La única cosa que todos los seres humanos tenemos en común es que cada uno de nosotros quiere ser feliz, dice el Hermano David Steindl-Rast, un monje benedicto y erudito interreligioso. Y la felicidad, sugiere, nace de la gratitud. Una lección inspiradora para detenerse, mirar a dónde se va y, sobre todo, ser agradecidos.

A raíz de este comentario del Papa Francisco “Ahora, cada uno que rece el Padrenuestro en su propia lengua” dirigido a los seminaristas y novicias de todo el mundo el pasado 6 de julio, me ha venido la siguiente reflexión acerca de Babel, Pentecostés y la Nueva Evangelización:

Antes de la construcción de la torre de Babe!, todos los hombres hablaban la misma lengua, Dios diversificó las lenguas precisamente para castigar el orgullo que demostraba esta empresa. El milagro de pentecostés no restituye a los hombres aquella lengua única que habían perdido en Babel, no les da a los apóstoles esa lengua única que pudieran comprender todos sus oyentes. Les da, por el contrario, hablar a los oyentes en la lengua de cada uno, en tantas lenguas como son los países representados en el auditorio. La lección es clara: es a la Iglesia a la que corresponde asumir todas las lenguas de los hombres, todas las culturas que tienen su expresión y su vehículo en esas lenguas. No se trata tanto de conducir a los hombres a comprender su lenguaje, como de hablarles en la lengua que ellos tienen.

La misión universal de la Iglesia la exige precisamente a retraducir sin cesar de nuevo su mensaje para hacerlo inteligible a los hombres, entre todos los pueblos y a través de todos los tiempos, según su lengua, su cultura y sus modos de pensar. Una tarea ardua, pero precisamente para cumplirla recibió el Espíritu Santo el día de pentecostés.

Los santos son “los brazos de Cristo”

Miércoles, 26 junio, 2013

Hoy 26 de junio, festividad de san Josemaría, os dejo con este artículo de Mons. Joaquín Alonso que convivió a diario con él durante más de 20 años:

 ¿Qué “trama” un santo desde el Cielo? En este mundo, los santos han vivido para amar a Dios y a los demás, imitando a Jesucristo que «pasó haciendo el bien». Pero cuando llegan al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, “no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. (…) Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero”.Parece, en efecto, que en el cielo Dios les concede la posibilidad de continuar la misión que cumplieron aquí abajo, pero aún más fecundamente. Desde el cielo os podré ayudar mejor, nos decía San Josemaría al final de su vida, a la vez que nos pedía que rezáramos por él, para que se “saltara” el Purgatorio.Después de más de 20 años trabajando cerca de este santo, he comprobado que tenía razón. Fue enorme la ayuda de su vida santa a quienes le rodeábamos y a tantos millones de personas a través de sus libros. Pero desde que dio el salto al cielo, su ayuda se ha multiplicado y ha llegado a una inmensa multitud de corazones, por obra de su intercesión ante Dios por las necesidades, grandes o pequeñas, de muchas personas. Y lo más interesante: que si intercede, por ejemplo, para que una chica encuentre la lentilla que perdió en el autobús, toca, a la vez, ese corazón, para que dé entrada a Jesucristo.

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¿Me seguirías?

Sábado, 18 mayo, 2013

Me recomienda Rosa este vídeo. Me parece que tiene calidad artística, además de envíar un mensaje profundamente cristiano. Un ejemplo de lo que se puede hacer de cara al Año de la fe:

BJ214bOCYAA49QYVen, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido, luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo

Recuerda Fulgencio Espa un texto de ya hace más de cien años, en el que un escritor ateo presentaba una escena aún hoy desgarradora. Describía a un hombre entrando con un farol en una gran plaza, diciendo a voz en grito: “¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!… ¿A dónde se ha ido Dios?… Os lo voy a decir… ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le hemos matado!… Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos”. Aquí el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio; también ellos callaban y le miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apago. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres” (F. Nietzche, la gaya ciencia).

