Fascinante misterio el del cuerpo

Jueves, 15 diciembre, 2011

Hace unos días la liturgia del Adviento nos recordaba que: Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).

Fascinante misterio el del cuerpo humano. Afirmar que el cuerpo es una de las fuerzas más poderosas que posee el ser humano me parece que no es exagerar. Evidentemente no me refiero a su fuerza física, sino a la fascinante y gigantesca fuerza que difunde con solo ser mostrado. Hay en él un brillo poderosísimo que evoca su origen modelado por el mismo Dios…  

Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre… (Is 40, 1-11).  

Fascinante misterio el del cuerpo. Y es que desde la caída original la hermosura de esta obra de Dios resulta con frecuencia deslumbradora y violenta para los demás. Por eso el pudor, que está mucho más inscrito en nuestra naturaleza de lo que pensamos, resulta la forma más eficaz de proteger a los demás del brillo de nuestro cuerpo. Porque del mismo modo que un automóvil me deslumbraría e impediría conducir si me enfocase con la luz larga de sus poderosos faros, así cuando una persona hermosa exhibe su cuerpo con la intención de deslumbrarme, violenta mi libertad de tal modo que no me deja otra opción que cubrirme o ser devorado por una luz que yo no he elegido; porque ya no puedo seguir adelante como si tal cosa.

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