Hemos llegado al final de la escapada

Jueves, 28 junio, 2012

He leído este artículo de Edurne Uriarte, publicado en ABC hace unos días. De forma brillante, clara y amena, llega esta politóloga al verdadero núcleo de la cuestión. Extraña un poco la ceguera de nuestros dirigentes ante lo que realmente está en juego en Europa (y en España). Esperemos que la reunión de hoy en Roma sirva para dar verdaderas respuestas a los interrogantes de futuro en la que todos estamos embarcados:
Hemos llegado al final de la escapada. No quieren enterarse de que la película ha acabado y aún menos de que el protagonista de la escapada murió.

España ha llegado al final de la escapada. Parece evidente, pase lo que pase en las próximas semanas con las decisiones de las instituciones europeas y del BCE. La escapada del derroche del dinero público, del Estado desmesurado, del populismo socialista, del nacionalismo insaciable, de la irresponsabilidad social, que nos han llevado a donde estamos. Al colapso de nuestra capacidad de financiación, de la confianza internacional, de la viabilidad de nuestro modelo de Estado infinito, al final de la política tal como la hemos vivido.

La escapada de Jean-Paul Belmondo en la película de Godard aquí traducida por Al final de la escapada (À bout de souffle) acababa con su muerte. La nuestra acabará con la muerte del Estado tal como se ha concebido mayoritariamente hasta ahora, un conjunto de instituciones guiadas por el populismo, por la gloria de la clase política y la consecución de los votos de las siguientes elecciones. Y sostenidas en un discurso socialdemócrata dominante sobre la sacralidad del Estado del Bienestar que ha marginado todo cuestionamiento de ese modelo.

Aquello que no consiguieron las cientos, miles de críticas políticas e intelectuales a ese Estado resulta que lo conseguirá el colapso económico. Y hasta yo me voy a ver obligada a matizar o revisar mi convencimiento de que son los valores culturales los que dirigen los cambios o que la cultura camina un paso por delante de la economía. Menos, como es el caso, cuando es la ruina económica la que nos impone los cambios.

Aún hace mes y medio, uno de los líderes intelectuales de la izquierda mundial, Paul Krugman, celebraba el triunfo radical en Grecia en uno de los medios más influyentes del planeta. «Esos rebeldes europeos», agasajaba Krugman a los reventadores griegos que no quieren pagar lo que deben (The New York Times, 6 de mayo de 2012) en un artículo que habrá de guardarse en la hemeroteca de la larga escapada. Pero este domingo incluso los socialdemócratas, algunos, rogaban por un triunfo de los «no rebeldes» en Grecia. Y hasta el más poderoso líder periodístico de la izquierda española, Juan Luis Cebrián, abogaba por las políticas de austeridad como respuesta obligada a un déficit fiscal originado por nuestros propios errores y por no pocos abusos.

Hemos llegado al final de la escapada. No cabe esperar que lo reconozcan nuestros Syriza particulares, nuestros rebeldes al entender krugmaniano, sindicatos y líderes izquierdistas varios que dicen No a la austeridad y prometen nuevas huelgas en septiembre. No quieren enterarse de que la película ha acabado y aún menos de que el protagonista de la escapada murió.

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