Parecería como si se hubiera cumplido la profecía de Nietzsche, como si lo sagrado y lo religiosos fuesen reliquias del paso, y se hubiera hecho de Dios una idea vacía, sin contenido real. Por eso tu y yo vamos a pedirle a Espíritu Santo con insistencia que se haga presente en el mundo hoy también! Que venga en nuestra ayuda y en la de tantos hombres que necesitan sentir su efecto. Que necesitamos su fuerza para combatir la putrefacta profecía de los sembradores de muerte. Por eso, tu y yo repetiremos de memoria muchas veces estos días:

Ven, Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido,
luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo

El despojamiento

Martes, 5 febrero, 2013

Nuestra fe se profundiza con la pérdida de los sistemas de seguridad que tenemos, con la pérdida de esos elementos que nos hacen tener una sensación de fortaleza, de poder y de importancia. La privación de esas cosas deja en nosotros el espacio necesario para la fe, la cual requiere de la humildad. Dios, al privarte de tu fortaleza y poder, te acerca a él, hace que lo necesites más y te coloca en la verdad; y esto es una gracia invaluable. San Juan de la Cruz dijo que Dios ama a las almas aún más cuando las despoja, porque es entonces cuando los hombres pueden llegar a la plenitud de la fe. Cuando no tienes apoyo en ningún sistema de seguridad, entonces puedes ser atraído por Dios como tu único apoyo, como la única roca que te salva.
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Como decíamos además de la familia, Benedicto XVI en el discurso navideño a la Curia romana del pasado 21 de diciembre 2012, dedicó un amplio espacio a la interesante cuestión del diálogo y del anuncio del mensaje de Iglesia:

Con esto quisiera llegar al segundo gran tema que, desde Asís hasta el Sínodo sobre la Nueva Evangelización, ha impregnado todo el año que termina, es decir, la cuestión del diálogo y del anuncio.

a) Hablemos primero del diálogo. Veo sobre todo tres campos de diálogo para la Iglesia en nuestro tiempo, en los cuales ella debe estar presente en la lucha por el hombre y por lo que significa ser persona humana:

  1. el diálogo con los Estados,
  2. el diálogo con la sociedad –incluyendo en él el diálogo con las culturas y la ciencia– y
  3. el diálogo con las religiones.

En todos estos diálogos, la Iglesia habla desde la luz que le ofrece la fe. Pero encarna al mismo tiempo la memoria de la humanidad, que desde los comienzos y en el transcurso de los tiempos es memoria de las experiencias y sufrimientos de la humanidad, en los que la Iglesia ha aprendido lo que significa ser hombres, experimentando su límite y su grandeza, sus posibilidades y limitaciones. La cultura de lo humano, de la que ella se hace valedora, ha nacido y se ha desarrollado a partir del encuentro entre la revelación de Dios y la existencia humana. La Iglesia representa la memoria de ser hombres ante una cultura del olvido, que ya sólo conoce a sí misma y su propio criterio de medida. Pero, así como una persona sin memoria ha perdido su propia identidad, también una humanidad sin memoria perdería su identidad. Lo que se ha manifestado a la Iglesia en el encuentro entre la revelación y la experiencia humana va ciertamente más allá del ámbito de la razón, pero no constituye un mundo especial, que no tendría interés alguno para el no creyente. Si el hombre reflexiona sobre ello y se adentra en su comprensión, se amplía el horizonte de la razón, y esto concierne también a quienes no alcanzan a compartir la fe en la Iglesia. Leer el resto de esta entrada »

http://alkafala.files.wordpress.com/2011/07/nino_llorando1.jpg?w=196&h=300Tomás encerrado, grita con todas sus fuerzas y se aferra con firmeza a la valla de madera. Otros niños juegan indiferentes a su alrededor. Lo que más llama la atención, es que nadie parece hacerle caso. Bueno, las profesaras si parecen estar pendientes, pero tampoco demasiado. Y es que están cansadas de que todos los días del mes que lleva de colegio no haga otra cosa más que llorar. Todos los días igual: aguanta unas horas distraído por la mañana y luego se sume en su inconsolable llanto.

Su hermano, un poco más grande, tampoco le hace mucho caso: ¡ya lo superará!… Y es que la causa de la desesperación del pequeño es que está persuadido de que sus padres no volverán a recogerlo y se quedará en el colegio toda la vida.

