Cuando se trata de escoger

Martes, 7 agosto, 2012

Con cierta frecuencia, más de la deseable, tenemos que decidir entre ser cristianos o no, entre Dios o los hombres.

Por ejemplo, cuando hemos de decir que no a propuestas escabrosas; cuando llega el momento de no reír determinados chistes. O cuando, en un viaje organizado, tenemos que preguntar por una iglesia para asistir a misa. O cuando sugerimos bendecir en una comida de un restaurante y nos santiguamos tranquilamente…

En esos momentos cotidianos y sencillos los ojos de Dios y los ojos de los hombres nos miran desde enfoques opuestos y hemos de decidir qué hacer. Se trata de escoger: ser cristianos o no; agradar a Dios o a los hombres. Se trata de escoger entre el aprecio y la estima de los hombres o escoger a Dios y entregarle el sacrificio de nuestra propia honra. Esta última opción, parece difícil y costosa, pero no lo es tanto. Además nos libera de la esclavitud de la propia imagen, del obligado quedar bien, y sobre todo nos hace agradables a los ojos de Dios. Vamos a buscar, tu y yo, en adelante caer bien a Dios antes que a nadie.

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