“Y vosotros ¿Quien decís que soy yo?”

Viernes, 22 febrero, 2013

Hoy, festividad de la cátedra de san Pedro, seguimos a Benedicto XVI. Cuando el Señor llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: -¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre?”. Ellos dieron diversas respuestas y al final  él les preguntó: “Y vosotros ¿Quien decís que soy yo?”. Tomo esta anécdota de Fulgencio Espa en Cuaresma con Él, para dar una respuesta a esta pregunta:

Aprovechó que no tenía clase para bajar al comedor y tomar un café. El sacerdote del colegio se encontraba allí, sirviéndose su segundo café, y en vistas de que estaban a solas le preguntó: “Padre, ¿Quién es Dios para usted?”. El sacerdote le explicó que para él era un Dios muy cercano y, una vez encarnado, muerto y resucitado, alguien que estaba siempre con nosotros.

“A ver si me explico -añadió el capellán-, Dios vive y su estancia es tan real como la de tu esposa. Su amor me hace comportarme de una manera muy concreta: eso es la moral, eso es la santidad. Deseo con toda mi alma responder a Dios, pero no tanto porque haya una ley moral, sino porque quiero tener un corazón enamorado.

Eso es posible y es razonable porque Cristo vive de verdad y su presencia en el Sagrario mueve a amar siempre más y obrar siempre el bien. El Dios cristiano no es una fría verdad a la que hay que asentir: es la verdad candorosa del amor y la certeza más absoluta para la inteligencia”.

En este Año de la fe, te pregunto ahora yo a ti, que quieres ser un buen discípulo del Maestro:  ¿Quién dices que es Él?

Ojalá se nuestra respuesta como la de Pedro: “Tu eres el Mesías,  el Hijo de Dios vivo”. El Señor entonces le dice a Pedro que será Roca. Ya con anterioridad al presentarse por primera vez le había dicho Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir, “Piedra”.

En respuesta a esta límpida profesión de fe, que Pedro confiesa también en nombre de los otros apóstoles, Cristo les revela la misión que pretende confiarles, la de ser la «piedra», la «roca», el fundamento visible sobre el que está construido todo el edificio espiritual de la Iglesia (cf. Mt 16,16-19). Esta expresión de «roca-piedra» no se refiere al carácter de la persona, sino que sólo puede comprenderse partiendo de un aspecto más profundo, del misterio: mediante el cargo que Jesús les confía, Simón Pedro se convierte en algo que no es por «la carne y la sangre».

El exegeta Joaquín Jeremías ha hecho ver cómo en el trasfondo late el lenguaje simbólico de la «roca santa». A este respecto, puede ayudarnos un texto rabínico que reza así: «El Señor dijo: “¿Cómo puedo crear el mundo cuando surgirán estos sin-Dios y se volverán contra mi?”. Pero cuando Dios vio que debía nacer Abraham, dijo: “Mira, he encontrado una roca, sobre la cual puedo construir y fundar el mundo”. Por eso él llamó Abrahán una roca».

El profeta Isaías se refiere a eso cuando recuerda al pueblo: «Mirad la roca de donde os tallaron,… mirad a Abrahán vuestro padre» (51,1-2). Se ve a Abrahán, el padre de los creyentes, que por su fe es la roca que sostiene la creación. Simón, que es el primero en confesar a Jesús como el Cristo, y es el primer testigo de la resurrección, se convierte ahora, con su fe renovada, en la roca que se opone a la fuerza destructiva del mal. (Benedicto XVI, Homilia, 19 de febrero de 1012)

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One Response to ““Y vosotros ¿Quien decís que soy yo?””

  1. Rosa Garcia Says:

    Para mi Cristo, es la ESTRELLA DE LA GRAN ALEGRIA, y sólo los que le acogen con corazón humilde le son revelados los misterios del Reino de Dios. Él es el Mesias que vino a la tierra para librarnos de la esclavitud del pecado. Así como los caminantes entendidos saben mirar al cielo para orientar sus pasos en la tierra, así nosotros miramos al Cielo porque las estrellas guían nuestro caminar cotidiano, por eso yo le digo: Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca porque no puedo ir en tu busca, a menos que Tu me enseñes y no puedo encontrarte si no te manifiestas.
    En el camino de la vida la fé nos acompaña como estrella luminosa que conduce al Salvador. Cuando su luz parezca menguar, preguntemos a la Palabra, recordemos la meta y no detengamos la marcha. Custodiar el don de la fe es tener como guía en el camino de la vida la ESTRELLA DE LA INMENSA ALEGRIA.


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