Año de la fe

Miércoles, 4 julio, 2012

Como bien sabes, Benedicto XVI ha decidido convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. Con motivo de este evento, vamos a ir ya preparando el terreno con algunos temas de carácter apologético y catequético que espero resulten de interés. Aquí iré poniendo, conforme los vaya haciendo, un elenco de temas, a modo de índice:

ALGUNOS DISCURSOS DE ESPECIAL INTERÉS

  1. - Discurso en la Universidad de Navarra (1998)
  2. - Discurso en la Universidad de la Sorbona (1999)
  3. - Discurso en Subiaco (2005)
  4.  - Discurso en la Universidad de Ratisbona y homilía (2006)
  5. - Discurso en el Bundestag (2011)
  6. - Discurso del cardenal en el palacio de Congresos de Madrid (2000)
  7. - Discurso del Papa en la ONU
  8. - Discurso del Papa en el Collège des Bernardins (a9)
  9.  Discurso del cardenal ante el Senado italiano (a7)
  10. - Discurso del Papa para la Universidad de La Sapienza (a6)
  11. - Discurso del Papa en Westminster Hall (a8)

Propón también tus temas, e intentaré ir dándoles salida. ¡Suerte!…

“Quiero creer”

Miércoles, 4 julio, 2012

Quiero creer” son dos palabras animantes. Expresan la inquietud de quienes tienen la fe algo apagada y desean que resurja.

Las explicaciones humanas son eso, explicaciones humanas. El científico quiere comprobar por si mismo casi todo. Pero por regla general no buscamos seguridades fruto de certezas científicas. Para que nuestro corazón se aquiete le bastan las seguridades humanas. 

Por ejemplo, aceptamos con seguridad que una lata de melocotón contiene melocotón porque así lo dice la etiqueta. Un científico tendría que abrirla para aceptarlo. Pero por abrir la lata no es más sabio ni más inteligente, en todo caso, es más desconfiado y lento de aprender. Además de que se queda sin melocotones, porque no le permitirán abrir la lata sin comprarla antes. Por regla general una persona se fía de que lo que otros afirman, por ejemplo, de New York, y luego va a comprar los billetes, y por último viaja a New York para disfrutar de todo lo que le han dicho.

La fe siempre exige una aceptación confiada, ya sea de los hombres (fe humana) o de Dios (fe sobrenatural). Es razonable creer en lo que los hombres nos dicen -sobre todo si son sinceros y entendidos en ese asunto. De echo es la manera habitual de conocer las cosas. Igualmente es razonable aceptar como verdadero lo que Dios nos dice, cuando está abalado por milagros. No es necesario ver los milagros para creer, basta con fiarse de las personas sensatas y buenas que nos dicen los han visto. El Señor habla a unos hombres con milagros evidentes y esos hombres nos transmiten las palabras y los hechos divinos. Nosotros nos fiamos de ellos y aceptamos esas palabras como venidas de Él, y es entonces cuando nos fiamos de Él.

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