Imagínate a un grupo de personas intentado cada una mover su automóvil a base de empujones. Haciendo un esfuerzo terrible con el que apenas consiguen desplazar el vehículo unos metros, y, además en cuanto dejan de empujar, el automóvil se para. Bastará un día entero empujando para que abandonen tan propósito, pues tanto sus fuerzas como su paciencia llegarán al límite: “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”.

Así me imagino que van las personas que intentan llevar su Cruz, la de cada día, “a base de empujar con fuerza, a pulso”, sin rezar, sin sacramentos, sin vida interior… Quieren ser generosos sin rezar, quieren vencer rencores y perdonar sin implorar la ayuda divina, quieren vivir conforme a su conciencia sin leer el evangelio ni formarse… Y claro, así no hay manera:  “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”. Leer el resto de esta entrada »

Más o menos así era el relato que  escuché hace años, y que pienso sigue siendo actual:

Un hombre cae en un agujero hondo y oscuro, rompiéndose al caer brazos y piernas. Pronto se escuchan sus gritos de dolor pidiendo ayuda. Por casualidad pasa por allí Confucio, el gran filósofo chino, que mirando al fondo del pozo, dice a aquel hombre: “Amigo, permíteme darte este sabio consejo: si algún día logras salir de ahí, ten cuidado de por donde andas para que no vuelva a sucederte lo mismo”. Dicho esto se marcho.

Poco después se acercó Buda por allí, el cual al ver al hombre le dijo: “Amigo, necesitas ayuda. Si puedes hacer tu parte, podré ayudarte. Intenta, controlar con tu mente el dolor y subir un poco a ver si te alcanzo con mis brazos”. Pero aquel hombre con sus piernas y brazos rotos fue incapaz de moverse. Entristecido, Buda se marchó de allí. Leer el resto de esta entrada »

Las cerezas de San Pedro

Martes, 13 marzo, 2012

Cuenta una antigua leyenda un viaje de Jesús y San Pedro por el mundo un día de fuerte y bochornoso calor. En un momento se encuentran en el camino una vieja herradura. Jesús le dice a Pedro que la recoja. Y Pedro replica:

- Si no es más que un trozo de hierro viejo y oxidado. No vale la pena molestarse en recogerla.

Jesús no dice nada; se agacha y la coge.

Más adelante se cruzan con un chatarrero. El Señor entabla conversación con él y le vende la herradura por dos cuartos.

Llegan a un poblado y Jesús, con aquellos dos cuartos, se compra medio kilo de cerezas. Siguen caminando. El sol arrecia y con él la sed. El Señor, de vez en cuando, se lleva una cereza a la boca y, disimuladamente, deja caer otra al suelo. Pedro, ávidamente, se agacha a recogerla, para poder refrescar su garganta.

Cuando las cerezas se acaban, Jesús dice al Apóstol:

- Ves Pedro: no has querido agacharte una vez para recoger la herradura y has tenido que agacharte más de una docena de veces, para recoger las cerezas que yo iba dejando caer. Eso te enseñará a no despreciar nada ni a nadie, por más pobre e insignificante que parezca.

***

No hay nada ni nadie que, a los ojos de Dios, no tenga valor. Si no valiese, sería absurdo darle la existencia o permitir que existiera. Lo que importa es saber valorar las cosas según los planes del Señor.

Nobleza obliga

Miércoles, 11 enero, 2012

Pero no basta con saber que somos hijos de Dios, es necesario tener lo que podríamos llamar “sentido de filiación“. Tener un sentido vivo de esta altísima dignidad es algo lógico y natural: Los hijos… ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres!     Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza!     Y tú… ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre-Dios? (Camino 265)
Este sentido de filiación divina es un don, un regalo que el Señor hace a quien quiere: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo lo quisiera revelar (Mt 11, 27). A modo de ejemplo de don, copio este relato de la experiencia de un santo: “Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico… y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa (…) Sentí la acción del Señor que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba! Pater! (…) Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo puedo decir el tiempo se pasó sin sentirlo. Me debieron tomar por loco. Estuve contemplando con luces que no eran mías esa asombrosa verdad, que quedó encendida como una brasa en mi alma, para no apagarse nunca. Años más tarde dirá: Aprendí a llamar a Dios Padre, en el Padrenuestro, desde niño; pero sentir, ver, admirar ese querer de Dios de que seamos hijos suyos…, en la calle y en un tranvía  -una hora, hora y media, no lo sé-; Abba, Pater!, tenía que gritar. (Cfr. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, p. 389-391)
Fue una gracia que Dios le otorgó para que se desbordase en otras almas, como la de aquel buen estudiante de la Central—, pensaba en lo que usted me dijo… ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, ‘engallado’ el cuerpo y soberbio por dentro… ¡hijo de Dios!» Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la «soberbia». (Camino 274).
Escribe santo Tomás de Aquino que “el premio de la virtud es el honor”. Por eso, el cultivo del sentido de la filiación divina nos dará también un “sentido del honor”. Cuantos olvidan o no conocen su dignidad de hijos de Dios, y viven como el hijo pródigo de la parábola, en la degradación de sí mismo por el pecado. Hasta que un día el recuerdo de la dignidad perdida le hace volver arrepentido hasta los brazos de su padre, que le pone un vestido nuevo, unas sandalias y un anillo, señales de su honor. Leer el resto de esta entrada »

