Las declaraciones del P.John Chryssavgis, del patriarcado Ecuménico de Constantinopla, en el vídeo, me parecen muy reveladoras de lo que está ocurriendo en el proceso de unidad entre los ortodoxos. Sigamos rezando por la Unidad

En la Novena de la Inmaculada de 1931

Sábado, 6 diciembre, 2014

192412Como sabéis estamos en el 7º día de la Novena de la Inmaculada. Por eso me ha parecido bueno contar estas dos sucesos que ocurrieron a san Josemaría en la Novena de la Inmaculada de 1931.

Lo primero es cómo surgió el librito de Santo Rosario. El 30 de noviembre, primer día de la novena de la Inmaculada Concepción, advertía san Josemaría en sus Apuntes íntimos: al rezar el rosario o hacer -como ahora en adviento- otras devociones, contemplo los misterios de la vida, pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, tomando parte activa en las acciones y sucesos, como testigo y criado y acompañante de Jesús, María y José (194).
Al segundo día de la novena, 1 de diciembre, esperaba -sin pedirlo- un favor, una señal de progreso en el camino de infancia espiritual, como regalo de esa novena a la Virgen. Expresamente lo consigna en una catalina:

Madre Inmaculada, Santa María: algo me darás, Señora, en esta novena a tu Concepción sin mancha. Ahora ya no pido nada -como no me lo manden-, pero te expongo ese deseo de llegar a la perfecta infancia espiritual (196).

Y una mañana, después de decir misa, al terminar la acción de gracias, escribió de una sentada, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el Santo Rosario. No sabemos con certeza qué día de la novena; pero sí que la víspera de la fiesta de la Inmaculada, 7 de diciembre, estaba leyendo en Santa Isabel a dos jóvenes el modo de rezar el rosario, pues esa fue la intención con que lo escribió: ayudar a otros a rezarlo (197). Leer el resto de esta entrada »

descargaPara los hijos de Dios, la muerte es vida” (AD, 79). Esta frase de san Josemaría resume bien su concepción del destino final del hombre. En su enseñanza destaca su modo positivo, amoroso y filial de comprender la muerte y el juicio divino.

“¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú” (C, 736). San Josemaría meditaba frecuentemente sobre la muerte, en cuanto realidad humana tan inexorable como el pasar del tiempo. La perspectiva de la muerte -tanto la suya como la de otras personas- le movía a la oración y a la acción. “Me hizo meditar aquella noticia: cincuenta y un millones de personas fallecen al año; noventa y siete al minuto (…): díselo también a otros” (S, 897). En parte, la consideración del tema fue provocada por su experiencia -tres de sus hermanas fallecieron siendo él muy pequeño- y por su intensa labor pastoral: entre sus escritos hay muchos relatos de sucesos ocurridos en torno al lecho de muerte: del gitano moribundo en un hospital en Madrid, que hace un bello acto de contrición (cfr. VC, III Estación); de una mujer que veía en su larga y penosa enfermedad la bendición de Dios (cfr. F, 1034); o de un doctor en Derecho y Filosofía, cuya brillante carrera quedaba truncada con la muerte en una sencilla pensión (cfr. S, 877). Leer el resto de esta entrada »

3763__411e14ac1ac65Me ha parecido muy interesante este texto autobiográfico de Scott y Kimberly Hahn sobre la influencia que sobre ellos representó la lectura del libro “El control de la natalidad y la alianza matrimonial” de John Kippley, en la comprensión de la contradicción que representa para la alianza matrimonial la anticoncepción,  Al hablar del tema con Scott, Kimberly le pidió que lo leyera. Éstas son las palabras textuales del marido:

“Lo vi y pensé [dijo Scott]: ‘¿Editorial Litúrgica? ¡Este tipo es un católico! ¡Un papista! ¿Qué hace plagiando la noción protestante de la alianza?’ Sentí aún más curiosidad por saber lo que decía. Me senté a leer el libro, y al cabo de un rato, empecé a pensar: ‘Aquí hay algo que anda mal. No puede ser… ¡este hombre dice cosas muy sensatas!’ El autor demostraba cómo el matrimonio no es un mero contrato en el que se intercambian bienes y servicios; decía que es una alianza que lleva consigo una interrelación de personas. La tesis principal de Kippley era que toda alianza tiene un acto por el cual se lleva a cabo y se renueva; y que el acto sexual de los cónyuges es un acto de alianza. Cuando la alianza matrimonial se renueva, Dios la utiliza para dar vida. Renovar la alianza matrimonial y usar anticonceptivos para evitar una potencial nueva vida equivalía a algo semejante a recibir la Eucaristía para luego escupirla en el suelo.