La otra mañana acertó a pasar por allí el sacerdote del colegio y al verlo llorando se acercó solícito a ver que le pasaba. Una profesora le puso sobre aviso acerca de la causa de sus lamentos, así que le dijo: “No tengas miedo, Tomás, que esta tarde vendrán tus padres a por ti, ya lo verás…

La profesora que o escuchó, le corrigió: “No se lo diga así. Porque para él, esta tarde aún está muy lejos… Si quiere darle consuelo, es mejor usar otras palabras, como que sus padres ya están aquí, o que están viniendo y que llegarán enseguida… El tiempo para Tomás se hace demasiado largo en ausencia de sus padres”. (Cfr. Fulgencio Espa)

¡Qué bien Tomás! ¡Qué bonita lección! El tiempo se hace demasiado largo ante la ausencia de la persona amada, en quien hemos puesto el corazón.

Es de suponer que los primeros cristianos y aquellos discípulos del Señor, que habían convivido con Él, que habían sentido la cercanía de su trato, escuchado la dulzura de su voz, visto el cariño de su mirada… Es de suponer que tras su resurrección y ascensión, se preguntaran con frecuencia: ¿Cuándo volverá el Señor? Y que desearan con todo su corazón su pronta venida.

Tú y yo en este Adviento, ¿nos llenamos de la misma alegría que ellos al pensar en su venida gloriosa? ¿Nos preparamos en este Adviento con la emoción de quien va al encuentro de su amor? El Adviento es tiempo de enamorados. El que no ama no espera.
Vamos a gritar con la Iglesia-Esposa: ¡Ven, Señor Jesús!

 

¿Quiénes son los santos?

Miércoles, 31 octubre, 2012

Dice san Juan en su Evangelio que en esta vida “somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos”; somos como el embrión en el seno de la madre que espera con gozo su nacimiento. No en vano se dice que los santos han «nacido» («día del nacimiento», dies natalis) el día de su muerte. Mientras a nuestro alrededor el otoño desnuda a la naturaleza, la fiesta de todos los santos nos recuerda que no nuestro destino no es marchitarnos como las hojas.

El pasaje del Evangelio en la fiesta de Todos los Santos es el de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados». Los santos son aquellos que han tenido hambre y sed de justicia, esto es, en lenguaje bíblico, de santidad. No se han resignado a la mediocridad. Son «los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero». La santidad se recibe de Cristo, no es de producción propia.

Surge espontáneamente una pregunta: ¿qué hacen los santos en el paraíso? Adoran y realizan allí la verdadera vocación humana, que es la de ser «alabanza de la gloria de Dios» (Ef 1,14). Allí está María, que en el cielo continúa su canto de alabanza: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». Así es como los santos encuentran su bienaventuranza y su gozo: «Se alegra mi espíritu en Dios». El hombre es aquello que ama y aquello que admira. Al amar y alabar a Dios se ensimisma con Dios, se hace participe de su gloria y de su propia felicidad.

Cuentan que un día San Simeón el Nuevo Teólogo, tuvo una intensa experiencia mística de Dios, tan fuerte que exclamó para sí: «Si el paraíso es como esto, ¡me basta!». Pero la voz de Cristo le dijo: «El gozo que has experimentado en comparación con el del paraíso es como un cielo pintado en papel respecto al verdadero cielo»

El inventor de sufrimientos

Lunes, 22 octubre, 2012

El inventor de sufrimientos tienen unos rasgos muy específicos. Se trata de un personaje que piensa mucho y solo, sin compañía. Suele tener demasiado tiempo para comerse la cabeza. Trabajo poco  o con poca intensidad, no mete la cabeza en lo que hace y, además, hay muchos ratos de paseo o de coche para darle mil vueltas a las cosas… la imaginación, con un poquito de memoria y una pizca de inteligencia, se lanza presurosa a generar miles de problemas y grandísimas desgracias.

Somos así: si no sufrimos por amor, sufrimos por tonterías. Si no purificamos nuestra memoria, puede llegar a ser un verdadero obstáculo en nuestro camino de felicidad: porque se llena poco a poco de insultos, agravios o desgracias… y, si no, los inventamos.

Necesitamos limpiar la memoria de cualquier recuerdo que no lleve a Dios; de lo contrario nos hará perder el tiempo y, lo que es peor, conlleva el riesgo de que no perseveremos en nuestra vida cristiana: nos cansaremos. ¿No has sentido nunca el peso de seguir a Jesús y la insinuación de la tentación de abandonar, un poquito o del todo, el camino? (cfr. Fulgencio Espa, en Octubre con Él) Leer el resto de esta entrada »

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