Filiación divina

Miércoles, 11 enero, 2012

Filiación divina… Somos hechos hijos de Dios por el Bautismo. En la pila bautismal, cual seno materno de la Iglesia, se nos da a luz como hijos suyos. Y como nacidos de una misma Madre, la Iglesia, somos también todos hermanos. Y al igual que decimos de los que tienen un mismo lugar de origen, que son del mismo pueblo o ciudad, así todos los que tuvimos el mismo origen, la pila bautismal, somos del único Pueblo de Dios.
El domingo pasado, tras el bautismo de Jesús, escuchamos: Este es mi Hijo, en quien tengo mi complacencia. De algún modo, esto mismo se verifica en cada uno de nosotros. Todo un Dios desde el Cielo nos dice a ti y a mí: tú eres mi hijo amado.
Hace años vi en uno de esos folletos de formación para jóvenes una simpática viñeta. Sobre una nube aparecía Dios, sentado en su trono. Frente a Él, un coro angélico entonaba melodías cuya belleza se expresaba en el papel por medio de notas perfectamente dibujadas y ordenadas. Dios, sin embargo, no parecía prestar atención, distraído como estaba mirando hacia abajo, más allá de la nube, con una gran sonrisa que revelaba una inmensa simpatía. Abajo, en la tierra, un joven con las manos en los bolsillos, caminaba distraídamente tarareando algo. De sus labios salían unas notas arrugadas y “escuchimizadas” pero que deleitaban a Dios más que los cantos celestiales. Cuando el director del coro se acercó a ver qué distraía tanto a Dios, al ver a aquel joven, Dios le dijo: “Es que ¿sabes? ¡Es un hijo mío!”. No era la melodía de aquel susurro lo que gano el corazón de Dios, era el timbre cálido del Espíritu de su Hijo; el timbre cariñoso del amor a Dios. Ya ves, un ignorante, un patoso, tu y yo, podemos infundir a todo un Dios la más dulce de las ternuras, si, viviendo en gracia, procuramos agradarle en todo lo que hacemos.
¿Y por qué es esto así? Hace tiempo descubrí la respuesta. Estaba frente a mí, una madre joven cogía a su pequeñín y lo apretaba contra su pecho mientras no paraba de decir: ¡Ay mi pequeñín! Cuchi, cuchi, cuchi. Y le besaba: ¡Es que te comería a besos! ¡Ay madre, cuanto te quiero! ¡Mi niño!… ¿Por qué quiere tanto esa mujer a esa criatura que tiene en brazos? Sencillamente porque es su hijo. No hay otra razón.
Por eso, pase lo que pase en nuestra vida, recuerda: tú eres hijo de Dios… Y si alguna vez cayeras hasta lo más bajo, desde allí abajo, aunque aún estuvieras lleno de barro,  grita desde el hondón de tu miseria: ¡¡Padre!! Y Tu Padre, que es bueno, te escuchará y atenderá tu súplica.
Además tenemos a la Virgen Madre que nos abraza con su inmenso cariño, un cariño tan difícil de expresar con palabras. ¡Gracias Madre!

Miércoles, 21 diciembre, 2011

“Os Deseo a todos vosotros y a vuestras familias
que celebréis una Navidad verdaderamente cristiana,
de modo que las felicitaciones que intercambiéis ese día
sean expresión de la alegría de saber que Dios está cerca de nosotros y
quiere recorrer con nosotros el camino de la vida” (Benedicto XVI)

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo 2012

La Navidad es una luz en la noche

Miércoles, 14 diciembre, 2011

La Navidad es una luz en la noche, que ya no se extinguirá jamás. Una luz para que todos los que miren hacia Belén puedan contemplar a Jesús Niño, acompañado de María y de José… Pero solo el que mire con corazón puro encontrará además al Niño Dios, porque Dios sólo se manifiesta a los limpios de corazón: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Por eso la verdadera Navidad es también una llamada a la pureza interior. Muchos hombres quizá no vean nada cuando llegue esta fiesta, porque están ciegos para lo esencial. No se ve bien sino con el corazón: Lo esencial es invisible a los ojos (de ahí la impiedad y la falta de compasión).

