Tocados por la gracia

Miércoles, 25 enero, 2012

Ya lo hemos dicho, es bueno advertir que “nos falta algo”. Que necesitamos a los demás y la gracia de Dios. En la liturgia de esta semana salen a nuestro encuentro dos hombres tocados por la gracia: Pablo y David.
Pablo, perseguidor a muerte de los seguidores de un tal Jesús. Para él se trata solo de un farsante, condenado y muerto, y bien muerto, en un madero. Un embaucador que está poniendo en peligro al judaísmo ortodoxo; él mismo ha podido presenciar este peligro en el martirio de san Esteban… Pero camino de Damasco fue tocado por la gracia, Cristo lo derribó y muriendo Saulo se levanto un hombre nuevo: Pablo, el Apóstol. Todos sus ideales, sus juicios, sus opiniones, y hasta su “religión” quedaron sepultados, camino de Damasco, para siempre. En adelante -dirá él mismo- “ya no soy yo quien vivo. Es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).
El rey David, el elegido de Dios, el vencedor de Goliat, el que bailaba emocionado ante el Arca y quería construir un Templo a Yahvé acorde a su dignidad. Le veremos (lecturas del próximo viernes) hundirse en lo más bajo de las pasiones humanas. Todo empieza suavemente. Primero, en vez de ir a la guerra “David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén”. Qué hace el rey en Jerusalén mientras sus hombres están muriendo en el frente de batalla. Después, “un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama” Por qué cambió la oración por el sueño. Además, si se levantó de la cama al atardecer, es que la siesta debió ser monumental… Tampoco parece tener nada que hacer pues “se puso a pasear por la azotea del palacio“… Y claro, ocurrió: “Desde la azotea vio a una mujer bañándose“… Después vendría el adulterio y el intento de engaño a Urías, y para colmo, el asesinato de uno de sus mejores hombres: “poned a Urías frente a lo más reñido de la batalla y retiraos detrás de él para que sea herido y muera”. Tan bajo había caído David que no se daba cuenta. Sería después, y gracias a una parábola del profeta Natán, como David indignado por lo que estaba escuchando gritó: “Vive Dios que merece la muerte el hombre que tal hizo”, solo entonces, al escuchar de labios de Natán: “Tu eres ese hombre”, David fue tocado por la gracia, y pudo cambiar.
Y cuantas veces nos ocurrido algo parecido también a nosotros. Suelen ser pequeños detalles, una visita inesperada, el comentario acertado de un amigo, algo que hemos leído o escuchado por casualidad, nos hace caer en la cuenta de algo que hasta entonces nos había pasado inadvertido. Es como si entonces, al igual que a Pablo y a David,  fuéramos también nosotros tocados por la gracia haciéndonos cambiar de paradigma.
La Gracia es nuestra esperanza, con ella podemos cambiar, ella ha sido derramada en nuestros corazones y no nos faltará si acudimos a su ayuda. La gracia viene fuerte, como la vida, lo que ocurre es que a veces no la sabemos trabajar. La gracia que permitió ser fieles a los mártires del siglo XX, sigue actuando ahora en el siglo XXI, no se ha empequeñecido la mano del Señor
Hace años escuche a Luis contar esta anécdota de su infancia. El suceso trascurre en Las Urdes, una zona deprimida del norte de Extremadura. Allí eran frecuentes, por entonces, problemas en los partos debido al bocio y al enanismo endémico. Con frecuencia el pequeño Luis acompañaba a su padre –médico de la zona- en los partos difíciles. La función del pequeño era importante. Se quedaba fuera, para mantener la moto encendida, de modo que la dinamo hicera de batería y así lograr introducir luz eléctrica dentro de aquellas casas, casi cuevas, para poder atender el parto… Un día salió su padre muy serio. Algo debió salir mal: ¿la madre? ¿El niño? El pequeño Luis no se atrevía a preguntarle nada. Subieron en moto, por las laderas aquellas, en profundo silencio… Ya arriba Luis se atrevió a preguntar: “papá ¿por qué pasan estas cosas?” Su padre, serio, le respondió: “hijo, la vida viene fuerte, muy fuerte… Pero, ¿sabes? a veces no la sabemos trabajar…”
Cuantas veces en nuestra vida la vida de la Gracia viene fuerte, muy fuerte, pero somos nosotros quienes no la sabemos trabajar. Vamos a pedirle a la Señora que nos ayude a trabajar la Gracia ¿Cómo? Con la formación y el estudio, con los sacramentos, especialmente la eucaristía y la confesión, y con la vida de oración. Santa María ayuda a tus hijos.

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