Mañana celebraremos a tres Arcángeles: san Miguel, san Gabriel y san Rafael, así que vaya por ellos esta entrada.

En la Biblia la palabra “gloria” implica la idea de peso. El peso de un ser en la existencia define su importancia, el respeto que inspira, su gloria. La gloria no designa en la Biblia tanto la fama cuanto el valor real, estimado conforme a su peso. La expresión “la gloria de Dios” designa a Dios mismo, en cuanto se revela en su majestad, su poder, el resplandor de su santidad, el dinamismo de su ser. Por eso la Gloria es de Dios y solo a él le corresponde de modo propio y verdadero.

Quizás sea esto lo que lleva a algunos a querer evitar a toda costa cualquier mediación entre Dios y los hombres. Piensan que si dan honor y gloria a los ángeles o a los santos, se le estaría quitando algo que solo  corresponde a Dios. Y es muy posible que si ellos fueran Dios actuarían así, pero afortunadamente nuestro Dios no es así. Él disfruta compartiendo su Gloria con sus criaturas, y recibe gozosísimo la gloria que sus criaturas le devuelven tras brillar en ellas Su resplandor.

El nombre de los ángeles no es un nombre de naturaleza, sino de función ( en hebr. mal’ak, gr. angelos, significa “mensajero”). Los ángeles son “espíritus destinados a servir, enviados para asistir a los que han de heredar la salvaciónHeb 1,14. Leer el resto de esta entrada »

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