Pero ¿que es lo que verdaderamente hace a una persona pura o impura ante Dios? El Señor lo dice muy bien cuando: llamando al pueblo les dijo: – Escuchadme y atended. Lo que entra por la boca no es lo que mancha al hombre, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre (Mt 15,10). Más tarde explicará a sus discípulos: Lo que sale de la boca, sale del corazón, y eso es lo que mancha al hombre; porque del corazón es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias; estas cosas sí que manchan al hombre, pero comer sin lavarse las manos, eso no le mancha (v.18). Los mismos pecados externos que nombra el Señor, antes que en la misma acción externa, se han cometido ya en el interior del hombre. El corazón: ahí es donde se ama o se ofende a Dios. Es el interior del hombre lo que hay que conservar sano y limpio, y todo lo demás será puro y agradable a Dios.

Casi siempre son detalles en apariencia pequeños pero que dejan al alma sumida en la mediocridad. «Mira -dice San Agustín- cómo el agua del mar se filtra por las rendijas del casco y poco a poco llena las bodegas del barco, y, si no se la saca, sumerge la nave… Imitad a los navegantes: sus manos no cesan hasta secar el hondón del barco; no cesen las vuestras de obrar el bien. Sin embargo, a pesar de todo, volverá a llenarse otra vez el fondo de la nave, porque persisten las rendijas de la flaqueza humana; y de nuevo será necesario achicar el agua». Y esos pequeños resquicios y tendencias egoístas no se arreglan de una sola vez, sino que exigen una disposición de lucha alegre y humilde.

«¿Cómo va ese corazón? – No te me inquietes: los santos – que eran seres conformados y normales, como tú y como yo – sentían también esas “naturales” inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido.» Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada” » (Camino 164) .

Ya te has dado cuenta de lo que vamos a pedir a nuestra Madre del Adviento: la limpieza de todos: Míranos con compasión ¡no nos dejes Madre nuestra! Se tú nuestra luz durante este caminar en el tiempo de la esperanza. Luz que nos permita descubrirle tras las  casualidades

María se revela a los más pequeños. Este es el mensaje que se puede atribuir a las apariciones marianas en Lourdes. Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1856, la Virgen se apareció 18 veces a Bernadette Soubirous, una niña de 14 años. Es en la gruta de Massabielle donde la joven muchacha ve por primera vez aquélla que describe como “una dama vestida de blanco que llevaba un vestido blanco, una vela blanca también, un cinturón azul y una rosa amarilla sobre cada pie”.

El 25 de marzo de 1858, María se revelará a Bernadette como “la Inmaculada Concepción”, un término que la pequeña pastora no comprende pero que confirmará el dogma definido por el papa Pío IX cuatro años antes.

La conversión de los pecadores y la oración son las principales peticiones que María hace a Bernadette. «Ve, dí a los sacerdotes que vengan aquí en procesión y que construyan una capilla». Este es el mensaje que la joven muchacha debe dar a su sacerdote, el padre Peyramale, que dudaba de la realidad de las apariciones. “Desde hace ciento cincuenta años, los peregrinos no han dejado nunca de venir a la gruta de Massabielle para escuchar el mensaje de conversión y de esperanza que se les dirigió. Y también nosotros aquí, a los pies de María, la Virgen Inmaculada, nos ponemos en su escuela con la pequeña Bernardette”. Leer el resto de esta entrada »

Ducha con sacrificio.

Jueves, 27 octubre, 2011

Seis hermanos, el mayor tiene 9 años. Está a punto de nacer el séptimo. Pero surgen problemas que dificultan el embarazo. La familia, además de los cuidados médicos, reza.

Recientemente han estado en Fátima. Prometieron a la Virgen que, si nacía bien y era niña, se llamaría Fátima. Todos los hermanos están muy pendientes de la que viene en camino.

Un día el mayor, Pablo, se acerca a su madre para darle un beso. Ella ve que tiene los brazos congelados. Le había encargado que bañase a dos hermanos pequeños. Los había duchado con agua fría, después de preguntarles, respetuoso con su libertad:

• ¿Qué queréis, ducha con sacrificio o sin sacrificio?

• Con sacrificio ­ contestaron ambos.

Lo habían pasado muy bien, según ellos. Pero al día siguiente se acabó la “ducha con sacrificio”. Hay que buscar sacrificios que no perjudiquen la salud. Pero sin miedo a romperse.

