De hijos y de perros

Viernes, 10 febrero, 2012

La misión del Mesías –la salvación de la humanidad entera- es universal: “para quien no hay griego o judío, circuncisión o incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, sino que Cristo es todo en todos” (Col 3,11). La mirada de Jesús abarca a todos los pueblos: “todas las almas son mías”, dice el Señor (Ez 18,4). ¿Porqué entonces esta aparente resistencia a obrar un milagro con esta mujer pagana –la cananea-, que le suplica la curación de su hija?  “El le dijo: -Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos”. Conviene explicar la aparente negativa de estas palabras de Jesús.
Efectivamente, para un judío la palabra “perro” aplicada a los paganos era algo habitual y a sus oídos era de uso normal. Los hebreos, por el contrario, acostumbraban a denominarse a si mismos “hijos de Dios”, no en vano eran el pueblo elegido por Dios. Por eso, lo que Jesús le está diciendo sonaría algo así: “Espera un poco, mujer, y ten paciencia; deja que coman primero los hijos, ya te tocará a ti, a no mucho tardar, pues yo he sido enviado, en un primer momento, a los hijos de Israel. Pero ten esperanza, que mi misión es universal, y cuando yo muera, dentro de poco, será tu momento”.

Pero aquella mujer, que ha entendido perfectamente al Señor, no se da por vencida e insiste: “Tienes razón, Señor; pero también los perros debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”. Le replica aquella fenicia de Siria: “Vale, Señor, estoy dispuesta a esperar mi momento. Pero a veces mientras es el tiempo de la comida de los hijos caen migajas de la mesa que los perros aprovechan”. A Jesús le encantó esta respuesta. Me lo imagino emocionado y mientras se agacha para levantar a aquella mujer que postrada le rogaba, mirándola a los ojos, le dijo: “Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”.
Recuerda que cuando nos acercamos, como hijos de Dios, a la mesa de la Eucaristía, antes fuimos también unos perrillos que encadenados por el demonio necesitamos acercarnos con mucha humildad al perdón de Dios. Quizá antes de comulgar la próxima vez, podríamos ir antes a confesar para que así se cumpla en nosotros esta Palabra de Dios.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 557 seguidores

%d personas les gusta esto: