¡Que los inexpertos vayan a Dios!

Domingo, 19 agosto, 2012

“Un grupo de jóvenes de buena posición social. Como era el camino de Santiago, la ropa de marca era de sport: zapatillas, pantalones, camiseta y gorra… todo. Después de la agotadora marcha por tierras de Castilla, pleno verano, cuarenta grados, cero árboles, llegaron al reparador albergue con su ducha, pequeña siesta y buena comida. Por la tarde todo era otra cosa.

Aprovecharon para participar en la Misa del pueblo. El sacerdote invitó a todos los peregrinos a hacer una oración en la sacristía una vez acabada la Misa. La estancia era grande, con inmensas cajoneras para los objetos litúrgicos en el perímetro, y una mesa antigua en el centro.
El cura del lugar dio la bendición del caminante a todos los peregrinos. Junto a este grupo de “chicos bien”, había otro compuesto igualmente solo de tipos que tenían pintas bastante desastradas. Estuvieron toda la ceremonia callados. Finalmente, se invitó a todos a rezar el Avemaría juntos: ni eso sabían.
Una vez que se separaron de ellos, nuestro grupo comenzó a criticarlos: por sus pintas, por no saber las oraciones, por casi todo, aunque no habían hecho casi nada.A la mañana siguiente, aprovecharon para ir a Misa de siete de la mañana de una pequeña iglesia que había a la salida del pueblo. La sorpresa fue encontrarse que los únicos fieles que asistieron a esa Misa tempranera eran precisamente los jóvenes de pintas raras del día anterior. Se saludaron tímidamente. En Misa tuvieron una conducta piadosísima: comulgaron casi todos. A la salida, observaron que había un religioso con ellos: era el sacerdote encargado de la cárcel de una ciudad costera española. Había conseguido todos los permisos para que aquellos muchachos, delincuentes todos con delitos graves, pudieran hacer el camino de Santiago. Gracias a ese fraile, muchos de esos chicos había puesto por primera vez después de años un pie en la calle. Muchos se habían convertido. Casi todos habían recuperado la fe. Nadie me ha querido nunca como el hermano José, afirmaba uno de ellos con lágrimas, acusado de haber intentado asesinar a su padre…
Jesús los había invitado a la misma Misa. ¿Con quienes estaría más contento Jesús: con aquellos delincuentes convertidos por el amor de un pastor, o con aquellos que horas antes los juzgaron con dureza? Venid a comer mi pan y a beber mi vino mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia.”

Fuente: Fulgencio Espa.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 433 seguidores

%d bloggers like this: