El don de sabiduría

Miércoles, 4 junio, 2014

7ba4b3f1791f2e909ace650bc023f0c3 (1)De los siete dones del Espíritu Santo, el más precioso y deseable es el de sabiduría.

Nos equivocamos cuando identificamos, rápidamente, «sabiduría» con «saber», y llevamos el don del Paráclito al terreno de los libros y las ciencias. La sabiduría del Espíritu tiene más relación con el gozo de «saborear» o «gustar» que con el sesudo ejercicio del estudio.

Sé que estoy haciendo un juego de palabras, aprovechando las facilidades que me ofrece esta lengua española tan hermosa, pero no hay engaño en lo que escribo. Nada enaltece más a un idioma que emplearlo en mostrar la belleza de Dios.

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

La sabiduría del Espíritu es conocimiento, pero conocimiento «sabroso». Porque Dios sabe, y sabe bien al paladar del alma. Es dulce como la miel al entendimiento, y un sello almibarado en la memoria.

Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 34, 9). Por el don de sabiduría, el alma paladea a Dios y gusta su dulzura. Por eso es un don especialmente eucarístico. En la Sagrada Hostia gusta el hombre la delicia de Dios, y al gustarla alcanza vida eterna.

One Response to “El don de sabiduría”

  1. rosamagarcia Says:

    El don de sabiduría es un espíritu, una participación altísima en la Sabiduría divina, un hábito sobrenatural, infundido con la gracia, mediante el cual, por obra del Espíritu Santo, en modo divino y como por connaturalidad, se conoce a Dios y se goza de él, al mismo tiempo que en Él son conocidas todas las criaturas. Es el más alto y benéfico de todos los dones del Espíritu Santo.

    Pues bien, el don de sabiduría, ilumina el conocimiento que el creyente tiene de Dios y de todas las cosas creadas, haciéndole conocer a éstas en Dios, que es su última causa. Es, pues, la más alta sabiduría que el hombre puede alcanzar en este mundo. El creyente saborea y experimenta al mismo Dios, en quien cree por la virtud teologal de la fe. Y por ese mismo don recibe, al conocer y tener experiencia inmediata de Dios, causa última de todos los seres, un conocimiento sobrehumano de todas las cosas creadas, las del cielo, las de la tierra y las del infierno.

    El don de sabiduría es, pues, especialmente, el que en la oración hace posible la contemplación mística de la Trinidad santísima. Ilumina todo conocimiento sobrenatural de Dios, pero de un modo especial ayuda a penetrar la sagrada Eucaristía, el Mysterium fidei. Comunica al hombre «fuerza y sabiduría de Dios» allí donde los mundanos sólo hallan locura y escándalo (1Cor 1,23-24). Su objeto pleno es, sin duda, el misterio mismo de la Santísima Trinidad. Así, por obra del Espíritu Santo, llega a contemplarla, por ejemplo, Santa Teresa de Jesús:
    «Por visión intelectual, por cierta manera de representación de la verdad, se le muestra [al alma] la Santísima Trinidad, todas tres Personas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios… Aquí se le comunican las tres Personas y le hablan, y le dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Señor, que vendría Él y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos. ¡Oh, válgame Dios, qué diferente cosa es oír estas palabras y creerlas [por la virtud de la fe], a entender por esta manera [según el don de sabiduría] qué verdaderas son!» (VII Moradas 1,7-8).

    Es ahora, por el don de sabiduría, cuando se entiende con una nueva lucidez el mundo de las criaturas, y cuando por fin se sale de todo engaño, mentira o alucinación acerca de él. El mismo don que da un conocimiento sabroso de Dios, da también a conocer las criaturas en el mismo Dios, que es su causa. Concede, pues, este don un conocimiento sapiencial -con sabor y por sus causas-, de todo el mundo creado. En la oración, por ejemplo, dice Santa Teresa, se le representa al alma «cómo se ven en Dios todas las cosas y cómo las tiene todas en Sí. Saber escribir esto yo no lo sé» (Vida 40,9).

    Por el don de sabiduría, sencillamente, los cristianos llegan a la perfecta madurez espiritual, y haciéndose imitadores del Apóstol «y del Señor, reciben la palabra con la alegría del Espíritu Santo, aun en medio de grandes tribulaciones» (1Tes 1,5-6).

    Para disponerse a recibirlo además de la oración de petición, específicamente indicados son: la humildad y es que cualquier movimiento de vanidad o soberbia apagaría el don de sabiduría ; y la devoción a la Virgen María. «El mejor medio y el secreto más maravilloso para adquirir y conservar la divina Sabiduría es una tierna y verdadera devoción a la Santísima Virgen». «Ella es el imán que atrajo la Sabiduría eterna a la tierra para los hombres, y la sigue atrayendo todos los días a cada una de las personas en que [por su devoción] Ella mora. Si logramos tener a María en nosotros, fácilmente y en poco tiempo, gracias a su intercesión, alcanzaremos también [del Espíritu Santo] la divina Sabiduría»

    (Me he basado en cómo veía este don Santa Teresa)


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