Kippley continuaba diciendo que el acto conyugal demuestra de modo único el poder dador de vida del amor en la alianza matrimonial. Todas las otras alianzas muestran y transmiten el amor de Dios, pero sólo en la alianza conyugal el amor es tan poderoso que comunica la vida. Cuando Dios hizo al ser humano, varón y mujer, el primer mandamiento que les dio fue el de ser fecundos y multiplicarse. Eran así una imagen de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres en uno, la familia divina. De modo que cuando ‘los dos se hacen uno’ en la alianza matrimonial, el ‘uno’ se hace tan real que ¡nueve meses después hay que ponerle un nombre! El hijo encarna la unidad de su alianza. Leer el resto de esta entrada »

91Quizás pueda ayudarnos a responder a esta pregunta de la ética cotidiana, el siguiente relato que Kimberly Hhan relata en el libro Roma dulce hogar, nuestro camino al catolicismo. El texto es un poco largo, pero al tratarse de un relato me pareció interesante dejarlo así

Kimberly:

  En nuestro primer año en el seminario, Scott comenzó su programa estudiando cuestiones teológicas fundamentales con profesores que llevaban enseñando teología entre diez y cuarenta años. Mientras tanto, yo era secretaria de un programa creado para proporcionar bolsas de estudios en Harvard, y trabajaba con personas de cualquier religión menos la cristiana, muchas de las cuales nunca habían oído el Evangelio ni leído la Biblia. Me ponían a prueba diariamente, cuestionándome hasta que Dios existiera. El contraste era muy fuerte.

  Después de un año en esas condiciones, Scott y yo decidimos ocupar los dos un mismo carril y crecer juntos. De modo que, con el apoyo de Scott y la ayuda de mi familia, comencé los estudios del Master mientras Scott cursaba segundo año. Estudiar teología juntos fue una experiencia enriquecedora y muy fecunda.

  Uno de los primeros temas que afronté en un curso de ética cristiana fue el de la anticoncepción. No había considerado que fuera un tema digno de estudio hasta que empecé a implicarme en el movimiento pro-vida. Como protestante, no conocía a nadie que no practicara el control de la natalidad. Había sido orientada e inducida a practicarlo como parte de un comportamiento cristiano razonable y responsable. En los cursos de orientación prematrimonial no nos preguntaban si íbamos a utilizarlo o no, sino qué método pensábamos emplear.

  El primer grupo al que le tocó estudiar la contracepción se reunió brevemente el primer día en el fondo del aula. Un auto-nombrado líder nos dijo:

  –No tenemos que considerar la posición católica, porque sólo hay dos razones por las que los católicos se oponen a la anticoncepción: la primera es que el Papa no está casado, así que no tiene que vivir con las consecuencias. Y la segunda es que quieren llenar el mundo de católicos.

  –¿Son ésas las dos razones que da la Iglesia católica? –interrumpí–. No lo creo.

  –Entonces, ¿por qué no lo estudias?

  –Lo haré.

  Y lo hice. Leer el resto de esta entrada »

Uno de los mejores vídeos que he visto para explicar a los jóvenes en qué consiste el arte de amar en el noviazgo. Algo esencial para llevar a cabo un proyecto verdadero de entrega mutua amorosa y capaz de realizar una familia estable y feliz. Lo subo al canal para tenerlo localizado y aprovechar su contenido como argumento de diversas charlas que daré sobre el tema este curso.

Mis recuerdos del beato Álvaro del Portillo

Sábado, 27 septiembre, 2014

descargaCon ocasión de la beatificación de Álvaro del Portillo pongo aquí, solo a modo de listado, algunos de mis recuerdos del queridisimo don Álvaro, en el tiempo que pasé en Roma:

  1. Al poco de llegar a Cavabianca, mi primer saludo con el mono de encargado de jardín…
  2. Cómo se reía en el “cronicón” de Navidad al escuchar mis ocurrencias (lo del perro en vestuarios: a ti te pasa lo que ami, que no aclaras)… “Rafita” al entrar y saludar desde el coche
  3. Al morir mi padre, la llamada telefónica de don Javier y del Padre: parada cardíaca (ah!), cuida a tu madre… yo aguante bien unos días hasta que me tras una tertulia, me llamó…  el rato que estuvimos hablando en la salita… ya me he enterado, tu madre … flojera y color de los ojos … pero tienes Padre… A partir de ahí se disiparon dificultades internas

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