La amistad verdadera es perfecta y constante

Viernes, 29 junio, 2012

En el Antiguo Testamento hay auténticas joyas. Relatos que resultan verdaderamente ejemplares, como el de la amistad de Jonatán, un excelente joven, hijo del rey Saúl, y David. He sacado esta historia del breviario (una cosa que rezamos los curas). A ver que te parece.

El rey Saúl estaba enfurecido con su siervo David y ponía a todos contra él, como a un rival de su reino; llegó a asesinar a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspeccionó los bosques, buscó por los valles, asedió con su ejército los montes y peñascos, todos se comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el rey, y yo seré tu segundo.

Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas, recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores. Y, habiendo pronunciado Saúl sentencia de muerte contra David, Jonatán no traicionó a su amigo. Y dijo: ¿Por qué va a morir David? ¿Qué ha hecho? Él se jugó la vida cuando mató al filisteo; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué ha de morir? El rey, fuera de sí al oír estas palabras, intenta clavar a Jonatán en la pared con su lanza llenándolo además de improperios: ¡Hijo de perdida; ya sabía yo que estabas confabulado con él, para vergüenza tuya y de tu madre! Y, a continuación, vomita todo el veneno que llevaba dentro, intentando salpicar con él el pecho del joven, añadiendo aquellas palabras capaces de incitar su ambición, de fomentar su envidia, de provocar su emulación y su amargor: Mientras el hijo de Jesé esté vivo sobre la tierra, tu reino no estará seguro. 

¿A quién no hubieran impresionado estas palabras? ¿A quién no le hubiesen provocado a envidia? Dichas a cualquier otro, estas palabras hubiesen corrompido, disminuido y hecho olvidar el amor, la benevolencia y la amistad. Pero aquel joven, lleno de amor, no cejó en su amistad, y permaneció fuerte ante las amenazas, paciente ante las injurias, despreciando, por su amistad, el reino, olvidándose de los honores, pero no de su benevolencia: Tú —dice— serás el rey, y yo seré tu segundo.

***

Ésta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible; la que provocada por tantos ultrajes, permanece inmóvil.

El amigo fiel es un refugio seguro; el que lo encuentra, encuentra un tesoro. El que teme a Dios encontrará al amigo fiel: según es él, así será su amigo. El que lo encuentra, encuentra un tesoro. Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Fuente: lecturas del oficio del miércoles de la XIII semana del TO

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