La lucha de la mariposa

Martes, 25 octubre, 2011

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo , hasta que llego un momento en el que pareció haber cesado  de forcejear, pues  aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían  y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas…  Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar. Leer el resto de esta entrada »

Jesucristo es único

Martes, 25 octubre, 2011

Era el año 1793, en pleno auge de la Revolución Francesa. Uno de los jefes de la República, que había asistido al saqueo de las iglesias y a la matanza de los sacerdotes, Reveillere-Lepaux, se dijo: “Ha llegado el momento de reemplazar a Jesucristo. Voy a fundar una religión nueva, acorde con la razón y el progreso”.

Después de algunos meses intentando propagarla, defraudado, fue a ver al primer cónsul, Napoleón Bonaparte. Desconsolado le dijo: – “Increíble, Señor. Mi religión tan razonable y hermosa, no prende”.

- “Ciudadano, – le dijo Napoleón -. ¿Queréis de verdad hacer competencia a Jesucristo? No hay más que un medio. Haced lo que hizo Él: haceos crucificar un viernes y tratad de resucitar el domingo”.

Lépaux no creyó conveniente aventurarse a tal ensayo.

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