajo, las tareas del hogar, la educación de los hijos… cualquier persona emplea la mayor parte del día en esas tareas, ¿por qué entonces hacerlas de mala gana?: eso equivaldría a pasarse amargado la mayor parte de la vida.

Es verdad que a veces hay problemas, y problemas serios, y se hace todo muy pesado, y no apetece hacer nada. Pero también es cierto que, con un nivel de motivos de tristeza bastante parecido, hay gente habitualmente contenta y gente habitualmente descontenta. Quizá la diferencia esté en la filosofía con que cada uno se toma la vida. Se trata de:

  • - en vez de trabajar con desgana, procurar poner ganas, y ya acabarán apareciendo satisfacciones en ese trabajo;
  • - en vez de ver y de hacer ver el trabajo como una carga pesada, descubrir en él —entre otras cosas— una forma de realizarse, un motivo de satisfacción y una oportunidad de servir a los demás (Einstein decía que sólo una vida vivida por los demás merece la pena ser vivida);
  • - en vez de estar pensando en la hora de acabar, procurar esmerarse en lo que se está haciendo en cada momento;
  • - en vez de quejarse continuamente y crear un clima negativo, procurar poner ilusión y crear alrededor un clima positivo; etcétera.

Muchos padres dicen que sus hijos son muy perezosos. Perezosos, dicen, para levantarse, para estudiar, para llevar a cabo cualquier actividad que no implique diversión, y a veces incluso hasta para eso. Que todo les cansa, todo les aburre, que no saben pasarlo bien más que un rato. Que una simple contrariedad les conduce al abatimiento. Que les resulta difícil hacer frente al ocio, incluso mantener una afición o un hobby. Que no logran hacer lo que se proponen y eso les hace sentirse frustrados y estar tristes.

La pereza y, en general, la falta de una adecuada educación de la voluntad, constituyen una de las más dolorosas formas de pobreza: porque impiden a quienes la padecen disfrutar de la vida y recrear su espíritu al nivel que a nuestra naturaleza humana corresponde.

Cfr. www.interrogantes.net


La Escuela de Summerhill

Martes, 21 Julio, 2009

Escuela de Summerhill

Escuela de Summerhill

Nos cuenta Alfonso Aguiló que sobre el año 2000  se hizo pública la noticia de que el famoso internado británico Summerhill, escuela que en los año 60 se convirtió en el modelo de la educación anti-autoritaria, tendrá probablemente que cerrar debido al bajo rendimiento de sus —sólo— 66 alumnos. Esta escuela, fundada en 1921 por Alexander Neill, tuvo un espectacular auge en la década de los sesenta, pero después fue perdiendo gradualmente alumnos hasta quedar ahora semidesierta. Su método pedagógico es realmente peculiar: no hay exámenes ni calificaciones, la asistencia a clase es voluntaria y la vida del centro se rige en gran medida de modo asambleario por los propios alumnos. El caso es que los alumnos de Summerhill no salen bien preparados. La realidad es que apenas van a clase y que su formación —según un reciente informe del Ministerio de Educación británico— presenta asombrosas deficiencias. Efectivamente, si bien, el intento de esta escuela por erradicar el autoritarismo merece todos los elogios, sin embargo sus resultados muestran que, al menos, su planteamiento ha sido muy ingenuo.

Todos hemos de esforzarnos seriamente para conseguir cualquier objetivo valioso en la vida. Y para esforzarse seriamente en algo, resulta muy práctico —sobre todo en esas primeras etapas en las que se va conformando el carácter— procurar sujetarse a un plan exigente. Libremente, pero sujetarse.

Hacer lo que uno entiende que debe hacer supone muchas veces un esfuerzo considerable. Y una educación responsable ha de llevar a plantear y plantearse un alto nivel de exigencia personal.

Hay cada vez más personas que sólo quieren aceptar la parte fácil de la vida, son como un manojo de sentimientos. Quieren el fin, pero no los medios necesarios para alcanzar ese fin. Querer ser premios Nobel sin estudiar, enriquecerse sin dar ni golpe, ganarse la amistad de todos sin hacerles un favor, es ingenuo; no es serio.

Pero, este no enfrentarse con la realidad de la vida ¿a qué es debido? ¿por qué les ocurre? Porque están muy influidos por la comodidad. Porque no distinguen entre lo que es querer seriamente lograr algo, con todas sus consecuencias y poniendo los medios necesarios, y lo que es sencillamente una ilusión, un apetecerles, un soñar soltando la imaginación. Se necesita poner esfuerzo.  Para hacer bien una carrera son precisas muchas jornadas de clases y estudio que no siempre apetecen; para ser un buen atleta hay que perseverar en un entrenamiento muchas veces agotador; para dominar un idioma no bastan cuatro clases o unas semanas en el extranjero. Para casi todo hace falta esfuerzo y, si éste se rechaza, supone rechazar el fin, no querer de verdad. Así que, ya lo sabes, ¡ánimo y al toro! como decimos por aquí…

Cfr. www.interrogantes.net