Hoy poca gente entiende el sacrificio cuando se hace por manifestar nuestro amor a Dios o por el bien del alma. Se entiende cuando la finalidad es la esbeltez del cuerpo o el triunfo en una competición.

Los astronautas para ir a la luna han hecho más sacrificios que muchos santos para ir al cielo. Un equipo de gimnasia rítmica se impone mayores sacrificios y privaciones que un convento de monjas. Las mujeres para meterse en una 36 aceptan un costo mayor que el de los ascetas. Se llega a extremos enfermizos.

Y la causa está en valorar más el culto al cuerpo que el cultivo del alma.

La actitud de escucha

Martes, 27 septiembre, 2011

Hace un tiempo leí que una de las decisiones más importantes en la vida de una persona, y que más condicionan el resultado global de su existencia, es una determinación que todos acabamos tomando, casi sin darnos demasiada cuenta, y es esta: si centramos nuestra vida en nosotros mismos o en los demás. Muchas personas, ya en el ocaso de sus días, hacen balance y se preguntan a qué se debe el resultado tan decepcionante de su vida… Todo nuestro entorno lanza llamadas continuas a despertar nuestra sensibilidad hacia las necesidades de los demás. Veamos algunos ejemplos:

Transcurren las vacaciones navideñas del año 1917 en Logroño, una pequeña ciudad española. Desde hace unos días nieva sin interrupción y el nuevo año entra con temperaturas glaciales. El termómetro desciende hasta dieciséis grados bajo cero.
Una de esas mañanas, un chico de quince años sale a la calle. Se llama Josemaría Escrivá. Contempla el espectáculo de la ciudad nevada. El amanecer ha sido blanco y transparente. Cuando pasa por delante del colegio de los Maristas, se encuentra con algo que llama poderosamente su atención y que variará el curso de su existencia: las huellas en la nieve de unos pies descalzos. Se para a examinarlas con curiosidad y observa que aquel rastro corresponde a la pisada desnuda de un fraile carmelita muy popular en la zona: el Padre José Miguel.
Se encuentra enseguida sumergido en una profunda remoción interior. En su alma irrumpe con fuerza una idea. Hay en el mundo personas, como aquel hombre, que hacen grandes sacrificios por Dios y por los demás. ¿Y yo? ¿No voy a ser capaz de ofrecerle nada? Leer el resto de esta entrada »

Casualidades…

Martes, 20 septiembre, 2011

Durante cinco años —cuenta el filósofo francés Jean Guitton fui prisionero de guerra en un campo de concentración destinado a oficiales, cuyo número ascendía a cinco o seis mil hombres.

»Aquellos hombres, obligados a la reclusión, privados de la familia que habían formado o esperaban formar, no podían evitar las reflexiones sobre la condición humana. Recuerdo que, durante un triste atardecer, no sabíamos qué hacer y uno de nosotros imaginó un extraño juego: cada uno debía contar de qué modo su padre había conocido a su madre.
»Como fácilmente se adivinará, todas las historias, pese a ser muy distintas, se parecían. Lo que había provocado el amor del hombre por la mujer o de la mujer por el hombre era, a menudo, un pequeño detalle: el hecho de perder un tren, una mirada, una simple palabra, un silencio más prolongado…
»Tras estas confidencias, en el barracón de los prisioneros se produjo un silencio metafísico. Cada uno de nosotros comprendía que aquello en virtud de lo cual uno mismo existía, había sido originado por algo insignificante, por un encuentro, por un rasgo en un rostro, por el color de unas pupilas. Cada uno de nosotros comparaba la desproporción entre el origen de su ser –una casualidad, un movimiento emotivo– y su propio ser, y comprendía que estaba ante un misterio, ante la desproporción entre algo fugaz y aleatorio, por una parte, y el universo espiritual, surgido de este hecho accidental, por otra».

El desarrollo de un amor, o de la lealtad a una decisión, suele comenzar de modo tan modesto y casual como el recogido por Guitton en este recuerdo autobiográfico. Hay frecuentemente una notable desproporción entre los inicios sencillos, y en apariencia quizá intrascendentes, de un afecto, y el amor ardiente e incondicionado que, después, ese afecto está llamado a ser. El amor humano, como el sobrenatural, ha de atravesar necesariamente un conjunto de etapas e incidencias, que son parte de la biografía de la persona y forman la historia de la fidelidad a lo que Dios le pide.

Sucede con el amor, y sucede también, por ejemplo, con el proceso de muchas conversiones. Se podrían contar miles de casos.

«Me llegó una carta –contaba la Madre Teresa de Calcuta de un brasileño muy rico. Me decía que había perdido la fe; pero no solo la fe en Dios, sino también la fe en los hombres. Estaba harto de su situación y de todo lo que le rodeaba, y había adoptado una decisión radical: suicidarse. Un día, en que aquel hombre iba de paso por una abarrotada calle del centro, vio un televisor en el escaparate de una tienda. El programa que estaban transmitiendo en aquel momento había sido rodado en nuestro Hogar del Moribundo Abandonado de Calcuta. Se veía a nuestras Hermanas cuidando a los enfermos y moribundos. El remitente me aseguraba que, al ver aquello, se sintió empujado a caer de rodillas y rezar, tras muchos años en que no había hecho ninguna de ambas cosas: orar arrodillado. A partir de aquel día recobró su fe en Dios y en la humanidad, y se convenció de que Dios lo seguía amando».

Fuente: Alfonso Aguiló en “La llamada de Dios”, apartado I. DIOS LLAMA A QUIEN QUIERE

Leo en Romereports, que el próximo viernes 13 de mayo se estrena en España ‘Alexia’, un documental sobre Alexia González-Barros, una niña española de 14 años que está en proceso de beatificación desde 1993 por la fe, entereza y alegría con que afrontó su enfermedad. La cinta incluye entrevistas con sus familiares, amigas, profesoras, médicos y sacerdotes que le ayudaron y con varios expertos en procesos de canonización.

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¿Quien sostiene tu vida?

Viernes, 11 marzo, 2011

Aconcagua

Ser cristiano a veces comporta riesgos, pequeños actos de confianza, de abandono… La vida interior se ha comparado muchas veces a una ascen­sión. Hay quien ha comparado la vida cristiana con una escalada de alta montaña, pero en la que vamos siempre asegurados por Dios: «el Señor sostiene mi vida» (Sal 53).
Cuentan que un alpinista empeñado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación. Pero como quería la gloria para el solo, subió sin compañeros. Su afán por llegar a la cumbre lo llevó a continuar el ascenso cuando ya apenas se podía ver y al poco la noche le llegó inesperadamente. No se veía  absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y cayó al vacío en medio de la oscuridad. Sintió como pasaba por su cabeza todos los momentos buenos y malos de su vida. Y de repente, sintió el tirón de la cuerda fortísimo en su cintura, por donde le sujetaba. Tras recobrar el sentido y comprender su desesperada situación suspendido en el aire, comenzó a gritar:
–¡Ayúdame Dios Mío! ¡Dios mio ayuda!
En ese momento escuchó como una voz interior que le contestaba:
–¿Qué quieres hijo mío?
–Sálvame Dios mío.
–¿Realmente crees que yo te pueda ayudar?
–Por supuesto Señor.
–Entonces, corta la cuerda que te sostiene.
Pero aquel alpinista, aterrorizado, se agarró todavía más fuertemente a la cuerda. Al día siguiente, el equipo de rescate encontró al alpinista muerto, agarrado fuertemente con las manos a la soga… ¡a tan solo dos metros del suelo…!
Si vamos sujetos a Él no tenemos porqué preocuparnos. Necesitamos fiarnos del Señor, porque hay sucesos que no entendemos o cosas que puede que no le veamos sentido, por ejemplo la mortificación. Por eso lo más difícil en la vida espiritual es el abandono, la confianza absoluta en Dios, aunque a uno le parezca que es lo contrario a lo que nos pide. Fiarse de Dios, que nos quiere.

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De excursión con el GPS

Sábado, 5 febrero, 2011

Este sábado hasta media tarde he estado en Santa Eulalia de Cabranes, con n, naturalmente. Salimos en plan familiar y aunque eramos pocos (una docena), tuvimos un buen paseo y una grata comida. tengo desde hace poco un GPS y la verdad es que nos resultó de gran ayuda para el encontrar el sitio.

Aquí os dejo con algunas curiosidades sobre los satélites (algunos son para el GPS) que rondan sobre nuestras cabezas, 13.000 según los expertos. Satélites alrededor de la Tierra. Hay tres grandes maneras de ver estos satélites:

Además he encontrado este web sobre los Alpes en bicicleta, que podría ser el modelo a seguir para programar las excursiones en esa zona, para el que pueda tener esa oportunidad ¡suerte!: Ciclismo de los Alpes añade juegos, excursiones y mucho más Mientras que usted podría comenzar en su página de inicio y seleccione una ruta, te aconsejo que empieces con el ” Pequeño San Bernardo “, ya que cuenta con todas las opciones disponibles.

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