Un padre quiere dar una lección a un hijo suyo: le manda remover del camino un obstáculo muy superior a las fuerzas de niño. El pequeño intenta una y otra vez. Imposible.

Su padre insiste: “haz todo lo que puedas”.

El crío, después de varios intentos, acaba exclamando: • Es que ya hago todo lo que puedo.

• No, ­-replica su padre-. No estás haciendo todo lo que puedes: puedes pedirme que te ayude y no lo haces.

***

En lo que Dios nos pide, nos espera para ayudarnos. No se trata de traerle a donde queremos; sino de descubrirle donde está. La dificultad es providencial: nos obliga a acudir al Señor. Es verdad que “sin Él nada podemos” (Jn. 15, 5). Pero no es menos verdad que “con Él lo podemos todo” (Filps.4, 13). “En Él todo lo puede quien nada puede”.

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