La lentilla y la hormiga

Jueves, 14 junio, 2012

Aquella joven disfrutaba con sus amigos de una excelente excursión de domingo. La ascensión por la montaña iba bien hasta que, mientras descasaba al borde de una roca, un golpe de cuerda hizo saltar por los aires la lentilla de uno de sus ojos, cayendo hacia el vacío…
Algo inquieta comenzó a pedir al Señor que le ayudase a encontrar su lentilla. Cuando llegó a la cima, un amigo examinó su ojo y su ropa buscando la lente, pero no la pudieron encontrar.

Comenzó el descenso. Al llegar abajo, encontraron un grupo de excursionistas. Uno de ellos les gritó: “¿Alguno de vosotros ha perdido una lente de contacto?”… Bueno, esto ya hubiera sido suficientemente impactante. Pero ¿Sabéis cómo encontró aquel excursionista la lentilla? Gracias al brillo del sol que una hormiga provocaba mientras se movía lentamente cargando la lentilla.
Cuando llegó a su casa y le contó a su padre lo ocurrido, éste le hizo una caricatura en la que se veía a una hormiga cargando con la lentilla mientras iba diciendo: “Señor, no sé por qué Tu quieres que yo cargue esta cosa. No puedo comérmela, y es muy pesada. Pero si eso es lo que Tu quieres que haga, yo la cargaré para Ti.”

***

Puede venirnos bien rezar así de vez en cuando:  “Señor, no sé por qué quieres que yo lleve esta carga.  No veo nada bueno en ello y es bastante pesada.  Pero si Tu quieres que yo la cargue, lo haré”.  Hoy, las lecturas continuadas de la misa, ponen ante nosotros el poder de la oración: Elías pidió la lluvia y el cielo envió su lluvia. Y en el Salmo 64 decimos: “Oh Dios, tú mereces un himno en Sión“. Todo es don de Dios. Todo lo que nos rodea nos viene de Él. Los santos nos enseñan a ver esto cuando desde las cosas materiales llegaban al sentido espiritual que las completaba. Así, por ejemplo, el agua, la fuente, la sed, los frutos… son símbolos de otra agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14), de otra sed que sólo puede saciar Cristo (Jn 7, 37-39), de otros frutos que pueden llegar al ciento por uno (Mt 13, 8). Por eso, por tantos bienes materiales y espirituales, que recibimos de Dios podemos cantar con el salmista: “Oh Dios, Tú mereces un himno en Sión“.

One Response to “La lentilla y la hormiga”


  1. […] he comentado esta anécdota en e blog otras veces (aquí y aquí) pero viene bien como comentario de lo […]


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