He leído este artículo de Edurne Uriarte, publicado en ABC hace unos días. De forma brillante, clara y amena, llega esta politóloga al verdadero núcleo de la cuestión. Extraña un poco la ceguera de nuestros dirigentes ante lo que realmente está en juego en Europa (y en España). Esperemos que la reunión de hoy en Roma sirva para dar verdaderas respuestas a los interrogantes de futuro en la que todos estamos embarcados:
Hemos llegado al final de la escapada. No quieren enterarse de que la película ha acabado y aún menos de que el protagonista de la escapada murió.

España ha llegado al final de la escapada. Parece evidente, pase lo que pase en las próximas semanas con las decisiones de las instituciones europeas y del BCE. La escapada del derroche del dinero público, del Estado desmesurado, del populismo socialista, del nacionalismo insaciable, de la irresponsabilidad social, que nos han llevado a donde estamos. Al colapso de nuestra capacidad de financiación, de la confianza internacional, de la viabilidad de nuestro modelo de Estado infinito, al final de la política tal como la hemos vivido.

La escapada de Jean-Paul Belmondo en la película de Godard aquí traducida por Al final de la escapada (À bout de souffle) acababa con su muerte. La nuestra acabará con la muerte del Estado tal como se ha concebido mayoritariamente hasta ahora, un conjunto de instituciones guiadas por el populismo, por la gloria de la clase política y la consecución de los votos de las siguientes elecciones. Y sostenidas en un discurso socialdemócrata dominante sobre la sacralidad del Estado del Bienestar que ha marginado todo cuestionamiento de ese modelo. Leer el resto de esta entrada »

Ayer miércoles 27 de junio, durante la audiencia general, Benedicto XVI habló sobre las cartas de San Pablo a los Filipenses. El Papa dijo que en estas cartas San Pablo explica que el cristianismo no sólo se trata de seguir el ejemplo de Jesús sino de conformar toda la vida a su modo de pensar y actuar. Aquí para leer el texto completo de la audiencia general:

Queridos hermanos y hermanas: 

Deseo tratar hoy del himno cristológico que san Pablo ofrece en su carta a los Filipenses, centrado en los «sentimientos» de Cristo y en su condición divina y humana: en la encarnación, en la muerte de cruz y en la exaltación en la gloria del Padre. Este cántico inicia con una exhortación: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo». Se trata no sólo de seguir los ejemplos de Jesús, sino también de conformar toda nuestra existencia según su modo de pensar y obrar.
Está composición ofrece además dos indicaciones importantes para nuestra oración. La primera es la invocación de Jesucristo como «Señor». Él es el tesoro por el cual vale la pena gastar la vida. La segunda indicación es la postración: Ante este Nombre, toda rodilla se ha de doblar en el cielo y en la tierra. De este modo, cuando nos arrodillamos ante Cristo, confesamos nuestra fe en Él y lo reconocemos como único Señor.
La oración debe conducir, pues, a una más plena toma de conciencia para pensar, actuar y amar en Cristo y por Cristo. Así, la mente, el corazón y la voluntad se abren a la acción del Espíritu Santo y somos transformados por medio de la gracia.

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